jueves, 22 de febrero de 2018

Anaya, López y Meade


Dulce María Sauri Riancho
Segunda estación. El domingo pasado quedaron formalmente ungidos los candidatos a la presidencia de la república de las tres coaliciones partidistas. También ese día concluyó el plazo para los aspirantes por la vía independiente. Todo parece indicar que tres de ellos —Margarita Zavala, Jaime “El Bronco” Rodríguez y Armando Díaz Pitter— lograron recabar las firmas requeridas para aparecer en la boleta electoral. De las propuestas del trío recién agregado poco sabemos, sólo que pudieron superar los obstáculos legales para aparecer como candidatos. Si finalmente el INE les da el pase, harán campaña y participarán en los tres debates presidenciales.
Foto: Grupo Expansión
En cambio, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya fueron electos por unanimidad de los delegados en sus respectivas convenciones después de 60 días como precandidatos únicos. Ante auditorios pletóricos lanzaron sus discursos y comenzaron a mostrar sus cartas.

Para este análisis, decidí utilizar los discursos del domingo, disponibles en sus sitios de internet. Logré encontrar dos intervenciones completas y una, la del candidato del Frente, sintetizada en el boletín oficial expedido por su sala de prensa. Empiezo por este último.

Las cartas de Anaya. Contra viento y marea logró construir un frente variopinto y vencer toda resistencia interna a su candidatura. La democracia interna, otrora orgullo de los panistas, fue sujetada a su interés personal de volverse candidato al costo que fuera. Por eso no extraña que su mensaje del domingo hubiera estado centrado en sí mismo. Lo más relevante para Anaya es que sus adversarios no han podido destruirlo. “Ni podrán lograrlo”, vaticinó. Se declaró “listo” para ser presidente de la república y presto para combatir “los tres tumores” de la corrupción, la violencia y la desigualdad. Definió al que será, a su juicio, su verdadero adversario: “frente a las ideas antiguas, fracasadas de Morena, […] proponemos un cambio inteligente, un cambio con visión de futuro…”. Por si no fuera suficiente, llamó a López Obrador “mesías con ínfulas de perdona-vidas”. Desde su perspectiva, solo él puede imaginar el futuro que, dijo, no se puede planear ni con las variables del presente “y menos con las variables del pasado”. Atrás de ese “salto al vacío”, sólo él sabe lo que se propone. Los demás, por corrupción o por incomprensión, no pueden ser actores del diseño del futuro. Ojalá que pasada la euforia, Anaya recupere algunas de sus propuestas, como la del Ingreso Básico Universal, algo que arroje sustancia al indispensable debate.

Las cartas de López Obrador. Discurso completo publicado en su página. Cincuenta y cuatro puntos que, más que propuestas, son eslogans de campaña. Después de seis, 12 años, todo está dicho, aunque con matices ad hoc a sus nuevos aliados. Aun así, algunos postulados son reveladores, como el relativo a la implantación de un “auténtico Estado de Derecho”, “como no la (sic) ha habido desde hace más de un siglo”. Ahora resulta que sólo en el porfiriato se vivió conforme a la Ley y que la Revolución, según Andrés Manuel, trastocó ese orden que ¿merece? ser restablecido. Excesos retóricos, reconozco, pero que reflejan la actitud de quien considera que antes de él, “sólo el diluvio”. Y después, ¿quién sabe? Nos previene el candidato que “con terquedad, con necedad, con perseverancia rayando en la locura”, “con intransigencia” se propone combatir la corrupción y promover el desarrollo de México. No necesita de nadie, se basta él mismo y su implacable voluntad. Por otra vía, López Obrador nos lleva a la misma estación de destino que Anaya. Mesías del pasado o del futuro, en sus discursos dominicales ninguno de los dos dejó ver su afán de fortalecer o transformar instituciones.

Las cartas de Meade. Discurso completo publicado en la página del partido que lo postuló. Un ciudadano simpatizante es candidato del PRI desde el pasado domingo. “Hay momentos en la historia en que los pueblos se juegan su destino”, así abrió su intervención. A diferencia de los dos mesías, Meade llama a la voluntad de todos y cada uno al decir que “yo mero me hago cargo de convencer, de entusiasmar, de poner en juego lo mejor de todos y cada uno de nosotros para que a México le vaya bien”. “Mero”, curiosa palabra para enfatizar que todos somos responsables del futuro y que él, Meade, busca articular ese esfuerzo, no sustituirlo ni anularlo. Estableció los tres ejes de las propuestas que construirá a lo largo de la campaña: uno, hacer de México una potencia; dos, familias y mujeres, los primeros; tres, gobierno “a la medida de cada quien” para que pueda realizarse en lo individual, porque todos “somos iguales pero necesitamos cosas diferentes”. Ojos, voluntad y oídos receptivos al reclamo social contra la corrupción: “Seré implacable”. Pone en garantía su conducta, “sometida a la evaluación crítica y objetiva de los mexicanos”. Encabezar, no avasallar; sumar, no dividir; transformar, no destruir. Adelanta una forma de contraste con sus rivales que seguramente empleará en la campaña al decir que en esta elección habremos de decidir si “ir hacia delante” o “ir hacia atrás”. Yo añadiría como opción el salto al vacío que propone el candidato del Frente. Tres maneras de concebir el futuro, sobre todo de construirlo. Una, un pasado muy presente a cargo de López Obrador; otra, un futuro sin pasado ni presente, con Anaya. Y Meade, un futuro con presente transformado por las sólidas raíces del pasado. Para reflexionar. Habrá oportunidad.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Campañas, Carnaval y Cuaresma


Dulce María Sauri Riancho
Si no fuera un asunto tan serio, podríamos imaginar al calendario electoral 2018 como una gigantesca broma. El involuntario humor negro de los árbitros de la contienda encimó festividades tradicionales y religiosas con el inicio y fin de las actividades previas a la votación del 1 de julio. Junto con las Posadas navideñas, el 14 de diciembre pasado se abrió ese amorfo periodo denominado “precampaña”, cuyo cierre coincidió con el domingo de Carnaval. Al PRI todavía le falta la convención nacional el próximo domingo. Aun así, el partido en el gobierno es el único que ha logrado presentar a la totalidad de sus contendientes, tanto locales como federales, no así la coalición “Todos por México” porque el Verde y Nueva Alianza todavía no concretan sus postulaciones. Al PAN y a su coalición les falta mucho para completar la tarea. Amplió su plazo para resoluciones una semana más, hasta el 18. Los otros siete partidos que actúan en la escena estatal todavía deshojan la margarita de las candidaturas. Supuestamente tenían un plazo fatal. Pasó la fecha y no completaron, o al menos no lo han dado a conocer a la opinión pública.

¿Qué fueron las precampañas y en qué se diferencian de las campañas? En la realidad, es muy difícil distinguir unas de otras. Cuando se legisló al respecto se pretendía darles oportunidad a los partidos de realizar sus procedimientos internos y al mismo tiempo reducir el periodo de exhibición y gasto de partidos y candidatos. Nada de eso se logró. López Obrador siguió con sus incansables giras por toda la geografía nacional, con mítines y marchas, pancartas y spots radiales y televisivos. Igual que hace 6, 12 años. Anaya continuó con la revelación de su personalidad, que pasó de acaparar con su voz y su imagen los tiempos asignados al PAN en la televisión y la radio, a manifestar su vena artística y deportiva. Sólo José Antonio Meade se acercó al propósito de los legisladores cuando crearon las precampañas. Al ser externo al PRI, ha recorrido el país para encontrarse con la militancia priista que lo conocía como funcionario y que ahora le confiará la candidatura presidencial.

El INE está desarrollando un aparato de fiscalización de los gastos de precampaña, que también tienen topes y obligación de comprobarse todos. Escuché de voz de una persona conocedora de estos temas que inspectores del árbitro electoral rondaron mítines y concentraciones partidistas, sacando cuentas del número de asistentes, autobuses, tortas, matracas y batucadas. El prorrateo entre candidatos a diversos cargos está claramente establecido. Para evitar dudas y discusiones innecesarias, el reglamento de Fiscalización ha sido enmendado y sus lagunas e imprecisiones, corregidas. Los auditores estarán muy pendientes de que la propaganda partidista, supuestamente dirigida en forma exclusiva a los militantes de los partidos que los postulan, sea eliminada de los espectaculares, televisión y radio, páginas web, etcétera. Tal vez este ejercicio de fiscalización, cuyos resultados todavía no son del conocimiento público, sea la única diferencia en relación a la precampaña de 2012.

En lo local, las postulaciones del PRI y del PAN al gobierno del Estado permitieron a los Mauricios aprovechar algunas semanas de la precampaña. Sahuí, desde antes de Navidad; Vila, una vez que concluyeron las celebraciones del 476 aniversario de Mérida. El candidato del PRI aprovechó el escenario de la convención estatal que lo eligió el domingo pasado, para presentar su plataforma de campaña. “El mejor Yucatán que hoy SÍ podemos construir” contiene la estructura fundamental de sus planteamientos. El candidato del PAN ha recorrido casi todos los municipios del estado. Ignoro si presentará un desglose del “Yucatán que Merecemos”, de tal forma que comencemos a contrastar visiones y propuestas.

La “cuaresma” electoral será aún más extraña que las precampañas. Durante 46 días, que ya comenzaron desde el lunes pasado, deberá haber silencio de publicidad y propaganda en las que aparezca la voz e imagen de los candidatos. Sin embargo, nada impide que sean entrevistados por los medios de comunicación, siempre y cuando no obedezcan a una pauta contratada con ese fin. En cambio, los partidos podrán continuar con su “propaganda genérica”, esperando el periodo de registro de las candidaturas ante el INE y, en el caso de Yucatán, el Iepac. Del 11 al 18 de marzo todos los partidos deberán formalizarlas y las autoridades electorales, aprobarlas. El Viernes Santo, 30 de marzo, arrancan las campañas electorales. El 29 de junio, 90 días después, se celebrarán los cierres y la elección será el 1 de julio.

Una nueva reforma electoral se avizora en el horizonte político del país. Ninguno de los propósitos que llevaron a crear la fase de las precampañas se ha cumplido. Ni se retrasó la agitación consustancial a los procesos políticos, mucho menos se detuvo el gasto en propaganda de parte de aspirantes a diversos cargos. Por el contrario, hemos sido testigos de todo tipo de simulaciones, para aparentar cumplir la ley y violarla sistemáticamente con su conducta. El único remedio parece ser la prohibición absoluta de publicidad y propaganda partidista, hasta que no den inicio las breves campañas, de 60 días o menos. Aplicar esta medicina demanda una eficaz legislación en materia de comunicación gubernamental, que permita un control efectivo de los recursos públicos dedicados a la publicidad y propaganda oficiales. Entonces, tal vez, en 2024 otro canto escucharemos. Por ahora, sólo nos queda aguantar la costosa cacofonía de las campañas.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Doña Fina y la fototeca Guerra. Memoria en tiempos de incertidumbre


Dulce María Sauri Riancho
El pasado viernes se presentó el libro “Fotografía Artística Guerra, Yucatán, México”. Muchas cuestiones son destacables de este esfuerzo. Comienzo por la edición, realizada conjuntamente por la Fototeca “Pedro Guerra” de la Universidad Autónoma de Yucatán y la Cámara de Diputados, a través de Jorge Carlos Ramírez Marín, su presidente hasta hace unos días. En una etapa con abundantes —y muchas veces merecidas— descalificaciones del trabajo de los legisladores, vale la pena destacar este acierto. Hacer del conocimiento del gran público de Yucatán y de otras partes del país de la existencia de un archivo fotográfico en la máxima casa de estudios del Estado representa ya una aportación cultural. Contra viento y marea, la Uady ha mantenido la colección fotográfica puesta a su cuidado, muy importante en tiempos de restricciones presupuestales, cuando lo primero que se corta son los recursos destinados a la cultura y a la historia.
Foto: revista Bicentenario
Los medios de comunicación reportaron puntualmente la presentación del libro y, en algunos casos, realizaron crónicas sobre su contenido. Doce ensayos de diversos autores acompañan sus 317 páginas, dándonos una probadita de las inmensas posibilidades de este archivo para la investigación histórica. Sin embargo, en esta gran celebración por el nacimiento de una obra que apuntala la indispensable memoria colectiva, hay una notable ausencia: no se habla ni se menciona a quien hizo posible la formación del archivo y por consiguiente, todo lo que ha sucedido después, Josefina Gual Lara, viuda de José Castellanos Guerra.

Pedro Guerra Aguilar, hijo del fundador de la empresa fotográfica del mismo nombre, no tuvo hijos con su esposa, María. De acuerdo con los usos de la época, dos sobrinos, niño y niña, crecieron con la pareja, en una virtual adopción que incluyó, en el caso del hombre, su formación para hacerse cargo en un futuro de la empresa del tío. Cuando don Pedro falleció en 1959, su sobrino-hijo, José Castellanos Guerra, heredó el acreditado estudio fotográfico. Diversos padecimientos de salud llevaron a que durante la siguiente década su esposa Josefina tuviera una creciente participación en el negocio familiar, al igual que sus hijos mayores.

Doña Fina, como cariñosamente la llamábamos, después de su matrimonio se dedicó al cuidado del hogar y de sus hijos, seis, y de su padre viudo. En casa de doña Fina y don José conocí a don Antonio Gual García. Ignoraba entonces la importancia política para Yucatán del abuelo de los hermanos Castellanos Gual. El anciano rodeado de libros en su sacrosanto despacho había sido fundador del Partido Socialista, colaborador de personajes como Salvador Alvarado, de Felipe Carrillo Puerto; secretario general de gobierno y gobernador interino en varias ocasiones; en síntesis, un destacado actor en uno de los más turbulentos periodos de la vida yucateca. Quizá rememorando el Congreso Feminista de 1916, don Antonio autorizó a doña Fina, su hija, a asistir a la preparatoria de la Universidad de Yucatán en una época en que estudiar secundaria era un logro para las mujeres. Creo que esa formación familiar influyó en la determinación de doña Fina de conservar las placas de cristal, que fueron el soporte fotográfico durante las primeras décadas de trabajo. Estas placas eran frágiles, pues estaban constituidas por una lámina de vidrio recubierta de una emulsión sensible a la luz. En 1977, parecía mucho más sencillo tirarlas, destruirlas, cuando por necesidades de espacio hubo de efectuarse la mudanza de su local tradicional. Pero doña Fina acudió a su alma máter, la Universidad de Yucatán, aquella que le dio sus estudios preparatorianos, para entregarles en donación el primer lote de “negativos” —así los llamaríamos después— de donde se ha extraído buena parte de las fotografías del libro comentado. Y la Universidad los acogió, en momentos de precariedad y cuando todavía no se apreciaba plenamente la enorme importancia de los archivos históricos. A principios de la década de 1990, siendo gobernadora de Yucatán, tuve la oportunidad de actuar como intermediaria entre la familia Castellanos Gual y la Universidad Autónoma de Yucatán para que la totalidad del archivo fotográfico Guerra fuera a integrarse a la entrega previa. Testimonio de esa tarea fue la edición de un libro, Mérida, el despertar de un siglo (con textos de Eduardo Luján Urzaiz; Cultur-Gob. del Estado; 1992), una pequeña muestra de la riqueza del archivo fotográfico custodiado por la Uady.

Por la decisión de una mujer que optó por el camino difícil de buscar cobijo para lo que entonces se consideraban vejestorios o desechos, en vez de simplemente destruir las placas, nació la Fototeca Pedro Guerra, en la hoy Facultad de Ciencias Antropológicas.

¡En cuántos hogares yucatecos se han entregado a la cartonera los archivos construidos a lo largo de décadas por los padres ancianos! En otros más, valiosos acervos han pasado a integrar las colecciones de bibliotecas de fuera de Yucatán por la incapacidad e incomprensión de autoridades que se niegan a invertir en la adquisición de lo que despectivamente denominan “papeles viejos”. Hace años, Manuel Pasos Peniche expuso poéticamente la destrucción del archivo de “Henequeneros de Yucatán”, institución que dominó la vida económica y política del Estado por casi dos décadas (1938-1955), y su transformación en “techo de irracionales”. Es que los documentos fueron materia prima para la elaboración de láminas de cartón, utilizadas en la techumbre de gallineros y porquerizas.

Necesitamos más personas como doña Fina Gual en Yucatán, conscientes de la importancia colectiva de los documentos y evidencia material del pasado. Que la Uady, el Archivo General del Estado (Agey), la Biblioteca Yucatanense y su Fondo Audiovisual, cuenten con recursos suficientes para preservar nuestra memoria histórica.

No es un gasto, es una necesidad de la sociedad, sobre todo en estos tiempos de incertidumbre y de búsqueda. Al respecto, ¿qué dirán los candidatos?— Mérida, Yucatán.