miércoles, 4 de enero de 2012

Mérida, casi en el paraíso...

Dulce María Sauri Riancho

Por alguna razón nos gustan más los aniversarios terminados en cero o en cinco para celebrar. Es el caso de Mérida, que cumplirá este 6 de enero 470 años de su fundación sobre los vestigios de la antigua T'ho de los mayas.

Frente a muchas ciudades europeas, Mérida es relativamente joven. No así en América, donde fue uno de los asentamientos establecidos en los primeros 50 años de la colonización española. En la Península, sólo San Francisco de Campeche la precede. Pero la capital de Yucatán aún se mantiene como la población más importante del sureste mexicano al iniciar la segunda década del siglo XXI. Todo indica que este año Mérida alcanzará el millón de habitantes. En 2010 éramos 835,000, en tanto que Cancún y Campeche tenían 662,000 y 260,000 pobladores.

La capital yucateca concentra la mayoría de las actividades económicas del estado, en particular los centros educativos y de salud, públicos y privados, los bancos y los hoteles, así como los centros comerciales, supermercados y centrales de abasto. La calidad de vida de la ciudad destaca en la región y en el país, por la práctica ausencia de actos violentos del crimen organizado. Esta situación la hace un destino atractivo para cientos de familias, "desplazadas internas" de otras ciudades de México, que han encontrado en Mérida refugio y tranquilidad.

Casi el paraíso. Pero... Nuestra ciudad tiene crecientes problemas asociados a la falta de empleos suficientes y de calidad, a la ausencia de oportunidades laborales dignas para los miles de jóvenes que egresan de sus centros de educación superior, para las mujeres jefas de familia y los adultos mayores, entre otros. La planta industrial de Mérida se ha visto reducida, incluyendo la actividad de la industria maquiladora de exportación.

Sobreviven empresas dedicadas a la proveeduría del norte de Quintana Roo y a la fabricación de artículos de consumo para la población local, como alimentos, bebidas y ropa. El turismo resiente la falta de opciones de vuelos y el elevado precio de los boletos. Lenta, pero inexorablemente, Cancún se ha convertido en el centro de la dinámica económica de la Península, desplazando a Mérida de ese tradicional papel.

La expansión de la mancha urbana ha permitido mantener a la vivienda unifamiliar como parte de la tradición y la costumbre de los meridanos. Nos resistimos a los edificios de departamentos, a no vivir "pegados a la tierra", y a disfrutar del patio, como nuestros ancestros. A cambio, las exigencias de ampliación de los servicios de agua, alumbrado público y pavimentación han crecido.

El transporte público es inadecuado para una ciudad del tamaño y la extensión de Mérida. Ante esta seria deficiencia, no es de extrañar que hayan proliferado los vehículos particulares, muchos de ellos verdaderas "carcachas" que circulan por milagro, pero indispensables para trasladarse por la falta de rutas de camiones que realicen el servicio. Hay la sensación de que la ciudad ha crecido mucho. Sí, lo ha hecho, pero no en personas sino en número de vehículos: casi hay un auto o motocicleta por cada dos meridanos. Los 53 kilómetros del periférico se han transformado en una "vía de la muerte", que registra su cuota cotidiana de muertos y heridos.

El paraíso meridano estuvo invadido de mosquitos portadores de dengue. El año pasado se registró el mayor número de casos de la historia sanitaria del estado, con lamentables decesos, la mayoría en esta ciudad. Fue la consecuencia de la falta de atención oportuna de las autoridades estatales y municipales a las labores de prevención, indispensables en la época de secas, para evitar la proliferación cuando se inicia la temporada de lluvias. Estuvieron más preocupadas por las cuestiones de promoción política personal, que ocupadas en la oscura pero indispensable tarea de recoger cacharros, desyerbar y fomentar la limpieza de los patios.

Otra vez es Mérida destino de un importante crédito del BID, pero a diferencia de 1965, cuando se empleó en la introducción del agua potable, ahora está dedicado a una serie de obras de embellecimiento cosmético del centro histórico de la ciudad. En cuanto al nuevo alumbrado público, se pasó de la penumbra amarilla de las calles, a la oscuridad que rodea a los nuevos focos blancos, eso sí, a un costo multimillonario.

A las actuales autoridades del Ayuntamiento de Mérida les restan ocho meses de gestión. A la presidenta municipal, quizá mucho menos, si el PRI la postula para el Senado. Si se va antes de concluir su periodo, habrá dejado atrás su compromiso de concluir su mandato, como sucedió en su cargo de diputada. Para un gobierno que ganó la elección al PAN después de casi 20 años, el incumplimiento de ese compromiso no es cosa menor, más si va acompañado de serios cuestionamientos sobre la aplicación de los recursos públicos a su cuidado.

Con el maquillaje a medio hacer, con la cuenta de los enfermos de dengue y los problemas de la economía en muchas familias, Mérida celebra su 470 cumpleaños. Que los buenos deseos por su prosperidad vayan acompañados de la voluntad real de cambiar y corregir el rumbo, por parte de las autoridades y de nosotros, sus ciudadanos.- Mérida, Yucatán.