miércoles, 21 de junio de 2017

Continuidad o cambio, dilema político.

Dulce María Sauri Riancho
El ambiente político trae vientos de cambio. En vísperas electorales, el partido en el gobierno -sea PRI, PAN o cualquier otro- insiste en remarcar logros. Las oposiciones de cualquier signo, machacan sobre los errores, deficiencias y vicios de la gestión pública saliente. Unos, los del gobierno, prometen continuar; otros, desde la oposición, dar paso a una nueva etapa. Habrá tiempo para discutir sobre las propuestas de cambio que, supongo, habrán de presentar los partidos y sus candidatos en cuanto sean definidos por las distintas organizaciones. Enfrascados en la barahúnda política, poco se habla sobre lo que se quiere preservar, no por parte del gobierno o de los candidatos, sino por exigencia de la sociedad. Por eso, amigos lectores, quisiera iniciar con ustedes un análisis sobre aquellas políticas y acciones de los actuales gobiernos estatal y municipal que debieran ser mantenidas por quien resulte triunfador@ en la contienda electoral del 1º de julio del año próximo.

No es fácil distinguir lo que vale la pena preservar de la actuación de un gobierno cuando llega su final. Es más fácil prestar atención a los errores, vicios y deficiencias que a los aciertos. En esa estrategia de “cambiar por cambiar”, se han desechado proyectos cuya maduración rebasa los límites de una administración; se han modificado estrategias de largo plazo, sin debatir sobre ellas, simplemente porque correspondían al anterior gobierno. Algunas veces sucede entre militantes de un mismo partido, aunque este fenómeno se ha observado principalmente cuando viene la alternancia.

Considero que hay consenso entre la sociedad yucateca sobre la importancia de mantener la seguridad pública y el ritmo de crecimiento económico. Son los dos temas más visibles, que aún los críticos más acendrados reconocen como logros del actual gobierno. Sin embargo, poco se habla de la cultura como una estrategia fundamental para mejorar y consolidar la calidad de vida de dos millones de yucatecos. Menos aún, de considerar a las políticas públicas y a los programas culturales asociados a la seguridad y al bienestar colectivo. Incluso, periódicamente hay intentos de descalificación sobre la inversión en proyectos vinculados a las artes y al desarrollo de los talentos de la niñez y juventud en estas ramas. El futuro “Palacio de la Música”, erigido en la emblemática esquina de la 58 con 59, parece desdecir esta indiferencia. Sin embargo, necesita tiempo para pasar de ser una construcción a un verdadero centro de desarrollo artístico.

En cinco años, esta administración ha impulsado mucho más que obras materiales en la cultura y las artes de Yucatán. Argumento mi dicho con tres experiencias personales que, a mi juicio, demuestra que vamos en dirección correcta.

El martes 13, tuve ocasión de asistir a un concierto de música de cámara cuyos ejecutantes son alumnos de la Escuela Superior de Música de Yucatán. Piano, flauta, cello, violín, viola, se entremezclaron en un programa que muestra la alta calidad académica que alcanzan los estudiantes que se forman en sus aulas. La ESAY, por formar parte de la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior de Yucatán, responde a una estrategia de largo aliento para consolidar a nuestro estado como centro regional de excelencia en investigación y desarrollo científico, en el cual las artes tienen un destacado papel.

El domingo anterior acudí a la representación de la ópera “Pagliacci” de R. Leoncavallo. Fue el cierre de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, después de trece magníficos conciertos. El esfuerzo desplegado en el escenario, no sólo fue de las figuras principales y la orquesta, sino también del Taller de Ópera de Yucatán dependiente de la Secretaría de Cultura, cuyos integrantes formaron los excepcionales coros de esta producción.

Este lunes acudí a la presentación de resultados del Taller de composición musical de la ESAY. Con el provocador título de “Clásicos del Futuro”, tres jóvenes estudiantes presentaron sus obras ejecutadas por músicos titulares de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, que pusieron su virtuosismo a las órdenes de los noveles compositores. Si formar intérpretes de excelencia es un enorme reto, generar condiciones para el desarrollo de la creatividad que implica la composición musical, es todavía más complejo. Y está sucediendo en Yucatán, quizá sin que muchos de nosotros nos demos por enterados.

El denominador común de estas tres manifestaciones artísticas es la Continuidad. Arraigar una orquesta sinfónica en la sociedad yucateca ha tomado más de trece años, mismo periodo ´que lleva el Taller de Ópera. Coincidentemente, la ESAY fue fundada también en 2004. En ese emblemático año para las instituciones culturales yucatecas, gobernaba el PAN. Se desarrollaron en una administración priísta y están dando frutos en otra del mismo partido. Ha sido posible por las mujeres y los hombres que han dedicado su energía, su tiempo y su voluntad a librar toda clase de obstáculos para salir adelante. También porque el gobierno les ha brindado apoyo. Un fideicomiso garantiza una aportación anual gubernamental a la Sinfónica, que se combina con las donaciones de cientos de personas. Las secretarías de Cultura y de Investigación, Innovación y Educación Superior tienen un destacado papel en la formación de creadores, ejecutantes, críticos y docentes especializados en todas las disciplinas relacionadas con la actividad artística.


En el dilema de “continuidad o cambio”, bien vale luchar por las instituciones culturales de nuestro estado. Que se profundice el compromiso gubernamental con sus programas y acciones. Que los funcionarios sepan que la sociedad así se los exige. Y que los candidatos, ¡lo pongan en sus radares políticos!. dulcesauri@gmail.com