miércoles, 10 de octubre de 2012

Los retos de Rolando (1)


Dulce María Sauri Riancho

Armar su gobierno

En una serie de tres artículos abordé el arranque de Renán Barrera al frente del Ayuntamiento de Mérida con la perspectiva que nos ofrecen tres procesos, cualitativamente distintos pero complementarios: armar, reconstruir e innovar. Comienzo ahora un ejercicio similar para el inicio de la administración estatal que encabezará Rolando Zapata Bello.

Para fortuna nuestra, el esfuerzo por imaginar la forma como el nuevo gobernador realizará la formación de su gabinete no lo tendremos que hacer “en el aire”, pues el pasado lunes, Rolando Zapata presentó su Equipo de Transición, un nutrido grupo de hombres (24) y de mujeres (4) a los que el gobernador en ciernes encargó doble tarea: cumplir con el proceso administrativo de entrega-recepción y ser testigos del desempeño de la nueva administración y del cumplimiento de los 227 compromisos suscritos durante la campaña electoral.

De entrada, creo que debemos celebrar la decisión de convocar a hombres y mujeres -todos ellos con amplio reconocimiento en sus campos de actividad y bien ganado prestigio personal- para enriquecer el desempeño de un gobierno y de sus integrantes. Es bueno también que Rolando se esfuerce por entretejer a su gobierno con la sociedad desde un principio, que multiplique los puentes entre ambas instancias, que fortalezca las vías y los mecanismos para interactuar. Si mantiene esta tónica y lo refrenda en cada paso trascendente que dé su administración, habrá marcado una diferencia profunda con el gobierno que termina.

Sin embargo, no todo es “miel sobre hojuelas”. Dos cosas resultan preocupantes en esta primera decisión del nuevo gobierno: una, que la instrucción recibida para que el Equipo de Transición se aboque de inmediato a los asuntos de “largo aliento”, sin responsabilizarse en forma directa e inmediata del proceso de entrega-recepción de las distintas oficinas de la administración estatal. El nuevo gobernador, pero especialmente la sociedad, necesitan conocer, por lo menos, en dónde están parados y qué se puede hacer con lo existente y con las deudas. Además, Rolando Zapata tiene que sacudirse el sello de “continuismo” que su cercanía con la administración que concluye le puede imponer.

La segunda preocupación surge de la ambigüedad que acompañó a la presentación de este grupo de asesores y del anuncio, casi implícito o sobrentendido, de sus tareas y alcances. Bien se dice que el camello fue la propuesta a la que llegó un comité convocado para diseñar al caballo. En el caso que nos ocupa, están participando muchas personas, muy valiosas y experimentadas, dispuestas a hacer… ¿qué? ¿Con qué disponibilidad de tiempo? ¿Recibirán o no un pago por sus servicio? ¿De qué apoyos técnicos, económicos y humanos dispondrán?¿Cuáles son los plazos para entregar sus evaluaciones y cuáles sus alcances? Sus propuestas, ¿serán meros consejos, recomendaciones o adquirirán sentido vinculatorio, lo que significa que serán obligatoriamente atendidas por quien los invitó a participar?

El gobierno que concluye en estas semanas conformó un gran número de “consejos consultivos”. El tiempo y los acontecimientos nos permiten afirmar que ninguno de esos órganos colegiados se reunió con regularidad ni tuvo actuación digna de tomarse en cuenta. La inmensa mayoría de ellos sólo tuvo una sesión: la de su integración y “presentación en sociedad”. El riesgo de que esto se repita es alto y su costo sería sumamente elevado para un gobierno que inicia y para un gobernador que se comprometió a hacer las cosas de manera distinta.

La integración de este grupo de “notables” apunta algunas cuestiones que, de replicarse en el “armado” del equipo de gobierno, resultarían igualmente benéficas y prometedoras. Revisemos algunas. Se privilegió el carácter “ciudadano” y el talento profesional. No se notan distingos de edad ni exigencia partidista. Rolando Zapata está obligado a conformar su gabinete con personas capaces, no con amigos ni correligionarios. El gobierno que se inicia debe dar resultados inmediatos en cuestiones fundamentales para la sociedad yucateca, como la producción agropecuaria; la calidad educativa. La reducción de la plantilla burocrática, abultada exageradamente para cumplir compromisos políticos, y la calidad del gasto estatal; la normalización en los controles y en las tareas sanitarias y el mejoramiento sustancial de la calidad de los servicios de salud, son otros temas igualmente candentes.

Todo cambio supone buena dosis de esperanzas y conlleva una carga de expectativas. En el caso particular de Rolando Zapata, los contenidos que aportó a su campaña y el estilo mismo de proselitismo electoral que realizó, generaron grandes expectativas de que las cosas en Yucatán pueden mejorar. Es innegable que existe un sentimiento, se puede palpar, que habrá un cambio, para bien, con el relevo en la administración estatal. El tamaño y la extensión de estas esperanzas colectivas representan un doble reto para Rolando Zapata. Cuenta con una base social, con un grado de legitimación que le permitirá intentar grandes cosas pero que, de no responder a la intensidad y a la extensión de esas expectativas el “coletazo” de la sociedad sería muy duro y muy costoso, para él y para su gobierno. Por lo pronto y de aquí al lunes 1º de octubre, pensemos que un gobierno de “solamente las y los mejores” es posible para Yucatán y que Rolando Zapata está decidido a contratarlos.