miércoles, 16 de noviembre de 2016

Gobierno de Trump. Los primeros 100 días

Dulce María Sauri Riancho
Qué hacer. Es la pregunta que se escucha incesantemente desde que Donald Trump resultó electo presidente de los Estados Unidos. Lo mismo en la Unión Europea que en Asia, en Medio Oriente o América Latina, el futuro inmediato parece rodeado de incertidumbre. Se visualiza un grave retroceso en materia de derechos humanos y un aumento de las tensiones políticas y económicas en el mundo. México figura en primer lugar de la larga lista de posibles afectados. Los rumores abundan.

La revisión del “Contrato de Donald Trump con los votantes americanos” podría darnos un piso sólido para conocer las acciones previstas en el “plan de acción de los primeros 100 días de gobierno” que, como el “Te lo firmo, te lo cumplo” de Peña Nieto, fue pieza fundamental de la estrategia para convencer a millones de norteamericanos de votar por él.
(El Plan) “es un contrato entre mí mismo (Trump) y los votantes americanos”, que se compromete a restaurar “honestidad y rendición de cuentas, y traer el cambio a Washington”. Contiene seis medidas “para limpiar de corrupción” y de colusión al aparato de gobierno que reside en la capital americana; siete acciones “para proteger a los trabajadores americanos”; cinco, para “restaurar la seguridad y el estado constitucional de derecho”; dos medidas para “aliviar” los impuestos de la clase media; el fin de la tolerancia al “offshore” para las transnacionales norteamericanas; incentivos fiscales para la inversión en infraestructura a través de la asociación público-privada. El “plan de los 100 días” anuncia también la expedición de una serie de actas, compromisos detallados para cada tema de interés. Trump propuso un acta especial para “limpiar la corrupción” en Washington en los primeros tres meses de su gobierno. Actas y acciones deberán estar instrumentadas antes del 1 de mayo del año próximo, cuando cumpla el plazo del “contrato” suscrito por el nuevo presidente, que tomará posesión el 20 de enero.
“Piensa en lo mejor; prepárate para lo peor” podría ser la máxima adoptada para transitar por estos días de incertidumbre y temor. No dudo que Donald Trump cumplirá sus promesas de los primeros 100 días. Se juega su credibilidad y su imagen de “rebelde” frente al statu quo que encarnó en la burocracia de Washington. Prepararnos para lo peor significa, en el caso de México, aceptar abiertamente que sufriremos la inmediata presión para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Dos son los sectores económicos en principal riesgo: la industria automotriz instalada por las ventajas de acceso a la Unión Americana y los exportadores de hortalizas y frutas.

El muro

Deliberadamente he dejado a un lado la amenaza de construir un muro que proteja a Estados Unidos de las “invasiones bárbaras” procedentes del Sur. Lo hago porque ya han sido edificadas altas murallas de ladrillo y acero en cientos de kilómetros de frontera entre los dos países, además de que la historia ha demostrado una y otra vez su inutilidad. Preocupan las remesas de los mexicanos, que podrían ser gravadas con un impuesto a las transacciones, so pretexto de pagar el muro. Se sumaría a la persecución en el caso de los indocumentados, o del hostigamiento y discriminación, para quienes legalmente viven en los Estados Unidos. Cumplir la promesa de los 100 días respecto a la deportación de personas recluidas en las cárceles o con antecedentes criminales representará una enorme carga para el aparato penitenciario y la organización social en muchas regiones de México. No parece que haya más alternativa que admitirlos, no sólo por razones humanitarias, sino también porque pende la amenaza de cancelar las visas norteamericanas para todos los ciudadanos mexicanos si las autoridades locales se niegan a aceptar la repatriación de los presuntos delincuentes.

Salgamos de nuestra burbuja de ilusiones. Trump ya llegó y va a gobernar. No es cierto que las reacciones en su contra van a permanecer por siempre. La atracción que representa la promesa de reducir significativamente el impuesto sobre la renta para las familias de clase media y el descenso del 35% al 15% de la tasa impositiva para las empresas le ha ganado tempranas simpatías al magnate. Forman parte de las medidas de los primeros 100 días. Tiene a las dos cámaras del Congreso para aprobarlas sin mayor discusión. Hasta las transnacionales norteamericanas tendrán su tajada del pastel, pues además de la expectativa de enormes inversiones en infraestructura y de la liberación de las restricciones para construir gasoductos y explotar petróleo y gas, podrán repatriar utilidades con una tasa impositiva del 10%. Qué vaya a pasar cuando las políticas proteccionistas eleven los precios de los bienes y servicios en los Estados Unidos es otra parte de la historia. Primero, los caramelos de la luna de miel. Después vendrá el duro enfrentamiento con China, acreedor y verdadera fuente de problemas para el nuevo presidente.

Extraño una matriz FODA para México en esta coyuntura, aquella que establece Fortalezas y Debilidades, Amenazas y Oportunidades. Más todavía, añoro una adecuada comunicación de este análisis a la sociedad mexicana por parte de los funcionarios gubernamentales. El optimismo motivacional al estilo de Miguel Ángel Cornejo no ayuda. Menos el pesimismo paralizante. Rechazo aquellas expresiones y actitudes que pretenden comunicar “aquí no pasa nada”. En esta coyuntura sólo sirve el pensamiento lúcido y la actitud valiente para enfrentar los retos por venir. Se trata del gobierno, pero también de la sociedad en todas sus formas de organización y de participación.— Mérida, Yucatán.