jueves, 1 de julio de 2010

El 1 y 2 de Julio: Días de la Alternancia

Dulce María Sauri Riancho

El 1 de julio se abre una nueva etapa política en el municipio de Mérida. El PAN deja el gobierno después de 19 años y medio, casi una generación de votantes. Un día después, el 2, se cumplen 10 años de la derrota electoral del PRI en la presidencia de la república. Hechos políticos de trascendencia: uno para los meridanos y para Yucatán; otro, para todo el país.

El PRI llega a gobernar una ciudad, un municipio, muy diferente al de hace 20 años. En población casi ha duplicado su número, aproximadamente un millón de habitantes en 2010; importancia administrativa, vía ingresos municipales, el Ayuntamiento de Mérida dispone de importantes recursos por participaciones y Ramo 33, además de la recaudación creciente del impuesto predial, por citar dos de las más cuantiosas fuentes de financiamiento.

En dos décadas, el papel de Mérida como indiscutido centro regional económico y de servicios, se ha modificado. En ese mismo período, el norte de Quintana Roo —Cancún y la Riviera Maya— y Campeche y su zona petrolera disputan el liderazgo del dinamismo económico e incluso de la importancia poblacional.

En este prolongado lapso, los ciudadanos meridanos han probado la alternancia en el estado; ahora decidió hacerlo en el gobierno municipal. Angélica Araujo llega a gobernar en medio de entendibles expectativas por el cambio de partido, por ser la segunda presidenta municipal, porque una vez más, coinciden dos mujeres en los gobiernos estatal y de Mérida.

De acuerdo con la información conocida a través de los medios, el último Ayuntamiento panista entrega finanzas sanas y en equilibrio, con un aparato administrativo y de servicios operando con razonable eficiencia. Pero el prolongado ejercicio de gobierno desgasta; eso, aunado a los conocidos errores cometidos por el PAN, contribuyó a su derrota en las urnas.

Ahora es la oportunidad del PRI. Conservar lo positivo; eliminar las deficiencias y vicios; plantear y desarrollar lo nuevo, lo que le otorgue a Mérida un lugar en el país y a los ciudadanos, una digna ciudad para vivir.

El 2 de julio. Hace 10 años, el 2 de julio, el PRI perdió la presidencia de la república después de 70 años. Fueron también excesos y vicios acumulados, además de los errores de la campaña, los que contribuyeron al fracaso. Pero también entonces corrían vendavales de cambio en el mundo —fin de siglo, nuevo milenio— y en México —nuevo partido en el gobierno—. Vicente Fox supo encarnar la esperanza de millones de personas en la solución de sus problemas por la vía de las urnas. Esa noche del 2, sus seguidores lo aclamaban y le exigían: “No nos falles”.

Al cambiar el partido en la presidencia de México se puso fin a un ciclo y a un modelo de relaciones políticas entre la sociedad y el Estado que rigió por más de 70 años. No sucedió de la noche a la mañana, sino que fue producto de la evolución de las instituciones y de las demandas de participación democrática de un amplio sector de la sociedad.

Lo que no cambió fue la desigualdad que domina la vida del país. No acabaron los privilegios para unos cuantos. Las desventajas para la mayoría en cuanto a la educación, el empleo, de mejoramiento social y familiar, se han mantenido y hasta se han profundizado.

En estos 10 años el país se ha sumido en una espiral de desesperanza y falta de expectativas. Somos mediocres en todo; no destacamos en nada, así nos sentimos. En tanto, la violencia y el crimen organizado han sentado sus reales en buena parte del país; son sus reglas las que imperan, ante la impotencia de las autoridades. Este es el saldo que percibe una mayoría ciudadana de la década del PAN.

¿Dónde extraviamos la ruta como sociedad y como país? No proviene de la decisión soberana de la mayoría que puso en la presidencia por primera vez a un panista; los ciclos de la naturaleza también existen en la política: el PRI había cumplido plenamente el suyo. ¿Entonces? Viene de la incomprensión del PAN de la misión histórica que lo esperaba después del triunfo electoral, que no era otra más que dar inicio al largo proceso de construcción de un nuevo modelo de relaciones políticas que sustituyera al que se había agotado con la derrota del PRI.

El PAN no lo entendió ni lo asumió como su responsabilidad y compromiso. El presidente surgido de sus filas prefirió utilizar el viejo entramado de formas del sistema político que había contribuido a cancelar, en vez de iniciar el difícil proceso de afianzar las nuevas relaciones en los valores de la democracia, igualdad, justicia, participación social. Y, aún peor, en un exceso cuyas consecuencias todavía pagamos, intervino en forma abierta en el proceso electoral de 2006. La democracia electoral se ha vaciado rápidamente de contenido en estos 10 años. Ahora el imperio del dinero en las elecciones es cada día más claro: para alimentar campañas, comprar voluntades, erosionar la credibilidad en las instituciones. Un velo de callada resignación parece envolver a los ciudadanos que asisten impotentes al espectáculo.

Otro 1 de julio nos espera el domingo de 2012. Son 730 días en que muchas cosas pueden suceder en el país. Quienes resulten triunfadores en la presidencia de la república y mayoría en el congreso espero que asuman el compromiso de retomar la transición frustrada y darle así a México la oportunidad de un nuevo sistema de relaciones políticas, más abierto, libre y democrático, como nos merecemos.— Mérida, Yucatán.