jueves, 6 de junio de 2013

Percepciones y realidades. De la esperanza a los cobros de Altabrisa

Dulce María Sauri Riancho
¿Cuánto pesan los hechos y cuánto la manera como los percibimos? Después de años de discusión y tras haber ocurrido impactantes experiencias, los científicos sociales se han puesto de acuerdo en que las percepciones y las emociones (miedo, rechazo, simpatía, adhesión, confianza, etcétera) juegan un papel muy importante en la marcha de la economía y de la política, para no hablar de la cultura o las comunicaciones. Pero el acuerdo llega hasta allí. No han podido coincidir en el grado o las formas en que las percepciones sociales o la opinión pública impactan la marcha en campos tan relevantes como el consumo, la inversión, el empleo, el respaldo o la confianza ciudadana en los gobernantes.
De varios meses a la fecha, en México y en Yucatán estamos viviendo sensaciones que van de la esperanza y buenos augurios a la incertidumbre y el desánimo. Como ocurrió con el triunfo de Vicente Fox en 2000, el presidente Peña Nieto inició su gestión envuelto en las mejores expectativas de cambio para mejorar. Quizá las percepciones más intensas se concentraban en la economía y la seguridad pública. La desilusión y el rechazo a lo realizado por dos gobiernos panistas hizo crecer el “bono democrático” que la sociedad mexicana extendió al regreso del PRI y que se expresaba sintéticamente en la idea de que “… éstos sí saben cómo hacerlo…”.
Es necesario reconocer el manejo habilidoso de la oportunidad por el nuevo equipo gobernante, que incluyó medidas de alto impacto mediático -como el encarcelamiento de la lideresa del SNTE-, acompañadas por los primeros resultados concretos del Pacto por México, traducidas en el envío conjunto y aprobación del Congreso de dos reformas a la Constitución reclamadas desde tiempo atrás, sobre educación y telecomunicaciones. El acuerdo entre los aún hace unos meses enemigos acérrimos del PAN y el PRD con el presidente de la república y el PRI afianzó el clima de buenaventura que la confianza ciudadana había tendido sobre México y los que aquí habitamos. Pero algo pasó en las semanas recientes que hicieron mella en la atmósfera de optimismo y originó que reaparecieran las dudas, los temores ante un presente opaco y un futuro incierto. Trataré de enlistar algunos de los factores que pueden haber influido, con el ánimo de que ustedes, amigos lectores, hagan su propia lista.
En materia de seguridad pública, la estrategia mediática de “no hablar del tema” que promovió el nuevo gobierno en su intento de reposicionar otros tópicos en la preocupación de los mexicanos falló. Al ambiente de crispación e ineficacia que legó la anterior administración ahora se suman manifestaciones sociales inéditas, como las autodefensas comunitarias de Guerrero y Michoacán, la presunta fusión de movimientos y organizaciones sociales con grupos armados o el notable deterioro de la seguridad en la ciudad de México. La inseguridad sigue siendo factor para formar opinión pública negativa y alimentar el clima de incertidumbre.
Los buenos augurios en materia económica también sufrieron un “rozón” antes de cumplir el primer semestre en el gobierno. La sequía prolongada y severa en casi la mitad del territorio nacional, el repunte de la inflación por el aumento constante de los precios de los bienes de consumo popular -que incluye los incrementos de las gasolinas-, el derrumbe de las acciones de las mayores empresas desarrolladoras de vivienda y el ajuste a la baja en los índices de crecimiento económico son apenas la cara nacional de los nubarrones que nos manda la economía mundial por la recesión europea, el lento crecimiento de nuestro mayor comprador, Estados Unidos, y la volatilidad de los mercados y de los fondos de inversión en el mundo. Resultado de lo anterior es que las remesas mensuales de dólares, que por tantos años aportaron aire fresco a las finanzas nacionales y al gasto de muchos hogares, desde hace 10 meses se reducen. Empieza a generalizarse la percepción de que la economía no marcha, al menos al ritmo de las expectativas y necesidades de empleo.
A los temas anteriores se suman cuestiones controvertidas que encuentran terreno fértil en el desánimo social para sobredimensionar su impacto, en demérito de la confianza ciudadana o de la convivencia social. Los casos de: #Lady Profeco, los vídeos y las denuncias en torno al uso de recursos públicos en las elecciones de Veracruz o la indignación que despiertan los excesos del ex gobernador Granier han servido para fermentar el descontento ciudadano y la terrible sensación de que “todo sigue igual”. Las redes sociales y las nuevas tecnologías de información están jugando un papel clave para comunicar y replicar en tiempo real los acontecimientos y las opiniones sobre los mismos. Por eso es tan relevante la reacción ciudadana ante situaciones como el reciente anuncio sobre la resolución del Tribunal de Justicia Electoral y Administrativa, autorizando el cobro de estacionamiento en el centro comercial Altabrisa. La percepción social de zozobra frente a la imposición -una vez más- de intereses particulares sobre los de la colectividad; la sensación de debilidad y engaño por los funcionarios y el propio Ayuntamiento de Mérida sólo podrá ser combatida con medidas reales, de carne y hueso, que muestren indubitablemente del lado de quién están las autoridades de esta ciudad.- Mérida, Yucatán