miércoles, 22 de marzo de 2017

Referrocarrilización: Trabalenguas hacia el futuro

Dulce María Sauri Riancho
Hace tres años, el compromiso gubernamental para la reindustrialización de Yucatán se antojaba lejano, más como un buen deseo que como una realidad posible. No se disponía de energéticos baratos ni de transporte terrestre a precios competitivos. Respecto al Ferrocarril del Sureste, su suerte se encontraba uncida a la concesión Chiapas-Mayab. Las vías férreas del sur y el sureste sufrieron severos daños como consecuencia de los huracanes, tanto los que azotaron del lado del Atlántico como del Pacífico. La empresa concesionaria no invirtió en la reconstrucción, como estaba comprometida al recibir el título de concesión. En consecuencia, el tren de Mérida hacia Coatzacoalcos circulaba a 10 kilómetros por hora. Resultaba más rápido ir en carreta tirada por caballos que en el tren: a ese grado. Además, una sombra disputaba los recursos públicos que requería la modernización ferroviaria de la Península: era el proyecto del tren rápido Mérida-Punta Venado, una de las 10 obras de infraestructura prioritarias para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Tan se consideraba la realización de esa obra ferroviaria, que la rehabilitación de la vía a Coatzacoalcos dio comienzo en Valladolid, hacia Mérida. Finalmente, la sensatez se impuso y el cuestionado proyecto del tren transpeninsular quedó postergado para un mejor momento —presupuestal, desde luego—. Liberados del peso del tren a Punta Venado, el gobierno estatal metió el acelerador en sus gestiones para invertir más recursos en la rehabilitación integral del ferrocarril de Yucatán hacia el centro del país. Según se informó recientemente, el presupuesto invertido asciende a más de tres mil millones de pesos en 4 años. En este tiempo, el gobierno federal recuperó la operación del ferrocarril Chiapas-Mayab, ante el incumplimiento de la empresa Viabilis, concesionaria desde 2013. Negociar con el gobierno federal es menos difícil que con una empresa privada. Una muestra se tiene con el arranque de la construcción del Centro de Operaciones Ferroviarias (COF, por sus siglas), en Poxilá, comisaría de Umán. Tendrá 5.6 kilómetros de vías auxiliares, con amplio patio de maniobras, para que los trenes entren completos, se separen de la locomotora y sus carros queden listos para la carga y descarga. Además de la Terminal Intermodal, se instalarán 15 kilómetros de vías para unirla con el parque industrial de Hunucmá, donde ya se encuentran a punto de iniciar su producción varias empresas, la más destacada, Cervecería Yucateca. Las obras deberán quedar concluidas el próximo mes de agosto. Muy bueno, sin lugar a dudas, pero aún falta para que efectivamente vuelva el ferrocarril a Yucatán. Me explico.
 
Las obras anunciadas resuelven las necesidades del nuevo polo industrial en Hunucmá, pero dejan pendientes otras importantes tareas. La primera de ellas es la conexión con el puerto de Progreso. Si la vía actual prácticamente fue “tragada” por los nuevos desarrollos inmobiliarios, ¿hacia dónde saldrá su nuevo trazo? La segunda, sacar de Mérida el ferrocarril al oriente. Una de esas rutas abastece a la termoeléctrica de Valladolid, que requiere turbosina para su operación, cuando le falla el gas natural. ¿Habrá un libramiento ferroviario por el sur meridano para enlazar en Kanasín? El tercer interrogante es sobre los planes largamente postergados para instalar una espuela de ferrocarril en el puerto de altura de Progreso. Entiendo la dificultad para construir un patio de maniobras en la terminal remota, pero sin ferrocarril, el puerto no logrará su despegue definitivo. En los anuncios del pasado jueves hay otro saldo positivo. Por primera vez existe la posibilidad real de materializar el proyecto de un parque en “La Plancha” en el corazón de Mérida, pues los talleres y la fosa serán trasladados al nuevo centro de operaciones en Poxilá “en una segunda etapa”, que todavía está pendiente de definir.

El aniversario 79 de la Expropiación Petrolera trajo buenas noticias para Yucatán. Como parte de la conmemoración, se anunció la construcción de un poliducto que transportará gasolina, turbosina y diésel entre Progreso y Cancún. Será una tubería de 310 kilómetros que funcionará bajo el esquema de “socio operador con contribución de activos existentes”. Entiendo que esto último abriría la puerta a Mayakán, actual concesionaria del ducto que transporta gas natural a Valladolid, para participar, al menos en ese tramo. Significa que se construirá una gran TAR (Terminal para Almacenamiento y Reparto) en Progreso, desde donde se realizará el bombeo de los combustibles que transportarían barcos tanque de las plantas de México (Pemex) o del extranjero.

Referrocarrilizar para Reindustrializar. Es un trabalenguas que tiene pronunciación de futuro. Numerosos asuntos exceden con mucho los tiempos de la actual administración, tanto local como federal. Pero es su responsabilidad establecer el plan maestro en estas dos cuestiones, conectividad y energía, indispensables para seguir avanzando.

Ferrocarril y oprobio. Vulcan Materials, la firma norteamericana que adquirió a la mexicana Calica, aseguró su permanencia como mera empresa extractiva al cancelarse el tren rápido a Punta Venado. Esta empresa, con sede en Alabama, exporta por vía marítima miles de toneladas de polvo de piedra que extrae del subsuelo quintanarroense. Sus acciones tuvieron un alza considerable en la Bolsa de Valores a raíz del anuncio de la construcción del muro en la frontera entre México y Estados Unidos. Será una triste ironía que la piedra peninsular acabe siendo parte de ese muro.— Mérida, Yucatán. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Diversidad en la Filey. Terca optimista

Dulce María Sauri Riancho
El sábado pasado comenzó a desgranarse la mazorca de la sexta edición de la Filey. La Uady mantiene su compromiso con la sociedad yucateca, el mismo que hizo para conmemorar los 90 años de fundación de la Universidad, en 2012. La Filey avanza hacia su consolidación, pues ya forma parte de un circuito nacional de ferias. Viene inmediatamente después de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, cuya edición 38 se llevó al cabo hace unos días. El ciclo del año lo cierra la Feria Internacional de Guadalajara, que celebrará su edición 31 en diciembre. UNAM, UdeG y la Uady, instituciones que se esfuerzan por hacer efectivo el derecho humano a la cultura, aun en las complicadas circunstancias presupuestales que viven los centros de educación superior del país.

China y Campeche son el país y el estado de la república invitados. La pujante economía de China y las perspectivas de negocios con el gigante asiático refuerzan el interés por conocer algunos rasgos de su cultura milenaria y a los representantes actuales de su literatura.

Y Campeche, a pesar de su cercanía y convivencia constante, algunas veces dejamos a un lado el conocimiento más profundo de sus formas creativas y de sus representantes actuales. En materia de presentaciones, la Filey ofrece para todos los gustos. A quienes les atraen los temas políticos y periodísticos, encuentran intervenciones de destacados personajes y talleres de debate. La poesía y la literatura te avasallan en pasillos, stands y salas de presentación. La creación audiovisual, también presente, al igual que la pintura, ampliando de esta manera la diversidad cultural disponible durante estos intensos días.

Considero un acierto la intervención de escuelas y facultades de la Universidad, como Antropología, a cuyo cargo están varios talleres, así como la difusión de sus diversas publicaciones y libros.

La ceremonia inaugural se efectuó el sábado por la noche. El punto estelar fue la entrega del Premio Excelencia de las Letras “José Emilio Pacheco” en su quinta edición. La novedad fue que la convocatoria abrió la puerta a la postulación de escritor@s latin@s radicados en Estados Unidos.

Es la condición de Cristina Rivera Garza, la primera persona méxico-estadounidense en recibir esta distinción. Una de las dos mujeres reconocidas a la fecha con este galardón —la otra es Elena Poniatowska— y una de los dos escritores nacidos en la segunda mitad del siglo XX —el otro es Juan Villoro—.

Mujer de frontera, nació en Matamoros, Tamaulipas, y vive en Texas desde hace 27 años, donde es catedrática del Colegio de Artes Liberales y Ciencias Sociales de la Universidad de Houston. Mujer de dos mundos, piensa, siente y escribe en castellano, en un medio ya de por sí difícil antes del arribo de Trump. Hacer de la labor creativa una aventura binacional es tarea de un alma rebelde.

El sábado la miré de lejos y la escuché, con su voz suave y sus palabras contundentes, reivindicando la rebeldía como una forma de vivir y de hacer de la duda el combustible de la imaginación. El sufrimiento de la exclusión campea en su obra.
 
Las mujeres vulnerables por su género, que se fugan de una realidad creando alter egos. Ni sus temas ni sus personajes son complacientes, tampoco ayudan a evadir una realidad que está ahí, aunque intentemos cerrar los ojos para no verla.

En Cristina Rivera se distingue también a los migrantes, artistas, intelectuales y escritores latinos en los Estados Unidos. Son creadores de una nueva cultura, en condiciones de fragilidad y de amenaza constante. Hablar en español en tiempos de Trump se ha vuelto un riesgo.

Desde la relativa seguridad de la que disfrutamos en Yucatán, es difícil imaginar la zozobra y la angustia de miles de paisanos que viven y trabajan en los Estados Unidos. Cuando la rutinaria despedida matutina puede volverse postrero adiós; cuando los padres encargan a sus hijos a vecinos y compadres, por si se da el caso de no volver; cuando millones sufren, ahora más que nunca, los puentes de la literatura y de la creación pueden ayudar a cerrar las enormes grietas que el racismo y la xenofobia han abierto en la sociedad estadounidense.

Tras escuchar a Rivera, me defino como “terca”: en ser optimista frente al futuro, en no dejarme desalentar frente a las circunstancias adversas; a seguir luchando.

Sólo lamento que la voz poderosa de Cristina Rivera haya disputado tiempo y relevancia con los discursos protocolarios de una ceremonia inaugural.

Nada pasaría si en las próximas ediciones la parafernalia oficial de la inauguración se separa de la entrega del Premio. Hubiéramos escuchado con mayor atención al embajador de China y al representante de Campeche, así como al rector Wílliams. Y el mensaje del gobernador no hubiese entrado en una inútil competencia mediática con el de la premiada. Ya pasó, pero puede servir de experiencia para el año próximo.

A media semana han transcurrido casi 5 días de la Filey. Sábado y domingo tendré oportunidad de participar en dos de sus eventos como comentarista. Conmemoraremos el centenario del nacimiento de Arthur Clarke (1917-2008), científico y autor de numerosas obras de ciencia ficción, con una mesa panel sobre este género literario. El domingo 19, último día de la Feria, se presentará el libro Familias empresariales en México, en el que se abordan los casos de dos destacadas familias yucatecas: los Ponce y los Abraham. Están invitad@s.— Mérida, Yucatán.


miércoles, 8 de marzo de 2017

Resignificar el 8 de marzo. Día internacional de la mujer

Dulce María Sauri Riancho
El 8 de marzo no es día de festejo. No lo es por su origen, motivado por una brutal represión a un grupo de obreras en Nueva York, ni por la situación actual de millones de mujeres. Si no es celebración gozosa de un solo día al año, en que se nos rinden encendidos homenajes, ¿qué es entonces el Día Internacional de la Mujer?

Una lectura reciente me movió a pensar sobre la mejor manera de aprovechar la coincidencia de este espacio semanal con el 8 de marzo. Fue un artículo de una joven mujer, Jaina Pereyra, publicado y difundido en las redes sociales. La joven Jaina elaboró una “Breve guía para no dar otro pésimo discurso en el Día Internacional de la Mujer”. Comienza diciendo enfáticamente: “No feliciten […] No hagan de un discurso que debe denunciar la discriminación, uno que enaltezca la condición”. Tampoco presenten “un rosario de cifras que no le significan nada a nadie”. En esta parte, Jaina hace una recomendación: “Traten de conocer la historia de una de las mujeres que las rodea y repítanla en público”. Así tomé la decisión de hablar de Rosa, una mujer de mediana edad con la que intercambio saludos y alguna plática ocasional cuando nos encontramos en un establecimiento comercial donde ella trabaja desde hace 14 años. A Rosa la dejó su marido entonces, como vulgarmente se dice, “con una mano adelante y otra atrás”. Con tres niños pequeños, tuvo que salir a conseguir el sustento de la familia. Con poca calificación para acudir a buscar empleo en una oficina, logró colocarse en una de esas empresas que prestan servicios de aseo y mantenimiento a edificios de corporaciones o dependencias de gobierno. Los jefes de Rosa aprecian su trabajo, a grado tal, que ha logrado resistir los cambios de compañía prestadora del servicio. Sin embargo, su diligencia en el trabajo no ha bastado para mejorar su salario ni tampoco para obtener la ansiada plaza definitiva que la libre de la zozobra de contratos eternamente temporales.

Rosa gana un poco más del salario mínimo, $1,250.00 cada 14 días. Son casi 90 pesos diarios. Pero también diariamente gasta $38.00 en venir de Umán ($11.00 viaje sencillo Umán-Centro y $8.00 de allá hasta su lugar de trabajo, ida y vuelta), más los $350.00 catorcenales que le paga al Infonavit, pues hace 4 años logró su anhelo de hacerse de una vivienda para ella y sus tres hijos. A Rosa le quedan $27.00 diarios para comer, vestirse, curarse en caso de enfermedad, comprar útiles escolares y si se puede, tener alguna pequeña diversión. Rosa no fue a Xmatkuil, ni a la Feria ni al Carnaval, porque es muy caro para su familia. Prefiere, si hay algún extra, dedicarlo a liquidar alguna deuda, que nunca falta en una economía precaria como la suya. Todas las mañanas, de lunes a viernes, Rosa entra a las 8, tiene que levantarse antes de las 5 de la mañana, para tomar el disputado camión de 5:50 que sale de Umán rumbo al centro de Mérida. Rosa no sabe que en la estadística ella está clasificada como “jefa de familia”, que sí lo es. Pero como mujer, Rosa ha visto a sus colegas hombres ascender en la pequeña escalera de su empresa, pero ella sigue igual. Temerosa de demandar con energía un incremento a su exiguo salario por el riesgo de perder el empleo, Rosa soporta y trabaja, con la esperanza puesta en que sus hijos alcancen una vida mejor de la que a ella le ha tocado vivir. No sé si la familia de Rosa tiene Oportunidades —hoy Prospera— que, si así fuera, le permitiría mejorar la salud, la asistencia escolar y la alimentación familiar. El monto de dinero recibido sería mayor al salario de Rosa y le permitiría algún respiro de sus apuros económicos.
Foto: internet
Conforme los hijos crecen, ingresan temprano al mercado de trabajo —hay que ganar dinero— y salen de la escuela, muy probablemente para formar parte de esa economía informal que puebla Yucatán, sin estabilidad de ingresos, sin seguridad social. La hija de Rosa terminará en breve la preparatoria. Le gustan las matemáticas, pero también sabe pintar uñas y tiñe el pelo de las vecinas. ¿Irá a la Universidad? Es muy poco probable. Ya el título de Bachillerato es un gran logro. Al menos, no tuvo un embarazo temprano que la volviera madre adolescente como tantas hijas de sus amigas.


Poco le dice a Rosa el Día Internacional de la Mujer. Quizá, parte de esa “moda” que denuncia Jaina, alguien la felicitará y ella no sabrá por qué. Tal vez en los millones de Rosas estaba pensando Nancy Fraser cuando criticó al llamado “feminismo corporativo”, el que se propone romper el “techo de cristal” que impide que un puñado de talentosas mujeres logre escalar posiciones de alta responsabilidad en la política y en la economía, pero se olvida de las demás. Rosa forma parte de ese gran conglomerado social marginado de las oportunidades por un sistema que reproduce la desigualdad. Si queremos darle un nuevo significado al 8 de marzo, lejos de las complacencias y del almíbar, centrémonos en imaginar a un país justo, con políticas de igualdad, en que las mujeres, libres de obstáculos culturales y sociales, puedan ejercitar plenamente sus derechos.— Mérida, Yucatán.