miércoles, 22 de junio de 2011

La combi blanca. Comunicación y Liderazgo

Dulce María Sauri Riancho

¿En qué se parecen las maestras inconformes con los cambios geográficos de sus plazas y los locatarios del mercado de Chuburná? ¿Cuál es la semejanza entre los consejeros de la Fundación Produce y quienes se oponen al "paso deprimido" que se pretende construir en la Prolongación de Montejo? Su denominador común es que todos ellos se han manifestado contra la forma como ejercen las autoridades sus funciones: las maestras, por las decisiones poco claras y las "sorpresas" de quienes lograron acercarse a Mérida; los locatarios, por los inspectores de Mercados que no han frenado el ambulantaje que mengua su clientela y favorece la informalidad. La Fundación Produce no puede retomar sus actividades de fomento a la investigación y apoyo tecnológico a los productores del campo por el afán enfermizo de los funcionarios estatales de intervenir en su vida interna. Y el túnel de la glorieta de Montejo parece que será excavado por el bulldozer de la cerrazón a cualquier razonamiento que llevara a las autoridades municipales a reconsiderar su atropellada determinación de construirlo.


Son algunos ejemplos que ilustran que algo está fallando seriamente en la comunicación entre el gobierno y la sociedad yucateca, que estamos urgidos de analizar lo que está aconteciendo entre las autoridades y grupos cada vez más numerosos de ciudadanos que no están de acuerdo con la forma de ejercer el mandato popular de sus representantes. Decir que quienes expresan su malestar por alguna decisión de autoridad lo hacen por motivos "malsanos" -léase, porque sirven a algún partido de oposición- sólo muestra el error mayúsculo que están cometiendo nuestros políticos, con consecuencias graves para el ejercicio del poder público y para la convivencia social.

Llevamos desde 1997 en una condición inédita, en que el sistema presidencial como lo conocimos ya no funciona para dar cohesión política al conjunto social. Los efectos se viven en todos los niveles de distinta manera. Por ejemplo, la ausencia de mecanismos de control efectivo sobre las autoridades ha favorecido la corrupción de manera nunca antes imaginada, sin que haya elemento que pueda contenerla. Habrá quien suspire por los tiempos en que el secretario de Gobernación llamaba al gobernador desidioso o ineficiente, que despilfarraba el presupuesto y negaba atención a las necesidades de su pueblo, y lo ponía en la situación de optar por una "licencia" para salvar figura y separarse de su cargo.

Eso quedó en el pasado. No hay marcha atrás. Tenemos que construir hacia adelante, hacia el futuro. Un nuevo tejido para el que no tenemos patrones que nos indiquen a ciencia cierta el rumbo de las agujas. Sabemos qué es lo que no queremos; intuimos lo que necesitamos.

No queremos autoridades distantes que se escudan en un falso respeto a las opiniones para impedir el verdadero diálogo; que pretenden anular a quien no coincide con su visión de las cosas o con su manera de ejercer su responsabilidad. No queremos la simulación de las consultas y los comités ciudadanos de participación, que como hongos después de la lluvia se han creado y no han resistido más allá de la toma de protesta de sus integrantes. No queremos la descalificación de los órganos colegiados de planeación o de investigación cuando sus opiniones confrontan y cuestionan los actos de gobierno.

No queremos la utilización del presupuesto gubernamental para dilapidarlo en imagen del gobierno y de sus funcionarios. Menos aún, que refuerce el clientelismo electoral, satisfaciendo momentáneamente una necesidad de los más pobres, en vez de aplicar programas que den resultados más allá del día de las elecciones.

No queremos funcionarios rodeados de un séquito de protección en un estado cuyas autoridades se precian que es el más seguro del país. No queremos opacidad en los actos de gobierno, subterfugios para no informar, evasivas para no rendir cuentas.

Sí necesitamos representantes que se ganen el liderazgo social y el respeto de sus conciudadanos por su conducta y sus actitudes. Es una cuestión de autoridad moral que sólo se puede dar con el ejemplo cotidiano de modestia y sobriedad, de dedicación y entrega más allá del discurso.

Hace años era familiar para los noctámbulos del centro de Mérida ver a una combi blanca cruzar las calles. Su conductor era el gobernador, acompañado de quien fue su chofer antes y después de dejar el cargo. Solos. Seguro, por el respeto y el reconocimiento de sus conciudadanos. Así pudo lograr el puerto de altura de Progreso, así pudo gobernar. En verdad hay cosas que nunca debieron cambiar...- Mérida, Yucatán.