viernes, 3 de mayo de 2013

Tentaciones de los gobiernos


Como estrategia, la Cruzada contra el Hambre no es ninguna novedad. Desde hace un buen número de años han existido los programas gubernamentales de subsidios y apoyos para la población más pobre. La falta de coordinación federación-estados ocasionó duplicaciones y obstáculos tanto para las acciones federales como las de las propias autoridades locales. Pero dos grandes programas por sus recursos y su cobertura se han mantenido cien por ciento federales, es decir, que ningún gobierno estatal puede “meter mano” ni en su diseño y menos en sus recursos. Me refiero a Procampo y Oportunidades. El primero está dirigido a los productores rurales; el segundo, programa “estrella” de combate a la pobreza.
Oportunidades nació en 1997, bajo un gobierno priísta y con el nombre de Progresa (Programa por la Educación, la Salud y la Alimentación). De muchas cosas acusaron al PRI en la campaña de 2000, pero nunca hubo referencia alguna de nuestros opositores a que se estuviese utilizando electoralmente a Progresa. Claro que me podrán decir que apenas nacía, que beneficiaba “sólo” a un millón de familias, frente a las más de cinco millones que lo reciben ahora. La organización en torno a Oportunidades también se desarrolló y se hizo compleja en estos 16 años. Es una red gigantesca, necesariamente bien estructurada, porque requiere no sólo repartir el dinero de las becas, la ayuda alimentaria, los apoyos a adultos mayores, para combustible, etcétera, sino porque además tiene que asegurar que efectivamente los niños vayan a la escuela y toda la familia, al centro de salud para vigilar que permanezcan sanos.
La operación de Oportunidades descansa sobre las mujeres, las madres de familia que reciben el dinero, y a la vez acuden a las distintas actividades del programa, que van desde trabajo comunitario hasta la asistencia obligatoria a pláticas sobre salud, educación de los niños y otras. Las “correas de transmisión” son las vocales, que se eligen tres por cada 100 familias beneficiadas. Son mujeres que tienen forzosamente que ser ellas mismas usuarias del programa. ¡Ya quisiera cualquier partido tener una estructura de ese tamaño! Por eso la tentación es grande para los gobiernos y para las distintas fuerzas políticas. Y nadie se ha salvado de intentarlo: ni el gobierno federal del PAN en su momento, cuando también sustituyó a delegados de la Sedesol con militantes ex legisladores de Acción Nacional, lo mismo de lo que ahora acusa al PRI. Que mal lo haya hecho uno no es excusa ni justificación para que ahora mal obre el otro, pero es conveniente no perder de vista la urgencia de poner frenos reales a “esa atracción fatal” que sufren los gobiernos hacia la organización de Oportunidades.
Si esta situación de vulnerabilidad electoral existía desde hace años, ¿qué fue entonces lo que cambió en los meses recientes? Fue, quizá, la ruptura del equilibrio entre el gobierno federal, que era hasta diciembre del PAN, y los gobiernos estatales, en su mayoría del PRI: se vigilaban mutuamente para que uno u otro no cayera en excesos. Ahora que los gobiernos de la mayoría de los estados y de la federación son del mismo partido, florecen las tentaciones, sobre todo en estados de alta competencia electoral y con comicios el 7 de julio próximo.
Así se enmarca lo acontecido en Veracruz, que a punto estuvo de descarrilar al Pacto por México en días recientes. Otra vez, el problema es de cultura política y de fragilidad de las instituciones responsables de perseguir y castigar a quienes utilicen recursos públicos para hacer proselitismo político. Parte de esa debilidad institucional se manifiesta en la omisión en sus responsabilidades. Por eso, partidos y candidatos violan la ley, porque saben que la probabilidad de ser descubiertos es reducida; y de ser castigados, todavía más pequeña. Los gobiernos, porque siendo candidatos sus titulares, una y otra vez han rebasado su techo de gastos de campaña y no ha pasado nada…
Poco espacio queda para comentar el financiamiento posible de la Cruzada contra el Hambre. Su tentación más grande no es sólo electoral, es decir, de ser utilizada en sus recursos y sus empleados, para ayudar a ganar elecciones, sino de reencauzar sus actividades reetiquetando distintas acciones federales que pasarán a llamarse “Cruzada”, sin que implique ninguna acción novedosa o un mejor destino de los fondos públicos. Pero la cosa no queda allá. Oportunidades está en riesgo de ser “canibalizada” para abrir camino a algunas de las actividades ahora enlistadas como de la “Cruzada contra el Hambre”. Ahora se le presenta como un programa panista; a sus vocales, como activistas del PAN. En esa estrategia de “tierra arrasada” que convierte estas percepciones en certezas, poco importará dar al traste con un esfuerzo de 16 años, insuficiente o deficiente quizá, pero indispensable para muchas familias. En el medio rural todavía existe y se practica el “principio de reciprocidad”, entendido como aquel que obliga a devolver el favor de quien ayuda o apoya en una necesidad. Y esta situación motiva que una parte de la población rural sea gobiernista, no importa el color del partido que haya ganado. Que lo tenga presente el PRI.
Como priísta, creo que habría que apostarle al buen ejercicio de gobierno para prepararnos a ganar en 2015 en buena ley. La “estación” electoral de 2013, por importante que sea, no amerita poner en riesgo programas trascendentales y ni siquiera a la propia Cruzada, débil y cuestionada después de su maltrecho arranque. Por mientras, no hay que obrar como dice el refrán: “Desvistiendo a un santo (Oportunidades) para vestir a otro (Cruzada contra el Hambre)”.- Mérida, Yucatán.