miércoles, 17 de diciembre de 2014

Patrimonio y memoria. Rector de libros

Dulce María Sauri Riancho
El próximo 31 de diciembre termina la gestión del rector Alfredo Dájer al frente de la Universidad Autónoma de Yucatán. Desde esa importante posición académica coincidió con tres gobernadores, uno del PAN y dos del PRI, pues inició su responsabilidad el 1 de enero de 2007.

Estos ocho años han transcurrido entre cambios políticos en el país y en el estado; turbulencias económicas con sus secuelas sobre el presupuesto universitario y un ambiente de crispación que rodea la función pública en general, consecuencia del clima de desconfianza que se vive.

Le compete a la comunidad universitaria hacer el balance de la administración que concluye. También a la sociedad yucateca a la que sirve y se debe la Uady. En esta parte que me corresponde quiero destacar dos aspectos que, no me cabe duda, marcarán con un sello característico el paso del rector Dájer. Uno de ellos es el relativo al traslado de facultades y escuelas a nuevos edificios en modernos campus, localizados en la parte externa del periférico. Apenas el lunes pasado se inauguraron formalmente las instalaciones de la Facultad de Derecho que, junto con Antropología y Economía, fueron reubicados camino a Cholul. Incluso, se habla de que el tradicional edificio central de la Universidad será destinado a actividades culturales, en tanto que la rectoría se cambiará a alguno de los locales desocupados. Dájer deja un patrimonio material acrecentado a la Universidad Autónoma de Yucatán. Nuevos edificios, campus de Ciencias Exactas e Ingeniería, Ciencias Sociales, Económico-Administrativas y Humanidades, que junto con el campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, ubicado cerca de Xmatkuil desde hace varios años, integran las instalaciones localizadas fuera del periférico. En tanto, Ciencias de la Salud y Arquitectura, Arte y Diseño, permanecen en sus edificios tradicionales. La primera, muy cerca del hospital escuela O’Horán, del cual no debe apartarse. Y Arquitectura, afortunadamente en una edificación del siglo XVII, anexo del viejo templo de La Mejorada, entre cuyos gruesos y antiguos muros se forman jóvenes profesionales que han dado relieve nacional a la arquitectura yucateca.

La otra parte del legado patrimonial del rector Dájer tiene que ver con lo intangible, aquello que pertenece al mundo de la memoria social y de la identidad colectiva. Me refiero a la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), cuya primera edición en 2012 conmemoró los noventa años de la fundación de la Universidad por Felipe Carrillo Puerto. Este 2015 tendrá su cuarta edición, la cual presenta además de exposición y venta de libros, seminarios y encuentros de escritores, entre los que destaca el Congreso Internacional de Literatura UC (Universidad de California)-Mexicanistas. Iniciar una tradición cuando de libros se trata, siempre tiene un alto grado de dificultad. Dájer logró llevar adelante este esfuerzo para poner al alcance de la sociedad yucateca lo mejor en cuanto a literatura y sobre todo, de irradiar desde el recinto de la Filey, amor por la lectura y los libros. A la Uady le cuesta dinero ciertamente, pero es una forma como la Universidad devuelve a la comunidad algo de lo mucho que hace por ella. Espero que la próxima administración que da inicio el 1 de enero, así lo asuma y no se deje seducir por los “angustiosos” gritos de sirenas administrativas que demandan ajustes presupuestales donde no deberían ni siquiera ser considerados.

Ese compromiso con los libros y la lectura debe haber estado en el fondo de la determinación de que la Uady asumiera el proyecto de dotar a Yucatán de una nueva Historia General. Heredera de la Enciclopedia Yucatanense, editada por primera vez en la década de 1940, y reeditada con adición de tres volúmenes en 1980, comparte con Yucatán en el Tiempo que vio la luz en 1999, la singularidad de ser obras de carácter colectivo que aportan a la memoria social de los yucatecos. Para nosotros, el conocimiento de los tiempos pretéritos nos brinda certidumbre e identidad en el presente. Por eso no es casualidad que en esta tierra se haya registrado a lo largo de generaciones un significativo esfuerzo intelectual por conocer, describir y analizar el tiempo pasado. El sentimiento del pasado es parte integrante y fundamental de la identidad yucateca, porque afirma nuestro ser colectivo y nos dota de identidad para transitar en un mundo globalizado.


Sin embargo, acometer la hechura de una obra de la magnitud de una historia general por parte de la Universidad exigía un gran esfuerzo de investigación, coordinación y presupuesto para que finalmente viera la luz de una edición. Sucedió. Tres investigadores de la Uady, bajo la coordinación general del doctor Sergio Quezada, lograron concertar textos provenientes de otros académicos reconocidos de distintas partes del mundo, además de México y de Yucatán, un total de nueve mujeres y veintisiete hombres. Y el lunes pasado se presentó y se puso a la venta. Ese mismo día, por la mañana, Alfredo Dájer mostró el legado de su gestión con el patrimonio tangible de las nuevas instalaciones. Y en la tarde, en el vetusto edificio sede de la Facultad de Arquitectura, presentó a través de la Historia General de Yucatán, su parte intangible, la de los libros y la lectura, la que nutre el alma en estos tiempos de crispación e incertidumbre. Rector de libros. Al tiempo…- Mérida, Yucatán.