miércoles, 8 de noviembre de 2017

Recuentos municipales. Termómetro político

Dulce María Sauri Riancho
Aunque la atención pública se concentra en las candidaturas a la presidencia de la república y a la gubernatura del estado, las fiebres preelectorales más intensas se viven quizá en los 106 municipios. Grandes y pequeños en población, todos viven la agitación previa a las definiciones de los partidos en el ámbito municipal. El PRI fue la organización política que primero mostró sus cartas, pues el domingo 29 de octubre realizó un recuento en 19 municipios para definir a sus precandidatos. Sus adversarios se han encargado de denunciar la aplicación de este procedimiento de “usos y costumbres” como actos anticipados de campaña, pues como ya se sabe, será a finales de noviembre cuando se emitan las convocatorias para el registro de precandidatos y comenzar las actividades formales el 14 de diciembre.
Vale la pena considerar un antecedente respecto a los llamados “recuentos”. Consiste básicamente en “contar” a los partidarios de cada uno de los aspirantes, formados en fila en el sitio convenido previamente. Durante años fue el mecanismo preferido y aplicado, por el PRI, para definir candidatos en muchos municipios de la entidad. En esta ocasión, los “recuentos” priístas cambiaron sus formas para convertirse en una gran negociación, abierta, entre las y los candidatos y en la que participó la población interesada. Se trata de un acuerdo pactado, no puede tener mayor alcance, puesto que aún no transcurren los tiempos legales. Sin embargo, los resultados del sondeo priísta aplicado en poco menos del 20% de los municipios son muy interesantes para analizar dos de las cuestiones que dominan el actual proceso electoral municipal. Me refiero a la reelección consecutiva de los ayuntamientos y a la aplicación de la paridad de género.

Doce de esos 19 municipios tienen actualmente gobiernos del PRI. En cinco municipios las autoridades provienen del PAN, y del Verde y Nueva Alianza en los dos restantes. Respecto a los cabildos priístas, sólo en uno de los doce casos, Tahdziú, ganó el recuento el actual presidente municipal. Ignoro si hubo alguna pretensión de otros alcaldes en ejercicio de permanecer en el cargo, o cuántos hayan participado y perdido. ¿Por qué un número tan reducido de aspirantes a reelegirse? La ley abrió la puerta de la reelección, pero la costumbre de renovación trianual de las autoridades tiene todavía una extraordinaria fuerza entre la población municipal. “Si ya bailó, debe sentarse”, parece decir la conseja popular que prevalece ante la posibilidad de continuar una obra de gobierno. Mucho nos falta para conocer la percepción ciudadana sobre la reelección. No basta con la teoría del voto como “premio” o “castigo” al desempeño de quien aspira a reelegirse. Considero que, a nivel municipal, sigue siendo muy importante la rotación de los cargos, concretar la esperanza de la renovación, antes que votar por la permanencia de una autoridad en el ayuntamiento.

La cosecha priísta fue magra respecto a la participación de las mujeres: sólo tres emergieron como triunfadoras. En Ixil, una mujer puede ser candidata y presidenta por primera vez en la historia municipal. En Teabo, también priísta, el ayuntamiento podrá tener jefatura femenina por tercera vez. En Kantunil, gobernado actualmente por el PAN, una mujer ganó el recuento; ella fue presidenta municipal en el periodo 2001-2004. De la docena de municipios priístas, sólo uno está gobernado por una mujer, Akil, donde un hombre se impuso en el recuento. Siete de los 19 municipios sometidos al sondeo priísta forman parte de la lista de 43 cabildos que nunca han tenido jefatura femenina. ¿Cómo le hará el PRI –y los otros partidos- para aplicar el principio de paridad? Ciertamente el ejercicio priísta refuerza las preocupaciones sobre el cabal cumplimiento de este revolucionario precepto. Un apunte es lo ocurrido en los recuentos de Telchac Puerto y Maní, donde el PRI tuvo candidatas a presidentas municipales en 2015 que perdieron frente al Verde y PAN, respectivamente. En esta ocasión, fueron hombres quienes se impusieron en los recuentos. Tal parece que la derrota se atribuyó al género de las candidatas en estos dos municipios, que tampoco han tenido mujeres alcaldesas.

Las resistencias más poderosas a las transformaciones democráticas provienen de la cultura política. Las reformas de ley son condición necesaria para modificar la realidad, pero nunca serán suficientes mientras prevalezcan las costumbres, prejuicios y hábitos arraigados en una tradición que se niega a morir. Pasa con la paridad, se expresa también en las actitudes de los “adelantados”. La norma no puede prever todas y cada una de las circunstancias concretas en que tiene que expresarse. ¿Quién puede impedir, por ejemplo, un acuerdo entre partidos aliados a nivel nacional o estatal para presentar mujer y hombre en las elecciones municipales? Así cada uno cumpliría formalmente con la paridad, pero a la vez, buscaría ganar la elección exacerbando las actitudes machistas todavía existentes. Lo mismo sucede con los actos anticipados de campaña electoral. Se practican porque no solamente carecen de sanción legal, sino porque la sociedad, las y los ciudadanos los toleran, consienten e incluso, hasta celebran como muestra de un supuesto “ingenio” para evadir la norma.


Domingo 7. Ese día de noviembre de 1999, hace 18 años, se celebró la elección interna del PRI para definir la candidatura presidencial. Participaron cuatro aspirantes; hubo más de 10 millones de votos de militantes y ciudadan@s de todo el país. La aplicación de este novedoso método fue necesario para competir, pero no fue suficiente para ganar la presidencia de la república. La energía y el dinero invertido y la división interna imposible de salvar, desdibujaron las posibilidades de triunfo. El método es sólo un camino, no un dios o un oráculo infalible para producir candidaturas ganadoras. Decirlo de otra manera es pretender engañar a la ciudadanía o buscar a costa de lo que sea, llevar agua al molino de los propios intereses.