jueves, 25 de noviembre de 2010

Día contra la violencia hacia las mujeres

Mujeres, ayer y hoy

Dulce María Sauri Riancho

"... En las casas llamadas comunales se congregaba a las mujeres indígenas durante todo el día para que tejieran en común las mantas necesarias para cubrir las obligaciones impuestas sobre el pueblo...", "... oigo las voces que lastiman el corazón, dando gritos los alguaciles por todo el pueblo diciendo a las pobres indias que no se duerman sino que trabajen para cumplir con los repartimientos... las llevan a las casas reales y allí las hacen trabajar... Y muchas veces he visto que algunas que tienen hijos de pecho, sus hijas o sus hijos mayores los traen para que se los den y puestas -sin dejar el trabajo- les dan de mamar, cosa que quiebra el corazón...".

"Culiacán, Sin.- Hoy en la mañana fueron rescatados los seis cuerpos de las empleadas que se encontraban dentro de Coppel Hidalgo, las cuales fallecieron durante un incendio que se registró el día de ayer en el interior de la tienda departamental ubicada en el sector centro. "De acuerdo a las primeras investigaciones de la Procuraduría General de Justicia, se acreditó que las seis mujeres que fallecieron estaban encerradas porque realizaban un inventario. Lo anterior fue dado a conocer en durante una conferencia de prensa por el subprocurador de Justicia Martín Robles Armenta, quien agregó que algunas de las hoy fallecidas se encontraban laborando desde las 7 de la mañana de ayer martes (9 de noviembre), sin embargo, no supo precisar quiénes..." .

Mujeres ayer y hoy, Divididas por la distancia del tiempo y del espacio, estas dos referencias encierran la realidad de la violencia ejercida en contra de las mujeres. La primera de las historias sucedió a principios del siglo XVII, alrededor de 1600. La narración corre a cargo del fraile guardián de Maxcanú, quien describe con vívidos acentos la situación de las mujeres mayas en esa población y de muchas partes del Yucatán colonial, quienes se veían obligadas a tejer el algodón que entonces se cultivaba, para elaborar mantas en los ya desaparecidos telares "de cintura". Ellas, las mujeres, tenían que cubrir la cuota de productos contratada con el pueblo en su conjunto. Aunque eran los principales, los batabes no eran los hombres los que hilaban y tejían la fibra para transformarla en piezas de textil que luego se venderían en distintas partes del extenso territorio colonial novohispano: eran las mujeres, a quienes se les encerraba en esas casas colectivas hasta que no concluían el trabajo, sin derecho al descanso y al sueño, sin poder atender a sus hijos pequeños, recluidas y privadas de libertad hasta terminar la tarea.

Hace pocos días en un país que conmemora este año el centenario de la primera revolución social del siglo XX, en Culiacán, Sinaloa, seis mujeres entre los 22 y los 36 años perdieron la vida en un incendio del establecimiento donde trabajaban, del que no pudieron salir a tiempo para salvarse porque estaban encerradas mientras realizaban el inventario nocturno de los productos; sólo hasta concluir y después de salir el sol serían liberadas. No vieron la mañana.

Entonces y ahora son las mujeres las víctimas de actos de violencia que atentan contra su vida y su dignidad.

Culiacán nos recuerda en forma brutal y dramática la situación de vulnerabilidad de las mujeres trabajadoras del país. Trae a la memoria las exigencias del certificado de no embarazo para otorgar un empleo; las acciones soterradas para inducir a las madres a renunciar; los sueldos diferentes si son mujeres u hombres, aunque realicen la misma función.

El 25 de noviembre se conmemora el Día contra la Violencia hacia las mujeres. Tres hermanas, Patria, Minerva y Teresa Mirabal, perdieron la vida en la República Dominicana en esa fecha de 1961. Fueron brutamente asesinadas por los esbirros del dictador Rafael Leónidas Trujillo por oponerse a su régimen opresor. Por ellas, en su memoria, en muchas partes del mundo habrá reflexión y análisis sobre una cuestión que afecta a toda la sociedad. Erradicarla, expulsarla como el mal social que afecta y corroe la vida colectiva es tarea que demanda plena colaboración entre la sociedad y sus autoridades. Que dure el compromiso más allá de los actos oficiales; que la indignación sea motor para cambiar lo necesario.- Mérida, Yucatán.