miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mérida y sus dos alcaldesas. Ni Ana Rosa, ni Angélica

El pasado domingo el Diario de Yucatán dio a conocer el primer sondeo de opinión sobre las preferencias electorales de los yucatecos, realizado por cuenta del Grupo Megamedia. Los resultados en general no arrojan sorpresas: el PRI lleva la delantera con casi cinco yucatecos de cada 10 (46.7%) dispuestos a votar por sus candidatos, y sólo dos (21%) con determinación manifiesta de sufragar por el PAN. Sin embargo, si acercamos la lupa encontraremos diferencias interesantes y significativas entre los ciudadanos de Mérida, y los del interior del estado. En todas las respuestas de los encuestados en esta capital hay una especie de "castigo" al PRI, y ¡oh, sorpresa!, también al PAN, pues en ambos casos los partidos registran una menor intención de voto que en los otros 105 municipios yucatecos (44.8%/48.6%; 20.4%/21.6%, respectivamente).

Dos mujeres, Ana Rosa Payán (AP) y Angélica Araujo (AA), aspiraban a ser candidatas a gobernadora por el PAN y el PRI. Las dos, alcaldesas de Mérida; una, AA, en funciones. Las dos excluidas por los partidos que pretendían abanderar. Una, AP, por una calificación rigurosa de los requisitos para el registro (sólo así puedo considerar que no haya podido acreditar la C.P. Payán su residencia de tantos años en el fraccionamiento La Huerta). La otra, AA, porque con su actitud de subordinación a la gobernadora desperdició la oportunidad.

El "negrito del arroz" electoral de 2012 para el PRI es Mérida. Los ciudadanos de la capital no están conformes con la gestión ni de la gobernadora ni de la presidenta municipal. Por eso, sólo cuatro de cada 10 meridanos (43%) aprueban a Angélica Araujo y un poquito más, casi 5 (48.8%), el estilo de gobierno de Ivonne Ortega.

Es en esta capital donde se combinan con más claridad las deficiencias del gobierno con ciudadanos crecientemente críticos hacia las autoridades y hacia los partidos políticos en general. En el pasado, los errores y los vicios del PRI eran capitalizados casi en automático por su opositor histórico, el PAN. Ya no más. La encuesta sólo le pone números a una sensación creciente de insatisfacción con los resultados de los gobiernos y a la percepción de que el PAN aún no logra cuajar una oferta atractiva de cambio dirigida a los ciudadanos escépticos y cansados de las promesas incumplidas.

La mesa parecía puesta para Angélica Araujo. Su meteórica carrera desde el gabinete ampliado de la flamante gobernadora en 2007 la llevó a incursionar exitosamente como diputada federal por Mérida en 2009, cuando triunfó en el III Distrito, tradicional bastión panista. Poco después fue postulada candidata a la alcaldía, para lo cual tuvo que solicitar licencia a su diputación tan duramente ganada. De nuevo obtuvo la mayoría, poniendo fin a casi 20 años de gobierno panista en esta capital. El "tejido fino" de la candidatura a gobernador parecía acompañar a AA en todas sus actividades: publicidad con amplios recursos, cargos partidistas de relevancia nacional, como la presidencia de la Federación de presidentes municipales del PRI, entre otros.

El dilema de AA está (o estuvo) entre la independencia para ejercer a cabalidad el importante cargo de presidenta municipal de Mérida o la subordinación política indispensable para mantener su lugar en los afectos de la gobernadora, sin la cual consideró que hubiera sido imposible aspirar a la candidatura para relevarla en el cargo. Hay cercanías que asfixian: así sucedió con la alcaldesa cuando procedió a someterse a la instrucción de construir un polémico "paso deprimido" en la hoy Glorieta 4 de julio y, después, a aceptar sin decir "esta boca es mía" las consecuencias políticas de la brutal represión a quienes se manifestaron contra la obra. Allá comenzó el descarrilamiento de una candidatura que, hasta entonces, parecía marchar viento en popa. AA no fue candidata al gobierno de Yucatán y difícilmente lo será al Senado de la República.

Porque si la dirigencia nacional del PRI revisa la "letra chiquita" de las encuestas de opinión -que las tiene y muy buenas- se encontrará que el rechazo a AA de una parte importante de la ciudadanía de la capital del estado es un riesgo que no debería hacerles correr a sus candidatos a gobernador y a presidente de la República. Además, existe la promesa de la alcaldesa de Mérida de cumplir su mandato, para lo cual todavía le faltan nueve meses. Al PRI no le ha ido bien con presidentes municipales con licencia que compiten para un nuevo cargo, pues los ciudadanos se quedan descontentos ante lo que perciben como abandono de una responsabilidad y los gobernantes-candidatos, vulnerables ante el cúmulo de reclamos por promesas incumplidas.

En lo inmediato, AA y AP comparten una misma frustración. De sus decisiones en las próximas semanas dependerá el retorno efectivo para una -Ana Rosa- y para otra -Angélica-, abrir su propio camino de supervivencia política.- Mérida, Yucatán.