sábado, 31 de julio de 2010

Mi Stilo y "Adiós guayabera mía"

Dulce María Sauri Riancho

Hace unos días se expidió la convocatoria Mi Stilo es Yucatán para constituir un fideicomiso que impulse el desarrollo de productos de moda “de alta calidad”.

Ligada en el tiempo con la presentación de la gobernadora ante la Concanaco en la ciudad de México y al relevo en la titularidad de la Secretaría de Fomento Económico, la invitación va dirigida a empresarios, artesanos y diseñadores de la moda, vestido y calzado, así como joyería, para presentar productos que integren bordados o materiales que caractericen tradiciones locales “con una propuesta innovadora”.

La elaboración de textiles y vestidos, así como la industria de la confección han estado presentes en la economía yucateca desde la época colonial. Basadas en esta tradición, el establecimiento de la maquila de exportación desde 1985 significó un auge en el empleo en las fábricas de prendas de vestir, desde los trajes de hombre, trajes de baño, ropa interior y pantalones de mezclilla de destacadas marcas internacionales. Los esfuerzos locales para sobrevivir primero y para incursionar después en los mercados nacional y mundial tuvieron resultados, con marcas conocidas como Ábito y la ya desaparecida “Cadenita Gold”.

La industria textil y del vestido fue una de las más beneficiadas en el arranque del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sin embargo, a partir de 2005, con el fin del Acuerdo Multifibras que regulaba las cuotas de importación a los grandes mercados de Europa y los Estados Unidos, esta ventaja se erosionó rápidamente. Las exportaciones mexicanas cayeron drásticamente, siendo desplazadas por las prendas procedentes de China, India y otros países asiáticos, en especial aquellas de menor costo y poco diseño.

Hace varios años que se conocen las bases de la competitividad de México en la industria textil y del vestido. Una es el llamado “paquete completo”, que significa la elaboración de una prenda de moda desde el diseño de la tela, modelo, corte, confección y comercialización, hasta ponerla en el aparador de la tienda, en el menor tiempo. La otra es la capacidad para transformar rápidamente una línea de producción; por ejemplo, de vestidos largos sin mangas, a conjuntos de pantalón y blusa.

Responder a las demandas de la moda oportunamente, además de marcarla, como es el caso de Italia, es el secreto de la supervivencia de las empresas, aun en condiciones desfavorables de competencia frente a los gigantes asiáticos.

En medio de esta situación, los pequeños empresarios y artesanos yucatecos luchan cotidianamente por sostener su actividad. Sin embargo, aun resolviendo los temas del financiamiento para la adquisición de maquinaria, telas e hilos, resta el muy importante del mercado para colocar sus productos en el competido y disputado gusto del consumidor. Y eso sólo se logra con diseño, calidad y precio.

Libera tu Stilo intenta responder a esos retos. Pretende generar una colección de prendas de moda —vestido, calzado, accesorios, joyería— cuyos fabricantes recibirían financiamiento del fideicomiso creado con ese fin. Sería una especie de “marca-paraguas”, que cobijaría a otras pequeñas o a productores individuales. Es una colección que autoriza sólo tres colores: dorado, rojo y verde, aunque son admisibles las variaciones entre blanco y negro. Azul (PAN), Amarillo (PRD), Naranja (Convergencia) no participan. ¡Qué curiosa coincidencia! El producto debe ser nuevo (inédito), no debe estar a la venta en ningún establecimiento para concursar.

Todos estos requisitos tendrían que haber sido cubiertos en tiempo récord de siete días, entre la expedición de la convocatoria y la entrega de los productos, incluyendo una minicolección. Muy posiblemente sólo los que tuviesen las piezas en un cajón o quienes hayan sido previamente avisados pudieron cumplir y entregar. Los resultados se publicarán el 6 de agosto —dentro de 10 días— y la presentación de la primera colección, el 15 de septiembre.

Preguntas de sentido común: ¿qué prendas integran una colección?; ¿será tipo “pasarelas de alta costura” o un simple ensamblado de piezas cuyo denominador común sería el diseño, el color o los materiales de confección? ¿De cuánto será el fideicomiso, cuál sería el premio y de cuánto? ¿Recibiría lo mismo un diseñador de colección que el autor de una pieza de filigrana? No hay categorías ni distinciones en la convocatoria: ¿competirán vestidos con blusas o éstas con pulseras y dijes? ¿Cuáles son los canales de comercialización “efectivos” que se comprometen: las casas de artesanía del gobierno del estado, cadenas de tiendas departamentales nacionales? El problema principal de esta iniciativa parece radicar en la poca claridad de la relación entre su objetivo y los medios para alcanzarlo. Si se trata de financiar Mipymes (micro-pequeñas empresas), de apoyar a los artesanos o de fomentar la innovación; si se busca introducir los productos a las cadenas nacionales de distribución; si la intención es trabajar hacia una “marca bandera” o “brand” que identifique a Yucatán con un sello de identidad y calidad; si se pretende contribuir a la celebración del Bicentenario, todo aparece entremezclado en el texto de la convocatoria y en las declaraciones de la responsable.

Una cuestión delicada: el papel del gobierno del Estado. Más allá de la convocatoria está el propósito de fomentar con recursos públicos una marca y una estrategia de mercadeo. ¿Cuáles serán los límites entre la inversión pública y la propiedad privada? Los derechos de propiedad intelectual e industrial: ¿cómo se definirían? Sería muy lamentable que la falta de previsión o la ambigüedad interesada generara condiciones para el despojo a particulares de sus ideas innovadoras; o la apropiación privada de una marca o un canal de comercialización, abiertos con recursos públicos.

Habrá presentación de productos como parte de los festejos del Bicentenario. Y después de las fotos y la premiación: ¿el olvido? Ábito continuará vendiéndose bien en su nicho de mercado, estoy segura. Ibónica seguirá adelante... al menos mientras concluye la actual administración; es una buena idea, con prendas hermosas, aunque su uso cotidiano por parte de destacados personajes políticos como la gobernadora y la presidenta municipal de Mérida puede tener efectos no deseados. Espero fervientemente que supere el llamado “síndrome de la guayabera”. Me explico: En el periodo 1970-1976, el presidente Luis Echeverría decidió vestir esta prenda tradicional yucateca para todas sus actividades gubernamentales. Cómoda, fresca y hermosa, se volvió la moda oficial del sexenio. Los productores yucatecos, primero agradecidos por la generosa promoción, comenzaron a preocuparse conforme se acercaba el final de una administración que dejó resentimientos y confrontación. Hasta una obra de teatro con su nombre se produjo para significar el término del mandato: “Adiós guayabera mía”. La reacción adversa del mercado fue intensa, a punto estuvo de sepultar a una industria-artesanía tradicional yucateca al identificar al mandatario saliente con nuestra prenda típica. Al tiempo.— Mérida, Yucatán