miércoles, 17 de septiembre de 2014

Diez años… y contando. Orquesta Sinfónica de Yucatán

Dulce María Sauri Riancho
Recién dio inicio una nueva temporada de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY). Con un exitoso concierto se sumó a las celebraciones por el 104 aniversario de la Independencia de México. Esta inauguración es oportunidad para plantearnos algunas cuestiones que fortalezcan y hagan perdurar lo que es hoy una realidad de la cual nos sentimos muy orgullosos en Yucatán.



¿Qué factores hacen la diferencia entre una buena y una mala orquesta? La clave está en la calidad de sus músicos, el grado de integración armónica entre ellos y en el equilibrio entre las distintas secciones que conforman el conjunto musical. Las mejores orquestas del mundo se distinguen por tener una nómina plurinacional, ya que reclutan a sus integrantes entre un grupo selecto sin importar su país de origen, sexo o edad. El director es otro factor que hace diferencia: si fue formado exclusivamente como director, si es también músico ejecutante o compositor. La trayectoria y el reconocimiento del director por quienes como músicos son sus pares implica su capacidad para transmitir su idea musical al grupo. El mejor testimonio de esta conjunción es la continuidad: grandes directores marcan época en las grandes orquestas.

El tercer factor que hace diferencia en la calidad de las orquestas es el entorno: si éstas pertenecen a alguna institución que las arropa y marca, un teatro, una escuela, una ópera o ballet. Detrás de una gran orquesta casi siempre existe un grupo que patrocina y promueve a la orquesta. Éste suele ser depositario del proyecto musical, el que aporta los elementos para hacerla posible y quien asegura continuidad al mismo.

Acabo de estar en Berlín. La capital de Alemania alberga diecisiete orquestas sinfónicas, ochocientos sesenta coros registrados y un festival anual en este mismo mes de septiembre que congrega a las mejores sinfónicas del mundo y a sus más virtuosos ejecutantes. En la reconstrucción de la Alemania de la postguerra, el arte y muy especialmente la música tuvieron y tienen un papel fundamental como forma de reafirmar la identidad y fortalecer la convivencia social. Respirar este ambiente, aunque tuve que regresar antes del inicio formal del festival, me hizo presente a la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Quise hacer una breve revisión de su trayectoria para valorar en su justa dimensión el largo y difícil camino que ha podido recorrer en sus diez años de vida. Al principio, en 2003, hubo cuestionamientos sobre la pertinencia de que un Estado como el nuestro, con tantas necesidades económicas, destinara recursos presupuestales para sostener una orquesta, además dedicada a la ejecución de música clásica. Otros mencionaban que era suficiente contar con la hermosa Típica Yukalpetén, que recogía lo mejor de la tradición musical de Yucatán. En el presente, algunos aventurarán que la Orquesta Sinfónica de Yucatán no se encuentra en el ranking que la revista inglesa Gramophone elabora con las mejores orquestas del mundo. Pero, después de diez años de arduo trabajo y superación constante la OSY es, ya, una buena orquesta. Y ese “ya” supone muchas cosas: un enorme esfuerzo, suma y coordinación de voluntades y talentos, inversión económica, claridad en lo que se quiere lograr y constancia para concretarlo. Son diez años de una aventura que al principio parecía lejana, tal vez imposible de conseguir y menos de sostener. Pero se empezó con paso firme, se fueron tomando las decisiones que las circunstancias demandaban y superando las dificultades conforme se fueron presentando.

Hoy la OSY cuenta con un excelente grupo de músicos que combina madurez con juventud, experiencia internacional con talento nacional. Tenemos un director a la altura de lo que se quiere alcanzar, considerado entre los mejores del país y con amplio reconocimiento internacional, lo que supone relaciones con otras orquestas, otros directores y grandes músicos. El Patronato ha logrado conformar una base económica estable, mantiene buenas relaciones con las autoridades y con las instituciones culturales del Estado y del país. Actualmente asistimos al recambio generacional en esta institución eje de la perdurabilidad de la OSY. Pensado con inteligencia, operado con sensibilidad, augura una buena combinación de género y generación.

Estos diez años han supuesto, también, la formación de un público cada vez más amplio y conocedor. La trayectoria de la Sinfónica yucateca ha arrojado resultados colaterales, como es la proliferación de conjuntos sinfónicos en los que integrantes de la OSY suman su experiencia con músicos locales, la mayoría de ellos jóvenes egresados de los centros de formación musical de Yucatán.

La Sinfónica de Yucatán ha mantenido una gran sinergia con los centros de formación musical yucatecos. Quienes están egresando de ellos se enfrentan al reto de iniciar su carrera profesional compitiendo con músicos de otras latitudes, no sólo de México sino del mundo. Pretender que la OSY se integre exclusiva o mayoritariamente por yucatecos, además del pensamiento burocrático y de plazas a ocupar que trasluce, afectaría la conformación del conjunto orquestal y del propósito de lograr que sean las y los mejores quienes la formen, y a la vez, que los talentos de Yucatán salgan a crecer y madurar el mundo, tal como lo han logrado hacer con éxito destacados paisanos nuestros.


Al iniciar la nueva temporada en el undécimo año de su actuación, ¡disfrutemos a la Sinfónica de Yucatán! Es la mejor manera de consolidar el esfuerzo y arraigar en el ánimo social por contar con una de las mejores orquestas de esta categoría en México.- Mérida, Yucatán.