miércoles, 22 de marzo de 2017

Referrocarrilización: Trabalenguas hacia el futuro

Dulce María Sauri Riancho
Hace tres años, el compromiso gubernamental para la reindustrialización de Yucatán se antojaba lejano, más como un buen deseo que como una realidad posible. No se disponía de energéticos baratos ni de transporte terrestre a precios competitivos. Respecto al Ferrocarril del Sureste, su suerte se encontraba uncida a la concesión Chiapas-Mayab. Las vías férreas del sur y el sureste sufrieron severos daños como consecuencia de los huracanes, tanto los que azotaron del lado del Atlántico como del Pacífico. La empresa concesionaria no invirtió en la reconstrucción, como estaba comprometida al recibir el título de concesión. En consecuencia, el tren de Mérida hacia Coatzacoalcos circulaba a 10 kilómetros por hora. Resultaba más rápido ir en carreta tirada por caballos que en el tren: a ese grado. Además, una sombra disputaba los recursos públicos que requería la modernización ferroviaria de la Península: era el proyecto del tren rápido Mérida-Punta Venado, una de las 10 obras de infraestructura prioritarias para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Tan se consideraba la realización de esa obra ferroviaria, que la rehabilitación de la vía a Coatzacoalcos dio comienzo en Valladolid, hacia Mérida. Finalmente, la sensatez se impuso y el cuestionado proyecto del tren transpeninsular quedó postergado para un mejor momento —presupuestal, desde luego—. Liberados del peso del tren a Punta Venado, el gobierno estatal metió el acelerador en sus gestiones para invertir más recursos en la rehabilitación integral del ferrocarril de Yucatán hacia el centro del país. Según se informó recientemente, el presupuesto invertido asciende a más de tres mil millones de pesos en 4 años. En este tiempo, el gobierno federal recuperó la operación del ferrocarril Chiapas-Mayab, ante el incumplimiento de la empresa Viabilis, concesionaria desde 2013. Negociar con el gobierno federal es menos difícil que con una empresa privada. Una muestra se tiene con el arranque de la construcción del Centro de Operaciones Ferroviarias (COF, por sus siglas), en Poxilá, comisaría de Umán. Tendrá 5.6 kilómetros de vías auxiliares, con amplio patio de maniobras, para que los trenes entren completos, se separen de la locomotora y sus carros queden listos para la carga y descarga. Además de la Terminal Intermodal, se instalarán 15 kilómetros de vías para unirla con el parque industrial de Hunucmá, donde ya se encuentran a punto de iniciar su producción varias empresas, la más destacada, Cervecería Yucateca. Las obras deberán quedar concluidas el próximo mes de agosto. Muy bueno, sin lugar a dudas, pero aún falta para que efectivamente vuelva el ferrocarril a Yucatán. Me explico.
 
Las obras anunciadas resuelven las necesidades del nuevo polo industrial en Hunucmá, pero dejan pendientes otras importantes tareas. La primera de ellas es la conexión con el puerto de Progreso. Si la vía actual prácticamente fue “tragada” por los nuevos desarrollos inmobiliarios, ¿hacia dónde saldrá su nuevo trazo? La segunda, sacar de Mérida el ferrocarril al oriente. Una de esas rutas abastece a la termoeléctrica de Valladolid, que requiere turbosina para su operación, cuando le falla el gas natural. ¿Habrá un libramiento ferroviario por el sur meridano para enlazar en Kanasín? El tercer interrogante es sobre los planes largamente postergados para instalar una espuela de ferrocarril en el puerto de altura de Progreso. Entiendo la dificultad para construir un patio de maniobras en la terminal remota, pero sin ferrocarril, el puerto no logrará su despegue definitivo. En los anuncios del pasado jueves hay otro saldo positivo. Por primera vez existe la posibilidad real de materializar el proyecto de un parque en “La Plancha” en el corazón de Mérida, pues los talleres y la fosa serán trasladados al nuevo centro de operaciones en Poxilá “en una segunda etapa”, que todavía está pendiente de definir.

El aniversario 79 de la Expropiación Petrolera trajo buenas noticias para Yucatán. Como parte de la conmemoración, se anunció la construcción de un poliducto que transportará gasolina, turbosina y diésel entre Progreso y Cancún. Será una tubería de 310 kilómetros que funcionará bajo el esquema de “socio operador con contribución de activos existentes”. Entiendo que esto último abriría la puerta a Mayakán, actual concesionaria del ducto que transporta gas natural a Valladolid, para participar, al menos en ese tramo. Significa que se construirá una gran TAR (Terminal para Almacenamiento y Reparto) en Progreso, desde donde se realizará el bombeo de los combustibles que transportarían barcos tanque de las plantas de México (Pemex) o del extranjero.

Referrocarrilizar para Reindustrializar. Es un trabalenguas que tiene pronunciación de futuro. Numerosos asuntos exceden con mucho los tiempos de la actual administración, tanto local como federal. Pero es su responsabilidad establecer el plan maestro en estas dos cuestiones, conectividad y energía, indispensables para seguir avanzando.

Ferrocarril y oprobio. Vulcan Materials, la firma norteamericana que adquirió a la mexicana Calica, aseguró su permanencia como mera empresa extractiva al cancelarse el tren rápido a Punta Venado. Esta empresa, con sede en Alabama, exporta por vía marítima miles de toneladas de polvo de piedra que extrae del subsuelo quintanarroense. Sus acciones tuvieron un alza considerable en la Bolsa de Valores a raíz del anuncio de la construcción del muro en la frontera entre México y Estados Unidos. Será una triste ironía que la piedra peninsular acabe siendo parte de ese muro.— Mérida, Yucatán. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Diversidad en la Filey. Terca optimista

Dulce María Sauri Riancho
El sábado pasado comenzó a desgranarse la mazorca de la sexta edición de la Filey. La Uady mantiene su compromiso con la sociedad yucateca, el mismo que hizo para conmemorar los 90 años de fundación de la Universidad, en 2012. La Filey avanza hacia su consolidación, pues ya forma parte de un circuito nacional de ferias. Viene inmediatamente después de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, cuya edición 38 se llevó al cabo hace unos días. El ciclo del año lo cierra la Feria Internacional de Guadalajara, que celebrará su edición 31 en diciembre. UNAM, UdeG y la Uady, instituciones que se esfuerzan por hacer efectivo el derecho humano a la cultura, aun en las complicadas circunstancias presupuestales que viven los centros de educación superior del país.

China y Campeche son el país y el estado de la república invitados. La pujante economía de China y las perspectivas de negocios con el gigante asiático refuerzan el interés por conocer algunos rasgos de su cultura milenaria y a los representantes actuales de su literatura.

Y Campeche, a pesar de su cercanía y convivencia constante, algunas veces dejamos a un lado el conocimiento más profundo de sus formas creativas y de sus representantes actuales. En materia de presentaciones, la Filey ofrece para todos los gustos. A quienes les atraen los temas políticos y periodísticos, encuentran intervenciones de destacados personajes y talleres de debate. La poesía y la literatura te avasallan en pasillos, stands y salas de presentación. La creación audiovisual, también presente, al igual que la pintura, ampliando de esta manera la diversidad cultural disponible durante estos intensos días.

Considero un acierto la intervención de escuelas y facultades de la Universidad, como Antropología, a cuyo cargo están varios talleres, así como la difusión de sus diversas publicaciones y libros.

La ceremonia inaugural se efectuó el sábado por la noche. El punto estelar fue la entrega del Premio Excelencia de las Letras “José Emilio Pacheco” en su quinta edición. La novedad fue que la convocatoria abrió la puerta a la postulación de escritor@s latin@s radicados en Estados Unidos.

Es la condición de Cristina Rivera Garza, la primera persona méxico-estadounidense en recibir esta distinción. Una de las dos mujeres reconocidas a la fecha con este galardón —la otra es Elena Poniatowska— y una de los dos escritores nacidos en la segunda mitad del siglo XX —el otro es Juan Villoro—.

Mujer de frontera, nació en Matamoros, Tamaulipas, y vive en Texas desde hace 27 años, donde es catedrática del Colegio de Artes Liberales y Ciencias Sociales de la Universidad de Houston. Mujer de dos mundos, piensa, siente y escribe en castellano, en un medio ya de por sí difícil antes del arribo de Trump. Hacer de la labor creativa una aventura binacional es tarea de un alma rebelde.

El sábado la miré de lejos y la escuché, con su voz suave y sus palabras contundentes, reivindicando la rebeldía como una forma de vivir y de hacer de la duda el combustible de la imaginación. El sufrimiento de la exclusión campea en su obra.
 
Las mujeres vulnerables por su género, que se fugan de una realidad creando alter egos. Ni sus temas ni sus personajes son complacientes, tampoco ayudan a evadir una realidad que está ahí, aunque intentemos cerrar los ojos para no verla.

En Cristina Rivera se distingue también a los migrantes, artistas, intelectuales y escritores latinos en los Estados Unidos. Son creadores de una nueva cultura, en condiciones de fragilidad y de amenaza constante. Hablar en español en tiempos de Trump se ha vuelto un riesgo.

Desde la relativa seguridad de la que disfrutamos en Yucatán, es difícil imaginar la zozobra y la angustia de miles de paisanos que viven y trabajan en los Estados Unidos. Cuando la rutinaria despedida matutina puede volverse postrero adiós; cuando los padres encargan a sus hijos a vecinos y compadres, por si se da el caso de no volver; cuando millones sufren, ahora más que nunca, los puentes de la literatura y de la creación pueden ayudar a cerrar las enormes grietas que el racismo y la xenofobia han abierto en la sociedad estadounidense.

Tras escuchar a Rivera, me defino como “terca”: en ser optimista frente al futuro, en no dejarme desalentar frente a las circunstancias adversas; a seguir luchando.

Sólo lamento que la voz poderosa de Cristina Rivera haya disputado tiempo y relevancia con los discursos protocolarios de una ceremonia inaugural.

Nada pasaría si en las próximas ediciones la parafernalia oficial de la inauguración se separa de la entrega del Premio. Hubiéramos escuchado con mayor atención al embajador de China y al representante de Campeche, así como al rector Wílliams. Y el mensaje del gobernador no hubiese entrado en una inútil competencia mediática con el de la premiada. Ya pasó, pero puede servir de experiencia para el año próximo.

A media semana han transcurrido casi 5 días de la Filey. Sábado y domingo tendré oportunidad de participar en dos de sus eventos como comentarista. Conmemoraremos el centenario del nacimiento de Arthur Clarke (1917-2008), científico y autor de numerosas obras de ciencia ficción, con una mesa panel sobre este género literario. El domingo 19, último día de la Feria, se presentará el libro Familias empresariales en México, en el que se abordan los casos de dos destacadas familias yucatecas: los Ponce y los Abraham. Están invitad@s.— Mérida, Yucatán.


miércoles, 8 de marzo de 2017

Resignificar el 8 de marzo. Día internacional de la mujer

Dulce María Sauri Riancho
El 8 de marzo no es día de festejo. No lo es por su origen, motivado por una brutal represión a un grupo de obreras en Nueva York, ni por la situación actual de millones de mujeres. Si no es celebración gozosa de un solo día al año, en que se nos rinden encendidos homenajes, ¿qué es entonces el Día Internacional de la Mujer?

Una lectura reciente me movió a pensar sobre la mejor manera de aprovechar la coincidencia de este espacio semanal con el 8 de marzo. Fue un artículo de una joven mujer, Jaina Pereyra, publicado y difundido en las redes sociales. La joven Jaina elaboró una “Breve guía para no dar otro pésimo discurso en el Día Internacional de la Mujer”. Comienza diciendo enfáticamente: “No feliciten […] No hagan de un discurso que debe denunciar la discriminación, uno que enaltezca la condición”. Tampoco presenten “un rosario de cifras que no le significan nada a nadie”. En esta parte, Jaina hace una recomendación: “Traten de conocer la historia de una de las mujeres que las rodea y repítanla en público”. Así tomé la decisión de hablar de Rosa, una mujer de mediana edad con la que intercambio saludos y alguna plática ocasional cuando nos encontramos en un establecimiento comercial donde ella trabaja desde hace 14 años. A Rosa la dejó su marido entonces, como vulgarmente se dice, “con una mano adelante y otra atrás”. Con tres niños pequeños, tuvo que salir a conseguir el sustento de la familia. Con poca calificación para acudir a buscar empleo en una oficina, logró colocarse en una de esas empresas que prestan servicios de aseo y mantenimiento a edificios de corporaciones o dependencias de gobierno. Los jefes de Rosa aprecian su trabajo, a grado tal, que ha logrado resistir los cambios de compañía prestadora del servicio. Sin embargo, su diligencia en el trabajo no ha bastado para mejorar su salario ni tampoco para obtener la ansiada plaza definitiva que la libre de la zozobra de contratos eternamente temporales.

Rosa gana un poco más del salario mínimo, $1,250.00 cada 14 días. Son casi 90 pesos diarios. Pero también diariamente gasta $38.00 en venir de Umán ($11.00 viaje sencillo Umán-Centro y $8.00 de allá hasta su lugar de trabajo, ida y vuelta), más los $350.00 catorcenales que le paga al Infonavit, pues hace 4 años logró su anhelo de hacerse de una vivienda para ella y sus tres hijos. A Rosa le quedan $27.00 diarios para comer, vestirse, curarse en caso de enfermedad, comprar útiles escolares y si se puede, tener alguna pequeña diversión. Rosa no fue a Xmatkuil, ni a la Feria ni al Carnaval, porque es muy caro para su familia. Prefiere, si hay algún extra, dedicarlo a liquidar alguna deuda, que nunca falta en una economía precaria como la suya. Todas las mañanas, de lunes a viernes, Rosa entra a las 8, tiene que levantarse antes de las 5 de la mañana, para tomar el disputado camión de 5:50 que sale de Umán rumbo al centro de Mérida. Rosa no sabe que en la estadística ella está clasificada como “jefa de familia”, que sí lo es. Pero como mujer, Rosa ha visto a sus colegas hombres ascender en la pequeña escalera de su empresa, pero ella sigue igual. Temerosa de demandar con energía un incremento a su exiguo salario por el riesgo de perder el empleo, Rosa soporta y trabaja, con la esperanza puesta en que sus hijos alcancen una vida mejor de la que a ella le ha tocado vivir. No sé si la familia de Rosa tiene Oportunidades —hoy Prospera— que, si así fuera, le permitiría mejorar la salud, la asistencia escolar y la alimentación familiar. El monto de dinero recibido sería mayor al salario de Rosa y le permitiría algún respiro de sus apuros económicos.
Foto: internet
Conforme los hijos crecen, ingresan temprano al mercado de trabajo —hay que ganar dinero— y salen de la escuela, muy probablemente para formar parte de esa economía informal que puebla Yucatán, sin estabilidad de ingresos, sin seguridad social. La hija de Rosa terminará en breve la preparatoria. Le gustan las matemáticas, pero también sabe pintar uñas y tiñe el pelo de las vecinas. ¿Irá a la Universidad? Es muy poco probable. Ya el título de Bachillerato es un gran logro. Al menos, no tuvo un embarazo temprano que la volviera madre adolescente como tantas hijas de sus amigas.


Poco le dice a Rosa el Día Internacional de la Mujer. Quizá, parte de esa “moda” que denuncia Jaina, alguien la felicitará y ella no sabrá por qué. Tal vez en los millones de Rosas estaba pensando Nancy Fraser cuando criticó al llamado “feminismo corporativo”, el que se propone romper el “techo de cristal” que impide que un puñado de talentosas mujeres logre escalar posiciones de alta responsabilidad en la política y en la economía, pero se olvida de las demás. Rosa forma parte de ese gran conglomerado social marginado de las oportunidades por un sistema que reproduce la desigualdad. Si queremos darle un nuevo significado al 8 de marzo, lejos de las complacencias y del almíbar, centrémonos en imaginar a un país justo, con políticas de igualdad, en que las mujeres, libres de obstáculos culturales y sociales, puedan ejercitar plenamente sus derechos.— Mérida, Yucatán.

jueves, 23 de febrero de 2017

Sombras sobre la Filey. Violencia contra las mujeres

Dulce María Sauri Riancho
Sucedió hace casi siete años, cuando tres mujeres indígenas otomíes de Querétaro: Alberta Alcántara Juan, Teresa González Cornelio y Jacinta Francisco, fueron detenidas y encarceladas acusadas de delitos contra la salud por posesión de cocaína, privación ilegal de la libertad en su modalidad de secuestro y delitos contra servidores públicos.

Fue la manera jurídica que encontraron para decir que habían sometido y retenido contra su voluntad a varios agentes del orden que realizaban un cateo en busca de productos “pirata” en el mercado de la capital queretana. En su largo proceso federal, las mujeres reclamaron su inocencia y la injusticia del juicio al que se veían sometidas. Declaradas inocentes por la Suprema Corte, ellas no se conformaron, sino que exigieron a la PGR una indemnización y reparación del daño causado por haber sido acusadas y aprehendidas ilegalmente.

En la primera instancia administrativa, se les negó lo solicitado, por lo que acudieron a la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, que resolvió lo impensable hasta hace muy poco: “Revisamos las pruebas que están en el expediente (dice la sentencia) y […] concluimos que tienes razón, determinamos que la PGR hizo mal su trabajo, lo que te ocasionó daño patrimonial y moral…La PGR reconocerá tu inocencia y lo hará en los mismos medios donde fue publicada tu acusación”.

Además de las inserciones de media página en los periódicos de Ciudad de México, hubo un acto en el Museo Nacional de Antropología, donde el procurador general de la República, en nombre del Estado mexicano, pidió perdón a las tres mujeres agraviadas. Su condición de género, su pertenencia a una etnia indígena y su situación de pobreza se combinaron para mantenerlas en prisión y privarlas de una legítima defensa. Final aparentemente feliz de una larga historia salpicada de violencia en su contra por el simple hecho de ser mujer.

Sucedió hace 7 días, cuando las alarmas de la indignación se prendieron por un cartel promocional de la Feria Internacional de la Lectura, Filey, que habrá de comenzar su sexta edición el próximo sábado 11 de marzo.

Mala copia de la ingeniosa publicidad de la Librería Gandhi, la imagen de una mujer sometida que acepta castigo a cambio de “dejarla leer”, proyectó desafortunadamente sobre la Filey una sombra: la de la violencia contra las mujeres, tolerada, utilizada y presentada en un afiche que reproduce los peores estereotipos de género.

Se trataba de un cartel inspirado en el libro “Cincuenta sombras de Grey” que, por cierto, poca publicidad necesita en su sexta edición en castellano. La trilogía escrita por E.L. James ha roto récords de venta y ha sido traducida a numerosos idiomas. Como literatura, se asemeja a un Corín Tellado pornográfico. Combina “bondage” (esclavitud y ataduras para inmovilizar), disciplina, sadismo y masoquismo. El hombre protagonista, millonario y poderoso, es el dominador; la mujer, virgen, sensible y vulnerable, es la parte sometida.

Los millones de ejemplares vendidos muestran que existe un público para esa clase de expresiones literarias. En gustos, particularmente de lectura, se rompen géneros. No me interesa imprimir un toque de censura para lo que algunos consideran innovación y otros, algo más que un bodrio literario.

Sin embargo, me pregunto por qué ese libro fue considerado por la Filey para formar parte de sus carteles publicitarios. Teniendo tantas opciones cuando los invitados son: China como país y Campeche como estado de la República, poco favor le hicieron a esta Feria quienes se imaginaron derrochar “ingenio” con una imagen y una leyenda que, por decir lo menos, son enormemente controvertidas.

No es el primer tropiezo de la Filey. Recuerdo el de hace un par de años, cuando las camisetas del equipo promotor ostentaban la leyenda de una organización política. Entonces, rápidamente corrigieron. Me parece bien que ahora, después de un intento fallido de disculpa, los responsables de la Filey 2017 hayan admitido sin rodeo alguno su error. Ya no es sólo “un sector” el que se reconoce como agraviado, sino un género, las mujeres, en su lucha cotidiana contra atavismos y costumbres que consideran a la violencia como “natural”. La misma que Rodrigo Llanes describió en este espacio el lunes pasado.

Fue un resbalón que abrió una grieta donde se muestran con claridad las resistencias culturales a considerar a las mujeres con similar dignidad y derechos que los de los hombres. En el orden patriarcal, la condición femenina sólo se concibe como subordinada, tal como es la protagonista de “Cincuenta sombras”.
foto: lasillarota.com
La Filey es un proyecto en vías de consolidación. Este año abrigué serios temores de que la Uady y el gobierno del Estado no pudieran sostener la inversión anual que se requiere para realizarla. Voces al oído del rector Williams y de las autoridades estatales susurraban la conveniencia de despojarla de su raigambre universitaria y de sectorizarla en alguna dependencia estatal. Por si no fuera poca la tensión presupuestal, la sexta edición estrena coordinador general con Rodolfo Cobos. Cuando el Premio Excelencia en las Letras es entregado a Cristina Rivera Garza, la escritora tamaulipeca que está de lado de “los libros incómodos, que no necesitan carta de buena conducta para existir”. Cuando Sara Poot organiza la nueva edición de UC-Mexicanistas, se cometió un error que no podrá ser superado más que con auténticos compromisos en materia de derechos humanos de las mujeres. Y resultados que los hagan tangibles. Así las sombras que arrojó Grey sobre su sexta edición se podrán desvanecer.— Mérida, Yucatán.

martes, 14 de febrero de 2017

Derechos bajo asedio. Vientos de Totalitarismo

Dulce María Sauri Riancho
Hace unos días recibí de Antonio Salgado, colaborador de estas páginas del Diario, una invitación para reflexionar sobre el totalitarismo y las grandes aportaciones que Hannah Arendt hizo para dilucidar sus entrañas. Tony proponía acercar los trabajos de esta gran teórica social y filósofa política a los problemas reales y concretos que actualmente enfrentamos. Parto por compartirles, amig@s lector@s, que al hablar de totalitarismo Arendt no sólo hace referencia a un régimen político, como podría ser una dictadura, sino a una condición que se extiende a todas las áreas de la vida pública y privada de una sociedad. Se impone sobre las personas por la fuerza del terror: a la pérdida de la vida, de los bienes o de la libertad, si no se sujetan a sus terribles reglas. En el terreno de pensamiento tan amplio como desarrolló esta judía alemana, apátrida por años y ciudadana estadounidense en el último tercio de su vida, decidí tomar hechos recientes conocidos por la opinión pública. Tienen en común que vulneran derechos reconocidos, de carácter universal y práctica obligada en todo el mundo. Malas noticias para la complacencia: los derechos humanos no se ganan de una vez y para siempre.

Muchas veces creemos que por el simple hecho de nacer, los derechos que acompañan a nuestra condición humana se “activan” en automático, que nada hay que hacer para que nos sean reconocidos o para que tengamos que defenderlos. Poco reparamos en los grandes obstáculos que se yerguen ante nosotros como enormes barreras que evitan garantizar su disfrute. De vez en cuando, algún evento significativo actúa como un choque eléctrico que nos recuerda lo que podemos perder si no activamos las alertas sociales y nos disponemos a luchar. En este sentido, selecciono tres situaciones que ocuparon espacio impreso y digital en las últimas semanas. 

1.-En Xpechil, pequeña comisaría del municipio de Peto, un campesino de 40 años asesinó a su esposa de 15 machetazos. La señora de 31 años, lo había abandonado para irse a la cabecera municipal a auxiliar a su hija que había dado a luz. Regresó, pero a casa de su madre. No salía, “para nada” pero cuando lo hizo para comprar sal, fue agredida por el cónyuge agraviado por el rechazo, sin que nadie de la pequeña comunidad pudiera evitarlo.
2.- A finales de enero de este año, el presidente municipal de San Martín Peras, Oaxaca, ordenó dar de latigazos a una joven mujer aspirante a regidora. Gabriela Maldonado Rivera exigía su derecho a la participación política en su municipio. A cambio recibió amenazas, hostigamiento e intimidación y, finalmente, azotes de una autoridad. El alcalde acusado se defendió diciendo: “fue golpeada por su abuelo por su comportamiento”.

3.-Guadalupe García, tras residir más de 20 años en Arizona, fue deportada a México. En 2008 había sido detenida en una redada, pero las políticas del presidente Obama le permitieron permanecer en Estados Unidos bajo la condición de presentarse cada año a la oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas para una revisión de su caso. Tenía 14 años cuando llegó en 1996; tuvo dos hijos, estadounidenses de nacimiento. Ahora fueron por ella, pues la “Migra” tenía todos sus datos. El gobierno de Trump hizo de este caso una muestra representativa de que cualquier inmigrante indocumentado condenado por un delito –en el caso de la Sra. García, haber registrado un número falso del seguro social- tendría prioridad para ser deportado.

Pobreza, rezago y marginación, campean en los dos primeros casos. Rosario Núñez, de Xpechil, debe haber tenido a su hija a los 14 años, porque cuando perdió la vida ya era abuela. Madre-niña, con escasa escolaridad; esposa de campesino milpero, en una comunidad que representa al Yucatán rural en extinción, pues la mayoría, 84 de cada 100 personas vive en ciudades como Peto y Mérida. Marido con derecho a disponer de la vida y la libertad de su mujer, porque la tradición y la costumbre así se lo permitían. También Gabriela Maldonado transgredió los usos y costumbres de San Martín Peras, que recluye a las mujeres en el hogar y les impide su participación política. No son, lamentablemente, casos excepcionales de violencia contra mujeres motivadas por su voluntad de ejercer derechos políticos fundamentales, como lo demuestran incidentes en Puebla, Oaxaca, Chiapas y Guerrero, principalmente.

Hasta antes de la orden ejecutiva de Donald Trump, los inmigrantes indocumentados tenían derechos en los Estados Unidos. Desde el punto de vista de la ley, estos aún permanecen, aunque los obstáculos para ejercerlos cada vez se hacen más difíciles. No cambió la norma, sino la actitud de una parte de la sociedad estadounidense que se solaza en el dolor de quienes, como Lupita García, han sido arrancados de su familia y condenados a la incertidumbre. ”¡Se lo merecen!”, parecen decir, con la simpatía de otros que desde lejos, contemplan la situación, sintiendo que ellos, los “verdaderos” estadounidenses jamás podrán ser afectados.


Violar los derechos fundamentales de las personas puede adquirir carta de naturalización. Sólo se necesita combinar la indiferencia con el miedo. Los derechos humanos que hemos conocido se encuentran bajo asedio. Borrar los “memes” de Trump y comprar teléfonos desechables para viajar a Estados Unidos es una primera manifestación del contagioso mal que empiezan a transmitir los vecinos del norte, que puede derivar en el totalitarismo. Cómo defendernos, cómo resistir y seguir avanzando es la tarea que tenemos por delante. El pensamiento lúcido de Hannah Arendt contribuye a lograrlo.

viernes, 10 de febrero de 2017

Sillas vacías. Cupos en las escuelas

Dulce María Sauri Riancho.
En días pasados, los vecinos de Mérida fuimos testigos de un intercambio de opiniones entre dos partes que no parecen tener referentes comunes, en una especie de “diálogo de sordos”, ese que no permite entendimientos porque se sostiene desde frecuencias distintas y se aborda desde lógicas diferentes. Me explico.

El secretario de educación estatal, licenciado Víctor Caballero, declaró que no tenían sentido ni razón las sillas encadenadas y enfiladas en las puertas de numerosas escuelas, ya que todos los niños y las niñas del estado tenían un lugar asegurado en cualquiera de las escuelas públicas de la entidad para el nuevo ciclo escolar. Aseguró el funcionario que así había sucedido en años anteriores. A pesar de la explicación y del compromiso institucional, los padres y las madres mantienen la costumbre de plantar sillas los últimos días de enero, como una forma de “guardar turno” en el proceso de inscripción que se abre el 1 de febrero. La ruidosa protesta de los vecinos de la colonia Villas de Oriente, perteneciente al municipio de Kanasín, contradice las seguridades del secretario Caballero y refuerza la muda exigencia de cupo que enarbolan las sillas vacías en las puertas de las escuelas (Diario de Yucatán, 30 de enero de 2017). Decenas de padres de familia de esta colonia cerraron por varias horas la carretera a Tixkokob pues numerosos niños no encontraron cupo en la única escuela pública que existe en esa zona y que ofrece educación primaria en dos turnos. Se declararon cansados de llevar a sus hijos a escuelas distantes, que es donde les ofrecen lugar. Quedan lejos de su casa, cuesta dinero en pasajes de camión y, además, tiempo de las progenitoras o de las abuelas, que dedican buena parte de la mañana o de la tarde a llevar y recoger a los infantes.
Foto: internet
La situación que viven las familias de Villas de Oriente es similar a la que enfrentan las 20 mil familias que habitan en Kanasín, municipio con más de 90 mil habitantes y que sólo cuenta con 36 planteles escolares. La desigualdad queda manifiesta cuando se compara con Valladolid, que con menos pobladores, dispone de 139 escuelas; Tizimín, de 187; Progreso, de 71 y Umán, de 81. De las 41 escuelas que funcionan en Kanasín, 24 son primarias (seis operan en dos turnos), 15 secundarias y sólo dos preparatorias.

En el lado poniente de la ciudad de Mérida, Ciudad Caucel, se vive una situación similar a la de Kanasín. Aunque parecen no tener la cohesión de los padres de Villas de Oriente ni han recurrido a protestas públicas para exigir la atención a sus demandas, los padres de familia se quejan porque en ese complejo urbanístico, en donde residen cerca de 20 mil familias, sólo operan tres primarias públicas. Año tras año, los niños de Ciudad Caucel que no encuentran cupo en las escuelas cercanas, asisten a alguna de las tres primarias de la villa de Caucel o en las más lejanas de las colonias Nora Quintana y Juan Pablo II (Diario de Yucatán; 6 febrero 2017). Tiempo, dinero y camión son las constantes.

Padres de familia y funcionarios tienen razón, pero ópticas diferentes para afrontar el problema de los lugares en las escuelas públicas. Mientras el secretario de Educación recurre a la lógica de la demografía y las estadísticas para afirmar que la atención escolar de todos los niños de Yucatán está garantizada, los padres y las madres apelan al pragmatismo —“no hay mejor escuela para tus hijos que la escuela cercana…”— que los lleva a dudar de la oferta del secretario. Víctor Caballero mantiene la perspectiva del saldo global, de atención plena a la población en edad escolar porque, es cierto, hay lugares suficientes para atender a toda la niñez yucateca. Los padres de familia van un paso adelante. Las circunstancias familiares, el ingreso precario y el tiempo de las mujeres —madres y abuelas— los han empujado a exigir que la cobertura escolar contemple la ubicación de los planteles. Revisar su localización significa poner por delante el territorio. Esta perspectiva llevaría a las autoridades a decidir el posible cierre de algunas escuelas porque no hay suficientes alumnos. En otros casos, implicaría disminuir grupos o, seguramente, la apertura de nuevas escuelas en donde el aumento de familias jóvenes con hijos en edad escolar así lo reclame.


La mayoría de las niñas y niños yucatecos acuden a escuelas públicas. Por eso, la oferta de lugares suficientes, accesibles para ellos y sus familias seguirá siendo una prioridad. Sin embargo, también lo es la calidad educativa. No se puede permitir que la falta de espacios o una indebida percepción de los progenitores favorezcan el surgimiento de escuelas particulares. Ellas garantizan, sí, el cupo para la población demandante pero, además, alimentan muchas veces el espejismo de que su calidad educativa es “imposible” de encontrar y de exigir en el sistema público, gratuito y obligatorio. Tal vez sea la causa de que el problema de cupo en escuelas públicas no sea asunto que sacuda a los vecinos de Santa Fe, separados de Ciudad Caucel por una calle y algún decil en la estructura del ingreso familiar. Tampoco se encuentra esta preocupación en los vecinos del fraccionamiento Las Américas, en donde residen varios miles de jóvenes familias. O en una comunidad consolidada, de clase media, como Francisco de Montejo y las primeras secciones de Pensiones, por citar ejemplos palpables, que dieron hace años sus propias luchas. Allá, en los asentamientos de clase media, la escuela pública es subsidiaria, porque existe la posibilidad de pagar por una educación privada, si no hay lugar o si se considera que la oferta pública es de baja calidad. En miles de familias esa opción no existe. Si de combatir la desigualdad social se trata, las sillas vacías son la primera trinchera a conquistar.