sábado, 21 de agosto de 2010

Promesas peligrosas, palabras que "se lleva el viento"

Dulce María Sauri Riancho

¿Quiénes se acuerdan de las promesas y los compromisos de los candidatos en la pasada campaña de mayo? Para muchos ciudadanos es tanto como almacenar información inútil, pues la experiencia les enseña que a esas palabras “se las lleva el viento”.

Pueden ser incómodos para las autoridades los cuestionamientos o hasta las simples referencias a aquellas encendidas promesas realizadas al fragor de la batalla electoral. Pero la memoria colectiva debe fortalecerse con ejercicios de recordación, primer paso para la elemental demanda de cumplimiento. Entre las promesas de campaña de las autoridades, que fueron muchas, seleccioné tres, porque dos atañen a la vida e integridad física de muchos yucatecos y una tiene que ver con la economía familiar.

Boleto de autobús a $2.50 ¡Claro que es la más presente! La candidata derrotada había comprometido la creación de una empresa municipal de transporte para proporcionar el servicio a precios reducidos. La actual presidenta municipal hizo el compromiso concreto, con cifra exacta, de garantizar el boleto de autobús a $2.50 para los estudiantes, adultos mayores y personas con discapacidad. Esto significaría un subsidio que habría de ser entregado por las autoridades municipales a los permisionarios del transporte urbano. En unos cuantos días se reanudan las clases en todo el Estado; a la demanda estudiantil de cumplimiento de su promesa, la alcaldesa respondió que sería hasta contar con la “credencial inteligente”, con chip integrado, para un mejor control de su uso y desde luego, del presupuesto municipal; que no tiene dinero este año; que “… aplicar el subsidio que se requiere para estimular la educación no tiene tanto que ver con el dinero disponible, sino con el uso responsable de los recursos públicos…” Impecable argumentación, pero, ¿por qué lo dice hasta ahora? Lo cierto es que más de 100 mil estudiantes volverán a las aulas pagando 3 pesos de camión, al menos por lo que resta de este año del Bicentenario.

¿Será que también se remitan al país de “algún día nunca jamás” la promesa de erradicar la pobreza extrema en el municipio de Mérida y la oferta de 35 mil nuevos empleos que hizo la nueva alcaldesa a los jóvenes? Promesa de los pasos peatonales En mayo de 2007 hubo un trágico atropellamiento de 4 menores en el Periférico de Mérida cuando intentaban cruzar esa peligrosa arteria, al salir de la escuela rumbo a su casa. La entonces gobernadora electa prometió construir los pasos peatonales necesarios para garantizar la seguridad de las familias y las personas que viven, estudian o trabajan en la colindancia de esta vía rápida. Han transcurrido tres años; hay un solo paso peatonal, concesionado a una empresa privada para la colocación de publicidad comercial. Ninguno más. Todos los días ocurren accidentes, choques y atropellamientos de quienes se juegan la vida para cruzar a su escuela, a su casa o a su centro de trabajo. El Periférico fue iluminado en sus 50 kilómetros con recursos federales en 2009. Al iniciar este año, el secretario de Obras Públicas del estado anunció la construcción de “dos pasos peatonales” en marzo para concluirlos en junio. Transcurrió el plazo comprometido y nada sucedió. Hace unos días, la Comey anunció 4 pasos peatonales; el diputado Rolando Zapata, tres, en ambos casos con recursos de la Federación. Mientras se ponen de acuerdo las autoridades, ¿sería posible al menos construir aceras y pasos debajo de los puentes para que por ahí transiten las personas? Son 14 puentes y, exceptuando los cruces de la carretera a Campeche y a Umán, en los otros podrían trabajar las autoridades estatales. Y hasta podrían pintar las escarpas de rojo, como en algunas colonias de Mérida.

Promesa de los hospitales Cuando concluyó la administración estatal anterior, en agosto de 2007, la construcción de los hospitales de Valladolid y Tekax se reportó con alto grado de avance y se informó de la disponibilidad de recursos suficientes para garantizar su conclusión y puesta en marcha. Tres años después, el titular de la Secretaría de Salud del Estado informa que las obras no se han terminado por diversas fallas en el cumplimiento de la Norma Oficial Mexicana (NOM) de hospitales, lo que obligó a las autoridades a rediseñar y reconstruir parte de las obras. El propio titular de la SS señala que “no se puede inculpar a nadie”, que estudian diversas opciones financieras para obtener los recursos que faltan. Mientras, el hospital de Valladolid, en el barrio de Sisal, se encuentra saturado; en Tekax, ni siquiera existe esa opción. La tardanza juega con la vida de miles de familias del sur y del oriente del Estado. Sí se debe responsabilizar a “alguien” de este criminal retraso: de la administración anterior o de la actual, del gobierno federal o del estatal; hay personas, funcionarios de carne y hueso que tomaron decisiones y tienen que rendir cuentas. Sería inadmisible que dentro de un año, una vez más, formen parte estos dos hospitales de las obras pendientes de conclusión.

Las campañas electorales son abundantes en promesas peligrosas para la ciudadanía. La ligereza y la frivolidad de los compromisos que asumen los candidatos, se finca en la fragilidad de la memoria de la sociedad. Los ciudadanos refuerzan elección tras elección, su escepticismo y decepción sobre la política y los políticos de todos los partidos; la democracia sufre ante la indiferencia de los electores que se apartan de las urnas al considerarlas parte de un ejercicio inútil.

El reto es volver peligrosas las promesas que los políticos no cumplan o condicionen una vez que son electos. La rendición de cuentas comienza desde los planteamientos de campaña, los llamados “compromisos”. El ofrecer sin cumplir empobrece el ambiente social. Por eso hay que exigir cuentas claras y promesas cumplidas.— Mérida, Yucatán