miércoles, 23 de febrero de 2011

La competencia por las telecomunicaciones

Entre King Kong y Godzilla

Dulce María Sauri Riancho

Los televidentes nos percatamos pocas veces de los comerciales que atiborran los tiempos de la transmisión. El tiempo de su exhibición casi siempre lo empleamos para explorar con el control la barra de programación, para hablar por teléfono o atender algún asunto. Por eso nos dice poco la determinación del Grupo Carso de concluir su contrato de publicidad con Televisa, lo que significa que sus comerciales ya no serán transmitidos por los canales de la más importante empresa televisiva del país.

Los efectos y consecuencias de este rompimiento van más allá de dejar de ver al globo azul por "el territorio Telcel", o las ofertas de Sears y sus modelos internacionales. Se trata del enfrentamiento abierto de dos de los grupos económico-empresariales del país.

La Nación -es decir todos nosotros- es propietaria del espectro radioeléctrico a través del cual se transmiten las señales de radio, televisión, internet y otras. Es responsabilidad del gobierno federal su correcta administración, por lo que tiene las facultades que le otorga la ley para regular a quienes participan, sean empresas privadas, organismos públicos, como las universidades u organizaciones sociales, o las radios comunitarias.

Socios en un tiempo, Telmex y Televisa están hoy enfrentados por el jugoso mercado de las telecomunicaciones. Cuando el gobierno vendió Teléfonos de México en 1990 limitó a la empresa a la comunicación telefónica, prohibiéndole expresamente que utilizara su extensa red de cableado para transmitir televisión.

Televisa incursionó en la televisión satelital -Sky- hasta casi quedarse sola. En la televisión por cable también inició la adquisición de los sistemas estatales y regionales, hasta consolidar una poderosa red nacional. Además, la telefonía celular ha crecido en forma exponencial -más de 50 millones de líneas- por todo el país, donde Telcel logró situarse como la empresa más importante. El desarrollo tecnológico de las comunicaciones elevó exponencialmente los posibles alcances de estos dos grupos y favoreció el choque de sus intereses. Por una parte, Televisa (por medio de una subsidiaria, Bestel) se metió de lleno a los terrenos de Telmex cuando le ganó la licitación de los servicios telefónicos del Issste. Varias empresas de cable -subsidiarias de Televisa- se asociaron para proporcionar los servicios de voz, imagen y datos, es decir teléfono fijo, televisión e internet, lo que se conoce como "triple play".

Otro evento importante aconteció recientemente: el gobierno federal puso a licitación los 21,000 kilómetros de fibra "oscura" de la Comisión Federal de Electricidad (sí, los cables que llevan la luz pueden también conducir imágenes, voz y datos), que fue ganada por el grupo encabezado por Bestel y los competidores directos de Telmex. Pero aquélla no se quedó con los brazos cruzados. Telmex realizó una alianza comercial con MVS para cobrar el servicio de televisión satelital Dish, que ha tenido una rápida expansión, en particular en las amplias clases medias de las ciudades que no pueden pagar el más costoso Sky o contratar el cable.

Para los analistas, la gota que colmó el vaso fue la crítica en el noticiario estrella de Televisa a las fallas que había presentado el servicio de Telcel en la ciudad de México. Éste era el ambiente en el que el grupo Carso (Carlos Slim y sus empresas) decidió dejar de anunciarse en Televisa. Sin embargo, tras el diferendo comercial aparecen las estrategias que ambos consorcios han diseñado de cara al final de la actual administración y al inminente relevo presidencial. Para el Grupo Carso resulta fundamental hacer presencia en la televisión abierta"; para Televisa, mantener el duopolio y aprovechar su dominio de la televisión restringida para romper el monopolio de Telmex-Telcel en transmisión comercial de voz y datos.Dicen que la publicidad de las empresas del Grupo Carso "sólo" representa el 4% de las multimillonarias ventas que hace la empresa anualmente -casi 900 millones de pesos-; que poco peso tiene en los resultados financieros del consorcio de Emilio Azcárraga. Éste es un asunto que compete a todos. Por los medios de comunicación electrónicos tenemos acceso a la información, a la diversión y a la educación. Por las telecomunicaciones el país es más o menos competitivo en la economía globalizada, las empresas compiten en mejores o peores condiciones con sus similares de otras partes del orbe. Se trata entonces de nuestra libertad, de la calidad de nuestra democracia, de la competencia económica.

King Kong Telmex y Godzilla Televisa chocan con su enorme fuerza en el frágil escenario económico y político de México. Kong, gigantesco gorila reverenciado como un dios en una remota isla del Pacífico, se enfrenta al feroz Godzilla, dinosaurio mutante producto de las pruebas nucleares en el archipiélago japonés. Ambos titanes libran una lucha sin cuartel, de la cual sólo uno sobrevivirá.

Y el gobierno, ¿dónde está? El débil órgano regulador de las telecomunicaciones, Cofetel, tiene escasas y cuestionadas facultades para intervenir. Las autoridades responsables de imponer reglas claras entre competidores que favorezcan a los consumidores en precio y calidad se han mostrado omisas o erráticas en sus determinaciones, en particular ante la posibilidad de que Telmex pueda prestar servicios de televisión, así como Televisa ya los proporciona de telefonía e internet. La nueva legislación de radio y televisión sigue pendiente, dejando ver compromisos de autoridades y partidos con los monstruos en pugna. Las opciones de contenidos aún son muy limitadas, cuando las nuevas tecnologías podrían abrir un gran abanico a nuevos participantes para todos los gustos y preferencias.

Por eso y mucho más nos importa la pelea de los dos titanes. Por eso demandamos la intervención oportuna y eficaz de los órganos públicos responsables a favor del interés de los ciudadanos. Que no los asuste Godzilla; que no huyan ante King Kong. Que los monstruos sean domados por la ley y sirvan a la Nación.- Mérida, Yucatán.