miércoles, 9 de abril de 2014

Violencia contra la mujer

Dulce María Sauri Riancho
Por el PRI, espero que se diluciden plenamente las responsabilidades de los graves hechos acontecidos en su comité directivo del Distrito Federal. La información disponible hasta el momento, originalmente difundida en el noticiero de Carmen Aristegui, muestra una red de complicidades para hostigar e inducir a mujeres jóvenes a la aceptación de relaciones sexuales con Cuauhtémoc Gutiérrez, su presidente, como la única vía para obtener y conservar su trabajo.

Esta situación tiene un nombre llano: violencia sexual, ejercida en contra de aquellas mujeres que, estando necesitadas de un empleo, se ven obligadas a sacrificar la libertad de decidir sobre su cuerpo. La telaraña para atraer a las jóvenes empezaba con un anuncio ofreciendo un trabajo de edecanes, aderezado con el lugar, una oficina de gobierno, como para brindar respetabilidad y confianza ante la demanda de la edad -entre 18 y 30 años- y la figura.

El horario ofrecido de lunes a viernes, no después de las seis de la tarde, lucía atractivo, en particular para aquellas que querían combinarlo con estudios o atención a la familia. Pero una vez entusiasmadas, se revelaba la “letra chiquita” del contrato: tiempo completo, incluyendo fines de semana, a disposición total del presidente del PRI en el Distrito Federal, lo que implicaba la realización de funciones sexuales.

La figura política de Cuauhtémoc Gutiérrez emergió con fuerza después de la derrota del PRI en las elecciones de 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la primera jefatura de gobierno de la ciudad de México, postulado por el PRD. Sólo algunos grupos de comerciantes ambulantes y de trabajadores de los gigantescos basureros del Distrito Federal se mantuvieron en el PRI.

A la cabeza de éstos últimos quedó Gutiérrez, cuyo padre Rafael, apodado “El rey de la basura”, había sido asesinado. La confusión y los vacíos creados por los triunfos opositores al PRI generaron un clima propicio para que crecieran estos grupos.

Los métodos de apropiación de las estructuras de dirigencia partidista combinaron la capacidad de movilización con la fuerza y el amedrentamiento para lograr sus propósitos; Gutiérrez comenzó a ser percibido en la política partidista como un “mal necesario”.

Años después, Gutiérrez resistió un proceso de expulsión del Partido, por actos de violencia cometidos contra sus correligionarios. El Tribunal Electoral lo amparó y ordenó el restablecimiento pleno de sus derechos partidistas. Después de este frustrado intento, tal parece que cundió el conformismo entre la dirigencia nacional.

El comité directivo del Distrito Federal quedó bajo la responsabilidad de un delegado, en tanto que una y otra vez se descarrilaban las convocatorias para elegir presidente, en medio de acusaciones y denuncias entre las dos facciones: los “rudos” de Cuauhtémoc y los “técnicos” de María de los Ángeles Moreno.

Mientras, el PRI perdió prácticamente todas las elecciones de mayoría en la ciudad de México. Su presencia quedó reducida a una pequeña fracción en la Asamblea del Distrito Federal.

Acuerdo cuestionable

En 2012, como preparación de la elección presidencial, tal parece que con la intervención del Comité Nacional, entonces a cargo de Humberto Moreira, se logró un cuestionable acuerdo político que permitió la candidatura a la jefatura de gobierno de la ciudad de Beatriz Paredes, en tanto que se despejó el camino para Cuauhtémoc Gutiérrez hacia la presidencia del Comité del Distrito Federal. Los resultados electorales fueron nuevamente desalentadores para el Partido: no ganó posición alguna de mayoría por sí mismo (la delegación Cuajimalpa la obtuvo en alianza con el Partido Verde). Nada había cambiado, hasta la denuncia de días pasados, que motivó una rápida reacción de la dirigencia nacional para separar a Gutiérrez de su cargo.

Se dice con razón que son muchas las violaciones a las leyes y ordenamientos presuntamente realizadas por el líder defeño defenestrado. Desde luego, la Ley para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres; la legislación electoral, en cuanto a la disposición de recursos e instalaciones partidistas para la realización del comercio sexual. Además, se ha dado a conocer que ante la Seido, instancia de la PGR para perseguir a la delincuencia organizada, se presentó una denuncia contra Gutiérrez y otros funcionarios del comité directivo del PRI en el D.F. que entra en el tipo delictivo de trata de personas, la cual se persigue con el mismo rigor que las bandas de narcotráfico o de secuestradores.

Por omisión

Ciertamente el PRI tiene responsabilidad por omisión. Por comodidad política o por conveniencia, se dejaron pasar situaciones que hubieran ameritado, al menos, una investigación interna. Ahora, ni el PRI ni el gobierno priista pueden darse el lujo de permitir que el paso del tiempo sepulte las denuncias presentadas ante tan lamentables hechos. Deben llegar hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, en este delicado trance puede encontrar el PRI en el Distrito Federal una oportunidad para reconstruirse desde las raíces, con nuevos y más frescos liderazgos, que representen auténticamente a la ciudadanía de la capital del país.


Ojalá el sentido de urgencia invada a César Camacho y que las autoridades responsables de investigar los hechos, tanto federales como locales, del PRI y del PRD, actúen con prontitud y diligencia y que las mujeres víctimas reciban justicia. Cuauhtémoc Gutiérrez fue funcional al PRD y al PRI en la ciudad de México; por eso fue tolerado y quizá, apoyado. Ya no más.- Mérida, Yucatán.