Violencia contra las mujeres. Medir la enfermedad

Dulce María Sauri Riancho
¿Qué sucede tras las paredes de una casa? ¿Cómo se relacionan entre sí las parejas en sus hogares? ¿Cuánto impera la cultura de respeto en el núcleo familiar? ¿Cuáles son las formas más comunes de violencia que viven las mujeres? Éstas y otras preguntas han inspirado la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh), cuyos resultados se dieron a conocer en días pasados. Es la cuarta de un ejercicio estadístico que comenzó en 2003. La Endireh explora sobre cinco tipos de violencia que sufren las mujeres: emocional, física, económica, patrimonial y sexual. En 2016 se inquirió sobre otras dos: atención obstétrica y abuso sexual en la infancia. Los encuestadores tocaron la puerta de más de 142,000 viviendas y en casi todas ellas —85 de cada 100— fueron atendidos por mujeres de 15 años y más. Gracias a esta amplia cobertura se puede conocer lo que sucede a nivel nacional, pero también en las poblaciones urbanas y rurales, así como en cada una de las 32 entidades federativas.

La tomografía de la violencia contra las mujeres es dramática y revela una grave enfermedad social. Dos terceras partes de las mujeres mexicanas han sufrido en algún momento de su vida violencia de algún tipo. Destaca que casi la mitad (49%) han sido emocionalmente abusadas y que cuatro de cada 10 mujeres (41.3%) han vivido algún episodio de violencia sexual. Igualmente grave es saber que más de una tercera parte de las mujeres de 15 años y más han sido objeto de violencia física (34%) y que tres de cada 10 han resentido discriminación en el trabajo o algún tipo de violencia económica o patrimonial.

Sabemos que desgraciadamente existe el “bullying” en las escuelas: una cuarta parte de las mujeres han vivido violencia en las aulas, bien sea física, sexual o emocional. Los compañeros varones son los principales agresores (39.9%), pero también lo son las compañeras, aunque en menor medida (20.1%). Le siguen los maestros de sexo masculino (14.4%) y más abajo, las maestras (5%). En violencia sexual, los principales agresores son los compañeros. Los lugares donde ocurren los hechos violentos son principalmente: la escuela (74.3%), la calle o el parque cercano (15.9%). Domina el tipo de agresión sexual (38.3%), seguido de la emocional (34.1%) y muy cerca, de la física (27.7%).

El ámbito laboral es también fuente de violencia para 27 de cada 100 trabajadoras. La principal forma es la discriminación por su género, lo que incluye la solicitud de la prueba de embarazo antes de ser aceptadas (11.8%). Los compañeros de trabajo son los principales agresores (31.8%), seguidos de los patrones o jefes, mujeres u hombres. La mayoría de las agresiones ocurren en las instalaciones del trabajo (79.1%) y son principalmente, de tipo sexual (47.9%) o emocional (48.4%). Las mujeres tienen menos oportunidades para ascender; reciben un salario menor que los hombres por el mismo trabajo y todavía enfrentan impedimentos y limitaciones para realizar determinadas tareas o funciones reservadas en exclusiva para los varones.

La Endireh captó la discriminación hacia las mujeres que por su estado civil o porque tenían hijos pequeños, les bajaron el salario o las despidieron.

La comunidad, llámese barrio, colonia o poblado, puede ser también ámbito de violencia (65.3%). Sus calles, los espacios públicos, son el escenario más importante para agresiones sexuales, que pueden ir desde un piropo grosero, hasta abuso sexual y violación.

El ámbito familiar tampoco es seguro para las mujeres. La Endireh muestra que una de cada 10 vivió algún episodio de violencia, sin tomar en cuenta las relaciones de pareja, que son tratadas en un punto aparte. La mayor parte de estos actos corresponde a la violencia emocional (8.1%), y los agresores son principalmente hermanos (25.3%), padre (15.5%) y madre (14.1%). Desgraciadamente, los tíos y los primos se muestran como los agresores sexuales más señalados.

Las cifras de la violencia contra las mujeres cobran perfiles dramáticos cuando se indaga sobre la dinámica de las relaciones de pareja. Resulta que 44 de cada 100 mujeres dijeron haber experimentado violencia de su actual o última pareja —esposo, novio—, bien sea de carácter emocional, económica o patrimonial e incluso, aunque en menor medida, física y sexual. Esta situación acompaña a las mujeres en todo su ciclo de vida, desde los 15 años hasta la tercera edad, aunque los eventos de violencia están más concentrados entre los 15 y los 44 años.

¿Por qué, si existe violencia, no fue denunciada por las personas afectadas? La Endireh proporciona algunas pistas.

Para casi un tercio, “se trató de algo sin importancia, que no le afectó” (28.8%) y para otras, “por miedo a las consecuencias” (19.8%). Junto con el argumentos de “por vergüenza” (17.3%), o “no quería que su familia se enterara” configuran un escenario en que las mujeres por razones de género dejan a un lado su derecho a una vida libre de violencia y prefieren sobrellevar en silencio lo que aún consideran “la cruz que me tocó cargar”.

En los comparativos de la Endireh Yucatán no sale bien librado: en el ámbito de “relaciones de pareja” aparece arriba de la media nacional (45.2%-43.9%) y en todos los demás se encuentra muy cerca del promedio.


La Endireh da para mucho. Quedan pendiente de comentar el abuso sexual en la infancia y el maltrato en la atención obstétrica. En este último apartado Yucatán se ubica por arriba de la media nacional, 36.5%-33.4%. Si las encuestas son un reflejo de la sociedad, lo que vemos en la Endireh es preocupante. La violencia no tiene compartimientos-estanco: cuando se trata de las mujeres, se sufre en la escuela, se tolera en el hogar, se practica en la fábrica y afecta al conjunto social. Para vivir en paz demandamos políticas públicas más eficaces para combatirla, atender a sus víctimas y buscar erradicarla.— Mérida, Yucatán.

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