domingo, 2 de enero de 2011

Lo que viene: incertidumbre y esperanza

Se fue 2010

Dulce María Sauri Riancho

Se fue 2010 con su cauda de primeras piedras que hablan de un futuro incierto. Se cumplió el ritual de la conmemoración y se dejó a un lado la incómoda reflexión sobre el presente. Viene ahora 2011, aparentemente aséptico.

Para Yucatán 2011 significa el cuarto y penúltimo año de gobierno estatal; para los 106 ayuntamientos, el único año completo de gestión. Para ambos es el último periodo de aplicación íntegra del presupuesto aprobado, de enero a diciembre. 2012 traerá las campañas políticas y el relevo de las autoridades estatales y municipales en septiembre y octubre. Por eso es tan importante cobrar conciencia de que no hay un solo día por desperdiciar, que el tiempo de los planes y los sueños está agotado y que es la hora de exigir resultados y rendir cuentas.

Demandamos una moratoria de "primeras piedras". Se trata de concluir las obras que ya las tienen y ponerlas a funcionar en esta administración. 12 meses para realizar los proyectos ejecutivos, concursar y adjudicar las obras, construirlas, concluirlas y equiparlas, parecen un reto colosal para una administración que en los 40 meses anteriores no ha dado muestra de saber organizarse y de capacidad de ejecución.

De estas deficiencias son testigos mudos desde la pista atlética del Salvador Alvarado hasta los incumplidos pasos peatonales del periférico de Mérida.

El Banco Interamericano de Desarrollo es una entidad financiera internacional exigente en cuanto a la eficacia y probidad en la ejecución de obras: si se cumple la normatividad, se liberan los fondos; si no es así, se congelarán y pasarán a integrar la lista de los sueños no cumplidos.

Problema mayor son los Proyectos de Participación Social. Ya sabemos que el Museo de la Cultura Maya fue excluido, pero ¿cuáles han sido seleccionados para construirse bajo este esquema que implica compromisos de muy largo plazo para las finanzas estatales? Si de hospitales se trata, ¿quiénes serán los responsables de operarlos: el gobierno o los particulares a los que se les adjudiquen los proyectos? Y lo más importante: ¿podrán tenerlos concluidos y operando en julio de 2012, cuando muy tarde?

En mayo de 2001 hubo una enorme expectativa ciudadana ante la alternancia en el gobierno del Estado. No fue sólo la derrota del PRI, también el triunfo del partido político que había simbolizado la oposición por más de 60 años y había ganado la presidencia de la República meses antes. Las organizaciones de la sociedad que mantuvieron una posición crítica frente a la gestión de los gobiernos priistas en la mayoría de los casos arriaron banderas frente a la nueva administración panista.

Seis años después, una nueva generación de jóvenes del PRI llegó al gobierno de Yucatán. Representaban la esperanza del cambio para una sociedad insatisfecha con los resultados del gobierno de Acción Nacional. El entusiasmo inicial de 2007 ha sido desplazado por la frustración y el rechazo a las actitudes de opacidad e ineficiencia de las autoridades. Sin embargo, las organizaciones sociales desmovilizadas a partir de 2001 no han podido recuperar su legitimidad para asumir un papel crítico ante la actuación del gobierno estatal ni aglutinar el descontento y la inconformidad para ejercer una eficaz presión que lleve a la rectificación de errores y vicios en que han incurrido las autoridades.

No se trata de recuperar el pasado para darle fuerza a la sociedad organizada, sino de construir sobre nuevas bases a los interlocutores del gobierno.

¿Quién le pone el cascabel al gato? Un grupo numeroso de empresarios convocados por la Coparmex lo ha intentado. Otros más están a la expectativa, temerosos de que si se manifiestan puedan perder la oportunidad de cobrar facturas atrasadas de varios meses o años, o de ser víctimas de auditorías fiscales selectivas. El sordo rumor de la inconformidad social comienza a crecer y habrá de construir sus propios canales de expresión; pero sobre todo, debe ser atendido por la autoridades.

Poco tiempo queda, pero suficiente para rectificar el rumbo. Que 2011 nos encuentre dispuestos a luchar por los cambios que demandamos. Que pasemos del silencio donde se rumia el descontento a la movilización transformadora. Vale la pena intentarlo.- Mérida, Yucatán.