miércoles, 30 de enero de 2013

Hambre y pobreza en Mérida y Tahdziú


Dulce María Sauri Riancho
Para el Consejo de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) hay dos formas de medir la vulnerabilidad de la población frente a la pobreza: una, por carecer de alguno de los elementos que permita satisfacer necesidades básicas, como son alimentos, medicinas y médico; y dos, por falta de ingresos monetarios suficientes para adquirir los bienes que una familia demanda. Al 75% de la población de México -ocho de cada 10 habitantes de este país- algo les falta: o casa en buenas condiciones, o seguridad social, educación, o servicios de salud, por ejemplo. Sólo existe, de acuerdo con el Coneval, un reducido grupo de mexicanos, dos de cada 10, a los que “no les falta nada”. En contraposición, a los más pobres les falta todo. Son aquellos que se encuentran en situación extrema, uno de cada 10 mexicanos. Se localizan principalmente en las zonas rurales, aunque también los hay en las ciudades.
A estas alturas, amigos lectores, tal vez se estén preguntando sobre los resultados de Oportunidades, Procampo y decenas de programas de los gobiernos estatales y federal destinados a combatir la pobreza y, en consecuencia, el hambre. Las cifras, lamentablemente, hablan de fracaso, pues la población vulnerable aumenta cada año, en vez de disminuir. Las causas de estos malos resultados tenemos que buscarlas en una economía que ha crecido insuficientemente para proveer a todos, pero en particular a los jóvenes, de empleos bien remunerados y a los adultos mayores, de los cuidados propios de su edad. También en las políticas dirigidas a mejorar la distribución del ingreso y elevar el poder de compra de las familias mediante salarios adecuados.
Cambió el gobierno federal el 1 de diciembre. Hace unos días fue presentado el programa denominado “Cruzada nacional contra el hambre” y la organización institucional encargada de aplicarlo, que tiene las sugerentes siglas de SINHAMBRE (Sistema Nacional contra el Hambre). La lectura del decreto de su creación (DOF, 21/01/2013) no permite detectar diferencia alguna con otros programas, como Oportunidades, el de Micro regiones o de Atención a las Zonas Prioritarias. Tampoco es posible distinguir la forma como se seleccionaron las áreas y municipios para trabajar, que no son los de pobreza extrema, de acuerdo con el Coneval, máxima autoridad en la materia. Donde sí hay una diferencia sustantiva es en la cobertura. Tomemos como ejemplo Yucatán. Para la Cruzada, de 106 municipios yucatecos sólo Tahdziú y Mérida califican para ser considerados dentro de esta nueva estrategia. Lo irónico del caso es que en la selección convive el municipio de mayor marginación del estado (Tahdziú), con el único que recibe la calificación del más alto desarrollo: Mérida. Es difícil entender cómo puede ser considerada la capital y dejar afuera a otros nueve municipios clasificados como de “muy alta marginalidad”, igual de pobres que Tahdziú. A lo anterior se añade que en este último municipio, el 90% de sus habitantes ya recibe Oportunidades, además de otros programas sociales como “70 y más”, lo que da una cobertura casi completa. No queda claro cuál será la aportación de SINHAMBRE en Tahdziú. En cuanto a Mérida, sólo el 6% de su población tiene Oportunidades, aunque el programa de Adultos Mayores, “70 y más”, sirve a casi 36,000 ancianos meridanos. Desde luego que en las casi 50 comisarías y subcomisarías de Mérida hay familias que necesitan apoyos de los programas sociales, como también en sus colonias marginadas. Entonces, habrá que asumir que la ampliación de cobertura para combatir la pobreza y el hambre en Yucatán se dará en el municipio con los índices de desarrollo más elevados, no en los más pobres y rezagados.
Como que algo no suena bien. De igual manera, hace ruido que de las 32 capitales estatales y el Distrito Federal, 24 (tres de cada cuatro) hayan sido incluidas en el decreto presidencial, además de grandes ciudades como Tijuana y Juárez en el norte, León, Naucalpan y Ecatepec en el centro y Cancún en el sureste, todas ellas de alta competencia electoral o gobernadas por la oposición al PRI.
En resumen: no queda suficientemente claro si la Cruzada contra el Hambre es un nuevo mecanismo de coordinación interinstitucional para operar los programas sociales en 400 áreas del país; si es una nueva estrategia, cuya prioridad es combatir el hambre y no a la pobreza que la ocasiona; o si estar incluido en el nuevo listado representará ventajas para los beneficiarios o mayores problemas para recibir y ejercer sus apoyos, sobre todo, como en el caso de Tahdziú, municipio que se ha vuelto ejemplo de pobreza y donde una avalancha de programas cubren casi a la totalidad de la población. El Coneval tendrá mucho que decir en los próximos meses. Nosotros, los ciudadanos, también. El tema es demasiado importante para dejarlo en un simple bautizo burocrático o en renovación cosmética por principio de sexenio.- Mérida, Yucatán.

lunes, 21 de enero de 2013

El estado "más seguro"


Seguridad para los yucatecos
Dulce María Sauri Riancho
Cuando se menciona la palabra “seguridad” es muy probable, amigos lectores, que lo primero que les venga a la mente sea que el gobierno tiene como deber ineludible combatir la delincuencia, perseguir y sancionar a quienes cometen robos o asaltos y, desde luego, a quienes privan de la vida a otro. Pero hay otra dimensión de la seguridad, que va más allá de la ausencia de delitos. Tiene que ver con la sensación íntima de sentirnos seguros respecto al futuro inmediato, percibir que este bienestar se sostendrá a lo largo del tiempo. Consiste, por ejemplo, en saber que hay y habrá comida suficiente en nuestra mesa; que si alguien de la familia se enferma, habrá hospital, médico y medicinas para atenderlo; que habrá guardería para el niño cuando la madre regrese a su empleo; que habrá cupo en la escuela más cercana cuando los pequeños necesiten ingresar al kínder o la primaria; que al llegar a la ancianidad, habrá atención y cuidados, además de una pensión que permita a los adultos mayores ser independientes económicamente de sus hijos. Podemos incorporar otras cuestiones de la vida cotidiana que forman parte de esa percepción sobre la seguridad, individual y colectiva, sobre la cual se sostiene la calidad de vida de una sociedad.
Tener trabajo remunerado es la necesidad más acuciante. Así se obtiene el ingreso que permite satisfacer las necesidades propias y de la familia. Pero ¿qué seguridad pueden sentir las personas amenazadas de perder su empleo porque ya rebasaron los 40 años? ¿Y quienes lo pierden podrán permanecer tranquilos cuando saben que ni los jóvenes encuentran oportunidades laborales? Estos mismos, mujeres y hombres bien preparados, que con mucho esfuerzo personal y familiar realizaron sus estudios universitarios, ¿se sentirán seguros al enfrentar el reto de ingresar al mercado laboral? Ellas y ellos difícilmente consiguen dónde aplicar los conocimientos que recibieron; batallan hasta para encontrar un lugar donde les pagan un sueldo miserable o se ven orillados a salir del estado o del país en busca de opciones que aquí no pudieron encontrar.
Basta escuchar un zumbido de mosquito para que los yucatecos perdamos la sensación de seguridad con respecto a la salud. La amenaza cumplida del dengue ha asolado muchos hogares. Las instituciones hospitalarias públicas han sido rebasadas por los miles de casos que se presentaron en los últimos meses. Estar enferma de cáncer o tener a un familiar en esa situación hace añicos la percepción de seguridad frente al futuro. En muchos casos, al sufrimiento se añade la falta de recursos suficientes para atenderse. El Seguro Popular, pese a sus limitaciones, ha ayudado para enfrentar estos llamados “gastos catastróficos”, así como la afiliación al Seguro Social o al Issste. Pero ¿qué decir cuando una vez detectado el cáncer la operación se programa para varios meses después? ¡Como si el tumor se estacionara para esperar el turno de ser extraído!
Tener a un hijo o a una hija en vísperas de cumplir 3 ó 6 años se vuelve una gran incertidumbre para los padres de familia que habitan en Ciudad Caucel, Francisco de Montejo o Los Héroes. Vivir en los enormes y nuevos desarrollos de Mérida y Kanasín obliga a las madres a hacer cola para obtener cupo para sus hijos en el primero de kínder o primero de primaria desde casi un mes antes del 1 de febrero, fecha de las inscripciones. No refuto el dicho del secretario de Educación en cuanto a que hay espacio suficiente para todos los niños, pero ¿a dos camiones y hora y media del hogar? Caminar una distancia razonable para llevar a los hijos menores a la escuela no sólo es comodidad y seguridad para ellos y sus madres, sino calidad de vida, ahorro de tiempo y de dinero del presupuesto familiar. Por eso vale la pena soportar el frío, el sol y el calor, que eso es la espera de semanas en la fila frente a la única escuela del populoso fraccionamiento.
Hay un conjunto de medidas de mediano y largo plazo para garantizar la seguridad de los ciudadanos por el Estado. Una de ellas, esencial, es la dinamización de la economía, que permita la creación de suficientes empleos bien remunerados. Pero las angustias familiares sólo conocen el corto plazo. La atención a sus problemas es, debe ser “ahora”: hacer lo necesario para que los hospitales cuenten con más quirófanos y recursos para atender, ya, a los enfermos; para diseñar y aplicar, ahora sí, una eficaz campaña contra el dengue; para disponer, en verdad, de cupo en las escuelas cercanas a su domicilio y que todas cumplan estándares de calidad.
Sentar las bases de la “seguridad” así entendida tiene que ver con la planeación por parte de las autoridades, que ponga en el centro la calidad de vida de los pacientes, los niños y las madres de familia. Que se comprometan a que todos los niños de Ciudad Caucel tendrán escuela en agosto en ese mismo lugar. Que no habrá que esperar ni una semana para ser operada de cáncer; que dejaremos atrás el poco honroso segundo lugar nacional en casos de dengue. Imaginación y recursos públicos bien aplicados contribuirán para hacernos sentir seguros al vivir en Yucatán, porque aquí el gobierno pone por delante a las personas sobre cualquier otra prioridad.- Mérida, Yucatán.

lunes, 14 de enero de 2013

Cambios y permanencias


Dulce María Sauri Riancho

Contados uno a uno, han transcurrido 101 días desde que arrancó el nuevo gobierno del Estado. Si los contrastamos con los 2,190 amaneceres que tiene el sexenio completo, apenas representa algo menos del 5% del tiempo total. Como principio, el significado de esta vigésima parte del periodo de Rolando Zapata arroja algunos datos sobre lo que nos espera para el resto de su mandato.

¿Qué cambió? Desde luego que el estilo de gobierno, comenzando porque el gobernador ¡llega a tiempo! Algunos eventos han dado inicio a su hora con auditorios casi vacíos. Este simple cambio de conducta muestra respeto por los demás, una actitud de verdadero mandatario hacia el tiempo de sus jefes, los ciudadanos. Más importante aún es el principio de orden que se trasluce tras una correcta organización de su agenda. El gobierno del Twitter acabó. No más fotografías de un gobernante chateando, mientras el orador se afana vanamente en presentar sus propuestas.

Cambió también la forma de trabajo interno. Era voz popular que su antecesora no acostumbraba realizar reunión alguna con sus funcionarios. Se decía que algunos de ellos en todo el sexenio no tuvieron un solo acuerdo. Ahora, tengo la sensación de que funciona un equipo para la discusión y el debate indispensable para tomar decisiones e instrumentar su aplicación.

Cesaron las caravanas interminables de camionetas blindadas cargadas de guardias de seguridad que acompañaban los desplazamientos del gobernante en el estado más seguro de México. La austeridad en su persona ha llevado a Zapata Bello a renunciar a la frivolidad de los permanentes reflectores mediáticos a los que fue tan adicta su antecesora, con los consabidos costos para el erario.

Llegó la colaboración con autoridades de otros partidos políticos. El aniversario de Mérida mostró al gobernador y al alcalde compartiendo civilizadamente los festejos.

La organización de la administración estatal también se modificó. El Código de la Administración Pública sufrió cambios. La secretaría de Hacienda desapareció y sus funciones de recaudación fueron asumidas por el recién creado Servicio Tributario, en tanto que la parte del gasto pasó a la nueva Secretaría de Administración y Finanzas, que a la vez heredó de la extinta Oficialía Mayor las responsabilidades sobre los más de 30,000 burócratas estatales. También la otrora poderosa Secretaría de Planeación y Presupuesto fue borrada del organigrama y sus funciones de planeación pasaron a depender directamente de la Oficina del Gobernador. Hubo también cambios de nombre entre las dependencias: volvió la denominación de “Desarrollo” para lo rural, lo social y lo urbano. Espero que la recuperación de su apelativo original signifique también un viraje del enfoque asistencialista hacia la participación social y la conducción gubernamental en las políticas y las acciones de estas áreas.

Entre las dependencias hubo dos defunciones de abolengo: desapareció la Coordinación de Comunicación Social y del organigrama operativo, la hechiza Secretaría de Logística y Protocolo, ambas dependencias estrechamente ligadas al estilo pasado de gobernar.

Como era previsible, el equipo de gobierno cambió… pero no tanto. Hubo dos merecidas ratificaciones: Educación y Desarrollo Urbano. En el primer nivel, destaca el nombramiento del nuevo titular del Issstey, el ex secretario de Planeación, quien seguramente recibió la encomienda de arreglar la situación financiera que contribuyó a descomponer en la administración pasada.

¿Qué faltó en estos primeros 100 días? Diría que las ausencias más notables han sido las acciones para combatir “ferozmente” la corrupción. No basta con el compromiso para evitar los excesos y las desviaciones vividas hasta hace unos pocos meses. Es necesario proceder conforme la ley y realizar las investigaciones necesarias para deslindar responsabilidades. Si no hay sanción por conveniencia o debilidad política, se corre el riesgo de repetir errores y horrores de la anterior administración.

¿Qué sigue? El compromiso más notable a la vista es la formulación del Plan Estatal de Desarrollo 2012-2018, que el Ejecutivo del estado debe entregar antes del 1 de abril, a los seis meses de haber asumido el cargo. No debiera ser un simple documento para cumplir el requisito de la Ley Estatal de Planeación, sino un auténtico compromiso del gobierno con la sociedad que representa. Hay un importante avance producto del trabajo de la Comisión de Transición, que generó durante sus actividades 424 aportaciones y recomendaciones, contenidas en la publicación Resultados de una transición ciudadana. Si bien esta comisión de 25 distinguidas personalidades del medio académico, empresarial y cultural de Yucatán cumplió respecto al futuro, poco aportó para iluminar el pasado reciente, pues al menos en el citado documento no hay observación alguna que permita perfilar una evaluación sobre los aciertos y, muy particularmente, los errores y deficiencias de la administración anterior.

Orgullo y Compromiso fue el lema de campaña de Rolando Zapata Bello. Vale señalar el cuidado que ha puesto en cumplir los 227 compromisos asumidos entonces. Con diversos grados de concreción, abarcan múltiples temas y al estado en su conjunto. Habrá ocasión de comentarlos con el detalle que ameritan. Por ahora, en estos primeros 101 días de gobierno se mantiene la percepción social de que Zapata Bello quiere cumplir. Ojalá logre liberarse del lastre de los “otros” compromisos, los que aún le impiden realizar una cabal rendición de cuentas a la ciudadanía yucateca.- Mérida, Yucatán.

miércoles, 2 de enero de 2013

Optimismo para Yucatán


De la India al espacio
Dulce María Sauri Riancho
Soy optimista al arrancar 2013. No sólo porque es mucho mejor esperar cosas buenas del futuro en vez de atormentarse con lo malo que pudiera suceder, también, porque el año que recién finalizó trajo acontecimientos que permiten alimentar la esperanza de encontrar finalmente el lugar que nos corresponde en un mundo globalizado.
Seleccioné cinco hechos que me permiten documentar mi sensación de que el cambio es posible. Tienen que ver con la participación de las personas, hombres o mujeres, jóvenes y adultos, locales y extranjeros radicados en nuestro estado, que muestran cómo existe y rinde frutos una actitud abierta para enfrentar los retos del futuro.
Uno. Jóvenes estudiantes de la Universidad Marista destacaron nacional e internacionalmente en materia de Derechos Humanos. Dos alumnas de la Licenciatura en Derecho ganaron el primer lugar en el Concurso Interamericano de Derechos Humanos en la American University, prestigiado centro de educación superior, ubicado ni más ni menos que en Washington. Otros dos jóvenes alumnos de la misma escuela de Derecho obtuvieron el primer lugar en el Concurso Iberoamericano de Derecho Internacional y Derechos Humanos “Francisco Suárez, S.J.”, en Colombia, donde compitieron con otros equipos de varias universidades de Centro y Sudamérica. Entre todos los reconocimientos logrados por los alumnos de este centro educativo descuella el Premio Rolex, instituido por esta prestigiada firma relojera cuya matriz se encuentra en Suiza, para reconocer los proyectos en materia de preservación y cuidado del medio ambiente en el mundo. En este certamen bianual, el proyecto de una joven marista fue uno de los cinco seleccionados en el mundo, junto con otros menores de 30 años de Gran Bretaña, Italia e India.
Dos. La Feria Internacional del Libro de Yucatán (FILEY), organizada por la Uady, cuya primera edición se llevó a cabo el pasado mes de marzo para conmemorar los noventa años de su fundación en 1922. Por primera vez hubo en nuestro estado un evento de esa magnitud, que congregó a numerosas casas editoriales mexicanas y extranjeras, complementado con la destacada participación de autores reconocidos y conferencias magistrales sobre diversos rubros, como la mesa panel celebrada con los editorialistas gráficos, que son los caricaturistas. Fue un agasajo, que corría el riesgo de volverse una golondrina que no haría verano. La buena noticia de 2013 es que la Uady ha decidido asumir el reto de transformarlo en un evento anual, que habrá de realizarse en este marzo.
Tres. El Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico de Yucatán (Siidetey), cuyo proyecto más conocido es el Parque Científico de Mérida, localizado en Sierra Papacal. Es una obra ambiciosa, pues además de congregar a los diversos centros de investigación nacionales y de la entidad en un mismo espacio físico, compromete la creación de instalaciones de “primer mundo”: red de fibra óptica para internet de alta velocidad y una moderna biblioteca para uso común de los investigadores. Buena parte de esta infraestructura ya está instalada. Este colosal proyecto fue iniciado en el gobierno anterior, pero será en éste cuando encuentre su destino definitivo, que confiamos sea llevarlo a su feliz término.
Cuatro. Arte a Mano. Por novena ocasión, el 1º de diciembre se realizó un bazar con exposición y venta de productos de sesenta y cuatro artistas y artesanos de la Península de Yucatán. Compartieron el salón principal de la Cámara de Comercio, artesanos tradicionales con artistas innovadores en la elaboración de distintos productos, como joyería, vidrio soplado, bordados y pintura sobre lienzos utilitarios, como manteles y servilletas. La asociación civil que auspicia este movimiento: Amigos de Artistas-Artesanos Nuevos de Yucatán, A.C. (AANY), comenzó hace cinco años su labor para ayudar a los creadores a desarrollar su obra y a resolver los complejos problemas de su comercialización. Los integrantes de AANY son voluntarios, extranjeros residentes en Mérida desde hace varios años, quienes han encontrado en esta actividad altruista una manera de devolver a esta tierra su generosa acogida y a la vez, de emplear sus capacidades y conocimientos.
Cinco. Los estudiantes del 5º semestre de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Modelo con especialidad en Mecatrónica llevaron a cabo el lanzamiento de un satélite educativo amateur IMK-SAT el pasado 14 de diciembre, como parte del Programa Espacial de ese centro de estudios. Sí, lo lee usted bien. Jóvenes de 20 años de edad, bajo la coordinación de un experto en vuelos del espacio cercano, se organizaron para poner a 30 kilómetros de altura (tres veces la que alcanza un avión comercial en pleno vuelo), un aparato de captura de imágenes y videos del espacio yucateco. Este proyecto forma parte de una iniciativa de la Modelo para promover nuevas capacidades entre sus estudiantes para el diseño, desarrollo, operación y análisis de misiones espaciales a través de la integración tecnológica. Y quizá, de esta manera, coadyuvar a que la Agencia Espacial Mexicana se instale en Yucatán.
El mínimo común de los cinco acontecimientos relatados líneas arriba es la imaginación para plantearse retos en lugares y temas que por un inexplicable “complejo de inferioridad” social nos resistíamos a abordar. De la India y Suiza, al espacio. De la artesanía y arte popular, al desarrollo sustentable y la educación ambiental. De la ciencia y la tecnología, a los Derechos Humanos. ¡Ése es Yucatán de 2013! ¡Esos son las mujeres y hombres que están transformando esta tierra!- Mérida, Yucatán.

El prietito en el arroz


¡Sobrevivimos!
Dulce María Sauri Riancho
Terminó un ciclo, la Cuenta Larga de los Mayas, e iniciamos uno nuevo. Para quienes aceptan la dimensión circular de los tiempos, estamos en la posibilidad de recuperar experiencias del pasado, pero también de enmendar algunos de los muchos errores que hayamos cometido. Para quienes hicieron suya la visión catastrofista, buenas noticias: ¡¡logramos sobrevivir!! No sólo seguimos vivos, sino ante la posibilidad de hacer cosas nuevas, distintas, de aprovechar la “segunda oportunidad” que nos brinda la vida para lograr, ahora sí, metas y objetivos no alcanzados.
El Fin de la Cuenta Larga fue aprovechado por los gobiernos de la República y de Yucatán para anunciar una obra de gran impacto económico y social: la inminente realización del llamado Tren Transpeninsular. Una obra que requerirá una inversión de muchos ceros (más de $11,000 millones); que habría de concretarse en el transcurso de los próximos tres años; y que, de acuerdo con estudios ya realizados, permitiría la movilidad de decenas de miles de personas entre la costa quintanarroense y la ciudad de Mérida -incluyendo zonas arqueológicas y ciudades coloniales, como Valladolid e Izamal-, así como la integración de un circuito de carga entre los puertos de Progreso y de Calica, en Punta Venado, con puertos y destinos del este norteamericano y algunos puntos del Caribe o Europa.
¡Qué bueno que se tomó la decisión de hacer realidad una obra de tal magnitud e impacto socioeconómico! ¡Qué bueno que se quiera conjuntar la atmósfera de cambio que acompaña a la renovación del gobierno con el optimismo que conlleva el Cambio de Era! Pero, ¡ojo!, que la intensidad de los reflectores no nos enceguezca. A riesgo de parecer ave de mal agüero, no dejo de ver que la construcción y la operación del Tren Transpeninsular (TT) traen aparejados tanto retos como oportunidades que debemos identificar, bien sea para modular o modificar el proyecto, si es necesario, y para tenerlos presentes cuando la obra se materialice y comience a operar. Esto es, confeccionar una especie de “bitácora social” sobre una obra de enorme magnitud presupuestal y de indudable trascendencia para Yucatán.
En el planteamiento sobre el TT subyace una hipótesis: que sólo una parte de los miles de visitantes de los centros turísticos del norte de Quintana Roo se trasladan a Yucatán porque tienen dificultades de transporte. Que si se pone un ferrocarril rápido y barato el flujo de turistas ascenderá. En la actualidad, los días de mayor afluencia registran hasta 8,000 entradas de extranjeros a Chichén Itzá, la “joya de la corona” de las zonas arqueológicas yucatecas. Para esa cantidad de personas, las carreteras existentes (una autopista, vía Xcan, y la ampliación de la carretera Tulum-Cobá-Valladolid, ya concluida) satisfacen plenamente sus requerimientos de seguridad, tiempo y economía. A lo anterior habría que sumar la anunciada construcción del ramal Xcan-Playa del Carmen, próximo a iniciarse por la constructora ICA.
Desde el punto de vista de captación y movilidad de pasajeros, el TT aparece como solución para un problema que aparentemente no existe. Ahora bien, si a la ruta anunciada del TT se le añadiera el ramal Cancún-Playa Mujeres a Tulum, entonces sí se incorporaría una parte significativa de la enorme cantidad de personas que se mueve por la costa quintanarroense, a los cuales pudiera resultarle atractiva la conexión a las urbes prehispánicas o a los centros coloniales de Yucatán.
El proyecto del TT necesariamente hace resurgir el agudo problema de la conectividad de Yucatán con el centro y norte del país. Por duro que resulte formularlo -más aún aceptarlo- la operación del TT no se podrá sostener desde el punto de vista económico con el mero transporte de pasajeros. Resulta indispensable intensificar el uso de vías y de equipo mediante el movimiento de carga. Así lo plantea el proyecto. Pero la cuestión fundamental tiene que ver con la economía: qué se produce en Yucatán que amerite una obra de esta naturaleza; cuál es el volumen de intercambio de bienes entre los tres estados de la península; qué se importa y exporta desde y hacia éstos. Sería de un enorme dispendio económico si el TT fuese utilizado sólo para transportar gasolinas y turbosina para los aviones del aeropuerto de Cancún. En cambio, el TT podría constituirse en la oportunidad para superar la condición cuasi-insular de nuestra Península, siempre y cuando se asumiera por parte del gobierno y las autoridades de Comunicaciones y Transportes que es urgente rescatar el ferrocarril Chiapas-Mayab, del que forma parte el antiguo Ferrocarril del Sureste. Basta recordar que actualmente hay un tramo de esta ruta, la vía que une a Yucatán con Coatzacoalcos y el resto de la República, que está en pésima condición, prácticamente inutilizable, lo que ha repercutido en los costos de transporte de mercancías desde o hacia Yucatán, que a fuerzas tienen que ser trasladadas por carretera.
El prietito en el arroz es para llamar la atención sobre estas cuestiones, que considero indispensable visualizar si queremos que el Ferrocarril Transpeninsular sirva para promover la competitividad de Yucatán y mejorar las condiciones de competencia de las empresas yucatecas. Este proyecto puede ser puntal para el desarrollo económico de Yucatán en un mundo globalizado, pieza fundamental para transformar a la entidad en un centro de conectividad marítima, aérea, ferroviaria, carretera, y -por qué no- espacial y digital.- Mérida, Yucatán.

Tiempo cíclico y vaticinios


¿Se acaba el mundo?
Dulce María Sauri Riancho
Los anuncios del inminente final del mundo nos invaden con alguna frecuencia. Quienes estudian estos fenómenos psicosociales dicen que forman parte del pensamiento occidental desde hace muchos años. Sin embargo, algunos de estos movimientos alcanzan grandes dimensiones, como sucedió no hace tanto, en 1999, cuando la conclusión del siglo y del milenio trajo aparejados auténticos sentimientos de incertidumbre ante su proximidad, incluyendo el temor a la caída de los sistemas de cómputo del mundo entero. Las profecías murieron con el viejo milenio. Ahora es el turno del fin del mundo basado en el calendario maya, para el cual mañana 21 de diciembre se cumple el ciclo de la “cuenta larga”, que dura la cantidad de cinco mil ciento veintiséis años, ó 260 katunes, 13 ciclos de 20 años.
Cada cierto tiempo alguna tragedia recuerda la fragilidad de la existencia de los seres humanos sobre la tierra. Este mismo mes de diciembre, el 26, se cumplen ocho años del gigantesco tsunami que afectó a los países del sureste asiático y la India, en el que perdieron la vida más de 260 mil personas en un abrir y cerrar de ojos. Más atrás en el tiempo, hace 65 millones de años, un enorme asteroide impactó el planeta justo por estos rumbos yucatecos. Dejó su huella plasmada en un cráter de gran magnitud, el de Chicxulub. La oscuridad se apoderó de la superficie terrestre y ocasionó el fin de los dinosaurios abriendo, entonces sí, paso a un nuevo ciclo de vida en el que apareció la especie humana.
Los mayas basaron la elaboración de su calendario en la observación astronómica y de la naturaleza. Ellos seguían el rumbo de los planetas y las estrellas, anotaban e interpretaban los signos. El pueblo maya no hacía profecías, tal como las conocemos en Occidente, entendidas como revelaciones en un trance religioso o en un sueño, sino que hacían vaticinios con base en lo que habían observado. Es un estilo de pensamiento, cuya esencia está en el conocimiento de los ciclos del tiempo. Nada desaparece ni tampoco permanece eternamente para los mayas. En cada “cajón del tiempo”, que eso eran los katunes, anotaban y hacían predicciones sobre cuándo y en qué circunstancias un suceso determinado podría repetirse. La Colonia interrumpió esa forma de pensar entre los mayas. Ya no hubo astrónomos-sacerdotes que registraran el movimiento de los astros ni tampoco quienes pudieran anotar las sequías, las plagas y, en general, el comportamiento de la naturaleza, tan importante para una sociedad que dependía de la milpa y para su subsistencia. En cambio, para quienes llegaron de España hace más de quinientos años el pensamiento es lineal, lo que significa que los acontecimientos quedan en el pasado, una vez que suceden; no hay ciclos, sino etapas que, una vez concluidas, dejarán de formar parte del futuro.
Los mayas de hoy cada vez en menor número dependen de la agricultura. Las prácticas tradicionales de la milpa se han modificado profundamente por las nuevas condiciones ambientales y económicas que soporta la población campesina. En el caso de la península de Yucatán, cada vez son menos y más aislados aquellos que cultivan la tierra con los métodos tradicionales.
Sus hijos y nietos han emigrado a Cancún, Mérida o alguna otra ciudad que los aleja cada vez más de sus raíces mayas. Pero en un lugar o en otro, la pobreza es la condición que los iguala. Los ancianos mayas de Quintana Roo, herederos de los cruzoob (los seguidores de la Cruz Parlante), son los que conservan en su memoria el estilo de pensamiento cíclico, para entender el mundo.
Hay quienes consideran que no vale la pena tratar de preservar formas y estilos de vida que están asociados a la marginación y al rezago. Que es positivo que desaparezcan o, al menos, queden reducidos a su mínima expresión. Una posición de esta naturaleza sería una especie de “genocidio cultural por omisión”, al no hacer nada para entender y preservar la riqueza que encierra una manera distinta de entender el mundo y vivirlo.
Llegará la Nochebuena de 2012 dos días después de que la profecía del fin del mundo haya sido derrotada una vez más en su inquietante pronóstico. Los mayas antiguos no establecieron la fecha del final de la humanidad, sino un mojón en el tiempo para indicar que se ha completado un ciclo, el de la “cuenta larga”, a partir del cual se inicia una nueva cuenta del paso del tiempo. Los eventos conmemorativos oficiales terminarán este mismo mes, pero la pobreza y la amenaza de extinción de su cultura penden sobre el pueblo maya más allá de los treinta días de fiestas y conferencias. Es necesario y urgente revisar las políticas públicas para la participación de los mayas en condiciones de igualdad. Para cumplir este propósito se vuelve indispensable analizar los programas, establecer nuevos objetivos y metas, así como dotar de presupuesto suficiente a las instituciones encargadas de ejecutarlos.
A los yucatecos de hoy nos corresponde asumir ese legado cultural que entraña una gran responsabilidad. No vale celebrar la grandeza del pueblo maya cuando la mirada de orgullo se limita al pasado, mientras los mayas de hoy siguen sufriendo rezagos. Que las profecías del fin del mundo sean desplazadas por acciones que hagan llegar un mejor futuro para todos los yucatecos, en particular para los mayas peninsulares.- Mérida, Yucatán.