jueves, 8 de enero de 2015

Adiós “Guadalupe-Reyes”, vuelve la política.

Dulce María Sauri Riancho
Concluyó el mega-puente “Guadalupe-Reyes”. Estos veinticinco días fueron un descanso de las preocupaciones cotidianas, pues logramos de alguna manera dejar atrás nuestras zozobras para disfrutar de la familia, amigos y vecinos, con aquellas costumbres y tradiciones que son tan importantes para fortalecer la cohesión social y comunitaria.

Pero la política y los políticos no se tomaron respiro alguno. Las fechas establecidas por la legislación electoral transcurren implacables; los plazos para registrar precandidaturas, hacer campaña interna y tener candidatos exigieron que las dirigencias partidistas y los pocos ciudadanos que decidieron buscar una candidatura independiente tuvieran que emplearse a fondo para cumplir los requisitos legales y políticos. Si lo lograron, lo veremos en los próximos días, cuando comience a “desgranarse la mazorca” de los nombres de aquellas personas que aspiran a obtener el voto de más de un millón cuatrocientos mil yucatecos registrados en la lista de electores.

Las candidaturas del PRI y del PAN son las más preciadas porque implican una sólida posibilidad de triunfo. Son los que concentran las más cuantiosas prerrogativas y tienen las estructuras más consolidadas para promover el voto a su favor. Son también los que registran las mayores tensiones en sus procesos internos. En resumen, tienen muchos más aspirantes que cargos en disputa, por lo que sus mecanismos internos para seleccionar a quienes serán sus candidatos están plagados de dificultades y los posibles errores se pagan caros, pues existe el riesgo real de que los desplazados se postulen por otro partido y puedan, incluso, ganarle la elección a su antigua organización política. Le ha sucedido al PRI; le pasó al PAN en 2007, cuando una división interna facilitó su derrota en la elección de gobernador. No sólo se van, sino se ponen enfrente; ayudan a ganar al adversario, algunas veces en forma inconsciente al sustraer el número de votos indispensable para resolver una cerrada contienda, cuando la diferencia entre ganar o perder puede ser apenas de unos cuantos sufragios. Por eso sus dirigencias se han aplicado con particular intensidad en la negociación interna para lograr acuerdos que permitan registrar a los denominados “candidatos de unidad”. La materia prima de la negociación está conformada por múltiples opciones, desde puestos en las planillas de regidores para sus seguidores; recursos económicos para “compensar” los gastos incurridos en las precampañas silenciosas que, a pesar de estar prohibidas, comenzaron desde meses atrás o, en algunos casos, posiciones en los aparatos administrativos a cargo de autoridades de su misma organización política. Es cierto: “más vale un mal arreglo que un buen pleito”. Bajo esta premisa se forman las planillas de candidaturas a regidores, se comprometen tesorerías y direcciones de obras públicas y se acepta, incluso, incorporar a claros adversarios internos, que harán imposible la vida al presidente municipal, si es que llega a ganar.

Por ejemplo, podemos especular sobre la negociación que culminó con el anuncio de la candidatura de Mauricio Vila a la Presidencia Municipal de Mérida, cargo ansiado por otros dos panistas, en especial por Raúl Paz. En las próximas semanas veremos si el “paquete” incluye una candidatura a diputada federal para Cecilia Patrón y posiciones en las planillas para los más connotados miembros del equipo de Paz. En el caso del PRI, el anuncio de la candidatura “de unidad” para Mérida, traerá sus propios ingredientes políticos, después de conciliar entre los intereses del Ejecutivo estatal, la secretaria general del Comité Nacional del PRI y el secretario de la Sedatu, todos ellos personajes con claros intereses en el presente, pero más hacia el futuro cercano.

Los otros ocho partidos con registro nacional y, por lo tanto, con capacidad de participar en las elecciones locales tienen otra clase de problemas, a excepción del Verde que irá de nuevo en alianza con el PRI. Por vez primera en un buen número de años, el PRD no irá en coalición con el PT o con Movimiento Ciudadano. De Nueva Alianza (o Panal) se ha oído poco, aunque su base magisterial es sólida y con opciones de candidaturas para cubrir los requisitos, e incluso para competir en algunos municipios. Los tres nuevos partidos que por ley están impedidos de establecer alianzas en su primera participación la tienen más difícil, aunque Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), con el carisma de López Obrador, podrá lograr con relativa facilidad el tres por ciento de la votación nacional, indispensable para poder conservar su registro.

El caso de los partidos Humanista y Encuentro Social es menos claro. Apenas están abriéndose camino en el conocimiento de la ciudadanía y se desconoce a quiénes presentarán como candidatos. Dependerán de la eficacia de la comunicación política que logren desarrollar, tal como lo hizo el Panal en 2006, con aquel eslogan de “… uno de tres…”.


Las próximas semanas traerán nuevos retos para los partidos, señaladamente el de la paridad de género. El INE tiene facultades para intervenir si el PRI o el PAN caen en la tentación de mandar mujeres a distritos condenados a perderse, por lo que tendrán que irse con tiento. Los juicios de protección de derechos políticos, a cargo del Trife, serán valladar frente a la improvisación que desplaza a mujeres con larga militancia partidista, a cambio de la novedad de hijas, esposas o amigas “especiales”. En tanto, la ciudadanía observa y comienza a juntar elementos para tomar su decisión el 7 de junio.- Mérida, Yucatán.