miércoles, 25 de mayo de 2016

Cambios en la FILEY: Hacer mejor la feria

Dulce María Sauri Riancho
Como rayo en cielo despejado resultó el anuncio que en días pasados hizo el rector, José de Jesús Williams, sobre el cambio en la dirección de la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (Filey). La sorpresa dio paso a algunas críticas y especulaciones, ya que el doctor Williams no se limitó a comentar el fin de un contrato que nadie sabía de su existencia, sino que adelantó, sin precisar, posibles transformaciones en el enfoque y en sus alcances. Los anuncios del rector despertaron reacciones que dejan saber que la Filey tiene adeptos y echó raíces. Por eso preocupa que la mayoría de los comentarios emitidos —por lo menos, los que yo he podido conocer— manifiesten temores por su futuro. Se adelantan escenarios indeseados, como serían su “elitización”, ser engullida por la burocracia academicista o dejar que la estrechez presupuestaria la lleve a su muerte por inanición.

Con apenas cinco ediciones, la Filey ha logrado consolidarse como evento de importancia peninsular y, tal vez, nacional. Su relevancia estriba en la cantidad de personas que la visitan y en el número y la calidad de las editoriales que participan; el alto nivel de las presentaciones y el prestigio de los autores y conferencistas que año tras año acuden. Cabe destacar que de los cuatro recipiendarios de la Medalla “José Emilio Pacheco”, el premio que cada año se entrega como parte de la Filey, tres de ellos: José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso, han recibido el “Premio Cervantes”, el máximo galardón en las letras hispanas. Y seguramente el galardonado 2016, Juan Villoro, lo tendrá en un futuro no lejano.
Foto: internet.
Ayer, en los periódicos locales y en otros medios se difundió un comunicado del rector Williams, comprometiéndose a continuar y hacer su mejor esfuerzo para mejorar a la Filey. Despejada la incógnita de la continuidad, quedan numerosas dudas que, en aras de la transparencia, convendría allanar. Destaco algunas: ¿por qué no se renovó el contrato para organizar la Filey? Si era muy caro, ¿cuánto costó? ¿Con qué proyecto o enfoque se pretende sustituir al actual? ¿Qué pasará con el encuentro de UC-Mexicanistas, que año tras año ha organizado Sara Poot Herrera, recién ingresada como miembro de número a la Academia Mexicana de la Lengua? Más allá de la remoción de Rafael Morcillo como director de la Filey, a la hora de escoger a su relevo habrá que considerar el conocimiento que Morcillo tiene del mundo editorial y el cúmulo de relaciones personales que le permitieron consolidar la Filey en tan poco tiempo. No se vaya a equivocar, señor rector, y le salga más caro el coscorrón que el bollo.

Bien valdría sacar enseñanzas de las dificultades que tuvieron que vivir —y siguen teniendo— intentos similares de promoción, como la Semana de Yucatán en México o la Feria de Xmatkuil, esfuerzos que no sólo han logrado el éxito sino, más que eso, han podido generar esquemas de participación que las han enriquecido en sus enfoques, en sus alcances y logros. Baste con recordar que Xmatkuil ha dejado de ser un local que opera tres semanas al año, con numerosas deficiencias materiales, para convertirse en centro de espectáculos y eventos, con excelentes instalaciones, que funciona todo el año, lo que incluye buena parte de los festejos carnavalescos. Y que la Semana, después de una gravosa suspensión de seis años, se reanudó con bríos de alto impacto.

Desde luego que hay mucho por mejorar en la Filey. ¿Por qué no pensar en una estructura colegiada para acompañarla en su “mayoría de edad”? Un Consejo, por ejemplo, que sumara personalidades de las letras y del campo editorial con universitarios de amplio prestigio. ¿Por qué no empezarlo con los recipiendarios de la Medalla J. E. Pacheco?

Apunto algunas ideas que me rondan la cabeza cuando recorro los pasillos y reviso febrilmente sus puestos. Los libros que se ofrecen, siempre novedades, son caros y no hay ofertas de las propias editoriales, de sus ediciones antiguas o de libros descontinuados, muchos de los cuales resultarían atractivos para los lectores. El número y la calidad de las editoriales que participan ha decrecido en las dos últimas ediciones; sus lugares han sido ocupados por librerías, es decir, por intermediarios, lo que aleja el propósito original de la Filey, que es ofrecer una relación directa libros-lectores. Para las editoriales universitarias y de centros de investigación, trasladarse hasta Mérida y permanecer 10 días puede resultar sumamente oneroso. Ante esta situación se pueden ofrecer fórmulas de gestión colectiva que incentiven la participación de estas editoriales en una feria patrocinada justamente por una Universidad. La concurrencia de grupos de estudiantes, sobre todo de los municipios, sigue siendo un pendiente por atender. ¿Y si la Filey promoviera el “trueque” de libros usados entre lectores? UC-Mexicanistas nos muestra el camino para promover encuentros similares en temas afines, como literatura y ediciones en maya o lenguas originarias; divulgación de la ciencia; talleres para formatear y editar libros; encuentros y seminarios de periodismo escolar, foros de teatreros, poetas y periodistas culturales, como los hay ahora de caricaturistas.


La Filey la inició la Uady, pero ya es de la sociedad yucateca. Cuídela, por favor, señor rector. A usted le corresponde el reto de madurar uno de los frutos más nobles que ha gestado la Universidad en las últimas décadas.

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿De quién es el Viento? (Energía eólica III)

Dulce María Sauri Riancho
Riesgos y oportunidades. Los dos se entreveran cuando se trata del desarrollo de proyectos eólicos en Yucatán. Falta abordar el tema esencial, que tiene que ver con las personas que resultarían afectadas o beneficiadas en el proceso de construir y operar los gigantescos generadores encargados de producir energía eléctrica a partir del viento.

Cada una de esas enormes torres, que pueden llegar a medir en promedio 80 metros con aspas de un diámetro de 71 metros, requiere un sólido asiento en la tierra, es decir, una gran base de cemento, con sus consiguientes pilotes introducidos en las entrañas del suelo, para poder sostener la estructura. Además, se necesita construir una red de caminos entre las torres, para proporcionarles mantenimiento, amén del tendido de cables que conducen el fluido producido hasta la sub-estación del complejo, conectada a las líneas de alta tensión. Excavaciones y pilotes, cables, caminos, que de manera directa repercuten sobre los propietarios de esas superficies, la mayoría de ellas dedicadas a la producción henequenera, la pequeña ganadería y en algunos casos, a la milpa tradicional.
 
El manto de silencio sobre la naturaleza y los resultados de las gestiones entre empresarios y pobladores de las comunidades sede de estos proyectos se ha roto gracias al activismo desatado en Kimbilá. Antes de describir la situación particular de esta comisaría de Izamal, haré referencia a la Ley de la Industria Eléctrica, aprobada en el marco de la reforma energética de 2014. La Constitución estableció que las actividades de transmisión y distribución de energía eléctrica fueran consideradas “de interés social y orden público”, lo que en buen castellano significa que tendrán preferencia sobre cualquier otra actividad para aprovechar el suelo o el subsuelo, incluyendo la agricultura de todo tipo. Sin embargo, en las tierras destinadas a la generación de la electricidad –instalaciones termoeléctricas, hidroeléctricas, energía solar o eólica–, tendrá que haber una negociación entre los propietarios o titulares de esos terrenos, en este caso los ejidatarios, y los empresarios interesados en el proyecto. La propia Ley señala que la negociación y el acuerdo deberá realizarse en forma transparente; que podrán haber “testigos sociales” en los procesos de negociación. La Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano (Sedatu) es la institución responsable de atender todos y cada uno de los pasos para construir el acuerdo, muy especialmente cuando se trata de terrenos ejidales o comunales. La propia norma otorga a los ejidatarios y comuneros la posibilidad de solicitar (subrayo la palabra) a la Procuraduría Agraria su asesoría, incluso la representación en las negociaciones, desde luego considerando que esta institución actuará como defensora de los intereses de las organizaciones sociales y no de las empresas interesadas.

Resulta que en los hechos no es así, al menos en el caso de Kimbilá. La Procuraduría ha intentado por todos los medios propiciar la firma de un contrato de arrendamiento de las tierras del ejido del mismo nombre. Tiene casi 5 mil hectáreas, la mayoría de uso común, con 555 ejidatarios y un importante núcleo de avecindados, 784. Las asambleas ejidales no han logrado encontrar los acuerdos necesarios para suscribir el contrato-machote que arrendaría las tierras por un lapso de 30 años. Algunos dicen que es una pequeña superficie, menos de 100 hectáreas, diseminadas en terrenos que desde hace algún tiempo permanecen en un aparente abandono. Que “de lo perdido, lo que aparezca”, es decir, de no producir nada, al menos recibir una muy modesta renta. Surgen entonces las preguntas: ¿es todo a lo que pueden aspirar los pobladores de Kimbilá? ¿Tienen derecho a que una parte de las futuras utilidades del viento beneficien a sus habitantes? Ofrece Elecnor una renta simple de la tierra, los pedacitos donde instalarían las moles de concreto y los cimientos de las torres, pero nada hablan de una posible participación en las regalías que recibiría la empresa por vender el viento. ¿Qué pasaría si el compromiso se basara en un por ciento de las ganancias anuales para los ejidatarios y sus familias, un 3, un 5%? Conste que pongo un solo dígito para no espantar a las buenas conciencias que consideran inadmisible que el sector social participe de las utilidades generadas por el neoliberalismo verde. No estoy descubriendo el hilo negro. En otras partes del país, como Tamaulipas, se ha logrado alcanzar un acuerdo sobre estas bases.

Kimbilá es, desde hace años, centro de bordado y de maquila de prendas de vestir. La mayoría de sus talleres están encabezados por mujeres, esposas, madres o hijas de los viejos titulares de los derechos ejidales, sin que a ellas, ni a sus hijos, les corresponda algún beneficio procedente de las nuevas actividades. Las y los jóvenes de Kimbilá, más estudiados que sus padres, muchos de ellos profesionales, estarán más conscientes y decididos a concretar una oportunidad, y no simplemente a recibirla como dádiva. Tal vez exista la preocupación de que Elecnor se vaya a otra parte de la extensa franja costera yucateca. Desde luego que existe esa posibilidad, pero también la de lograr un acuerdo que sirva de ejemplo para el porvenir, en que la apropiación de un bien público por una de las partes pueda ser directamente considerada en beneficio de todos.

La tiranía del espacio me impide plantear otras cuestiones que necesitan ser discutidas y analizadas, relacionadas con el medio ambiente, las especies animales, especialmente murciélagos y aves, así como las posibles repercusiones de las estructuras en el subsuelo. También me queda pendiente comentar sobre los proyectos de energía solar, como los de Ticul, San Ignacio y Kambul. Habrá oportunidad. Mientras, les dejo una pregunta: ¿de quién es el Viento?— Mérida, Yucatán.

jueves, 12 de mayo de 2016

Energía eólica II: Nuevo Sector Económico

Dulce María Sauri Riancho
Hasta la fecha, la participación de las tecnologías eólica y solar en la capacidad de generación de energía eléctrica en el país es pequeña en comparación con la que se obtiene quemando gas natural o combustóleo. Pero esto cambiará rápidamente, pues dentro de 12 años, en 2028, se prevé que casi el 11% de la energía total provenga del viento y el 1.6% vendrá del sol, cantidad mayor que la producida actualmente en la única central nuclear del país, Laguna Verde, en Veracruz. Decía la semana pasada que esta situación era una “ventana de oportunidad” para que Yucatán se transformase en una importante región productora de electricidad a partir del viento y del sol. Como todas las ventanas, ésta, la de productores de energía, necesita esfuerzo y organización para abrirse y mantenerse de esa manera cuando arranquen otros proyectos similares en distintas regiones de México.
foto: Parque eólico de Amazon
Debo reiterar por qué es importante disponer de energía barata para Yucatán. Sin electricidad a precios competitivos, no pasará de ser un buen deseo la reindustrialización de la entidad. Además, el sector eléctrico puede constituirse en un importante puntal de la economía, ya no sólo por el consumo, sino también por la producción para vender en otras regiones del país, como la Riviera Maya.

Un proyecto eólico es algo más complicado que instalar una veleta en el traspatio de la casa, aunque guarda muchas similitudes con lo que hicieron nuestros abuelos. El primer paso se da cuando los inversionistas interesados solicitan una evaluación del potencial de vientos en la zona donde pretenden instalar las máquinas aerogeneradoras; es decir, si las aspas girarán a la velocidad y por el tiempo requerido para hacer rentable su instalación. Resulta que la franja costera yucateca tiene calificación idónea. De esta manera, la brisa e incluso el molesto brisote son considerados por una institución técnica calificadora para otorgar el certificado como región susceptible de desarrollo de proyectos eólicos, lo que significa que las empresas podrán recibir financiamiento para realizarlos. Otra condición fundamental para avanzar es que exista conexión de la central eólica con la Red Nacional de Transmisión (RNT). Como sabemos, la energía generada no se almacena, sino que tiene que enviarse de inmediato a las líneas de alta tensión que la llevan a distintos puntos del país. Por cierto, uno de los valores más importantes de México en materia eléctrica radica en la existencia de una red nacional, que permite trasladar energía de un lugar a otro, sin tener que pagar interconexión, como sucede ahora en el caso de los ferrocarriles. En la reciente reforma energética, la Constitución reservó al Estado esta parte fundamental para garantizar fluido eléctrico a todo México, no sólo a las regiones más ricas. Los siguientes pasos tienen que ver con los permisos ambientales y otro, muy relevante, que radica en asegurar la propiedad o el arrendamiento de la tierra donde se instalarán los aerogeneradores. En mi tercera colaboración abundaré sobre esta situación, que puede hacer la diferencia entre una oportunidad para muchos o una fuente de ganancias para unos pocos.

Los Eolo-empresarios tienen que definir la mejor opción técnica para su proyecto, así como para la inversión financiera. Pero es hasta que la Comisión Reguladora de Energía (CRE) otorga el permiso de generación eléctrica, utilizando energías renovables, cuando puede comenzar a materializarse su instalación. Además, es en esta fase cuando los inversionistas pueden participar en las subastas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para volverse proveedores de electricidad. Justamente esto fue lo que sucedió el pasado 28 de marzo, cuando se dio a conocer que Aldesa Energías Renovables, S. A., Energía Renovable de la Península, S. A. P. I. de C. V., Consorcio Energía Limpia, S. A., fueron ganadores en esta primera ronda de adjudicación de contratos. En consecuencia, estas empresas fueron autorizadas para instalarse en San Pedro Chacabal, Motul y en Tizimín, en fecha próxima. Otras más, como Elecnor, continúan los trámites para la renta de la tierra necesaria en Kimbilá, Izamal y otra más, Vive Energía, ha anunciado su instalación en Dzilam González. Estas compañías incursionan en un terreno que se percibe como de alta rentabilidad en los próximos años. Sus inversionistas provienen de distintos países. Por ejemplo, Elecnor, de origen español, trabaja en 40 países de cinco continentes. Por su parte, Vive Energía, S. A. P. I. de C. V, realizó una sociedad con Envision Energy, empresa china productora de aerogeneradores, para impulsar la instalación de proyectos de este tipo.

No hice alusión a los proyectos de energía solar, que siguen una ruta similar para su aprobación, pero que por sus características técnicas representan otra clase de retos sociales, que también me reservo para comentar en próxima ocasión.

Sólo adelantaré que ya han recibido autorización para instalarse en Kambul, municipio de Motul, Cuncunul, Ticul y San Ignacio, municipio de Progreso. Nuevos actores económicos emergen en Yucatán. Hay expectativas fundadas de buen resultado. Sin embargo, la rentabilidad social es igual de importante que la económica.

Ésta también demanda una cuidadosa planificación y exige autoridades que tengan presente que lo primero son las personas, los habitantes de esta tierra de sol, agua y aire.

Triste reflexión. Doña Lucely, don Juan y don Salvador compartieron dolorosamente la atención de la sociedad en los últimos días. Los tres ancianos, frágiles y vulnerables. Los dos primeros perdieron la vida. El último, libró temporalmente el despojo de su casa. La violencia contra la población de avanzada edad se ha intensificado con los cambios en la organización de la familia y de la sociedad. Foco anaranjado en el comportamiento y los valores de los yucatecos.— Mérida, Yucatán.


miércoles, 4 de mayo de 2016

Energía renovable para Yucatán. Oportunidades y riesgos

Dulce María Sauri Riancho
Se le presenta a Yucatán una oportunidad que puede ser aprovechada o, simplemente, dejarla pasar. Guardadas las distancias, puede ocurrir lo que pasó con el henequén hace 150 años, cuando la invención de una máquina en Estados Unidos hizo que un cultivo de traspatio se volviera el eje de la economía de Yucatán por más de 100 años. Ahora es la necesidad de combatir la contaminación producida por los combustibles fósiles que se utilizan en el transporte y en la generación de electricidad para mover a las economías del mundo, totalmente dependientes de ellos. Pero igual que entonces, la miopía política y la ambición se pueden conjugar para que Yucatán y su desarrollo se queden a medio camino: con avances, sí, pero totalmente insuficientes para las necesidades de una sociedad que tiene a más de la mitad de su población en condiciones de pobreza.

Primero vino la explotación de la tierra en la parte pedregosa de Yucatán. Años después, se quiso hacer de la pesca y del mar una opción distinta para diversificar la economía. Ahora la oportunidad puede venir del aire, de “Ik”, el dios maya del viento, o de “Kin”, el dios-sol. El aprovechamiento del aire fue parte de la tradición en las casas, haciendas y quintas donde se regaban frutales. Yucatán en el Tiempo reporta que la veleta fue invención de un yucateco de origen francés, Raúl Perón, que incluso hizo los planos y envió su patente a Estados Unidos para su fabricación. Pero falleció y al poco tiempo comenzaron a llegar de Chicago, con una marca extranjera, las estructuras metálicas con aspas movidas por el viento, que permitían extraer fácilmente el agua. Todavía a mediados del siglo XX, se censaron más de 3 mil veletas en Mérida. La supuesta modernidad nos privó de veletas y con ellas desaparecieron personajes que nos eran familiares, como el veletero o el hojalatero. Nos acostumbramos a encender la bomba, a abrir la llave del agua potable, sin cuestionarnos cómo y a qué costo llegaba el fluido eléctrico a los hogares y el líquido vital a los tinacos.

Las nuevas formas de producción de energía renovable se abren paso en México. La crisis de los combustibles fósiles, como el petróleo y el gas natural, están conduciendo a desarrollar nuevas formas de obtener electricidad y fuerza motriz.

Desde hace muchos años, las presas en los ríos caudalosos del país han retenido el agua para las plantas hidroeléctricas. Pero en la Península no existen corrientes superficiales.

La segunda reserva más grande de agua dulce del país está guardada en el subsuelo peninsular, en los cenotes, que pueden volverse en un futuro el “oro azul” de Yucatán. Pero la producción de electricidad, aquí y ahora, se realiza en plantas termoeléctricas, que trabajan con gas natural, en el mejor de los casos, o con el caro y contaminante combustóleo, como sucede cuando falla el gasoducto que lo trae desde Chiapas. Las industrias y los negocios yucatecos pagan la electricidad 20% por arriba de lo que cuesta en otras partes del país. Y la CFE responde que porque en esta región cuesta más generarla. Que se regularice el suministro de gas natural para las termoeléctricas y para las fábricas que lo utilizan en sus procesos industriales es importante y urgente. Pero no es suficiente.

Las leyes secundarias de la reforma energética, en especial la relativa a la electricidad, privilegian el desarrollo de las fuentes renovables, es decir: geotermia, solar, mareomotriz, eólica. En la Península no tenemos géiseres ni volcanes superficiales. Tampoco las mareas en nuestras costas son tan significativas como para producir energía. Sin embargo, Sol y Aire, ¡eso sí tenemos! Aquí es donde se abre la oportunidad. En primer lugar, para abastecer con energía eléctrica a precios competitivos a las empresas de la Península y más barata para los consumidores domésticos; y en segundo término, para hacer de Yucatán un proveedor nacional de energía eléctrica. Quizá piensen los lectores, que las altas temperaturas de estos días han afectado mi imaginación, que vislumbro espejismos donde sólo hay piedras calcinadas por un sol abrasador. Tan no es así, que en la primera Subasta de Energía Eléctrica convocada por la Secretaría de Energía que culminó el pasado 28 de marzo, seis empresas con nueve proyectos ubicados en Yucatán fueron ganadoras, de un total de 11. Tres de estas compañías recibieron autorización para instalar parques de energía solar fotovoltaica en Ticul, Cuncunul, San Ignacio (comisaría de Progreso) y Kambul (Motul). Las otras tres empresas comenzarán la construcción de los parques eólicos de San Pedro Chacabal (Motul) y Tizimín. En la prensa se han dado a conocer las pretensiones de instalar un parque eólico en Dzilam de Bravo y otro en Kimbilá, municipio de Izamal. Es en esta última comunidad donde se han encendido las luces de alarma que remiten nuestra atención a la cara oscura de las oportunidades, que son los riesgos que traen aparejadas.

Éstos tienen que ver con la participación de la población, de los dueños de la tierra, que son los ejidatarios, en los beneficios que traerá la operación de estos generadores en sus parcelas.

El tema es tan importante, que con la licencia de ustedes, amigos lectores, y la generosa disposición del Diario, lo abordaré en las dos próximas entregas, desde la perspectiva de oportunidades y riesgos: económicos y, sobre todo, sociales. Para que el bienestar que puede traer “Ik” no se vuelva “chikinik”.— Mérida, Yucatán.