miércoles, 17 de enero de 2018

Mazacote electoral. Chihuahua, Tratado y otras

Dulce María Sauri Riancho
Tres apuntes del mazacote en que se han convertido las precampañas. Política hay en todos los actos y decisiones que toman los responsables de la conducción de los asuntos públicos del país. Y en tiempos electorales, todos sin excepción están imbuidos de intereses partidistas, abiertos o soterrados. No hay que olvidarlo ni por un momento.

Chihuahua y las represalias de la Secretaría de Hacienda (SHCP). Ríos de tinta y cientos de imágenes han ilustrado el enfrentamiento entre el gobierno de esta entidad norteña y las autoridades hacendarias federales. Al igual que en otros estados de alternancia partidista, el gobernador Javier Corral emprendió una intensa investigación sobre la gestión de su antecesor en el cargo, el priista César Duarte. Necesario es recordar que en 2016, un año de malos resultados para el PRI, cambió el partido en el gobierno en 9 de los 12 estados con elecciones ordinarias: Aguascalientes, Quintana Roo, Durango, Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca, Sinaloa y Chihuahua. Se salvaron para el PRI, Tlaxcala, Zacatecas e Hidalgo; y para el PAN, Puebla. En casi todos los estados en los que hubo alternancia se han abierto expedientes sobre la gestión inmediata anterior. En los casos de Quintana Roo y Veracruz, los exgobernadores han sido extraditados y puestos a disposición de la justicia, además de un elevado número de exfuncionarios. No todo es color de rosa en Chihuahua desde que comenzó el gobierno azul. Se puede constatar un grave deterioro de la situación de seguridad que, tras muchos esfuerzos y recursos, se había alcanzado en la entidad más extensa de la República. El asesinato de la periodista de “La Jornada” Miroslava Breach concentró el foco de atención nacional no sólo por el lamentable hecho, sino también por las revelaciones de presuntos nexos entre políticos panistas y los autores intelectuales del deleznable acto. De pronto, cuando parecía que la investigación alcanzaba cotas hasta entonces inalcanzables de la complicidad entre políticos y criminales, surgió con furia el tema del financiamiento de las campañas electorales del PRI con recursos transferidos por la SHCP. ¿Coincidencia o factor de distracción? Lo cierto es que la atención sobre el PAN y sus nexos criminales quedó relegada, para ser sustituida por una estrategia que pretende golpear al gobierno de Peña Nieto, pero especialmente al precandidato priista, José Antonio Meade. Bien se ha cuidado el gobernador Corral de reconocer que gracias a la intervención de la Policía Federal pudo ejecutarse una orden de aprehensión en Saltillo, Coahuila, para lograr el traslado del inculpado hasta Chihuahua. Poco se ha dicho sobre las relaciones aparentemente cordiales, durante año y medio, entre la Federación y el gobierno estatal no sólo en las cuestiones financieras, sino de seguridad, cuestiones fronterizas, desarrollo social, etcétera. Llama la atención que el lunes pasado hubiera salido publicada una carta suscrita por 11 exgobernadores del PAN solidarizándose con Corral, pero sin la firma de ninguno de los actuales gobernantes estatales del PAN o de partidos opositores al PRI. Y conste que los gobernantes que no son del PRI son la mayoría (17 a 15), sin que hasta el momento alguno de ellos hubiera respaldado las denuncias de su par de Chihuahua. En medio de las aguas revueltas, no debe resultar cómoda la posición de quienes se están jugando el pellejo político al proceder contra sus predecesores, como Miguel Ángel Yunes, de Veracruz, o Carlos Joaquín Coldwell, de Quintana Roo. Tal parece que la enjundia de Javier Corral incluye tender sobre ellos la sombra de la sospecha, una especie de calificación de blandengues o quizá de cómplices, por no sufrir las mismas supuestas represalias que él. ¿Será el combate a la corrupción lo que lo anima? ¿O Javier Corral midió tiempos para ir en pos de la presa mayor, que es el precandidato del PRI a la Presidencia de la República?

Renegociación del Tlcan hasta después del 1 de julio. No puedo culpar a las autoridades canadienses por sugerir se posponga la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) hasta que se hayan efectuado las elecciones en México. Menos cuando el lunes pasado tuve oportunidad de escuchar el audio de un mitin de Andrés Manuel, donde expresaba su posición contraria a “todas” las reformas realizadas en este sexenio y lanzándose a descalificar el Tratado por el fácil camino de la bravuconada revestida de patriotismo. ¿Será esa la opinión definitiva de López Obrador sobre la más importante relación económica de México, de la que dependen millones de empleos, o se trata de un recurso mediático, uno más de sus exabruptos? Tenemos derecho a conocer los fundamentos de esa afirmación.

“Mazacote”. “Masa espesa y pegajosa”, así lo define la Real Academia Española en su acepción número 6. No encuentro palabra más adecuada para definir este periodo de supuestas precampañas de los aspirantes a figurar en las boletas.

Confusión, burla y daño a la credibilidad de las autoridades electorales. En medio del espectáculo, Anaya y Andrés Manuel insisten y se empeñan en que el PRI cambie a su precandidato a la Presidencia de la República. No les gusta Meade, tal parece que quieren otro más a modo de sus intenciones de restarle apoyos a la sensatez y la experiencia que refleja el precandidato priista.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 10 de enero de 2018

Pobreza y elecciones. Emergentes clases medias

Dulce María Sauri Riancho
De acuerdo con los datos del Consejo de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 80% de los mexicanos es pobre (44%) o es vulnerable (36%). Yucatán se encuentra levemente mejor que el promedio nacional, pues el porcentaje de personas consideradas en situación de pobreza (42%) es casi igual que la población “vulnerable” (38%). Como en el resto del país, en Yucatán sólo dos de cada 10 habitantes forman parte del privilegiado grupo de población que no es pobre ni vulnerable. Podemos suponer que esta misma proporción registra el millón y medio de yucateco/as que tendrán derecho a votar en las elecciones del 1 de julio.

Con estos datos en la mano, imagino a algunos trastornados estrategas de los partidos políticos frotándose las manos para distribuir despensas masivamente, forma rupestre de garantizar el sufragio “de los pobres” a favor de sus abanderados. El razonamiento es simple: si la mayoría de los yucatecos es pobre, satisfacer de manera mínima una necesidad traería aparejado el agradecimiento y su voto. Los partidos políticos y sus operadores no han acabado de asumir que la dinámica social en Yucatán ha transformado valores y actitudes de sus habitantes, que cada vez se ven más a sí mismos como parte de una gran clase media. Los pobres no se reconocen ni asumen como tales, comparten valores y aspiraciones de este indefinido grupo social. El fracaso de las despensas así lo indica. Las reciben, sí, pero muy probablemente guardan su agravio para las urnas.

¿Qué significa compartir valores y actitudes de clase media? En primer término, se trata de la firme creencia en la movilidad social a través de la educación de los hijos. Conocemos y hemos sido testigos del esfuerzo de madres y padres que se privan de todo con tal de que la hija/o vaya a la universidad, y si no logra ingresar a una institución pública, se esmeran en pagar las colegiaturas en una escuela privada. Son las parejas que unen sus créditos para adquirir una casa de Infonavit o Fovissste; o quien consigue un coche de segunda mano para llegar más fácilmente a la escuela o al trabajo. Son los que compran en abonos los televisores, refrigeradores, lavadoras, para mejorar su calidad de vida. Son quienes se hacen de un teléfono “inteligente” para estar en continuo contacto con el mundo por las redes sociales. Son familias en que todos los adultos trabajan fuera de casa, para contribuir al gasto y para darse esos gustos de la modernidad, en que los aparatos celulares de última generación son de lo más importante. Son quienes llegan a fin de mes gracias a las transferencias monetarias de los programas gubernamentales, como Prospera o Procampo, en que los abuelos también disponen de un modesto ingreso. Son quienes reciben remesas de sus parientes en Estados Unidos o Canadá, que les sirven para vivir más holgadamente y en algunos casos, construir una casa mejor. Son las madres y los ancianos que permanecen en el pueblo junto con los menores, mientras los adultos se van a la Riviera Maya a trabajar de lunes a sábado. La televisión y el internet han acercado la vida de las ciudades hasta los más apartados rincones de Yucatán, por lo que los criterios tradicionales de clasificación urbano-rural para las poblaciones sólo se refieren al número de habitantes, no a sus actividades económicas y tal vez ni siquiera a sus formas de subsistencia. El acceso al consumo de los sectores más amplios de la sociedad ha transformado sus costumbres y sus aspiraciones, las cuales se asemejan cada vez más a los de ese rango de población que no es pobre ni es vulnerable, esto es, el 20% de los yucatecos.

Pero, ojo, la situación de este amplio sector es precaria. Es la población vulnerable al recrudecimiento de la inflación, a que aumente el precio del transporte, la gasolina y los alimentos. Son las familias que pierden su patrimonio para salvarle la vida a un ser querido, enfermo de una grave y cara enfermedad. Son quienes tiemblan ante la mera posibilidad de perder el programa gubernamental que hace la diferencia entre ser pobre e “irla jalando”. Son quienes aprecian las becas escolares que permiten transitar hacia la ansiada universidad. Esta clase media “aspiracional” se encuentra en todos los rincones de Yucatán. Es la que no se conforma con lo que tiene: quiere más y está dispuesta a movilizarse para lograrlo.

Menos de seis intensos meses nos separan del momento en que habremos de decidir en las urnas sobre el rumbo de México y de Yucatán. Nunca como ahora nuestra determinación de acudir o no a votar y hacerlo por uno y otro candidato/a tendrá un impacto real en nuestro entorno inmediato, en el futuro de nuestras familias y de la sociedad de la que formamos parte. Por eso es relevante enterarnos sobre sus propuestas. Por eso debemos exigirles que nos expliquen cómo pretenden lograrlas. Ya no se valen las generalidades y los buenos deseos. Quien mejor entienda esta nueva dinámica social de Yucatán y se comprometa a reforzarla seguramente captará la mayoría de votos sin necesidad de repartir despensas.

La emergente clase media yucateca, la que sale con dificultades de la pobreza ancestral y de la falta de esperanza, merece de sus políticos comprensión y compromiso con el futuro.


Sin concesiones graciosas, sin descanso ni complacencia.— Mérida, Yucatán

miércoles, 3 de enero de 2018

Elecciones 2018: Carta a los Reyes Magos

Dulce María Sauri Riancho

Queridos Reyes Magos:

Pocos niños les escriben cartas en estos tiempos de WhatsApp y Facebook. En realidad, queridos Reyes Magos, el recuerdo de ustedes se ha transformado en una deliciosa rosca, donde los muñequitos ocultos que recuerdan al niño-dios incluyen promesas de suculentos tamales para celebrar la Candelaria, el 2 de febrero.

Ustedes tres tuvieron hace más de dos mil años confianza y fe en las profecías, y tenacidad para alcanzar su propósito. ¡Y vaya déficit que tenemos en 2018 de esta tercia de virtudes! A fuerza de sentirnos defraudados una y otra vez, ya no creemos en nada ni en nadie, incluyéndolos a ustedes, sin ofender. Tiene que ver con la percepción generalizada de que muchas cosas no marchan a favor del país y de sus habitantes. Pobreza, violencia y desigualdad se combinan en varias regiones de México, dañan a las familias y afectan la convivencia social. Allende nuestras fronteras, se anuncia la deportación de miles de paisanos, familias enteras; se presentan además amenazas económicas y de seguridad. En el país vienen las campañas electorales, donde partidos y candidatos habrán de endulzar los oídos con promesas de todo tipo para cambiar la situación con la que estamos inconformes.
¿Por qué les escribo? Tal vez porque ahora que están menos ocupados tengo mayor posibilidad de que me presten atención y concedan mi deseo. Sólo les pido una cosa. Puede parecerles raro e impertinente, pero quiero un radar cuántico, una especie de moderna lámpara de Diógenes. Sí, la del filósofo de Sinope, conocido como El Cínico, quien se dedicó con su luz a buscar a un “hombre honrado”. Mi regalo tendría un uso muy concreto: buscar a la persona que pueda ser un buen presidente de México por seis años, ni un día más ni uno menos. Tal vez ustedes sepan que hemos tenido muy buenos candidatos, que ganan las elecciones pero que después, en el trayecto sexenal, se desvían e incumplen con las expectativas que despertaron cuando votamos por ellos.

Ya les anticipaba que era una solicitud extraña, pues hago depender el futuro de una nación y de sus cerca de 125 millones de habitantes, del desempeño de una persona en el Ejecutivo federal. Es que en este país la figura presidencial mantiene una relevancia singular. Es cierto que, a diferencia de un pasado cercano, el presidente de la república tiene ahora fuertes contrapesos en los otros dos poderes y una creciente fiscalización de la ciudadanía. Pero aún se conserva como el centro del sistema político, por lo que cualquier cambio profundo pasa necesariamente por su persona.

Con mi lámpara-radar buscaría en las siguientes frecuencias:

Integridad personal y trayectoria de vida que la acredite. Quiero que sus acciones pasadas sostengan sus compromisos presentes. Ser honorable, mostrarse como tal y ser percibid@ como persona merecedora de confianza.

Energía para cambiar lo necesario, pero también para defender lo que deba ser preservado. Mi radar se encargaría de detectar la diferencia entre la terquedad y la persistencia; entre la necedad y la constancia. Quien es persistente, mantiene el rumbo a pesar de las dificultades; quien es necio, hace prevalecer su opinión a pesar de que la realidad grite lo contrario.

Capacidad de formar equipos. Ni mujer ni hombre solos, sino con el conocimiento y la convicción de que deberá rodearse de las y los mejores; con la modestia para reconocerlos, con la capacidad para convencerlos de su proyecto y transformarlo con sus valiosas aportaciones. Muy posiblemente, el próximo Ejecutivo federal forme por primera vez un gobierno de coalición, haciendo uso de la reforma constitucional de 2013. Nunca como ahora será importante el trabajo colectivo en el gabinete presidencial.

Visión de largo plazo y gradualismo. Nos hemos cansado de repetir que México no se reinventa cada seis años. La continuidad y el cambio se conjugan, aún en los periodos de aparente trastrocamiento total del orden establecido, como sucedió en la Revolución de hace cien años. Nada debe permanecer sólo porque existe, como tampoco deberá ser sustituido automáticamente por provenir del pasado. Cambiar sin conocer el rumbo abona al caos. No será tarea fácil limpiar nuestros propios establos de Augías de la corrupción, ni se hará en un solo día, pero cuando iniciemos la tarea deberemos saber a dónde habremos de arribar.

Y por último, señores Reyes Magos, mi radar cuántico necesita detectar a quien sepa:

Dejar ir el poder presidencial. Con la convicción de que la única vía para transformar la vida política de México es fortalecer sus instituciones y promover la participación de la sociedad en la conducción de la vida colectiva. El peso de la figura presidencial hace que sólo desde su silla se pueda iniciar un cambio de esta magnitud. Pero de este asiento emana un encanto que provoca olvido de compromisos y buenos propósitos. Quiero en la presidencia a quien sepa tomar distancia y que al mismo tiempo respete la institución presidencial, lo que significa y asumir con dignidad la carga de responsabilidad que de ella emana. Pero que también tenga la energía y la visión de Estado para transformarla en forma definitiva, sin posibilidad de regresión autoritaria.


Posdata. Tienen, queridos Reyes Magos, hasta el 30 de junio para traerme mi regalo, pues el 1 de julio habré de utilizarlo para emitir mi voto.— Mérida, Yucatán