miércoles, 19 de abril de 2017

En el valle de las sombras. Desaparecidos en México


“Frente al desaparecido, en tanto esté como tal, es una incógnita el desaparecido. Si el hombre apareciera, bueno, tendrá un tratamiento X y si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está… Ni muerto ni vivo, está desaparecido”.
Jorge Rafael Videla, presidente de Argentina 1976-1981

Dulce María Sauri Riancho
Quizá debí escribir sobre este doloroso tema el miércoles pasado, en vísperas del martirio y crucifixión de Jesucristo, no en la gozosa semana de Pascua. Pero se trata precisamente de pasar por el valle de sombras, hasta llegar al domingo de Resurrección, con el optimismo que brinda al espíritu el saber que Jesús venció a la muerte. Sólo este aliento de esperanza permite acercarse al “Informe Especial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre Desaparición de Personas y Fosas Clandestinas en México”, dado a conocer el pasado 6 de abril. En sus 630 cuartillas se desgaja el horror de la violencia que ha afectado la vida de millones de personas en todo el país. No es el drama de una tierra geográficamente lejana, como Afganistán o Siria, sino aquí mismo, tan cerca como Veracruz, su puerto y sus carnavales festivos o Tamaulipas, su frontera y su petróleo, al que nos conduce la carretera 180, la misma que pasa por Umán y Mérida, hasta concluir en Cancún. Para mi generación, la del 68 y los movimientos armados, la desaparición de amigos y compañeros fue una lacerante realidad de la década de 1970. La guerra sorda contra la droga y los movimientos guerrilleros en el estado de Guerrero trajo consigo su propia cuota de sangre y desaparecidos. Pero nada, ni siquiera la fase más violenta de la Revolución de 1917, nos preparó para lo que vendría al iniciar el siglo XXI, agudizada aún más en su segunda década. Miles de mexicanos, mujeres y hombres, han desaparecido. Han sido arrancados de sus hogares, de sus familias. No se sabe si están vivos aún, o si forman parte de otros miles enterrados en fosas clandestinas. La mayoría, de familias de condición humilde, pertenecen a clases populares que no tienen medios para levantar su voz y exigir a las autoridades la búsqueda de su pariente. Las instituciones responsables de la seguridad y de la defensa de los derechos humanos no se ponen de acuerdo ni siquiera en la macabra cuenta de los desaparecidos: si son 29,903, como señala el Registro del Sistema Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (SINPEF). O son 24,928 víctimas consignadas por las fiscalías y las procuradurías de los estados. O se acerca a 32,236 casos de desaparecidos en todo el país, de acuerdo a la cuenta del organismo nacional de defensa de los derechos humanos. Como presuntos responsables de las desapariciones, el 27% es atribuido a servidores públicos o agentes del gobierno en sus distintos niveles y el 10% a la delincuencia organizada. Pero en el 63% de los casos, no se pudo precisar quiénes se los llevaron. Lo cierto es que en este Informe, la CNDH declara abiertamente la imposibilidad de proporcionar cifras claras y una estadística confiable sobre este lacerante problema.

Reconozcamos que la desaparición de personas es “uno de los efectos más graves y evidentes que la ausencia de condiciones mínimas de seguridad ha ocasionado en nuestra sociedad”. No es como en Argentina de la década de 1970, consecuencia de una dictadura militar y su brutal represión. En México, es la colusión de funcionarios y agentes del orden público con la delincuencia organizada, combinada con la corrupción y la impunidad. No hay autoridades que se hagan responsables y protejan a las víctimas y sus familiares- El débil Estado de Derecho impide, incluso, que las autoridades responsables puedan llevar siquiera la cuenta de las denuncias.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) desplegó sus mejores medios para la realización de este Informe especial. Requirió información detallada a los órganos de procuración de justicia de las 32 entidades, así como a la PGR. Por increíble que parezca, hubo funcionarios que negaron de plano la información solicitada, como los representantes de la Ciudad de México y Jalisco, bajo la excusa de la protección de datos personales. Otros entregaron datos incompletos o incongruentes con cifras anteriores. Fue aún más difícil obtener el número de fosas clandestinas y los cuerpos humanos recuperados de éstas entre 2007 y 2016. Una “Fosa Clandestina” es “aquella que se realiza de manera secreta u oculta por ir en contra de la ley, con el propósito de esconder lo que en ella se deposita, evitando, entre otras cosas, que las autoridades puedan investigar y sancionar las razones de la inhumación”. (p. 450) Las autoridades de ocho estados declararon la inexistencia de este tipo de entierros subrepticios en su territorio. Sin embargo, la CNDH realizó una compulsa entre la información oficial entregada por los órganos de procuración de justicia de los estados y las notas publicadas por los periódicos locales y nacionales al respecto. Se obtuvo que sólo dos entidades, Yucatán y Tlaxcala, efectivamente estuvieron exentas de este fenómeno delictivo.

En Yucatán no hay fosas clandestinas, pero sí personas desaparecidas, de acuerdo a la información consignada por la CNDH. El tema es de la mayor relevancia, por lo que en mi próxima colaboración comentaré la situación específica de nuestro estado. Ante el horror, podemos y debemos abrir los ojos y oídos. Y sobre todo, nuestra inteligencia y corazón.

jueves, 6 de abril de 2017

Sobre las "tendencias". Temporada de encuestas

Dulce María Sauri Riancho
Con el arribo de esta ardiente primavera, dio inicio la temporada de encuestas. Me refiero a los sondeos que acompañan invariablemente los pasos hacia una elección. Con muchas cifras, comienzan a publicarse las “tendencias” del voto en tres importantes procesos que se efectuarán el 4 de junio de este año. Se trata de la elección de los gobernadores del Estado de México, de Coahuila y Nayarit (en estos dos últimos coincidente con diputados locales y ayuntamientos), y la renovación de 212 presidencias municipales en Veracruz. La información es contradictoria. Por ejemplo, esta semana un medio pone a la cabeza a Alfredo del Mazo, candidato del PRI en el Estado de México, con una diferencia de seis puntos sobre Delfina Gómez, candidata de Morena, en tanto que otro, la pone a ella en primer lugar, por un porcentaje muy parecido. Sin embargo, las dos encuestas coinciden en ubicar a Josefina Vázquez Mota en tercer lugar. Otro tanto sucede en Coahuila, donde Miguel Riquelme, del PRI, aparece como favorito seguido muy de cerca por el candidato del PAN, Guillermo Anaya. Y en Nayarit, en alianza con el PRD, disputa con Manuel Cota, del PRI, el primer lugar en las predicciones electorales.

Ante tanta confusión de cifras, sólo parece haber una certeza: las tres elecciones serán muy competidas. Habrá quien diga —y con razón— que para llegar a esas conclusiones no se necesitan encuestadores ni gastar cantidades millonarias en contratar los servicios de empresas “demoscópicas” que, además, han demostrado sobradamente sus equivocados pronósticos en Estados Unidos, Reino Unido, Colombia, por citar tres de sus más recientes y publicitados fracasos. Entonces, amig@s lector@s, ¿para qué ocupar tiempo y espacio en analizar las encuestas? Por una razón fundamental: quienes nos interesamos en la política, bien sea como actores directos o como ciudadan@s, requerimos desarrollar un aparato crítico frente a la información que nos inunda, para poder analizarla, ponderarla, reproducirla y, eventualmente, emplearla para tomar nuestras decisiones, como por ejemplo, por quién votar en las elecciones.

Una encuesta electoral puede ser solicitada por un partido político, un aspirante a una candidatura, un medio de comunicación o el propio gobierno para poder configurar posibles escenarios electorales. De la mayoría de sus resultados no nos enteramos, más si éstos no favorecen a la causa de quien las contrata. Bien elaboradas, ayudan a tomar decisiones, a reconducir estrategias y corregir errores. Pero otras encuestas tienen desde un principio destino de propaganda electoral. Se trata de crear en la opinión pública la sensación de triunfo inminente de un candidato —o de la derrota del adversario—, de tal manera que los votantes indecisos se inclinen por la causa de los supuestos triunfadores. Los llamados al “voto útil” tienen en las encuestas electorales sus principales apoyos.

No es difícil distinguir la “propaganda electoral” disfrazada de encuestas de opinión.

Sugiero desconfiar sistemáticamente de todas aquellas que provengan de un partido político o de alguna organización aliada, porque ¿alguna vez han visto que publiquen resultados adversos o dudosos a su causa?

Sobre las encuestas patrocinadas por distintos medios de comunicación: impresos, electrónicos, digitales, el análisis crítico parte del cuestionamiento de su metodología. En lo personal, desconfío de entrada de quien no adjunta una ficha técnica sobre el diseño de la muestra (¿cómo seleccionan a quienes se les pregunta?), el tamaño de la muestra (¿representa estadísticamente al conjunto?) y la forma del levantamiento del cuestionario (en la calle, por teléfono, en la casa, en un sitio web).
foto: internet 
En algunos casos es posible tener acceso al cuestionario que se aplica para obtener la información. Los cambios tecnológicos han afectado la recolección de datos. En la década de 1990, las llamadas telefónicas eran la forma más sencilla de realizar sondeos. Pero ahora, las líneas fijas sólo se encuentran en los comercios o en las casas de las personas mayores. Jóvenes y adultos traen celular. Las visitas domiciliarias, es decir, la encuesta cara a cara, están prácticamente anuladas en ciertas regiones del país, en las que la inseguridad hace sospechar de cualquier extraño que toque la puerta. Otro sesgo más: en las casas con muro e interfono, de clase media alta o ricos, ¿aceptarán contestar? Es altamente improbable. Por estas razones, en las encuestas más serias se ha introducido un nuevo concepto, “casos exitosos”, que se complementa con el “porcentaje de rechazo”, es decir, personas que de plano se negaron a contestar una sola de las preguntas de los encuestadores. Por ejemplo, en un ejercicio reciente del Estado de México, un tercio de los potenciales entrevistados declinaron participar. Sobre el 66% restante, casi un tercio se manifestó como “indeciso”. En consecuencia, sólo 5 de cada diez personas dieron su opinión sobre partidos y candidatos, así como su posible preferencia de voto. ¿Qué va a pasar con la mitad en silencio? Simplemente no se sabe ni siquiera si van a asistir a las urnas, menos el sentido de su voto.


El 1 de julio del año próximo habrá elección de presidente de la república, diputados y senadores del Congreso de la Unión y en Yucatán, gobernador, presidentes municipales y 25 integrantes del Congreso local. Quince meses parecen lejanos, pero ya están presentes, alimentados por la especulación sobre lo que habrá de ocurrir: candidaturas, partidos, organización electoral, acusaciones mutuas, etc. Afinemos nuestra lectura crítica de la avalancha que viene. Que no nos agarre desprevenidos.— Mérida, Yucatán.

martes, 28 de marzo de 2017

Violencia en Yucatán: grieta en el Escudo

Dulce María Sauri Riancho
¿Qué nos pasa? Graves hechos de días recientes atan la realidad yucateca a la espiral de inseguridad que se vive en otras partes del país. Les presento, amig@s lector@s, un doloroso recuento.

1. El lunes pasado, a mediodía, fue asesinada en las puertas de su casa del fraccionamiento San Luis de esta ciudad de Mérida Emma Gabriela Molina Canto. Esta joven madre había sostenido una cruenta lucha para recuperar a sus tres hijos, sustraídos de su hogar por su padre en 2012, después de la ruptura de la relación matrimonial. Gaby Molina enfrentó las fuerzas del dinero y del influyentismo, que la llevaron incluso a la cárcel, hasta lograr en 2014 recuperar a sus hijos. Ahora el ex marido sufre prisión, juzgado por los delitos de lavado de dinero y malversación de fondos públicos. Ella sostuvo una batalla desigual, que sabía ganada sólo temporalmente, pues las amenazas y el amedrentamiento continuaron a lo largo de los siguientes años, sin que lograse protección efectiva por parte de las autoridades. Gabriela Molina murió de heridas de cuchillo que prácticamente la degollaron, desangrada, en la acera de su casa, en plena luz del día.

2. Merly Guadalupe Cauich Tamayo fue asesinada por su ex pareja la noche del sábado, en las inmediaciones de Plaza Fiesta. Con un cuchillo, agraviado por el abandono, su ex cónyuge le infligió 12 heridas. Su nueva pareja, en lugar de defenderla, “decidió retirarse del lugar” (Diario de Yucatán, lunes 27, p. 13, sección Local). La mujer murió al ingresar al hospital, pues no pudo resistir la perforación de su pulmón y la pérdida de sangre, consecuencia de sus lesiones.

3. María Poot Cauich, de 22 años, perdió a su hijo de año y medio, asesinado por el padre del menor y pareja de la mujer. El hombre, también de 22 años, había quedado al cuidado del pequeño, en su casa de la colonia Santa Cruz, de Umán. Éste comenzó a llorar porque tenía hambre, pues al parecer no había comido desde la hora en que su madre lo alimentó antes de irse a trabajar. “Sus gritos me desesperaron (…) Lo golpeé no sé cuántas veces hasta que dejó de llorar” (Diario de Yucatán, ibíd., p. 12). La madre había acudido a su primer día de trabajo en un establecimiento del centro de la población. Ella es el sostén de la familia, pues el padre no podía conseguir empleo por sus adicciones y antecedentes. Lamentablemente, no era el primer episodio de violencia doméstica en la familia Pacheco Poot. Embarazada del pequeño asesinado, María estuvo a punto de perderlo como consecuencia de las agresiones que sufrió de su pareja. Pero lo perdonaba, porque él siempre le prometía que cambiaría, “y ella le creía”.

4. Ucí, comisaría de Motul. Alfonso Chan, de 30 años, en estado de ebriedad y después de una discusión con su esposa tomó su escopeta, salió al patio “e hizo dos disparos al aire”, para supuestamente asustar a la mujer.

Cuatro terribles casos de violencia contra las mujeres, con saldo de dos muertas a cuchilladas, un bebé ultimado por su padre y otro, sin víctima fatal, al menos por ahora. El mínimo común en todos ellos es la indiferencia o, al menos, la falta de respuesta institucional ante las situaciones ocurridas o denunciadas. ¿Qué hubiera pasado si Gaby Molina hubiese recibido protección frente a las amenazas? ¿Y si María Poot hubiera tenido acompañamiento para atreverse a dejar definitivamente a quien no podía mantener su promesa de respeto? ¿Y qué hubiera sucedido con el bebé asesinado si hubiese un eficaz sistema de protección a la niñez, que permitiese a trabajadores sociales vigilar la situación de los menores en los hogares vulnerables a la violencia doméstica? ¿Y si hubiese guarderías en Umán a donde pudiesen acudir los hijos de las madres que trabajan en la jornada vespertina? ¿Y si Merly hubiese conocido de las órdenes de restricción que impiden el acercamiento a las mujeres acosadas por celos de la pareja o ex pareja? ¿Habrá que esperar hasta que Alfonso Chan atine en sus disparos para proteger a su esposa?

Habrá quien señale que éstos y otros asuntos pertenecen a la esfera familiar; que el gobierno y las políticas públicas poco pueden hacer para prevenir las situaciones de violencia como las que acabo de relatar. Las dos mujeres asesinadas lo fueron en razón de su género, son feminicidios, sin lugar a dudas.

Espero que en esta forma sean procesados por la Fiscalía y sus autores materiales e intelectuales —que en el caso de Gaby los hay— sean sancionados de acuerdo con esta figura delictiva. Las acciones institucionales no se agotan con el castigo a los culpables de estos crímenes.

También habrá que reflexionar sobre la eficacia de las medidas para prevenirlos.

Ésta es la parte medular del Escudo Yucatán, que en los últimos días ha sido lamentablemente vulnerado. Su reparación sólo será posible con una eficaz e integral respuesta de las instituciones responsables de la procuración e impartición de justicia en Yucatán.


El Escudo tiene una grieta. Hay que cerrarla a la brevedad.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Referrocarrilización: Trabalenguas hacia el futuro

Dulce María Sauri Riancho
Hace tres años, el compromiso gubernamental para la reindustrialización de Yucatán se antojaba lejano, más como un buen deseo que como una realidad posible. No se disponía de energéticos baratos ni de transporte terrestre a precios competitivos. Respecto al Ferrocarril del Sureste, su suerte se encontraba uncida a la concesión Chiapas-Mayab. Las vías férreas del sur y el sureste sufrieron severos daños como consecuencia de los huracanes, tanto los que azotaron del lado del Atlántico como del Pacífico. La empresa concesionaria no invirtió en la reconstrucción, como estaba comprometida al recibir el título de concesión. En consecuencia, el tren de Mérida hacia Coatzacoalcos circulaba a 10 kilómetros por hora. Resultaba más rápido ir en carreta tirada por caballos que en el tren: a ese grado. Además, una sombra disputaba los recursos públicos que requería la modernización ferroviaria de la Península: era el proyecto del tren rápido Mérida-Punta Venado, una de las 10 obras de infraestructura prioritarias para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Tan se consideraba la realización de esa obra ferroviaria, que la rehabilitación de la vía a Coatzacoalcos dio comienzo en Valladolid, hacia Mérida. Finalmente, la sensatez se impuso y el cuestionado proyecto del tren transpeninsular quedó postergado para un mejor momento —presupuestal, desde luego—. Liberados del peso del tren a Punta Venado, el gobierno estatal metió el acelerador en sus gestiones para invertir más recursos en la rehabilitación integral del ferrocarril de Yucatán hacia el centro del país. Según se informó recientemente, el presupuesto invertido asciende a más de tres mil millones de pesos en 4 años. En este tiempo, el gobierno federal recuperó la operación del ferrocarril Chiapas-Mayab, ante el incumplimiento de la empresa Viabilis, concesionaria desde 2013. Negociar con el gobierno federal es menos difícil que con una empresa privada. Una muestra se tiene con el arranque de la construcción del Centro de Operaciones Ferroviarias (COF, por sus siglas), en Poxilá, comisaría de Umán. Tendrá 5.6 kilómetros de vías auxiliares, con amplio patio de maniobras, para que los trenes entren completos, se separen de la locomotora y sus carros queden listos para la carga y descarga. Además de la Terminal Intermodal, se instalarán 15 kilómetros de vías para unirla con el parque industrial de Hunucmá, donde ya se encuentran a punto de iniciar su producción varias empresas, la más destacada, Cervecería Yucateca. Las obras deberán quedar concluidas el próximo mes de agosto. Muy bueno, sin lugar a dudas, pero aún falta para que efectivamente vuelva el ferrocarril a Yucatán. Me explico.
 
Las obras anunciadas resuelven las necesidades del nuevo polo industrial en Hunucmá, pero dejan pendientes otras importantes tareas. La primera de ellas es la conexión con el puerto de Progreso. Si la vía actual prácticamente fue “tragada” por los nuevos desarrollos inmobiliarios, ¿hacia dónde saldrá su nuevo trazo? La segunda, sacar de Mérida el ferrocarril al oriente. Una de esas rutas abastece a la termoeléctrica de Valladolid, que requiere turbosina para su operación, cuando le falla el gas natural. ¿Habrá un libramiento ferroviario por el sur meridano para enlazar en Kanasín? El tercer interrogante es sobre los planes largamente postergados para instalar una espuela de ferrocarril en el puerto de altura de Progreso. Entiendo la dificultad para construir un patio de maniobras en la terminal remota, pero sin ferrocarril, el puerto no logrará su despegue definitivo. En los anuncios del pasado jueves hay otro saldo positivo. Por primera vez existe la posibilidad real de materializar el proyecto de un parque en “La Plancha” en el corazón de Mérida, pues los talleres y la fosa serán trasladados al nuevo centro de operaciones en Poxilá “en una segunda etapa”, que todavía está pendiente de definir.

El aniversario 79 de la Expropiación Petrolera trajo buenas noticias para Yucatán. Como parte de la conmemoración, se anunció la construcción de un poliducto que transportará gasolina, turbosina y diésel entre Progreso y Cancún. Será una tubería de 310 kilómetros que funcionará bajo el esquema de “socio operador con contribución de activos existentes”. Entiendo que esto último abriría la puerta a Mayakán, actual concesionaria del ducto que transporta gas natural a Valladolid, para participar, al menos en ese tramo. Significa que se construirá una gran TAR (Terminal para Almacenamiento y Reparto) en Progreso, desde donde se realizará el bombeo de los combustibles que transportarían barcos tanque de las plantas de México (Pemex) o del extranjero.

Referrocarrilizar para Reindustrializar. Es un trabalenguas que tiene pronunciación de futuro. Numerosos asuntos exceden con mucho los tiempos de la actual administración, tanto local como federal. Pero es su responsabilidad establecer el plan maestro en estas dos cuestiones, conectividad y energía, indispensables para seguir avanzando.

Ferrocarril y oprobio. Vulcan Materials, la firma norteamericana que adquirió a la mexicana Calica, aseguró su permanencia como mera empresa extractiva al cancelarse el tren rápido a Punta Venado. Esta empresa, con sede en Alabama, exporta por vía marítima miles de toneladas de polvo de piedra que extrae del subsuelo quintanarroense. Sus acciones tuvieron un alza considerable en la Bolsa de Valores a raíz del anuncio de la construcción del muro en la frontera entre México y Estados Unidos. Será una triste ironía que la piedra peninsular acabe siendo parte de ese muro.— Mérida, Yucatán. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Diversidad en la Filey. Terca optimista

Dulce María Sauri Riancho
El sábado pasado comenzó a desgranarse la mazorca de la sexta edición de la Filey. La Uady mantiene su compromiso con la sociedad yucateca, el mismo que hizo para conmemorar los 90 años de fundación de la Universidad, en 2012. La Filey avanza hacia su consolidación, pues ya forma parte de un circuito nacional de ferias. Viene inmediatamente después de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, cuya edición 38 se llevó al cabo hace unos días. El ciclo del año lo cierra la Feria Internacional de Guadalajara, que celebrará su edición 31 en diciembre. UNAM, UdeG y la Uady, instituciones que se esfuerzan por hacer efectivo el derecho humano a la cultura, aun en las complicadas circunstancias presupuestales que viven los centros de educación superior del país.

China y Campeche son el país y el estado de la república invitados. La pujante economía de China y las perspectivas de negocios con el gigante asiático refuerzan el interés por conocer algunos rasgos de su cultura milenaria y a los representantes actuales de su literatura.

Y Campeche, a pesar de su cercanía y convivencia constante, algunas veces dejamos a un lado el conocimiento más profundo de sus formas creativas y de sus representantes actuales. En materia de presentaciones, la Filey ofrece para todos los gustos. A quienes les atraen los temas políticos y periodísticos, encuentran intervenciones de destacados personajes y talleres de debate. La poesía y la literatura te avasallan en pasillos, stands y salas de presentación. La creación audiovisual, también presente, al igual que la pintura, ampliando de esta manera la diversidad cultural disponible durante estos intensos días.

Considero un acierto la intervención de escuelas y facultades de la Universidad, como Antropología, a cuyo cargo están varios talleres, así como la difusión de sus diversas publicaciones y libros.

La ceremonia inaugural se efectuó el sábado por la noche. El punto estelar fue la entrega del Premio Excelencia de las Letras “José Emilio Pacheco” en su quinta edición. La novedad fue que la convocatoria abrió la puerta a la postulación de escritor@s latin@s radicados en Estados Unidos.

Es la condición de Cristina Rivera Garza, la primera persona méxico-estadounidense en recibir esta distinción. Una de las dos mujeres reconocidas a la fecha con este galardón —la otra es Elena Poniatowska— y una de los dos escritores nacidos en la segunda mitad del siglo XX —el otro es Juan Villoro—.

Mujer de frontera, nació en Matamoros, Tamaulipas, y vive en Texas desde hace 27 años, donde es catedrática del Colegio de Artes Liberales y Ciencias Sociales de la Universidad de Houston. Mujer de dos mundos, piensa, siente y escribe en castellano, en un medio ya de por sí difícil antes del arribo de Trump. Hacer de la labor creativa una aventura binacional es tarea de un alma rebelde.

El sábado la miré de lejos y la escuché, con su voz suave y sus palabras contundentes, reivindicando la rebeldía como una forma de vivir y de hacer de la duda el combustible de la imaginación. El sufrimiento de la exclusión campea en su obra.
 
Las mujeres vulnerables por su género, que se fugan de una realidad creando alter egos. Ni sus temas ni sus personajes son complacientes, tampoco ayudan a evadir una realidad que está ahí, aunque intentemos cerrar los ojos para no verla.

En Cristina Rivera se distingue también a los migrantes, artistas, intelectuales y escritores latinos en los Estados Unidos. Son creadores de una nueva cultura, en condiciones de fragilidad y de amenaza constante. Hablar en español en tiempos de Trump se ha vuelto un riesgo.

Desde la relativa seguridad de la que disfrutamos en Yucatán, es difícil imaginar la zozobra y la angustia de miles de paisanos que viven y trabajan en los Estados Unidos. Cuando la rutinaria despedida matutina puede volverse postrero adiós; cuando los padres encargan a sus hijos a vecinos y compadres, por si se da el caso de no volver; cuando millones sufren, ahora más que nunca, los puentes de la literatura y de la creación pueden ayudar a cerrar las enormes grietas que el racismo y la xenofobia han abierto en la sociedad estadounidense.

Tras escuchar a Rivera, me defino como “terca”: en ser optimista frente al futuro, en no dejarme desalentar frente a las circunstancias adversas; a seguir luchando.

Sólo lamento que la voz poderosa de Cristina Rivera haya disputado tiempo y relevancia con los discursos protocolarios de una ceremonia inaugural.

Nada pasaría si en las próximas ediciones la parafernalia oficial de la inauguración se separa de la entrega del Premio. Hubiéramos escuchado con mayor atención al embajador de China y al representante de Campeche, así como al rector Wílliams. Y el mensaje del gobernador no hubiese entrado en una inútil competencia mediática con el de la premiada. Ya pasó, pero puede servir de experiencia para el año próximo.

A media semana han transcurrido casi 5 días de la Filey. Sábado y domingo tendré oportunidad de participar en dos de sus eventos como comentarista. Conmemoraremos el centenario del nacimiento de Arthur Clarke (1917-2008), científico y autor de numerosas obras de ciencia ficción, con una mesa panel sobre este género literario. El domingo 19, último día de la Feria, se presentará el libro Familias empresariales en México, en el que se abordan los casos de dos destacadas familias yucatecas: los Ponce y los Abraham. Están invitad@s.— Mérida, Yucatán.