jueves, 24 de mayo de 2012

Aire fresco en las campañas electorales


Dulce María Sauri Riancho

–Jóvenes de mayo         

Hubiese sido un foro más de los muchos a los que acude un candidato presidencial en busca del triunfo. El escenario del encuentro que llevaba por título Buen Ciudadano a celebrarse en la Universidad Iberoamericana el pasado viernes 11 parecía no tener mayores problemas. Egresados de sus aulas son el presidente del CEN del PRI, Pedro Joaquín Coldwell; el secretario general de la CNOP, Emilio Gamboa Patrón. De allá mismo es Josefina Vázquez Mota, entre los personajes políticos sobre los cuales brillan los reflectores en estos momentos. La dinámica de las preguntas hacia el candidato Peña Nieto fue similar a otras reuniones, quizá más insistentes y demandantes de respuestas puntuales, sin evasivas. A todas contestó Peña, aunque no necesariamente gustaron, como sucede en otras partes. Entonces ¿qué fue lo que hizo a la Ibero y a sus alumnos el centro geográfico de un movimiento telúrico que recorre las campañas electorales? Me atrevo a contestar que fue el ambiente, quizá cargado de suspicacia por la inicial cancelación del candidato del PRI, “por estar preparando el debate” del 6 de mayo. O quizá lo provocó la exhaustiva revisión a la que fueron sometidos todos los estudiantes por el equipo de seguridad del candidato del PRI.

Si adentro, en el auditorio, los articulados argumentos de quienes preguntaban y de las respuestas del candidato Peña Nieto fue lo que dominó, no sucedió así fuera de la sala, donde la protesta y el rechazo crecieron. Desde luego, ninguna imagen apareció en los noticiarios nocturnos de la televisión y en contados espacios radiofónicos se hizo alusión al hecho. Tal vez sus estrategas noticiosos pensaron que el fin de semana haría olvidar la nota, sepultada entre las informaciones, desgraciadamente habituales sobre violencia, inseguridad y muerte. Pero no fue así. La reacción juvenil ante la descalificación de su protesta en varios medios de comunicación, impresos y electrónicos, motivó que levantaran su voz con inusitada fuerza, gritaran sus argumentos y se movilizaran, ellos, los de la Ibero y los estudiantes de otras universidades, públicas y privadas.

Los incidentes verbales son riesgos presentes en toda campaña política de cualquier nivel, más cuando se trata de la presidencia de la República.

Hace casi 24 años, en 1988, hubo un difícil evento que enfrentó Carlos Salinas como candidato del PRI, en La Laguna, con grupos de campesinos que sufrían las consecuencias de la crisis económica de esos días.

Con menos publicidad quizá, pero los representantes de otros partidos también han tenido sus propios tragos amargos cuando se les cuestiona e incluso increpa por un ciudadano desesperado o, simplemente, por un apasionado seguidor de su adversario. Yo veo a estas situaciones como una oportunidad para fraguar carácter y reto para cuajar el liderazgo indispensable para gobernar. No están los tiempos para el conforte ni la segura lejanía que brindan los auditorios a modo. No es la realidad del país y quien aspire a gobernarlo tiene que actuar en consecuencia.

Pero la verdadera sorpresa es la actitud de la juventud. Reconozco que me equivoqué cuando planteé la lejanía de todos los jóvenes del proceso electoral por desinterés o apatía. Cuando expresé preocupación por la ausencia de ese espíritu contestatario presente en la juventud de los años 60, que salió a la calle a protestar y fue víctima de la represión en 1968 y en 1971. Cuando creí que había desaparecido el ánimo de lucha, abrumados por los problemas cotidianos de educación, empleo, inseguridad que azotan principalmente a quienes todavía no cumplen 30 años. Cuando olvidé que la imaginación y la creatividad de la juventud puede ponerse al servicio de las mejores iniciativas de la sociedad. Cuando consideré que el pasado no les interesaba ni como historia, menos para rechazarlo.

Cada generación elige sus propias causas y la forma de luchar por ellas. Pero el puente entre aquel lejano 1968 y 2012 son los valores que motivan y los principios que defiende la juventud de entonces y de ahora: libertad, justicia, poner fin a los privilegios, aunque provengan de una clase social y una condición privilegiada por el simple hecho de ser estudiantes universitarios.

Como sucedió hace muchos años en París y en Berlín, nuestros jóvenes de mayo han abierto una rendija para dar salida al entusiasmo y la esperanza, perdidos ambos en la rutina de lo previsible. Están sacando esta campaña de la pasividad ciudadana y del aburrimiento que se habían adueñado de ella. Cuán lejos vayan, en las próximas semanas lo sabremos. Por lo pronto, me da mucho gusto haberme equivocado.- Mérida, Yucatán.

El puente entre aquel lejano 1968 y 2012 son los valores que motivan y los principios que defiende la juventud de entonces y de ahora: libertad, justicia, poner fin a los privilegios.