miércoles, 21 de enero de 2015

Cervecería yucateca. Regresa la que se fue

Dulce María Sauri Riancho
El pasado domingo, como parte del mensaje por su informe anual, el gobernador realizó un recuento de las acciones en materia de bienestar: educación, salud, atención a grupos vulnerables; siguió con los logros en materia de seguridad, para abordar enseguida los aspectos productivos, de empleo y de ingresos. Habría mucho que comentar, pero elegí centrarme en los aspectos vinculados a la producción presentes en este II Informe. Así, nos enteramos de las importantes inversiones de Kekén (KUO, Grupo Porcícola Mexicano, S.A.) y Bachoco, S.A., para integrar los procesos productivos de carne de cerdo y de pollo, así como de huevo de plato.

En materia de empleo, Zapata Bello reconoció que si bien el estado de Yucatán es el segundo más bajo en desempleo del país, es uno de los últimos en el ingreso de los trabajadores. Dijo estar dispuesto a revertir esa situación mediante el estímulo a las inversiones de los particulares, generando las condiciones necesarias para que las empresas y los negocios puedan prosperar. Los avances en la agroindustria y en la tecnificación del campo registrados en el Informe son importantes, pero aún son insuficientes para cumplir su compromiso de reindustrializar Yucatán. Entonces vino el anuncio.

El 19 de enero de 1900, hace 115 años, se firmó la escritura constitutiva de la Cervecería Yucateca, S. A. El presidente de su consejo de administración era José María Ponce Solís, tronco de una poderosa familia empresarial de Yucatán que se ha extendido por cinco generaciones. El secretario del consejo y yerno de su presidente, era Serapio Rendón Baqueiro, el prócer yucateco asesinado, al igual que Belisario Domínguez, por el traidor Victoriano Huerta. Vale destacar que la Cervecería se formó a contraflujo de las inversiones de ese entonces, que principalmente se dirigían a la industria henequenera. Su fundador, un exitoso exportador de fibra, decidió diversificar sus negocios; escuchó la sugerencia de su hijo Manuel, a quien había enviado a estudiar al extranjero, para establecer una fábrica de cerveza y aprovechar de esa manera el consumo que se había incrementado como consecuencia de la bonanza henequenera. Es cierto que 10 años antes, en 1890, se había fundado la primera factoría cervecera en México, que fue la Cuauhtémoc de Monterrey. Estas dos empresas cerveceras, la yucateca y la regiomontana, fueron las únicas dos propiedad de mexicanos, en tanto que las otras estaban en posesión de extranjeros.

La Cervecería Yucateca sobrevivió las sucesivas crisis económicas que vivió Yucatán y su henequén. En 1951, logró incluso construir nuevas instalaciones cerca de Chuminópolis, para fabricar las marcas que habían sucedido a “La Mestiza”, “La Estrella” y “El Conejo”. Como empresa regional, la Cervecería sucumbió en 1979, cuando fue vendida al Grupo Modelo, fabricante de la exitosa cerveza Corona y otras marcas. Los nuevos propietarios adquirieron, además de las instalaciones fabriles, las populares marcas yucatecas: “… Carta Clara, deliciosa; León Negra, ¡qué sabrosa!; y la cerveza Montejo, exquisita de verdad…”. Paulatinamente, la operación de producción y envasado se fue trasladando hacia la planta inaugurada en Tuxtepec en 1984. A finales de los años noventa, la cerveza yucateca ¡se producía en Oaxaca! En 2002, la Cervecería cerró definitivamente su operación, y sus instalaciones demolidas cedieron paso a un moderno centro comercial.

Como gobernadora, intenté infructuosamente que la nueva planta que habría de construir el Grupo Modelo en 1992 se instalara en Yucatán. Ganó la partida Zacatecas, donde se inauguró en 1997. Sabíamos que el sabor tradicional asociado a la cerveza de estas tierras provenía de dos factores: uno, el lúpulo que se importaba de la entonces Checoeslovaquia, por autorización especial del gobierno ante el relativo aislamiento de Yucatán del centro de la república, donde se producía y produce la malta cervecera. La otra condición única era el agua del subsuelo yucateco. Las sales minerales le dan sabor, al igual que al chile habanero, que no se puede replicar cuando se cultiva en otros lados.

Ahora, en Hunucmá, con agua yucateca y quizá con lúpulo de importación, la Montejo y la León Negra volverán por sus fueros. Es la primera decisión de inversión que toman los nuevos propietarios del Grupo Modelo, la empresa belga AB-inBev. Será su octava planta y la primera ubicada en la región del Golfo de México y el Caribe. Quizá los nuevos propietarios han visualizado las oportunidades que se presentan en esta región de México, tanto por la demanda del norte de Quintana Roo, como por las posibilidades que conlleva la apertura comercial de Cuba, además del mercado centroamericano. La disponibilidad del puerto de Progreso puede llevar incluso, en un futuro, a surtir parte la demanda de la costa este de los Estados Unidos desde Yucatán.

No me quiero ver como la lecherita, que ni siquiera tenía la vaca y ya estaba gastando el dinero del queso. Sé que faltan muchísimas cuestiones para que se pueda potenciar una inversión tan importante como ésta. Un elemento central es la conectividad ferroviaria de Yucatán con el centro del país, que fue abordado también en el Informe. Si no existe, ¿cómo traerán las latas, los empaques y los envases? ¿Cómo distribuirán la cerveza producida y empacada? Falta también resolver el problema del abasto de energía de calidad y a precios competitivos. Gas natural para las plantas industriales y para la producción de energía eléctrica. Yucatán no puede competir sin resolver este problema.

¡Bienvenida a casa, Cervecería Yucateca! Como sucedió en 1900, que sea símbolo de creatividad y búsqueda de nuevos caminos para la prosperidad de esta tierra.- Mérida, Yucatán.

miércoles, 14 de enero de 2015

Televisores y elecciones. Sombras del apagón

Dulce María Sauri Riancho
“Apagón”. Esa palabra provoca de inmediato las imágenes de oscuridad que se presentan cuando se va la energía eléctrica del sistema, sobre todo cuando es de noche. Pero cuando el concepto va acompañado de “analógico”, causa confusión adicional. Tiene que ver con la televisión abierta, sus canales y los aparatos que permiten disfrutarla.

Desde hace más de 10 años, en 2004, el gobierno federal anunció la modernización de las telecomunicaciones del país para hacer un uso más eficiente del “espectro radioeléctrico”, es decir, de digitalizar los canales donde se transmiten voz, imagen y datos para los teléfonos, televisiones, computadoras, entre otros. Quizá un ejemplo permitiría explicar la pertinencia de esta transformación. Es como si tuviéramos la autopista a Cancún pero sólo dispusiéramos de carretas tiradas por caballos para trasladarnos. Llegaríamos, sí, pero en mucho más tiempo que las tres horas que empleamos en los vehículos de motor. Lo mismo pasa con las señales de la llamada “televisión abierta”, que ocupan una gran parte de las modernas “carreteras de la información”, cuando son emitidas de la manera tradicional, es decir, analógica. Si cambia la tecnología, el equivalente de pasar de la carreta al automotor, se podrían enviar por ese mismo “camino” señales de teléfono, de televisión y de internet, todo al mismo tiempo y de mucha mayor calidad de imagen y sonido de la que ahora disponemos. Una probadita de estas “novedades” la tenemos en las empresas de cable que ofrecen también telefonía fija e internet, junto con la televisión restringida e, incluso, telefonía celular. Suena muy bien, sin duda, porque además supuestamente llevaría a abaratar el costo por estos servicios, al incrementarse la competencia entre los concesionarios que los ofrecen.

La digitalización que permite alcanzar estos altos estándares de calidad y la disminución de los precios requiere una alta inversión para la sustitución de los equipos que emiten las señales que deben ser captadas por los receptores, que tendrán que ser cambiados también. El problema no se presenta en los teléfonos, ni fijos ni celulares, ni en internet, porque desde hace años se ofrecen los servicios digitales en equipos que pueden recibir la señal. El obstáculo principal está en la televisión abierta, que emite todos aquellos canales que podemos disfrutar con sólo adquirir el aparato y poniéndole una antena, así sea de “conejo”. A cambio, eso sí, tenemos que soportar toda clase de comerciales que acompañan los programas que nos interesan.

Las empresas televisoras privadas, Televisa y TV Azteca, por ejemplo, y públicas, como el canal 13 local, tendrán que sustituir todos sus equipos de transmisión para emitir las nuevas señales digitales. Las empresas privadas han comenzado desde hace un buen número de años a realizar las inversiones necesarias para el gran cambio. Las cadenas públicas de televisión están sufriendo por restricciones presupuestales e incomprensión de sus propietarios, los gobiernos. (Por cierto, ¿cómo le irá a la televisión estatal de Yucatán?). Pero también está la situación de los particulares, de las familias que han logrado hacerse de un aparato de televisión que les proporciona entretenimiento e información con sólo pagar la electricidad. A partir del “apagón analógico”, sus televisores dejarán de funcionar, no habrá imagen, sólo nieve y ruidos, tal como sucedió anteriormente con los radios AM que no podían captar las estaciones de FM. Pero si un aparato nuevo, de los que sí pueden captar la señal digital, cuesta al menos, cinco mil pesos, ¿cuántos y quiénes podrán comprarlo?


El asunto es tan importante que ameritó la publicación en el Diario Oficial de la Federación (DOF) del 13 de mayo del año pasado el Programa de Trabajo para la Transición a la Televisión Digital Terrestre (TDT). En su anexo 8 presenta un “Cronograma de entregas por municipio”, en el que establece el calendario para que se distribuyan más de 15 millones de televisores digitales entre un número equivalente de hogares (15.3 millones) que sólo tienen aparatos analógicos. ¡Imagínense, amigos lectores! Llegará un televisor gratis a casi la mitad de los hogares en todo el país, antes del 31 de diciembre de este año. La base para la distribución de tan preciado bien está en los listados de hogares en pobreza de la Sedesol, que son casi 13 millones (12.6). Comenzaron desde el año pasado; de acuerdo con el calendario, el último reparto del primer grupo se debe dar este mes de enero en el centro del país (Estado de México, Distrito Federal, Michoacán, Guerrero y otras varias entidades). Después, se suspenderá por las campañas electorales, para reanudarse en agosto en el resto del país. Yucatán está incluido en este último grupo. Aquí se distribuirán doscientos mil aparatos digitales en igual número de hogares. Los padrones de la Sedesol federal determinarán a quiénes de los 106 municipios les corresponderán. La magnitud del esfuerzo fiscal es enorme: se calcula el costo de adquisición de todos los televisores a repartirse en el país en más de 29 mil millones de pesos. Con unas finanzas públicas maltrechas, veremos cuál será la estrategia gubernamental para cumplir puntualmente este propósito. Lo cierto es que, como hecho inédito en un proceso electoral, la esperanza de recibir un televisor penderá sobre campañas, candidatos y decisiones de voto. En unos casos (los menos), porque ya se recibió. En otros, por la simple percepción de que si gana el PRI, llegarán y si no, quién sabe…- Mérida, Yucatán.

jueves, 8 de enero de 2015

Adiós “Guadalupe-Reyes”, vuelve la política.

Dulce María Sauri Riancho
Concluyó el mega-puente “Guadalupe-Reyes”. Estos veinticinco días fueron un descanso de las preocupaciones cotidianas, pues logramos de alguna manera dejar atrás nuestras zozobras para disfrutar de la familia, amigos y vecinos, con aquellas costumbres y tradiciones que son tan importantes para fortalecer la cohesión social y comunitaria.

Pero la política y los políticos no se tomaron respiro alguno. Las fechas establecidas por la legislación electoral transcurren implacables; los plazos para registrar precandidaturas, hacer campaña interna y tener candidatos exigieron que las dirigencias partidistas y los pocos ciudadanos que decidieron buscar una candidatura independiente tuvieran que emplearse a fondo para cumplir los requisitos legales y políticos. Si lo lograron, lo veremos en los próximos días, cuando comience a “desgranarse la mazorca” de los nombres de aquellas personas que aspiran a obtener el voto de más de un millón cuatrocientos mil yucatecos registrados en la lista de electores.

Las candidaturas del PRI y del PAN son las más preciadas porque implican una sólida posibilidad de triunfo. Son los que concentran las más cuantiosas prerrogativas y tienen las estructuras más consolidadas para promover el voto a su favor. Son también los que registran las mayores tensiones en sus procesos internos. En resumen, tienen muchos más aspirantes que cargos en disputa, por lo que sus mecanismos internos para seleccionar a quienes serán sus candidatos están plagados de dificultades y los posibles errores se pagan caros, pues existe el riesgo real de que los desplazados se postulen por otro partido y puedan, incluso, ganarle la elección a su antigua organización política. Le ha sucedido al PRI; le pasó al PAN en 2007, cuando una división interna facilitó su derrota en la elección de gobernador. No sólo se van, sino se ponen enfrente; ayudan a ganar al adversario, algunas veces en forma inconsciente al sustraer el número de votos indispensable para resolver una cerrada contienda, cuando la diferencia entre ganar o perder puede ser apenas de unos cuantos sufragios. Por eso sus dirigencias se han aplicado con particular intensidad en la negociación interna para lograr acuerdos que permitan registrar a los denominados “candidatos de unidad”. La materia prima de la negociación está conformada por múltiples opciones, desde puestos en las planillas de regidores para sus seguidores; recursos económicos para “compensar” los gastos incurridos en las precampañas silenciosas que, a pesar de estar prohibidas, comenzaron desde meses atrás o, en algunos casos, posiciones en los aparatos administrativos a cargo de autoridades de su misma organización política. Es cierto: “más vale un mal arreglo que un buen pleito”. Bajo esta premisa se forman las planillas de candidaturas a regidores, se comprometen tesorerías y direcciones de obras públicas y se acepta, incluso, incorporar a claros adversarios internos, que harán imposible la vida al presidente municipal, si es que llega a ganar.

Por ejemplo, podemos especular sobre la negociación que culminó con el anuncio de la candidatura de Mauricio Vila a la Presidencia Municipal de Mérida, cargo ansiado por otros dos panistas, en especial por Raúl Paz. En las próximas semanas veremos si el “paquete” incluye una candidatura a diputada federal para Cecilia Patrón y posiciones en las planillas para los más connotados miembros del equipo de Paz. En el caso del PRI, el anuncio de la candidatura “de unidad” para Mérida, traerá sus propios ingredientes políticos, después de conciliar entre los intereses del Ejecutivo estatal, la secretaria general del Comité Nacional del PRI y el secretario de la Sedatu, todos ellos personajes con claros intereses en el presente, pero más hacia el futuro cercano.

Los otros ocho partidos con registro nacional y, por lo tanto, con capacidad de participar en las elecciones locales tienen otra clase de problemas, a excepción del Verde que irá de nuevo en alianza con el PRI. Por vez primera en un buen número de años, el PRD no irá en coalición con el PT o con Movimiento Ciudadano. De Nueva Alianza (o Panal) se ha oído poco, aunque su base magisterial es sólida y con opciones de candidaturas para cubrir los requisitos, e incluso para competir en algunos municipios. Los tres nuevos partidos que por ley están impedidos de establecer alianzas en su primera participación la tienen más difícil, aunque Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), con el carisma de López Obrador, podrá lograr con relativa facilidad el tres por ciento de la votación nacional, indispensable para poder conservar su registro.

El caso de los partidos Humanista y Encuentro Social es menos claro. Apenas están abriéndose camino en el conocimiento de la ciudadanía y se desconoce a quiénes presentarán como candidatos. Dependerán de la eficacia de la comunicación política que logren desarrollar, tal como lo hizo el Panal en 2006, con aquel eslogan de “… uno de tres…”.


Las próximas semanas traerán nuevos retos para los partidos, señaladamente el de la paridad de género. El INE tiene facultades para intervenir si el PRI o el PAN caen en la tentación de mandar mujeres a distritos condenados a perderse, por lo que tendrán que irse con tiento. Los juicios de protección de derechos políticos, a cargo del Trife, serán valladar frente a la improvisación que desplaza a mujeres con larga militancia partidista, a cambio de la novedad de hijas, esposas o amigas “especiales”. En tanto, la ciudadanía observa y comienza a juntar elementos para tomar su decisión el 7 de junio.- Mérida, Yucatán.

Mujeres en Navidad

(Publicado el 24 de diciembre en el Diario de Yucatán)

Para mi hermanita Rosi, en la primera Navidad sin ti

Por alguna razón la Navidad me recuerda a mis tías y a mis abuelas. Tal vez es por causa de las recetas familiares celosamente guardadas para preparar el pavo o el pastel de nuez, que sólo se cocinaban para la cena de Nochebuena. O puede ser consecuencia de los sabores mantenidos en los recuerdos infantiles del atropellado de coco o las empanadas de camote que nos distribuían al final de la novena en casa de las tías Elidé y Pastora. O quizá son los recuerdos de los afanes por recibir la ansiada invitación para asistir a la cena de la casa de la abuela María, a que sólo podían asistir quienes hubiesen cumplido 12 años.

La Navidad es la celebración cristiana más importante del año: y es también la fiesta mexicana por excelencia, que llama a sumar a todos, aun a quienes viven en lugares lejanos. Es la noche de los milagros, donde llegan los hijos distanciados del hogar familiar y se afirman los lazos entre quienes comparten cotidianamente dichas y zozobras. En cierta manera, el 25 de diciembre equivale en términos familiares al Día de Acción de Gracias de los Estados Unidos o al Año Nuevo chino, donde no median las distancias, sino la necesidad de trasladarse para llegar al hogar y dar gracias a Dios por ello.

Pero en todos los casos: americanos, chinos, mexicanos, son las mujeres las que mantienen la magia de esas fiestas. Las madres son el eje que congrega a la familia. Su figura impone orden y sana agravios, reales o supuestos, entre hermanos y parientes. Los platillos preparados según la tradición de cada familia actúan como bálsamo de recuerdos que ayudan a sobrellevar el presente y a olvidar, así sea por una noche, grietas y abismos impuestos por la convivencia. Nunca se extraña más a una madre ausente que la víspera de Navidad. Muchas veces, cuando muere, los tenues hilos que sostenían la relación entre hermanos se desatan e incluso desaparecen. Entonces, alguna de las hermanas, casi siempre la mayor, asume el papel central de convocar y mantener reunida a la familia.

Las tías son otras importantes actoras de la tradición que se manifiesta en la Navidad. Ellas, como las mías de la calle 65, se encargaban de ayudar a la hermana y consentir a los sobrinos, quienes, según el dicho popular, se los mandó el mismo diablo. Mis tías eran las organizadoras de las novenas, tanto las de antes de Navidad, como las de los nueve días después, hasta Reyes. Con sus vecinas y amigas, reunían a niños y adultos que, al concluir el rezo y el canto de los villancicos, degustaban los platillos que llevaba la “nochera”. Esta actividad repetida año tras año, constituía un elemento fundamental en la reafirmación de los lazos de cohesión entre vecinos y habitantes de un mismo barrio, en este caso del rumbo de Lourdes, que fomentaba la ayuda y los lazos de solidaridad para cuidarse entre sí y afrontar las adversidades.

Muchas cosas han cambiado en 50 años, tanto en el país como en Yucatán. Aquellas familias extensas, que sumaban más de una decena de miembros entre hijos, tías solteras, abuelos y algún sobrino, han sido sustituidas por el pequeño núcleo que incluye a padres e hijos y en uno de cada cinco hogares, sólo a la madre. A diferencia de entonces, casi la mitad de las mujeres adultas trabajan fuera de la casa y difícilmente tienen tiempo de preparar el pavo de acuerdo con la receta tradicional de la abuela, que implicaba iniciar las actividades dos días antes de ponerlo a cocinar. Se comienzan a imponer los menús de cenas navideñas preparadas en algún restaurante de cadena nacional. O, en otros casos todavía minoritarios, para acudir a algún salón y celebrar la Navidad como si fuera el último día del año. A las tías de antaño, que rezaban y cantaban villancicos, tal vez los niños de ahora les reclamarían entonar alguna de las canciones en boga, aunque se salve “… Pero mira cómo beben los peces en el río…”.


No se trata, desde luego, de proponer que las jóvenes mujeres del siglo XXI carguen sus ya de por sí apretadas agendas de trabajo con la confección de las recetas tradicionales a la antigua usanza. Tampoco pretendo que las tías de ahora, aquellas que han decidido libremente permanecer solteras o no tener hijos propios, organicen novenas como lo hacían mis tías. Pero sí es necesario revalorar el sentido de mantener costumbres que contribuyan en forma significativa a la cohesión social, de no permitir que la vorágine de la vida moderna, con sus SMS y WhatsApps incluidas, nos desvíe de la esencia familiar de las festividades por venir. Tal vez en esas tradiciones, las de la cena de Nochebuena y la comida de Navidad, se encuentren los primeros pasos para recuperar la seguridad perdida en muchas partes de México. Quizá en los lazos familiares, reforzados por una política social que asuma como propio el compromiso de apoyar efectivamente a las familias, esté el comienzo para salir de la espiral de violencia y hacer que la “Noche de paz, noche de amor” se prolongue todo el año.- Mérida, Yucatán.