domingo, 24 de marzo de 2013

Urgente calidad de vida

Dulce María Sauri Riancho

Para incrementar la participación ciudadana en la formulación del Plan Yucatán 2012-2018, los responsables gubernamentales han dispuesto de diversos mecanismos de comunicación. Entre ellos destaca la Encuesta de Participación Ciudadana (http://www.planyucatan.org/encuesta.html), que permite formular opiniones sobre las prioridades que el gobierno del Estado debería asignar a los distintos asuntos de interés público. Como otros yucatecos, el domingo pasado procedí a responder la encuesta desde el portal que proporciona el Diario de Yucatán. Además de dar mis opiniones en general, quería expresarme en torno a dos cuestiones que en particular me preocupan: al tipo de desarrollo urbano de Mérida y a la atención de los niños de kínder en el marco del anunciado impulso a la jornada escolar de tiempo completo. Como ninguno de los apartados de la encuesta se abre espacio para verter estas inquietudes es que decidí compartirlas con ustedes, amigos lectores, y enviarlas por este medio al comité responsable de integrar las aportaciones de la ciudadanía al Plan Estatal de Desarrollo.
Crecimiento vertical: ¿única alternativa?
Hace unos días, un especialista en nuevas tecnologías de la construcción señalaba que era indispensable detener la expansión horizontal de la ciudad de Mérida, por lo cual deberían surgir más proyectos de edificios de departamentos. Esta opinión se suma al anuncio del Infonavit (y seguramente del propio Fovissste) sobre la exigencia a los desarrolladores de vivienda de interés social para aumentar significativamente su oferta de departamentos, en vez de casas unifamiliares. Una política de esta naturaleza llevaría a transformar profundamente el tipo de fraccionamientos de interés social que conocemos en esta ciudad. La convivencia en los grandes fraccionamientos populares no es sencilla, más cuando los servicios de educación, salud, mercado y sobre todo transporte son limitados y, algunas veces, inexistentes. Pero siempre hay la expectativa fundada de mejorar. Las “chiqui-casas” de la colonia Alemán de la década de 1950 son ahora residencias de clase media, como las viviendas populares del Francisco de Montejo de la década de 1990. Eso no sucedería en los desarrollos de edificios departamentales de interés social. En una pequeña construcción, confinada en un segundo o tercer piso, nada habría para el futuro, más que sobrevivir al calor y tal vez, sin espacio suficiente para colgar una hamaca. Lavaderos y tendederos serían colectivos, así como el mantenimiento del inmueble. Muy distinto es el caso de los condominios verticales que ahora mismo se construyen al norte de la ciudad, donde el departamento más pequeño tiene una superficie superior a cinco casas de Infonavit, cuentan con elevador y extensas áreas verdes que rodean la construcción, incluyendo alberca e instalaciones deportivas.
Educación preescolar, ¿fuera del Issstey?
La reforma constitucional de hace una década estableció la obligatoriedad de la educación preescolar. Se dio un plazo razonable para implantarla, pues no había instalaciones ni educadoras suficientes para atender a los niños. Años antes se aprobó una de las prestaciones más importantes para las mujeres trabajadoras, las guarderías, donde pueden dejar a sus hijos durante su jornada laboral. El IMSS admite menores desde los 40 días hasta los cuatro años de edad, pero el mismo día de su cumpleaños número cuatro cesan los servicios y ponen al menor en la calle. En cambio, el Issste (para los burócratas federales) y el Issstey (para los estatales) tienen desde hace muchos años una norma más amplia, pues los niños pueden ser atendidos hasta cumplir los seis años. El problema surgió con la obligación constitucional de asegurar la educación preescolar para los pequeños entre cuatro y seis años, lo que hizo que estas dos instituciones incorporaran en sus instalaciones y sus programas al kínder. Pero ahora resulta que el Issstey, la institución estatal, ha anunciado que dejará de proporcionar la educación preescolar por el costo que representa, lo que significa que las madres y padres al servicio del gobierno de Yucatán tendrán el grave problema de encontrar atención y cuidado para sus hijos desde el mismo día que cumplan cuatro años, tal como sucede en las guarderías del IMSS. Esta medida, por decirlo suavemente, va a contrapelo del compromiso gubernamental sobre la jornada escolar de tiempo completo. Si algún nivel educativo tiene ventajas para su inmediata aplicación es el preescolar. Casi ningún plantel tiene doble turno, todos cuentan con instalaciones para alimentación y descanso de los menores. Pero justamente ahí es donde parece que la administración del Issstey quiere desandar el camino. Su director declaró recientemente que los tres millones de pesos era “… un dinero que el Issstey no debería erogar…”, que esperarán que los pequeños concluyan el curso y que sus padres busquen un espacio en otras escuelas.
En el Plan Estatal se propone combatir el rezago en las características de la vivienda (Social), crear programas de apoyo para el acceso a viviendas a la población trabajadora y regular el crecimiento de la Zona Metropolitana (Territorio). Importa, y mucho, la calidad de vida, tanto la actual como la futura. Políticas públicas inadecuadas podrían propiciar la creación de auténticos guetos urbanos, con un elevado costo social dentro de pocos lustros.
El Plan Yucatán también aspira a incluir el compromiso de “proporcionar estancias y guarderías para madres y padres trabajadores”. Con estos “recortes” el Issstey ni contribuye a este propósito ni ayuda al gobierno del Estado a implantar la jornada escolar de tiempo completo, como una forma de garantizar a la niñez yucateca el ejercicio efectivo de sus derechos. Demandemos de la dirección del Issstey una reconsideración de su anunciada medida. Rectificar es de buenos funcionarios y demandarlo, de mejores ciudadanos.- Mérida, Yucatán.