sábado, 31 de julio de 2010

LAS GOBERNADORAS: UN RETRATO DEL PODER FEMENINO

Dulce María Sauri Riancho

Las Gobernadoras: un retrato del poder femenino a 30 años de su incorporación a la política, es un libro realizado oportunamente por Enriqueta Cabrera.

El calificativo de “oportuno” está no sólo en el reconocimiento documentado de un camino que se inició en 1979, en Colima, sino también en la posibilidad de recoger la que fue, quizá, la postrera participación de Griselda Álvarez, primera gobernadora del país, fallecida el 26 de marzo del año pasado.

Medida en el tiempo sexenal, la participación femenina en cargos de titularidad en los Poderes de la Unión es relativamente reciente. En 1953 finalmente se estableció en la Constitución el derecho de las mujeres de votar y ser electas. Unos meses después, en 1954, Aurora Jiménez de Palacios llegó al recinto de Donceles como primera diputada federal. Siete años más tarde, en 1961, María Cristina Salmorán de Tamayo fue designada como la primera mujer ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Sin embargo, el Poder Ejecutivo a nivel estatal se mantuvo fuera de esa irrupción femenina en los cotos de poder reservados a los hombres. Hubo senadoras desde 1970, pero no fue sino después de 6 legislaturas y dos presidentes de la república cuando Griselda Álvarez fue postulada como candidata del PRI para gobernar Colima.

El periodo 1976-1982 registró dos hechos de importancia trascendental en la participación de las mujeres en las esferas de toma de decisión: uno, la llegada de Griselda a la candidatura y al gobierno; el otro, la designación de la primera mujer titular de una secretaría de despacho en el gabinete presidencial en 1980, Rosa Luz Alegría.

Entre 1954 y 1982 muchas cosas habían cambiado en nuestro país. El movimiento estudiantil de 1968, con sus jóvenes dirigentes hombres y mujeres había generado dolorosamente el inicio de una amplia transformación. La candidatura única de José López Portillo a la Presidencia de la república ante la declinación del PAN y la exclusión de las fuerzas de izquierda, fue el catalizador político de una amplia reforma que sentó las bases del pluralismo y la participación de las minorías en el poder legislativo y en los ayuntamientos.

Se puede abrir todo, pero no para las mujeres

El reconocido artífice de esos trascendentales cambios fue don Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de Gobernación. Representando al presidente López Portillo, supo abrir cauces a una ley de amnistía a los presos políticos de los movimientos guerrilleros de inicios de los 70; pudo auspiciar el reconocimiento legal del Partido Comunista; logró impulsar los cambios constitucionales para asegurar la integración de la representación proporcional en la Cámara de Diputados y en los ayuntamientos de los municipios mayores de 100 mil habitantes. Sin embargo, ese mismo visionario personaje fue quien rechazó tajantemente la posibilidad de que una mujer fuera gobernadora de un estado. Cito a Griselda Álvarez:

La opinión política adversa del entonces secretario de Gobernación,…quien a pesar de la amistad que nos unía me aseguraba que el país no aceptaría mujeres gobernadoras y que los hombres de Colima no me dejarían llegar… (En su oficina)…Reyes Heroles me dijo 19 veces ¡No! (las conté); de ese tamaño era su convicción de que el país no estaba maduro para una mujer gobernadora” (P.27).

¿Qué pasa en el Poder Ejecutivo? ¿Por qué lo que resulta admisible en los otros dos poderes –integrar y compartir responsabilidades entre mujeres y hombres- no lo es cuando se trata del gobierno de un estado o del país?

Adelanto una respuesta: porque el Ejecutivo es unipersonal, sólo hay un o una titular que puede, de acuerdo a la ley, delegar funciones en sus subordinados. Pero el ejercicio del cargo y la responsabilidad que conlleva, son atribuciones exclusivas de él o de ella.

Se trata del “núcleo duro” del poder político en el sistema presidencialista que todavía opera en México; por eso las resistencias a admitir la participación de las mujeres es quizá mayor que la de aceptar el triunfo de candidatos de partidos tradicionalmente rivales del PRI (antes del 2000) o del partido en el gobierno.

Estas condiciones y rasgos característicos de la cultura política del país son develados en Las Gobernadoras. Son 6 entrevistas a 6 mujeres que han ocupado la titularidad del Poder Ejecutivo de 5 de las entidades federativas del país; 4 de ellas por elección popular; dos, Rosario Robles y yo, por designación legislativa en calidad de interinas.

El periodo de 30 años incluye también 6 administraciones federales y 6 presidentes de la república, uno todavía en ejercicio, así como varios cientos de candidatos en los procesos electorales de las 32 entidades federativas.

A cuentagotas y con un esfuerzo mayúsculo, el PRI inició en 1979 la postulación de mujeres candidatas. Ha sido hasta la fecha, el que más mujeres ha postulado exitosamente a la gubernatura: 3 de 4 de elección popular. Una mujer, Margarita Ortega, senadora por Baja California, fue la primera persona del entonces partido en el gobierno, derrotada en una contienda estatal. Las condiciones de ese proceso merecerían un análisis desde la perspectiva de género, para entender las circunstancias del inicio del final de un ciclo político que culminó con la alternancia en la presidencia de la república once años después.

Desde 1979 ha habido al menos, una gobernadora en ejercicio. Como rasgo anecdótico, a partir de esa fecha las 6 administraciones federales han trabajado con, al menos, una mujer gobernando su entidad. Destacan los casos de los presidentes Salinas y Zedillo, en cuyos mandatos se registraron los 2 interinatos femeninos, el mío en Yucatán en 1991 y el de Rosario Robles, electa por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para sustituir a Cuauhtémoc Cárdenas, en 1999.

El libro revela las tensiones internas de los partidos políticos en los procesos de selección de una candidata. Son los 19 “No” del secretario de Gobernación y la recomendación presidencial a Griselda para “hablar con el pueblo”, como simbólico visto bueno a su candidatura. Es la clara advertencia de Beatriz Paredes al presidente del CEN del PRI que ella era joven (32 años), podía esperar; pero que si era postulada candidata a diputada federal en 1985, no cejaría hasta ser gobernadora de Tlaxcala, como sucedió. Son las voces en Zacatecas, de los políticos del PRD que advertían de la derrota de la izquierda si postulaba Amalia García ; 26 años después, empleaban los mismos argumentos de entonces, los que aducían que el pueblo “no está listo para tener una gobernadora y conste, no es nada contra ti”. Es la novel senadora que participa en una encuesta interna del PRI, la gana y es postulada candidata en Yucatán, considerado bastión panista hasta entonces.

Queda para otro momento la recopilación de experiencias de quienes fueron postuladas y no llegaron a la gubernatura y de quienes aspiraron pero no llegaron a ser postuladas por sus partidos, como con Ana Rosa Payán en su segundo intento, cuyo rompimiento con el PAN causó una fractura interna que contribuyó decisivamente a su derrota en Yucatán en 2007. O el caso de Adriana Dávila en Tlaxcala, postulada por el PAN, partido gobernante en ese estado, quien perdió la elección el pasado 4 de julio. ¿Qué tanto pesó su condición de género en los obstáculos y problemas que enfrentaron en su lucha por la candidatura de su partido? ¿Influyó el hecho de ser mujer, políticamente aislada de las principales corrientes de Baja California y, por tanto, vulnerable frente a un candidato panista con el apoyo no sólo de su dirigencia nacional, sino también de un acuerdo entre ésta y el naciente gobierno de Carlos Salinas de Gortari?

Acceso de las mujeres al poder vía gubernaturas

Estas reflexiones nos conducen al punto central del debate en relación al acceso de las mujeres al poder, si entendemos éste como la capacidad de ser candidatas y triunfar en los comicios electorales. Son los partidos políticos la vía única para lograr una postulación con posibilidades de éxito. No sólo se trata de una cuestión legal, también tiene que ver con las condiciones y la infraestructura –de dinero, redes de organización-, disponible para competir en condiciones de ganar.

Hemos presenciado a lo largo de los años cómo las mujeres son las que abren brecha, roturan el camino de las fuerzas políticas que pretenden obtener su registro. Así, encontramos la candidatura a la presidencia de la república de Cecilia Soto, por el PT. No ganó, pero el partido que la postuló obtuvo registro y 10 diputados federales en 1994. O la más reciente de Patricia Mercado, quien también logró registro para su partido, aunque a la postre, ella haya sido marginada de la misma organización que contribuyó a conformar.

La elección federal de 2009 trajo consigo fantasmas de discriminación, de violencia de género por razones políticas encarnadas en la figura de las “juanitas”. Postuladas para cumplir la cuota de género que la ley mandata para todos los partidos, cumplieron formalmente con sus suplentes hombres –esposos, hijos, cuñados y jefes- , listos para hacerse propietarios en cuanto quedara integrada la legislatura. Tuvieron obstáculos que llevó sólo el primer periodo de sesiones remover: para diciembre de 2009, prácticamente todos los suplentes masculinos habían tomado posesión de sus curules.

La discriminación y exclusión de la política por la condición de género existe todavía, quizá con mayor fuerza en donde se trata de aplicar medidas de acción afirmativa o en los estados, donde aparenta haber una mayor resistencia a la participación femenina en las presidencias municipales y en los congresos.

El problema principal para el acceso de las mujeres a las gubernaturas

Pero el problema principal radica en los partidos, no en los más pequeños o en busca de lograr su registro que, como he comentado, han obtenido importantes logros abriendo la participación a las mujeres.

Me refiero a las 3 principales fuerzas políticas del país: PRI, PAN, PDR o la izquierda unida agrupada en el DIA. Al PRI que, aliado con el Verde, presentaron12 candidatos, todos hombres, a la gubernatura en los 12 estados que acudieron a las urnas el pasado 4 de julio. O el PAN, que postuló a una mujer en Tlaxcala, donde todavía gobierna, que fue derrotada en parte, por las resistencias internas a su nominación.

No cabe duda que las más fuertes resistencias y obstáculos tienen que ver con la cultura política para la cual las mujeres todavía somos unas transgresoras del orden de las cosas, de los papeles predeterminados por la tradición y la costumbre, que excluyen la participación femenina en la conducción de los asuntos públicos. De alguna manera, se admite, hasta se tolera, la presencia en los órganos colegiados, característicos de los Poderes Legislativo y Judicial. Pero el Ejecutivo es otra cosa. Los ejemplos lo muestran; el grado de dificultad para acceder a las candidaturas en condiciones de competencia, así lo demuestran.

Los retos de las gobernadoras

Podría presentar un catálogo de obstáculos a vencer en la búsqueda de una candidatura y cuáles de estos se acentúan por razón de género. Desde la capacidad para allegarse recursos, apoyos materiales y económicos; las formas de relación –incluso de complicidad- muchas veces fuera del alcance femenino. La actitud de las mismas mujeres frente a sus congéneres, que no siempre es de simpatía solidaria, entre otros muchos. Además, el grado de erosión del sistema electoral afecta a las mujeres y a los hombres candidatos en forma diferente, sobre todo en lo que se refiere a la relación con los poderes fácticos, con el dinero y los apoyos extralegales, para decirlo suavemente.

No soy de quienes piensan que ser mujer es un certificado de garantía de honradez y probidad. Más bien creo que hemos estado menos expuestas al poder y a los riesgos que entraña su ejercicio. Quizá este prejuicio –el de la honradez y honestidad a toda costa- fue el que acompañó el nombramiento de la directora del penal de Gómez Palacios, hoy detenida por su presunta responsabilidad en la operación de los reos-sicarios de Torreón.

Cada una de las seis gobernadoras tuvimos – y tienen dos de ellas- nuestros propios retos, desafíos y problemas. Hay coincidencia en que existe una visión femenina sobre el poder, una actitud y un conjunto de formas para ejercerlo que tienen que ver con la cultura y el sistema de símbolos y valores en que nos encontramos inmersos mujeres y hombres.

Como coincidencia, quienes abiertamente admiten haber vivido alguna forma de discriminación, la refieren al ejercicio del cargo de gobernadora. En mi caso, por lo que he llamado “el referente masculino”, la necesidad cultural de encontrar al hombre –llámese esposo, padre, hijo o amante- que toma las decisiones en vez de la mujer, depositaria formal del poder. También Amalia García lo reconoce.

Los perfiles y las sucesiones

Sólo 5 entidades federativas de 32 que conforman el país han sido gobernadas por mujeres, 15 por ciento. Sólo Yucatán ha tenido dos gobernadoras; sólo Yucatán está en posibilidad real de tener 3, pues en 2012 ya hay una mujer claramente perfilada a la candidatura por el PRI, la recientemente electa presidenta municipal de Mérida y por el PAN, es posible que lo intente la senadora, derrotada en la contienda de mayo. Nada tendría de especial que a una mujer la sucediera otra mujer, como pasa en la mayoría de los relevos gubernamentales cuando se trata de hombres.

En cuanto a la edad, el PRI ha postulado y ganado con la de mayor edad y con las más jóvenes: Griselda Álvarez a los 66 años y Beatriz Paredes e Ivonne Ortega, a los 34 años.

En el intermedio, Dulce María Sauri, a los 39 años; Rosario Robles, a los 43; Amalia García, a los 53. Las 6 gobernadoras han tenido experiencia legislativa y sólo una de ellas, Ivonne Ortega, ha sido presidenta municipal de su natal Dzemul. Cuatro de las 6 mujeres han sido dirigentes nacionales de sus partidos, antes de asumir el cargo, Amalia García; después, Dulce María Sauri, Beatriz Paredes y Rosario Robles.

La figura de Griselda Álvarez sobresale por su destacada trayectoria en el campo de la literatura y la poesía. Estos rasgos le otorgan una especial dimensión y sensibilidad a su quehacer político desde el gobierno de Colima. La combinación entre la política y el arte, la literatura y la administración, tienen en Griselda una destacada exponente, reconocida con la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República.

Las reglas de postulación al interior de los partidos políticos se han modificado profundamente como consecuencia del agotamiento del modelo político que rigió al país hasta 2000. El PRI ha sido la fuerza política que más ha registrado estos cambios, al perder a la figura presidencial como eje articulador de su acción política, en particular en lo que se refiere a las postulaciones de candidatos al gobierno de los estados.

Estas nuevas condiciones en que la opinión y la voluntad de los gobernadores en ejercicio supera a la prudencia y conciliación de la dirigencia partidista, tuvo saldos desfavorables el pasado 4 de julio, con hombres y con mujeres también. En dos casos, al no ser considerados en los procesos internos, los aspirantes de Sinaloa y Durango abandonaron el PRI y fueron candidatos por la alianza PAN-PRD; el primero ganó. En Puebla, quizá fueron los prejuicios en relación a las mujeres, los “19 No” de don Jesús Reyes Heroles todavía presentes, los que resonaron en la plaza mayor de la capital, cuya alcaldesa, Blanca Alcalá, era candidata natural por el prestigio y reconocimiento a su gestión. No la vieron, no la oyeron. Allá está el resultado.

El PAN también ha resentido su transformación en partido gobernante. Convertido en émulo del PRI en el poder, está inmerso en un proceso de construcción de su candidatura a la presidencia de la república. Es cierto que es el partido con el porcentaje mayor de representación femenina en las cámaras federales; sin embargo, sólo en una entidad ha nominado a una mujer para suceder al gobernante panista: Tlaxcala. Y perdió.

El PRD pierde a su única mujer gobernadora con la conclusión del mandato de Amalia García. Su partido fue derrotado por el PRI, con un candidato que abandonó las filas perredistas. Signo de los tiempos. Es posible que postule a una legisladora para Baja California Sur, estado que gobierna desde 1999.

Las alianzas electorales postularon a una mujer en Hidalgo, Xóchitl Gálvez. Ciudadana sin partido político, tuvo que adoptar las siglas de estos para poder participar. Si prospera en la reforma política el cambio a las rígidas reglas de participación electoral a través de los partidos, es posible que haya más mujeres candidatas en la alternativa ciudadana, con posibilidades de triunfar.

Las perspectivas de 2011

Si observamos la conducta de los partidos gobernantes en las entidades federativas cuando se trata de los procesos internos para seleccionar candidaturas al gobierno del estado, encontraremos que es difícil que elijan –“arriesguen”- a una mujer: prefieren hombres. Ya lo vimos en 2010; no será difícil de imaginar lo que sucederá en 2011, con la renovación de los gobiernos de: Baja California Sur, Guerrero y Michoacán, con el PRD; o Nayarit, Estado de México y Coahuila, con el PRI. Excepto Baja California Sur, en donde se perfilan dos legisladoras por el gobernante PRD y su adversario el PRI, y en Nayarit, con una aguerrida líder campesina del partido en el gobierno, en el radar partidista hay poca disposición a considerar a las mujeres como prospectos viables.

No puedo dejar de mencionar el Estado de México. Por una parte, la posibilidad de la constitución de una alianza electoral PAN-PRD parece excluir de entrada a dos mujeres destacadas en sus respectivos partidos; me refiero a Josefina Vásquez Mota y a Yeivkol Povlenski. En Michoacán y Coahuila no aparecen todavía prospectos femeninos, ni para el partido gobernante ni para su principal retador, a pesar del gabinete paritario michoacano.

La ilusión de la garantía

Una y otra vez se ha dicho que ser mujer no es garantía de visión y acción desde la perspectiva de género. “Incorruptibles”, “sacrificadas”, “honestas”, son algunos de los atributos que el imaginario colectivo asigna a las mujeres que actúan en la vida pública. Al igual que los hombres, ha habido decepciones, pero las mujeres también tenemos derecho a la oportunidad de equivocarnos.

El género se construye a partir de una serie de experiencias y de un código de valores que enmarcan la cultura; las mujeres gobernantes tienen condiciones para desarrollar esa capacidad e introducir una agenda que propicie la igualdad y combata cualquier forma de discriminación o desventaja. La bíblica distinción entre la cizaña y el trigo es válida en la política; para eso están los votos, para limpiar y seleccionar la buena semilla, los que parezcan ser las y los mejores gobernantes. Para que esto suceda, las mujeres tenemos que entrar a la canasta donde se depositan los granos, pues la mayoría todavía está afuera.

El 2012

En el firmamento infinito de la política, como una estrella distante, está la candidatura de una mujer a la presidencia de la república por el PRI, el PAN o por la coalición de izquierda. Reconozco el grado de dificultad que entraña la consideración de una candidatura femenina, cuando el conjunto de prejuicios y estereotipos excluye a las mujeres, por lo que supuestamente está en juego. Sólo señalo que el país, las mujeres y los hombres, ciudadanos desalentados y con cada vez menos esperanza de mejorar su situación a través de la participación electoral, verían en una candidatura femenina aliciente para creer en el cambio.

Enriqueta Cabrera, con esta aportación a la memoria de la participación política desde la perspectiva de las gobernadoras, contribuye a crear ese ambiente, el clima propicio para que surja y florezca la idea de una mujer presidenta de la república. Si pudo Chile, si lo lograron Panamá y Nicaragua, Argentina y Costa Rica, si se intenta en Brasil, ¿por qué no México?

Mi Stilo y "Adiós guayabera mía"

Dulce María Sauri Riancho

Hace unos días se expidió la convocatoria Mi Stilo es Yucatán para constituir un fideicomiso que impulse el desarrollo de productos de moda “de alta calidad”.

Ligada en el tiempo con la presentación de la gobernadora ante la Concanaco en la ciudad de México y al relevo en la titularidad de la Secretaría de Fomento Económico, la invitación va dirigida a empresarios, artesanos y diseñadores de la moda, vestido y calzado, así como joyería, para presentar productos que integren bordados o materiales que caractericen tradiciones locales “con una propuesta innovadora”.

La elaboración de textiles y vestidos, así como la industria de la confección han estado presentes en la economía yucateca desde la época colonial. Basadas en esta tradición, el establecimiento de la maquila de exportación desde 1985 significó un auge en el empleo en las fábricas de prendas de vestir, desde los trajes de hombre, trajes de baño, ropa interior y pantalones de mezclilla de destacadas marcas internacionales. Los esfuerzos locales para sobrevivir primero y para incursionar después en los mercados nacional y mundial tuvieron resultados, con marcas conocidas como Ábito y la ya desaparecida “Cadenita Gold”.

La industria textil y del vestido fue una de las más beneficiadas en el arranque del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sin embargo, a partir de 2005, con el fin del Acuerdo Multifibras que regulaba las cuotas de importación a los grandes mercados de Europa y los Estados Unidos, esta ventaja se erosionó rápidamente. Las exportaciones mexicanas cayeron drásticamente, siendo desplazadas por las prendas procedentes de China, India y otros países asiáticos, en especial aquellas de menor costo y poco diseño.

Hace varios años que se conocen las bases de la competitividad de México en la industria textil y del vestido. Una es el llamado “paquete completo”, que significa la elaboración de una prenda de moda desde el diseño de la tela, modelo, corte, confección y comercialización, hasta ponerla en el aparador de la tienda, en el menor tiempo. La otra es la capacidad para transformar rápidamente una línea de producción; por ejemplo, de vestidos largos sin mangas, a conjuntos de pantalón y blusa.

Responder a las demandas de la moda oportunamente, además de marcarla, como es el caso de Italia, es el secreto de la supervivencia de las empresas, aun en condiciones desfavorables de competencia frente a los gigantes asiáticos.

En medio de esta situación, los pequeños empresarios y artesanos yucatecos luchan cotidianamente por sostener su actividad. Sin embargo, aun resolviendo los temas del financiamiento para la adquisición de maquinaria, telas e hilos, resta el muy importante del mercado para colocar sus productos en el competido y disputado gusto del consumidor. Y eso sólo se logra con diseño, calidad y precio.

Libera tu Stilo intenta responder a esos retos. Pretende generar una colección de prendas de moda —vestido, calzado, accesorios, joyería— cuyos fabricantes recibirían financiamiento del fideicomiso creado con ese fin. Sería una especie de “marca-paraguas”, que cobijaría a otras pequeñas o a productores individuales. Es una colección que autoriza sólo tres colores: dorado, rojo y verde, aunque son admisibles las variaciones entre blanco y negro. Azul (PAN), Amarillo (PRD), Naranja (Convergencia) no participan. ¡Qué curiosa coincidencia! El producto debe ser nuevo (inédito), no debe estar a la venta en ningún establecimiento para concursar.

Todos estos requisitos tendrían que haber sido cubiertos en tiempo récord de siete días, entre la expedición de la convocatoria y la entrega de los productos, incluyendo una minicolección. Muy posiblemente sólo los que tuviesen las piezas en un cajón o quienes hayan sido previamente avisados pudieron cumplir y entregar. Los resultados se publicarán el 6 de agosto —dentro de 10 días— y la presentación de la primera colección, el 15 de septiembre.

Preguntas de sentido común: ¿qué prendas integran una colección?; ¿será tipo “pasarelas de alta costura” o un simple ensamblado de piezas cuyo denominador común sería el diseño, el color o los materiales de confección? ¿De cuánto será el fideicomiso, cuál sería el premio y de cuánto? ¿Recibiría lo mismo un diseñador de colección que el autor de una pieza de filigrana? No hay categorías ni distinciones en la convocatoria: ¿competirán vestidos con blusas o éstas con pulseras y dijes? ¿Cuáles son los canales de comercialización “efectivos” que se comprometen: las casas de artesanía del gobierno del estado, cadenas de tiendas departamentales nacionales? El problema principal de esta iniciativa parece radicar en la poca claridad de la relación entre su objetivo y los medios para alcanzarlo. Si se trata de financiar Mipymes (micro-pequeñas empresas), de apoyar a los artesanos o de fomentar la innovación; si se busca introducir los productos a las cadenas nacionales de distribución; si la intención es trabajar hacia una “marca bandera” o “brand” que identifique a Yucatán con un sello de identidad y calidad; si se pretende contribuir a la celebración del Bicentenario, todo aparece entremezclado en el texto de la convocatoria y en las declaraciones de la responsable.

Una cuestión delicada: el papel del gobierno del Estado. Más allá de la convocatoria está el propósito de fomentar con recursos públicos una marca y una estrategia de mercadeo. ¿Cuáles serán los límites entre la inversión pública y la propiedad privada? Los derechos de propiedad intelectual e industrial: ¿cómo se definirían? Sería muy lamentable que la falta de previsión o la ambigüedad interesada generara condiciones para el despojo a particulares de sus ideas innovadoras; o la apropiación privada de una marca o un canal de comercialización, abiertos con recursos públicos.

Habrá presentación de productos como parte de los festejos del Bicentenario. Y después de las fotos y la premiación: ¿el olvido? Ábito continuará vendiéndose bien en su nicho de mercado, estoy segura. Ibónica seguirá adelante... al menos mientras concluye la actual administración; es una buena idea, con prendas hermosas, aunque su uso cotidiano por parte de destacados personajes políticos como la gobernadora y la presidenta municipal de Mérida puede tener efectos no deseados. Espero fervientemente que supere el llamado “síndrome de la guayabera”. Me explico: En el periodo 1970-1976, el presidente Luis Echeverría decidió vestir esta prenda tradicional yucateca para todas sus actividades gubernamentales. Cómoda, fresca y hermosa, se volvió la moda oficial del sexenio. Los productores yucatecos, primero agradecidos por la generosa promoción, comenzaron a preocuparse conforme se acercaba el final de una administración que dejó resentimientos y confrontación. Hasta una obra de teatro con su nombre se produjo para significar el término del mandato: “Adiós guayabera mía”. La reacción adversa del mercado fue intensa, a punto estuvo de sepultar a una industria-artesanía tradicional yucateca al identificar al mandatario saliente con nuestra prenda típica. Al tiempo.— Mérida, Yucatán

viernes, 23 de julio de 2010

El tren bala y "Mi Stilo". Se vale soñar

Dulce María Sauri Riancho

Al gobierno del estado le restan un poco más de 26 meses de gestión. No es poco tiempo, si se mira en términos de las actividades cotidianas de la administración pública: dotar y mantener servicios de salud, educación, entre otros; ejecutar obras para el mejoramiento urbano y desarrollo de la infraestructura en pueblos y comunidades; atender las urgencias y necesidades de una población empobrecida. Sin embargo, desde la perspectiva de los grandes proyectos y realizaciones que marcan el paso de un gobierno, el reloj acorta inexorablemente el lapso para dar resultados; la mercadotecnia y la publicidad se vuelven insuficientes para explicar la postergación de las acciones comprometidas desde la campaña electoral.

Los grandes proyectos tienen en común que aspiran a transformar el rumbo de una sociedad, bien sea en lo económico, en sus condiciones materiales de vida o en la implantación de nuevas capacidades que permitan a las personas competir exitosamente en un mundo globalizado. Su característica común es el largo plazo que toma materializar sus efectos, relacionados, por ejemplo, con la introducción de un nuevo cultivo, como fue la citricultura en el sur del estado, o con un giro radical en la producción, como ha sucedido con la porcicultura y la avicultura, transformadas profundamente por la operación del puerto de altura de Progreso.

Estas acciones de gran envergadura y largo aliento, no se cocinan en horno de microondas. Demandan, por una parte, la capacidad política para generar la idea, impulsarla en las instancias de toma de decisión, sean públicas o privadas, para obtener el indispensable apoyo para emprenderlas. Requieren de especialistas y técnicos que elaboren los estudios de factibilidad; de la organización para arrancar la ejecución y, lo más delicado, de la capacidad para perseverar y sortear los obstáculos de toda índole que pueden surgir en el camino para, finalmente, culminar la parte material de la realización del proyecto. Más adelante viene la transformación de la cultura y de las prácticas económicas de las comunidades o para confiar, como hace 30 años se hizo, en el trabajo de los investigadores y la aportación que en el mediano plazo darían a la sociedad, como ha sucedido con el CICY (Centro de Investigación Científica de Yucatán), con el combate al amarillamiento letal de los cocoteros o el Cinvestav, a través del conocimiento y la protección de los humedales en Yucatán, por citar dos resultados de relevancia. Visión, paciencia y constancia, una combinación difícil de encontrar en la acción pública.

Dos son las iniciativas que podrían ser clasificadas como “grandes proyectos” que, a la vez, dominan la atención de la sociedad yucateca. Una, vinculada al transporte, la del “tren bala”, expuesta por la gobernadora durante su campaña electoral y vuelta compromiso de gobierno; la otra, la más reciente, relacionada con la industria del vestido: “Mi Stilo es Yucatán”, surgida al calor de la contienda de mayo y la polémica sobre la marca de ropa “Ibónica”.

La idea del “ex tren bala” —ahora rápido— ha sufrido el redimensionamiento de la realidad. Planteado inicialmente como un transporte de pasajeros entre Mérida y la Riviera Maya, pasando por Cancún, ha derivado hacia la propuesta de un transporte mixto de carga y pasajeros. El flujo de bienes hacia la dinámica zona norte de Quintana Roo se realiza principalmente por las carreteras, tanto la autopista de Mérida-Puerto Juárez como por la ruta Escárcega-Chetumal, para la carga procedente del centro del país. ¿Qué tipo de mercadería sería transportada por ferrocarril desde Progreso hacia Cancún o Punta Venado? ¿Por qué decidiría una persona o un grupo de turistas abordar un tren en vez de un confortable autobús, para ir a Chichén Itzá o a Mérida? ¿Por el precio del boleto o por la menor duración del viaje? ¿Qué pasó con la experiencia de rehabilitación del tramo de vía Mérida-Izamal con propósitos turísticos, realizada a mediados de los 90’s y abandonada después? El problema principal para la integración plena de Yucatán en la economía global, en condiciones de competencia y productividad se llama transporte: ferroviario y marítimo, en primer término.

¡Claro que hay interesados en la construcción de un tren, cualquiera que sea su apelativo! Son los vendedores de carros de ferrocarril, las empresas especializadas en tendido de vías, las agencias de financiamiento, entre otras. Hasta donde se sabe, la operación de la “serpiente blanca” no provoca el apetito de ninguna compañía, porque saben que las pérdidas serían de tal magnitud que sólo un gobierno —¿estatal?— podría enfrentarlas.

Rehabilitar el tramo Mérida-Valladolid para lograr que el tren se desplace al menos, a 60 kilómetros por hora, es un esfuerzo plausible de los gobiernos federal y estatal. Pero eso poco tiene qué ver con la transformación de la entidad, ni siquiera con el abasto de combustibles para la termoeléctrica, alimentada ahora por el gasoducto. Menos con el tren de pasajeros a la Riviera Maya, que además requeriría 160 kilómetros de nuevo tendido de vías.

Me pregunto si ese gran entusiasmo y energía de la gobernadora tendría mayores rendimientos si se concentrara en presionar al gobierno federal para resolver la mala situación del tramo ferroviario Mérida-Coatzacoalcos; si los sueños del tren bala se transformaran en el segundo viaducto del muelle del puerto de altura de Progreso, con su vía de ferrocarril.

El otro proyecto, que concierne a la industria del vestido, será tema de próxima entrega. Sólo adelanto un lamento: no se vale que los recursos y las capacidades gubernamentales, que debieran ser para auspiciar la competitividad industrial y la integración de la cadena textil-vestido en Yucatán, se pierdan en un mar de cuestionamientos sobre competencia desleal.

Se vale soñar. Pero los gobernantes son responsables de hacer realidad los sueños de sus gobernados. Aun a riesgo de sacrificar los propios.— Mérida, Yucatán

Las güeras y las prietas

¿Qué color de piel tendrá la primera presidenta de México? ¿Será prieta como Benito Juárez, o “morena clara” como se asume la mayoría de las mexicanas?


Dulce María Sauri* (Suplemento TODAS, periódico Milenio; 19 jul. 2010).


Casi me causó la misma sorpresa recibir la invitación para participar en la presentación de este libro que la que tuve hace seis años, cuando formé parte del primer coloquio sobre las güeras y las prietas.


El asombro proviene de dos circunstancias: una, la proeza de Marisa Belausteguigoitia, de su empeño y tenacidad para transformar los cuatro coloquios celebrados entre 2004 y 2007, en un libro que busca aportar una vertiente de análisis y discusión desde una perspectiva feminista; y lograr la editorial que lo publicara, incluyendo esta estupenda portada, que en el color del pelo y de los pezones de la robusta dama del collar de perlas, encarna el llamado a la reflexión sobre las diferencias entre las mujeres que provienen del color de nuestra piel.


La otra fuente de mi sorpresa tiene que ver con el tema en sí mismo. Raza y género son dos cuestiones que forman parte del núcleo "duro" de los valores y prejuicios, de la visión del mundo y de los obstáculos y oportunidades para forjar identidad y ejercer derechos. En medio de la violencia que azota muchas partes del país, de la sensación generalizada de desesperanza que se alimenta de la impunidad con la que mueren niñas y niños, jóvenes y adultos, la mayoría prietos como somos gran parte de los mexicanos, es difícil sustraer la atención y el interés para ocuparse de otros temas, incluyendo desde luego el más presente del género y el más distante e incómodo, el de la raza.


Ahora comparto mesa y palabras con tres güeras: Denise, María Teresa y Marisa, esta prieta -negra, dirían mis paisanos yucatecos-, para esbozar algunos comentarios.


Son 12 voces y plumas: la del marco teórico y de interpretación de las aportaciones de los cuatro coloquios; otras diez visiones de güeras, prietas y morenas claras y una muy especial, la que habla en poesía de la desigualdad y la distancia entre mujeres urbanas, de clase media y las indígenas, mayas para más señas, nacidas en los pequeños pueblos y caseríos del campo mexicano.


Este continuum entre sistema racista-sexista-clasista es develado por prietas y güeras. De las plumas de las chicanas surge el recuerdo del concepto decimonónico de "pureza de sangre"; del valor y la ventaja de saberse blanco; del menosprecio por la "raza mexicana". De sostener con convicción que "…el problema (del desgobierno) radicaba en lo más profundo de la sociedad mexicana: sus habitantes, razas "mixtas" en vez de "puras" y por lo tanto "degeneradas, indolentes, viciosas, ingobernables". Se hiciese cuanto se hiciese, esta deleznable materia prima condenaba a México a permanecer en la postración y la anarquía…"1


¡Cómo suenan hoy las palabras de un distinguidísimo liberal, que ante la guerra de castas que asolaba a Yucatán, diagnosticó que el único remedio era "…echar fuera de la península a todos los elementos de color, multiplicar en ella a los de raza blanca y tener el más grande cuidado de que los de esta raza en la línea divisoria sean exclusivamente españoles!…" 2


¡Ojalá pudiera decir que estas ideas de descalificación y discriminación de la mayoría pertenecen solamente al panteón de los historiadores! Aquí están presentes en este libro, de múltiples maneras: "pobrecita, es prietita", la raza "mexicana", las güeras rechazadas en su mexicanidad y secretamente envidiadas.


La genómica está revelando nuevos conocimientos sobre la composición racial de la población. El genoma de los mexicanos no es único: proviene de una mezcla de sangre europea, indígena, negra, asiática -principalmente china y coreana. Las proporciones cambian entre entidades federativas, unas con un mayor porcentaje de pueblos originarios, otras con más componente europeo, africano o asiático.


En el siglo XIX hubiera sido la genómica y el Instituto Nacional de Medicina Genómica fuente de descalificación. Ahora, sirven para prevenir y curar enfermedades.


Más allá, están todavía presentes los privilegios. Atemperados quizá; menos visibles u ocultos en la profundidad de los prejuicios y valores que norman nuestra conducta, pero que muchas veces no queremos confesar, ni siquiera ante nosotras mismas. Privilegio es nacer hombre, y no mujer.


Privilegio es vivir en la ciudad, no en un pueblo campesino.


Privilegio es ser mestiza, no indígena.


Privilegio es pertenecer a una familia rica, o al menos de clase media.


Privilegio es tener certidumbre y esperanza en el futuro, por la clase social de procedencia, por la calidad de la educación recibida, por el acceso a oportunidades de trabajo.


Las prietas pobres y las güeras pobres (que las hay, si no ver Los Altos de Jalisco) tienen distintas oportunidades. Las prietas, nacen y mueren pobres; las güeras, quién sabe.


La raza y el color de piel sólo le dan otro matiz a las desventajas y discriminación que padecen aun las mujeres como género.


En la esfera de la política y el ejercicio del poder se sintetiza en el "techo de cristal" que aun no se rompe, gigantesco himen político que mantiene protegida la esencia masculina del poder.


¿Qué color de piel tendrá la primera presidenta de México?


¿Será prieta como Benito Juárez, o "morena clara" como se asume la mayoría de las mexicanas?


¿Vendrá de la muy vapuleada izquierda, o de un PRIque se percibe triunfador, o del PAN, temeroso de perder el gobierno que habrá ocupado doce años?


En 1988, una güera, doña Rosario Ibarra de Piedra, desafió al mundo masculino y se postuló candidata a la presidencia de la república, la primera, por el PRT. En 1994, dos mujeres morenas claras fueron candidatas: por el PPS, Marcela Lombardo y por el PT, Cecilia Soto. Gracias al activismo de ésta, el PT tuvo su debut en la Cámara de Diputados, con 10 hombres.


El proceso de 2006 tuvo la singularidad de postular a una mujer con una agenda abiertamente definida hacia los derechos humanos, la igualdad de género y en contra de cualquier forma de discriminación. Patricia Mercado, morena clara, hizo una importante aportación.


Ninguna de las cuatro mujeres candidatas estuvo en posibilidades reales de ganar la presidencia de la república. Provenían de partidos pequeños, en busca de lograr o mantener su registro. Sin embargo, fueron luz que iluminó el camino y que permitió imaginar lo posible: una presidenta de México.


El desafío es para las tres grandes formaciones políticas de México: PRI, PAN, PRD-DIA. La sociedad reclama un cambio; una mujer candidata con posibilidades reales de triunfo lo significaría.


¿Tendría el PRI el arrojo y la convicción de cambio para atreverse, y arriesgar su capital político acumulado en la oposición postulando a una mujer?


¿Percibirá el PANlos focos amarillos y rojos que se encienden en su tablero político y que demandan una decisión de riesgo en su candidatura 2012? ¿Tendrá rostro de mujer?


¿Podrá la izquierda reencontrar a sus mujeres políticas, perdidas en el extravío del ejercicio del poder, y volver a ser una opción real de gobierno?


¿Surgiría un gran movimiento ciudadano con una mujer al frente para tomar por asalto electoral la presidencia de la república?


¿Quedaría atrás el tema de las "juanitas", de mujeres que ganan las elecciones para ceder luego las responsabilidades a un hombre?


¿Sería la primera presidenta de la república una mujer de lucha y trayectoria de causas, comprometida por voluntad y convicción con los cambios o sería producto de la sofisticada mercadotecnia publicitaria, la misma que arguye falta de responsabilidad en la calidad del producto político, una vez electo, aunque salga defectuoso, malo, incapaz?


¿Cuál sería la agenda política de una mujer presidenta?


¿La del candidato triunfador de las elecciones del 2000, que se agotó en ese mismo acto, considerando su misión cumplida al ser el primero en derrotar al PRI?


¿Se decidiría sólo a disfrutar de las mieles del poder, a ser la "abeja reina", en vez de comprometerse a poner las bases de un nuevo sistema político, con las dificultades y riesgos que implica?


¿Estaría una mujer presidenta en disposición de hacer frente a los poderes fácticos -llámense medios de comunicación, Iglesias, crimen organizado, corporaciones empresariales- para intentar reencauzar la vida institucional del país?


¿Qué haría una mujer presidenta de la república frente al fenómeno de la violencia y la inseguridad? ¿Ir a atacar sus raíces: falta de crecimiento económico, de oportunidades de empleo, de competencia y productividad, de opciones reales de movilidad social? ¿O seguiría apostando exclusivamente a la guerra, con el desgaste de las fuerzas armadas y riesgos que esto conlleva? Cuando Barack Obama ganó, contra todos los pronósticos, las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, se expresó con un dejo de envidia, que eso estaría muy lejos de suceder en México. Algunos, manteniendo en el olvido interesado a Benito Juárez, dijeron que sería el equivalente a que nuestro país un indígena ganara la presidencia de la república.


Entiendo que más allá del color de la piel, de la mezcla racial y de sangre que representa Obama, el deseo que no se atreve a ser demanda es el de tener a alguien en quien creer, que aliente en los corazones una esperanza de cambio.


La esperanza ha sido consistentemente lastimada en México. La impunidad y la corrupción, la impotencia del gobierno frente a la violencia, su incapacidad para garantizar a la ciudadanía la indispensable seguridad de sus personas y sus bienes se han encargado de hacer prevalecer una especie de resignación silenciosa frente a los males sociales, rezando para que no nos afecten directamente: que no seamos asaltadas, secuestradas, vejadas, asesinadas, ni nosotras ni un miembro de nuestra familia.


¿Quién podría encarnar en México una esperanza, anidarla en los corazones, hacerla crecer y volverla acción? Creo que una mujer candidata a la presidencia por un partido, con opción real de triunfo en el 2012 podría hacerlo.


Para ese año simbólico -por lo de las profecías mayas del fin del mundo, principalmente- las tres grandes formaciones políticas tienen mujeres visibles, con plataforma política para dar viabilidad a una candidatura.


No estoy llamando a "inventar" candidatas con motivos estrictamente de mercadotecnia política, ante un "mercado electoral" escéptico y decepcionado. Estoy expresando un deseo, una exigencia como ciudadana de un país que siento cada vez más cansado, harto de esperar milagros y poco dispuesto a trabajar para que ocurran.


Una candidata a la presidencia de la república con opción de ganar levantaría el ánimo de mujeres y hombres. Así como Fox encarnó el deseo de cambio en el 2000, una mujer podría hacerlo en el 2012.


Quizá no exista la energía social capaz de imponerse a los partidos para hacer posible esta situación en el 2012. Sin embargo, no hay que cejar: una mujer presidenta encarna en México la capacidad de cambio. Prieta o güera, alta o bajita, con edad suficiente para tener experiencia y al mismo tiempo, arrojo. ¿Será?



* Leído en la presentación del libro Güeras y prietas


1 Eugenio Olavarría. Revista La América 1864. Citado por: Falcón, Romana, 1996. Las rasgaduras de la descolonización. Españoles y mexicanos a mediados del siglo XIX. México, El Colegio de México. pág. 46


2 José María Luis Mora. Respecto a la Guerra de Castas. Citado por: Romana Falcón. Op.cit. pág. 51

domingo, 18 de julio de 2010

Fallo en la prevención: Baches, mosquitos y nuevos ayuntamientos

Dulce María Sauri Riancho

Como cada tres años, coinciden los cambios de administración en los 106 municipios de Yucatán con la temporada de lluvias. Así como en la política se han registrado transformaciones al paso de los años, también en el clima y en las copiosas e irregulares precipitaciones pluviales de los veranos yucatecos.

La bienvenida a los nuevos ayuntamientos ha estado sembrada literalmente de baches en las calles y avenidas de Mérida y de otras ciudades del estado. Los mosquitos parecen más feroces y numerosos que en otras ocasiones; todo lo invaden, nada respetan, ni siquiera los templos y los oficios religiosos en los que feligreses y oficiantes por igual nos rascamos y tratamos de ahuyentar a manotazos a los persistentes insectos. ¿Son inevitables compañeros del verano los baches y los mosquitos? Sí y no.

Sí, porque el crecimiento de las ciudades y la urbanización ha pavimentado numerosas calles sin tomar en cuenta el necesario drenaje pluvial, la construcción y mantenimiento de los pozos de absorción para evitar los encharcamientos.

Sí, porque el tema del cambio climático que creemos que sólo es de especialistas impacta la manera como se distribuyen las lluvias durante los meses del año; hay periodos largos de sequía y después precipitaciones copiosas que inundan y dañan cultivos, primero siniestrados por la falta y después por el exceso de agua.

Sí, porque los mosquitos, incluyendo el transmisor del dengue en sus modalidades clásica y hemorrágica y del paludismo que creíamos ya erradicado, se reproducen en los depósitos de agua, en cacharros y desechos, donde anidan sus larvas y después salen a picar muy lejos de donde nacieron.

Sin embargo, mosquitos y baches no son inevitables y permanentes compañeros del verano. La receta mágica es sencilla: prevención y organización, en primer lugar, del gobierno y, desde luego, de la sociedad. Veamos.

Ya se integraron los nuevos equipos administrativos en los recién estrenados ayuntamientos. ¿Cómo recibieron la estructura municipal? ¿Cuál es el estado de la maquinaria y de los servicios de mantenimiento y reparación de infraestructura urbana, como alumbrado público y bacheo? ¿Disponen o no de recursos económicos en caja para afrontar las necesidades cotidianas del aparato administrativo? En Mérida, por ejemplo, la administración saliente afirmó haber dejado disponibles más de $900 millones; la entrante habla de estrechez e incluso de solicitar un crédito para el bacheo urgente.

Después de casi 20 años de administración panista el reto fundamental del nuevo ayuntamiento del PRI es saber distinguir lo bueno que ya se tenía de lo que hay que cambiar. Los servicios municipales habían cumplido razonablemente los programas de bacheo de emergencia para prevenir daños mayores a las calles, en tanto se realizaba la repavimentación de las arterias más afectadas. ¿Se mantendrán esas acciones? ¿Tienen la colaboración plena de los trabajadores que las hacen posibles y de los supervisores que saben cómo hacerlo? Muchas veces se mencionó durante la campaña electoral que uno de los elementos que aportaría un cabildo priista sería la coordinación plena con el gobierno del Estado. Los programas de fumigación para combatir a los mosquitos serían un excelente punto de partida. Aun con distintos partidos en el gobierno, durante un buen número de años nos acostumbramos a escuchar el paso en las madrugadas de las camionetitas blancas diseminando una nube blanca para controlar la proliferación de los insectos; en algún momento, hace varios años, se perdió esa práctica.

Si para el Ayuntamiento meridano recién estrenado es su primer verano, para el gobierno estatal es el cuarto; no debería haber sorpresas ni imprevistos en las cuestiones sanitarias, en especial las relacionadas con el peligroso dengue. Parece que una vez más las autoridades estatales han sido sorprendidas por la plaga de mosquitos; anuncian una respuesta que se antoja tardía e insuficiente ante las necesidades y reclamos de muchos yucatecos no sólo de Mérida, sino de otras poblaciones.

Con algo de prepotencia, un amigo me decía: “¿qué prefieres: picadas de mosquito o agujeros de bala?”, haciendo alusión a la calificación de Yucatán como el estado más seguro del país. No quiero ni una ni otra, porque sé que el gobierno puede y debe mantener la seguridad pública y combatir eficazmente la plaga de mosquitos.

Hace unas cuantas semanas presenciamos el despliegue organizativo de los partidos políticos en busca del triunfo electoral. El programa priista del “voto focalizado” obtuvo un reconocimiento nacional por su eficacia, al visitar casa por casa buena parte de los hogares de Mérida. ¿Será mucho pedir el traslado de ese esfuerzo organizativo a la descacharrización y fumigación de los traspatios? ¿Habría recursos económicos equivalentes para financiar a las brigadas de jóvenes que visitarían a las familias y las ayudarían a deshacerse de la basura y trastos viejos acumulados? ¿Habrá estímulos para el deshierbe y limpieza de baldíos, como los entregados para asistir a los cierres de campaña de los candidatos? Se acerca el 1 de agosto. Bajo el escudo del “Informe Ciudadano” se prevé una vez más realizar una gran celebración. Que por tercera ocasión se celebre la mega jarana; que incluso se proponga establecer un récord Guinness por el número de bailarines, de orquestas y la duración del jolgorio. Pero nada más. El III Informe de Gobierno será en octubre, como manda la Constitución.

Propongo que el dinero que habría de invertir el gobierno del Estado en la publicidad y propaganda para dar a conocer los resultados de su gestión se emplee en auxiliar a las familias y a los productores damnificados del sur de Yucatán; para reforzar a los nuevos ayuntamientos en sus programas de bacheo y sanidad, y para que finalmente los servicios de salud yucatecos tengan un verdadero programa de nebulización para combatir a los mosquitos. ¿Será mucho pedir?— Mérida, Yucatán.

jueves, 8 de julio de 2010

"Visión de Estado". ¿Qué nos dice el 4 de julio?

Dulce María Sauri Riancho

Finalmente llegó el macro súper domingo 4 de julio. En 14 estados se realizaron elecciones, en 12 para gobernador. La expectativa era doble: por una parte, en casi la mitad de las entidades federativas del país se renovaban sus autoridades locales; después de los malos resultados que había obtenido el partido del presidente Calderón en 2009, este año tendría su prueba decisiva antes de 2012. Por otra parte, la impensable alianza electoral entre el PAN y el PRD se había construido en cinco estados, todos gobernados por el PRI. Los impulsores de esta medida, en alguna forma desesperada ante el imparable paso priista, se jugaban literalmente el “pellejo” político. Yucatán en mayo había sido la primera muestra de lo que se pronosticaba como un domingo tricolor, con anuncios de “carro completo” incluidos.

El contexto nacional está dominado por la violencia y la inseguridad. En varios estados, especialmente del norte, las ejecuciones y enfrentamientos producto de la lucha entre carteles de la droga se han vuelto parte de una dudosa cotidianidad. El artero asesinato de Rodolfo Torre Cantú, candidato a gobernador del PRI en Tamaulipas, seis días antes de la elección no auguraba más que pesimismo en la participación ciudadana, muy posiblemente amedrentada frente al desafío al Estado y a sus instituciones que significó este abominable crimen.

El esfuerzo colectivo que permitió reposicionar el tema de la reforma política en enero de este año sufrió el desplazamiento del interés de la cúpula política del país, más concentrada en el proceso electoral que en la solución de los problemas de fondo que aquejan al sistema político en su conjunto. Los roces y enfrentamientos producto de la contienda electoral, intervenciones telefónicas incluidas, alejó aún más a los actores políticos: presidente, partidos, legisladores. Aun el llamado presidencial a trascender las diferencias partidistas y políticas para enfrentar unidos al crimen organizado pareció quedar en suspenso hasta después del 4 de julio.

La noche del domingo trajo sorpresas. Ni las más prestigiadas empresas encuestadoras pudieron pronosticar los resultados apretados que comenzaban a llegar, menos la derrota de candidatos priistas a quienes se les ubicaba 20 puntos arriba de su más cercano competidor. Para la oposición al PRI, las alianzas funcionaron; lo que parecía inimaginable un año antes, después del triunfo arrollador del PRI en la totalidad de los distritos electorales federales de Puebla y Oaxaca sucedió: ganó la coalición PAN-PRD. En el emblemático Sinaloa, tierra de Manuel Clouthier y Francisco Labastida, triunfó otro aliancista. De primera intención, sin el cómputo que se efectuará hasta el domingo 11 y las impugnaciones ante los tribunales que seguramente seguirán, de cinco estados donde se concretó la coalición, triunfó en tres y peleará en los otros dos, donde afirma tener elementos para adjudicarse la victoria (Durango) o solicitar la anulación (Hidalgo).

En Veracruz un ex priista de 2004, funcionario de los dos gobiernos panistas, reclama la victoria supuestamente “con las actas en la mano”. El proceso ha sido cuestionado también por el tercer contendiente, Dante Delgado. Un largo litigio en tribunales está por iniciarse. En ninguno de los estados gobernados por el PAN (Aguascalientes y Tlaxcala) y el PRD (Zacatecas) pudo refrendar su hegemonía el partido gobernante: perdieron. Tlaxcala es el único que ha sido gobernado por las tres fuerzas partidistas —PRI, PRD, PAN— en los últimos tres sexenios. Ahora nuevamente retornará el PRI. Aguascalientes fue panista 12 años: el PRI ganó y Zacatecas, bastión perredista desde 1998, fue recuperado por el PRI con un ex militante del PRD como candidato.

Por lo pronto, seis de 12 entidades cambiarán de partido en el gobierno. Esto sin contar los numerosos cambios partidistas en las presidencias municipales, incluidas las capitales. El sabor de la alternancia se ha instalado en el gusto de los electores.

Heraldo de los cambios políticos, Baja California fue el primer estado del país con gobernador panista en 1989. El domingo, en sus elecciones intermedias, registró el triunfo total del PRI en sus cinco ayuntamientos, incluidos Mexicali y Tijuana. Allá había ganado el PAN las seis diputaciones federales hace apenas un año.

Varios son los denominadores comunes de las victorias y de las derrotas. Ganaron los que supieron generar un proceso interno respetuoso, sin avasallamiento ni despojo; los que compartieron con otras corrientes políticas las candidaturas a las alcaldías, internamente como en el PRI de Chihuahua y Aguascalientes; en las alianzas, con el partido mejor posicionado, como en Benito Juárez-Cancún. Perdieron quienes se empecinaron en imponer una candidatura, a costa de la unidad partidista; los que mostraron como gobernantes conductas de excesos y dispendio, de dinero y de poder; los que creyeron en el “triunfo inevitable”, minimizaron al adversario y lo menospreciaron.

Los ciudadanos demostraron una vez más que están muy por encima de sus políticos. Integraron mesas directivas de casilla en medio de rumores y sospechas de actos violentos; aunque en menor número que en 2009, acudieron a votar. Pero lo más importante: hicieron suyo el poder del voto para cambiar partido en el gobierno; para sostener a quienes le brindan cierta sensación de seguridad, aunque sus estados estén sumidos en una espiral de violencia. Esto no significa que se hayan solucionado mágicamente los conflictos que han cimbrado el sistema electoral mexicano: dinero sin control, poder sin contrapesos. Tampoco las alianzas son solución a todos los problemas de los partidos políticos ni los coloca automáticamente en la senda del triunfo. Pero, al menos, este 4 de julio trajo una bocanada de aire fresco y un abono a la esperanza colectiva.

Mantener la capacidad de cambiar gobernantes y rumbo de una sociedad mediante el voto es lo que da sentido a la democracia. Parece que el poder del dinero y del miedo para adulterar la voluntad ciudadana, tocó sus límites en esos 14 estados, al menos en esta elección.

Sin embargo, la polarización política generada desde 2006 y exacerbada en este año puede alejar la construcción de acuerdos básicos entre los actores políticos para la reforma impostergable. “Visión de Estado” significa ver más allá de la coyuntura electoral, sea 2010 o 2012 y decidirse a realizar lo trascendente, aunque afecte privilegios o posibilidades electorales inmediatas. ¿La tendrán quienes nos gobiernan?— Mérida, Yucatán.

jueves, 1 de julio de 2010

El 1 y 2 de Julio: Días de la Alternancia

Dulce María Sauri Riancho

El 1 de julio se abre una nueva etapa política en el municipio de Mérida. El PAN deja el gobierno después de 19 años y medio, casi una generación de votantes. Un día después, el 2, se cumplen 10 años de la derrota electoral del PRI en la presidencia de la república. Hechos políticos de trascendencia: uno para los meridanos y para Yucatán; otro, para todo el país.

El PRI llega a gobernar una ciudad, un municipio, muy diferente al de hace 20 años. En población casi ha duplicado su número, aproximadamente un millón de habitantes en 2010; importancia administrativa, vía ingresos municipales, el Ayuntamiento de Mérida dispone de importantes recursos por participaciones y Ramo 33, además de la recaudación creciente del impuesto predial, por citar dos de las más cuantiosas fuentes de financiamiento.

En dos décadas, el papel de Mérida como indiscutido centro regional económico y de servicios, se ha modificado. En ese mismo período, el norte de Quintana Roo —Cancún y la Riviera Maya— y Campeche y su zona petrolera disputan el liderazgo del dinamismo económico e incluso de la importancia poblacional.

En este prolongado lapso, los ciudadanos meridanos han probado la alternancia en el estado; ahora decidió hacerlo en el gobierno municipal. Angélica Araujo llega a gobernar en medio de entendibles expectativas por el cambio de partido, por ser la segunda presidenta municipal, porque una vez más, coinciden dos mujeres en los gobiernos estatal y de Mérida.

De acuerdo con la información conocida a través de los medios, el último Ayuntamiento panista entrega finanzas sanas y en equilibrio, con un aparato administrativo y de servicios operando con razonable eficiencia. Pero el prolongado ejercicio de gobierno desgasta; eso, aunado a los conocidos errores cometidos por el PAN, contribuyó a su derrota en las urnas.

Ahora es la oportunidad del PRI. Conservar lo positivo; eliminar las deficiencias y vicios; plantear y desarrollar lo nuevo, lo que le otorgue a Mérida un lugar en el país y a los ciudadanos, una digna ciudad para vivir.

El 2 de julio. Hace 10 años, el 2 de julio, el PRI perdió la presidencia de la república después de 70 años. Fueron también excesos y vicios acumulados, además de los errores de la campaña, los que contribuyeron al fracaso. Pero también entonces corrían vendavales de cambio en el mundo —fin de siglo, nuevo milenio— y en México —nuevo partido en el gobierno—. Vicente Fox supo encarnar la esperanza de millones de personas en la solución de sus problemas por la vía de las urnas. Esa noche del 2, sus seguidores lo aclamaban y le exigían: “No nos falles”.

Al cambiar el partido en la presidencia de México se puso fin a un ciclo y a un modelo de relaciones políticas entre la sociedad y el Estado que rigió por más de 70 años. No sucedió de la noche a la mañana, sino que fue producto de la evolución de las instituciones y de las demandas de participación democrática de un amplio sector de la sociedad.

Lo que no cambió fue la desigualdad que domina la vida del país. No acabaron los privilegios para unos cuantos. Las desventajas para la mayoría en cuanto a la educación, el empleo, de mejoramiento social y familiar, se han mantenido y hasta se han profundizado.

En estos 10 años el país se ha sumido en una espiral de desesperanza y falta de expectativas. Somos mediocres en todo; no destacamos en nada, así nos sentimos. En tanto, la violencia y el crimen organizado han sentado sus reales en buena parte del país; son sus reglas las que imperan, ante la impotencia de las autoridades. Este es el saldo que percibe una mayoría ciudadana de la década del PAN.

¿Dónde extraviamos la ruta como sociedad y como país? No proviene de la decisión soberana de la mayoría que puso en la presidencia por primera vez a un panista; los ciclos de la naturaleza también existen en la política: el PRI había cumplido plenamente el suyo. ¿Entonces? Viene de la incomprensión del PAN de la misión histórica que lo esperaba después del triunfo electoral, que no era otra más que dar inicio al largo proceso de construcción de un nuevo modelo de relaciones políticas que sustituyera al que se había agotado con la derrota del PRI.

El PAN no lo entendió ni lo asumió como su responsabilidad y compromiso. El presidente surgido de sus filas prefirió utilizar el viejo entramado de formas del sistema político que había contribuido a cancelar, en vez de iniciar el difícil proceso de afianzar las nuevas relaciones en los valores de la democracia, igualdad, justicia, participación social. Y, aún peor, en un exceso cuyas consecuencias todavía pagamos, intervino en forma abierta en el proceso electoral de 2006. La democracia electoral se ha vaciado rápidamente de contenido en estos 10 años. Ahora el imperio del dinero en las elecciones es cada día más claro: para alimentar campañas, comprar voluntades, erosionar la credibilidad en las instituciones. Un velo de callada resignación parece envolver a los ciudadanos que asisten impotentes al espectáculo.

Otro 1 de julio nos espera el domingo de 2012. Son 730 días en que muchas cosas pueden suceder en el país. Quienes resulten triunfadores en la presidencia de la república y mayoría en el congreso espero que asuman el compromiso de retomar la transición frustrada y darle así a México la oportunidad de un nuevo sistema de relaciones políticas, más abierto, libre y democrático, como nos merecemos.— Mérida, Yucatán.