miércoles, 25 de enero de 2017

Patio y jardín: Renegociación del TLCAN

Dulce María Sauri Riancho
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) es un juego entre tres que se inició hace más de 23 años. Trump lo ha reducido a dos: México y Estados Unidos. Antes de llegar a la presidencia, ya había logrado dañar inversiones y al peso, la moneda más depreciada en los últimos meses. Al tercero en discordia, Canadá, Trump no lo ha tocado ni con el leve roce de una hoja de maple. Me llama la atención tamaña diferencia de trato, por lo que me puse a repasar algunos datos para entenderla.

Hablamos de cifras colosales, por lo que les ofrezco disculpas de antemano, que resultan indispensables para pintar con datos objetivos el problema que enfrenta nuestro país. Las exportaciones canadienses a Estados Unidos sumaron casi 255 mil millones de dólares americanos, frente a 245 mil millones importados desde ese país a su mercado (datos enero-noviembre 2016). Su balanza comercial “sólo” presentó un déficit para Estados Unidos de 9 mil millones. El intercambio de la Unión Americana con México fue de 271 mil millones de dólares que les vendimos frente a 212 mil millones que les compramos en ese mismo lapso: un superávit de casi 59 mil millones a favor de nuestro país. Somos el segundo cliente de productos estadounidenses, poco después de Canadá, que es el primero.

México tiene una frontera de 3,185 kilómetros con Estados Unidos. Canadá dispone de una larga línea fronteriza de 8,891 kilómetros, de los cuales corresponden 2,475 kilómetros a la frontera con Alaska. ¿Alguno de ustedes ha escuchado que pretendan poner una cerca, un muro entre los dos países del norte del continente? Desde luego que no. Además del grado de dificultad material, existen otros factores. El primero, Canadá tiene apenas 36 millones de habitantes, distribuidos en casi 10 millones de kilómetros cuadrados (9.985,000 km2). El segundo elemento que los hace distintos a nosotros es que la mayoría de su población es de origen europeo —blancos que hablan inglés o francés—, aunque dos de cada 10 canadienses son inmigrantes de distintas regiones del mundo. Al igual que México, Canadá también vende vehículos y autopartes a Estados Unidos.

Antes de su encuentro con Trump del próximo 31 de enero, Peña Nieto anunció que viajaría a la Cumbre de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), donde se reuniría con jefes de Estado y de gobierno de 18 países de la región; sin embargo, de último momento canceló su participación argumentado “razones de agenda interna”.

Como “segunda prioridad” quedó el diálogo con la recién estrenada administración trumpista. Peña Nieto dio a conocer en 10 puntos los principios sobre los cuales deberá girar esa negociación. Los sintetizaría en el recordatorio de nuestro carácter de “nación soberana” y del apotegma juarista sobre el respeto al derecho ajeno como la base de la paz.

En este trance, vamos solos. Cualquiera hubiera pensado que la tradicional solidaridad canadiense con México se hubiera manifestado en estos difíciles momentos para nuestro país. No ha sido así. “No han dicho nada específico sobre ningún problema real que tengan con nosotros”, comentó el embajador canadiense en Washington. Y añadió: “El peligro es que Canadá pueda sufrir daño colateral por medidas estadounidenses que apunten a México”. La diferencia de trato también se manifestó a nivel de los negociadores mexicanos. En tanto que los secretarios de Relaciones Exteriores y de Economía de México viajarán a Estados Unidos para iniciar las pláticas hoy miércoles, el todopoderoso yerno de Trump irá a Calgary, en la provincia de Alberta, donde se llevarán a cabo los dos días de reuniones con el gabinete canadiense, para analizar conjuntamente la situación. El “huevo de la serpiente” de la insidia ya fue sembrado; esperemos que, con oportunidad, se aclaren y superen estos nubarrones.

Porque existe el Tlcan le va bien a Canadá. La ilusión de su acuerdo bilateral de libre comercio de 1988, hace casi 30 años, fue desvanecida por la globalización. Cuando empiecen a penar sus industrias energéticas por los privilegios de Trump a las empresas gringas; cuando la negación del cambio climático comience a afectar aguas y suelos canadienses, entonces mirarán al sur de Texas. No sé qué encontrarán entonces. Ellos, Canadá, pueden asumirse como jardín que Trump quiere cultivar cuidadosamente; México, el patio donde se acumulan desperdicios y trebejos. Aislado nadie se salva. Ni siquiera Canadá y Estados Unidos, que ocupan los lugares 2 y 3 entre los más extensos del mundo. Recuerden que Rusia, el primer lugar, tiene casi el doble de extensión que cada uno en lo individual. Y que China, solita, 1,400 millones de habitantes en un territorio equivalente al suyo.

Arturo Fernández, el rector del ITAM, utilizó una metáfora taurina para ilustrar cualidades y estrategia en esta difícil negociación del Tlcan. Amén de señalar que sería preferible dejar a un lado el Tratado, en vez de empantanarse en un largo proceso de negociación y tensión, escribió: “Juan Belmonte no tenía la complexión atlética que requería el toreo (1913-1936), pero lo revolucionó ‘con una tríada: parar, templar y mandar’”. Abundó el rector: “Ante el toro bravo y rijoso, de nombre ‘Narciso del Norte’, nuestra nación unida debe torear con firmeza en torno a los intereses de México” y debe “parar; para controlar el pánico y detener el oportunismo político y las rencillas internas; templar: con prudencia y cálculo (…) establecer nuestras prioridades; y mandar, es decir, ‘dominar la situación con inteligencia y estrategia”. Y sobre todo, “valor sin fisuras”. En buena lid, ¡suerte, negociadores!— Mérida, Yucatán.

miércoles, 18 de enero de 2017

Internet y redes sociales. Formas del cambio

Dulce María Sauri Riancho
Las redes sociales y el internet son protagonistas de esta semana. Muestran su capacidad de cambiar formas y revitalizar liderazgos; de potenciar la demagogia y la frivolidad política, y, en contrapartida, de ampliar libertades.

1. Conforme ordena la Constitución del Estado, el Ejecutivo entregó al Congreso su 4o. informe de actividades. En las tres ocasiones previas, la ceremonia había consistido en una discreta entrega a los diputados del voluminoso expediente por parte del secretario general de Gobierno, seguido de un acto multitudinario que congregaba a las “fuerzas vivas” en el Siglo XXI o en el Kukulcán.

De todos los rincones del Estado se desplazaban contingentes financiados con recursos municipales para asistir al “magno evento”. Los invitados especiales: gobernadores, representantes presidenciales, viajaban en su propio avión. Zapata cortó de tajo la tradición. La forma —Informe por internet—, a la que se sumaron después, “sin cobrar un solo peso”, los concesionarios de la radio y la televisión en el Estado, se volvió fondo. Y allá se encuentra una luz de cambio para transformar las cosas en el sentido que el propio gobernante señaló. En un marco de austeridad que ahorró al menos 16 millones de pesos al erario yucateco surgió el tema del liderazgo. Zapata no temió hacer un ofrecimiento de gran calado: un liderazgo de diálogo, autocrítico, sereno, “con los pies bien puestos sobre la tierra”.

Con base en los avances y realizaciones del último año, Zapata destacó los valores de la Unidad, Trabajo y de un “optimismo sensato”, para enfrentar el futuro, de tal manera que el pueblo de Yucatán dependa de su propio esfuerzo y “no de la coyuntura”.
Al mensaje político le faltó el ingrediente de la autocrítica, para realizar una especie de balance sobre las dificultades enfrentadas a lo largo del año. Habrán de hacerla los legisladores, en la llamada glosa, en especial los representantes de los partidos opositores al PRI. Rolando Zapata, con base en resultados, puede emerger con la legitimidad necesaria para garantizar un tránsito tranquilo en los cruciales meses por venir.

Para ser consecuente con las nuevas formas, supongo que el gobernador cancelará los eventos anuales de celebración de su triunfo electoral y recomendará a la dirigencia estatal del PRI moderación en la realización de actos que impliquen movilizaciones de amplios contingentes.

2. En un programa de televisión abierta, Ivonne Ortega anunció este lunes su solicitud de licencia como diputada federal porque “los políticos tenemos que estar al lado de la gente”. Para ello, dijo, “He decidido pasarme al lado del pueblo” y dedicarse a promover una iniciativa ciudadana para reducir el IEPS a las gasolinas. ¿Por qué una legisladora federal, presidenta de la comisión de Comunicaciones de la Cámara de Diputados y ex secretaria general del PRI tomó esa decisión? ¿Es un deslinde del barco de la presidencia de Peña Nieto que ella ayudó a construir y que ahora “se va a pique”? ¿Por qué no utilizó la capacidad jurídica y el espacio político del Congreso para buscar incidir en los cambios que dice impulsar? La falta de respeto a la representación del pueblo que dice defender es manifiesta. Llegó con votos de millones de ciudadanos a un cargo que ahora desecha por considerarlo fardo pesado en sus aspiraciones personales. Verdadero valor político hubiera sido reconocer su equivocación al votar apenas en octubre a favor del IEPS a las gasolinas e impulsar desde el interior de la bancada del PRI una iniciativa para enmendar el error cometido. ¿O sabe que ya existe una negociación en marcha para reducir el odiado impuesto y pretende capitalizar los resultados a su favor? ¡Flaco favor a la contienda electoral de 2018! Después de Trump, de manera alguna menosprecio las oportunidades de la ex gobernadora para alcanzar la candidatura y, eventualmente, el triunfo. A diferencia de Zapata, la ex gobernadora tiene un déficit de legitimidad en Yucatán como resultado de su gestión. Además, nunca segundas partes fueron buenas. Si Televisa logró construir la candidatura de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república, es difícil que pueda repetir la “hazaña”. Quiero creer que en ese aspecto, este país está cambiando… para bien.

3. El viernes 20 por primera vez Twitter transmitirá en directo la ceremonia protocolaria de asunción de Donald Trump como el presidente 45 de los Estados Unidos. Lanzados por esta vía, los ataques a sus críticos y el roce directo con los tradicionales aliados de la potencia americana han caracterizado esta difícil transición. Si no fuera por las redes sociales y el internet, parecería que el reloj de la historia retrocede con Trump hasta finales del siglo XIX, con el proteccionismo como política económica y el “gran garrote” de Teodoro Roosevelt, que combinaba el lenguaje suave con la amenaza de una actuación violenta a modo de presión sobre sus adversarios. Por Twitter habremos de enterarnos de la reiteración de su propósito de construir el muro de más de 3,000 kilómetros en su frontera sur; de sus primeras medidas para cumplir su promesa de expulsar a millones de indocumentados y los pasos necesarios para renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) o cancelarlo, si no se satisfacen las todavía desconocidas exigencias norteamericanas. Para Trump, México es la “nación más apestada”, a la que hay que arrebatar fábricas y negocios, para trasladarlos a su país. Lo único positivo será el fin de la incertidumbre en que hemos estado sumidos. Sabremos entonces a qué atenernos.


4. El lunes de esta semana, por internet, se reanudó Aristegui Noticias, después de 22 meses de silencio. Las redes también contribuyen a ampliar libertades.

miércoles, 11 de enero de 2017

Acuerdo y confianza

Dulce María Sauri Riancho
La crisis de la democracia, es el colapso de la confianza —Zygmunt Bauman (1925-2017)

Otra vez, mucho ruido y pocas nueces. Tercer mensaje presidencial en los escasos nueve días de 2017: la presentación del “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar”. En la fotografía aparecen los secretarios de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), flanqueando al Ejecutivo Federal. El documento firmado presenta cuatro objetivos, divididos cada uno de ellos en acciones que comprometen a los trabajadores, empresarios y al gobierno: 1) Proteger la economía familiar; 2) Fomentar las inversiones y el empleo; 3) Preservar la estabilidad económica; 4) Preservar y fortalecer la cultura de la legalidad y el Estado de Derecho.
 
El mensaje presidencial que acompañó la presentación del Acuerdo reiteró el compromiso de no permitir aumento “injustificado” de precios en los bienes y servicios, “especialmente los de la canasta básica”, y señaló la adopción de medidas de vigilancia para asegurar su estabilidad. El presidente Peña Nieto puso énfasis especial en el compromiso de modernizar el transporte público masivo para reconvertir sus unidades hacia el empleo de combustibles “más eficientes y económicos”.

La mayoría de las acciones enlistadas son de carácter general (“seguir fomentando inversiones generadoras de empleo”, por ejemplo). Sin embargo, algunas otras son un poco más explícitas, como la adopción de nuevos estímulos fiscales para la inversión, especialmente en la destinada a las pequeñas y medianas empresas.

Otra más es la campaña de información y facilitación para la entrega de recursos del sistema de ahorro para el retiro (SAR) a adultos de más de 65 años. En contrapartida, el Ejecutivo comprometió la formalización de un decreto que fomente la repatriación de capitales mantenidos en el extranjero. La única meta cuantificable del discurso presidencial fue el compromiso de reducir en 10% la partida de sueldos y salarios de servidores públicos de mando superior de las dependencias federales. La participación de los otros poderes —Legislativo y Judicial—, órganos autónomos y gobiernos de los estados, quedó a nivel de exhorto para realizar “medidas similares” a las impulsadas por el Acuerdo en materia de austeridad —léase reducción de salarios—.

En una frase subyace la verdadera intención del mensaje presidencial: “Haremos todo lo necesario para que el ajuste de la gasolina impacte lo menos posible en la economía familiar”, expresó el primer mandatario. “Palo dado, Hacienda no quita”, parafraseando el refrán de nuestras abuelas.

Eso significa que el gobierno no pretende dar marcha atrás en la liberalización del mercado, que trajo consigo el aumento de los precios de las gasolinas, ni tampoco reformular la estrategia que llevará a un nuevo incremento a partir del 3 de febrero. Así lo había expresado el primer mandatario cuando se refirió al retiro del subsidio, por 200 mil millones de pesos, en su segundo mensaje del año y enfatizó que, gracias a esa determinación, se podrá continuar financiando a Prospera, Procampo, Seguro Popular, entre otros programas destinados a la atención de las familias más vulnerables.

La representación del Poder Legislativo brilló por su ausencia, síntoma de que el recién nacido Acuerdo no se propone impulsar cambios en las leyes, en particular las de naturaleza fiscal. Hubo también otra ausente: la representación de la Coparmex, poderoso sindicato patronal que decidió no acudir a la invitación presidencial al considerarlo precipitado y falto de compromisos concretos. Tampoco estuvieron los gobernadores, cuya organización —la Conago— se reunió en hora diferente en el mismo edificio, aparentemente sin resultado alguno.

A mi juicio, no hubo “cocimiento” político de este acuerdo que pretende emular a los “pactos” de finales de la década de 1980 y 1990. A final de cuentas, sólo los compromisos políticos garantizan un mínimo respeto a las medidas adoptadas para evitar el alza “injustificada” de los precios.

Tal vez si sus asesores le hubieran hablado de la reunión de la Cámara de la Industria de la Masa y la Tortilla en Yucatán, en la que los agremiados decidieron cobrar $18 por kilo. Quizá alguien hubiese susurrado al oído presidencial sobre el Acuerdo para la Estabilización del precio de la Tortilla, suscrito por el gobierno de Felipe Calderón, y la Cámara de la Industria del Maíz, empresas panificadoras y tiendas de autoservicio, en enero de 2007, ante un escenario parecido a este. O si se hubiese concertado con los productores de huevo un precio máximo.

La realidad es que el gobierno carece de instrumentos legales para imponer precios sobre cualquier producto desde hace más de 20 años. Sólo estímulos y subsidios, y sobre todo concertación pueden hacer el milagro de mantener o moderar los precios.

“Tengan plena confianza” clamó el presidente Peña Nieto. Pero la confianza fue la ausente más significativa en la firma del Acuerdo. Confianza de la sociedad en que su gobierno sabe qué hacer, cómo y con quién hacerlo. La confianza se genera con hechos. Y desgraciadamente, los acuerdos anteriores, bien fueran económicos o de seguridad, han producido pocos resultados.


No se restaurará el subsidio gubernamental a las gasolinas, ya lo sabemos. Trump será presidente de los Estados Unidos, también. Son realidades insoslayables. Viene la emergencia. En lenguaje claridoso lo expresó el presidente de la Fiat-Chrysler en el Autoshow de Detroit: “Es posible que si impone aranceles y si son lo suficientemente elevados, la producción de cualquier cosa en México perdería sentido y tendríamos que retirarnos”. ¿Un nuevo pacto o acuerdo después del 20 para atender al nuevo escenario? ¿O en la “letra chiquita” que llevó a firmar al Consejo Coordinador Empresarial habrá otras cosas que no nos expresaron? ¿Habrá para los trabajadores siquiera un acuerdo para mantener los precios de la tortilla, el huevo y el pan salado? Porque si no fuera así, ¡menudo desperdicio!— Mérida, Yucatán.

miércoles, 4 de enero de 2017

¡Sube la gasolina! ¿Crisis en puerta?

Dulce María Sauri Riancho
Entre incertidumbre y zozobra dio inicio 2017. A los incrementos anunciados de las gasolinas y el diésel, muy pronto se unieron los anuncios del alza en el transporte público, seguidos de las tarifas eléctricas y del gas L.P. Hacía mucho tiempo, alrededor de 22 años, que no estaban tan encontradas las visiones del gobierno y de la sociedad sobre asuntos económicos. En esa fecha, diciembre de 1994, se rompió la “banda de flotación” que sostenía la paridad peso-dólar americano en un máximo de $3.49. Antes de cumplir el primer mes de su mandato, Ernesto Zedillo dirigió un mensaje a la nación, donde dio a conocer el “Programa de Emergencia Económica”, la versión mexicana de “sudor y lágrimas” que en el caso inglés de la II Guerra mundial había sido acompañado también de “sangre”. En los primeros meses de 1995, la mayoría del PRI en el Poder Legislativo aprobó el incremento de la tasa general del IVA al 15%: convirtió en deuda pública 29 mil millones de dólares (los famosos Tesobonos) para poder liquidarlos y reformó la Ley General de Deuda Pública para dar en garantía al gobierno americano la factura de los ingresos petroleros (entonces cuantiosos), a cambio de la cual se abrió una línea de crédito por más de 50 mil millones de dólares.

Mientras se libraba una feroz batalla en la macroeconomía, el impacto de la crisis fue demoledor en la vida y las finanzas de las familias. Las más pobres vieron hacer n más precario su ingreso por la inflación. Las familias de clase media que habrían contraído créditos para adquisición de casas, vehículos o tenían deudas en sus tarjetas de crédito vieron que los montos se incrementaban varias veces en unas cuantas semanas. Las empresas que habían logrado empréstitos para aprovechar las ventajas que ofrecía el recién inaugurado Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se encontraron con enormes adeudos en dólares, sin recursos para poderles hacer frente. Los bancos comerciales recién reprivatizados quebraron. Sus carteras vencidas pasaron a propiedad del gobierno. Surgió el Fobaproa como manera de evitar la pérdida del dinero de los ahorradores y cuentahabientes. El país contrajo adeudos que seguirá pagando hasta 2025.

En la parte política, el PRI inició una cadena de derrotas electorales desde febrero de 1995. Sólo se salvó la gubernatura de Yucatán en mayo de ese año. A mediados de 1997, el partido en el gobierno perdió su mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, así como la primera elección para la jefatura de gobierno del Distrito Federal. El G-4, integrado por los partidos opositores al PRI, ocupó los principales cargos y por primera vez un legislador de oposición, Porfirio Muñoz Ledo, respondió un informe presidencial. Casi tres años después, la economía se había recuperado; el empleo también. Sin embargo, el 2 de julio de 2000, el PRI perdió por primera vez la Presidencia de la República. Este hecho simbolizó el agotamiento de un modelo político que rigió al país por más de 70 años y abrió paso a la transición en la que aún estamos inmersos.

Hago este recuento del pasado cercano para enmarcar la situación presente. No estamos como en 1995, al borde del abismo económico, aunque ahora, a diferencia de entonces, no contamos con la esperanza del TLC, cuestionado por Donald Trump.

Aumentar la gasolina y el diésel impacta todo. Es falso que sólo quienes tienen vehículos lo resentirán. O quienes usen el transporte público. Hasta el producto más modesto requiere de traslado hasta el centro de consumo; también la electricidad será más cara porque parte importante de ella se genera quemando combustible fósil (combustóleo y gas natural). ¿Cómo llegamos a este punto? Tendríamos que irnos a revisar malas decisiones que se tomaron en tiempos de crisis, como 1995, y en periodos de abundancia, cuando los precios del petróleo crudo alcanzaron más de 100 dólares el barril, tal como sucedió entre 2001 y 2008. Pemex fue utilizado para financiar el gasto público desde el aciago presupuesto 1995 en adelante. Los ingresos extraordinarios recibidos por el petróleo de exportación se perdieron en la maraña de una creciente y voraz burocracia que extendió sus redes hasta el municipio más modesto del país. La corrupción se desprendió de los últimos resquicios de pudor. Cuando se discutieron las reformas en 2013, no hubo la capacidad política y la energía social para defender la renta petrolera e impedir su privatización.

Dice el secretario de Hacienda que los mexicanos “no debemos asustarnos”; que el precio de las gasolinas se va a “divorciar” de razones tributarias y políticas. Quizá por eso se adelantó la apertura del mercado un año, no fuera a coincidir con las elecciones de 2018. Por el rumbo de Bucareli y de Insurgentes, en Gobernación y en el PRI cruzan los dedos ante las elecciones en el Estado de México, Nayarit y Coahuila. Junto con las presidencias municipales de Veracruz serán la muestra con que se medirá la magnitud del descontento popular por el alza de los combustibles y el recrudecimiento de la inflación. Ya lo veremos el 4 de junio.


Zedillo recondujo la economía después de la crisis. Habló duro el 29 de diciembre de 1994: “No podemos permitir que la crisis nos arrastre; debemos enfrentarla y controlarla de inmediato admitiendo los sacrificios que la situación hace inevitables”. Añadió: todos preferimos la verdad para saber bien a qué atenernos”. Eso falta: que Peña Nieto expliquey que el pueblo de México le crea. Mérida, Yucatán.