miércoles, 24 de junio de 2015

Desabasto de gas natural. Con olor a indiferencia

Dulce María Sauri Riancho
Casi ha terminado la temporada electoral y su enorme atractivo. Ahora regresamos a los problemas de la vida diaria, de las familias y empresas yucatecas. Entre éstos destaca la cuestión del abasto de gas natural. No es cosa menor, pues además de las grandes distancias entre Yucatán y los grandes mercados, uno de los factores que han frenado la industrialización de nuestro Estado ha sido la carencia de energía suficiente y barata, pues la electricidad les cuesta a las empresas yucatecas más que a las del centro y norte del país. La termoeléctrica que operó muchos años a espaldas del Cuartel de Dragones, se alimentaba con combustóleo y diésel que transportaba el ferrocarril desde las plantas de Pemex localizadas en el sur de Veracruz. Lo mismo ocurrió con la planta que la relevó, la Mérida I, localizada en Chuminópolis y que continúa operando. Además de su pobre eficiencia, el combustóleo implica un alto índice de contaminación pero, de acuerdo con los criterios con que la CFE tomaba sus decisiones, el consumo de Yucatán y de la Península no ameritaba la gran inversión que reclamaba cualquier alternativa energética más eficiente y económica, como era el gas natural. Así que los yucatecos pagamos muchos años un sobreprecio por la electricidad que consumíamos.

Con el surgimiento de Cancún y el desarrollo urbano y turístico del norte de Quintana Roo, la CFE se vio obligada a producir más electricidad. Intentó hacerlo instalando una planta a la orilla del mar, en Punta Venado, en lo que debía ser el puerto industrial del norte de Quintana Roo. La termoeléctrica se alimentaría con gas natural, que sería transportado por grandes buques y descargados a pie de planta. La oposición de los empresarios hoteleros de la zona y de grupos ecologistas organizados obligó a la CFE a reconsiderar sus planes, optando por construir la planta termoeléctrica en las inmediaciones de Valladolid. Para ese entonces, se había construido la planta Mérida II en los cabos de la ciudad, en terrenos ahora abrazados por el Periférico.

Desde mediados de la década de 1990, las plantas de la CFE comenzaron a operar sus turbinas de ciclo combinado con gas natural. La demanda había hecho rentable construir un gasoducto, desde el sur de Veracruz, hasta Valladolid, a fin de garantizar el abasto de combustible a todas las instalaciones de la CFE y a cualquier empresa industrial que lo requiriera para su proceso productivo. Debemos decirlo con claridad: la disposición de ese combustible, en cantidad suficiente y calidad adecuada, fue factor para que varias empresas decidieran establecerse en Mérida y para que otras, ya establecidas, realizaran cuantiosas inversiones para reconvertir sus procesos industriales. Durante más de 20 años, Yucatán contó con suficiente gas natural, en cantidad y calidad. Pero desde hace seis meses, la empresa concesionaria, Mayakan, no ha podido abastecer del fluido que requieren la CFE y una decena más de industrias locales como Maseca, Bimbo, Barcel, LEE, Hidrogenadora Yucateca, entre las más conocidas. La explicación que han dado los concesionarios es que Pemex y otros abastecedores del gas natural no cuentan con el fluido suficiente para atender el mercado yucateco. Como en los viejos tiempos, la lejanía y la relativa estrechez de nuestra demanda se tornan obstáculo para la producción industrial yucateca. Como en los años que creíamos superados, largos convoyes con negras cisternas vuelven a utilizar las vías del ferrocarril para entregar el combustóleo que requieren las plantas termoeléctricas.

La inesperada situación ha mostrado la vulnerabilidad que arrastra aún la Península en materia de energía, en su producción y su desarrollo. También ha dejado al descubierto las fallas de coordinación que existen entre autoridades de los distintos niveles y entre autoridades y particulares, unos, concesionarios de un servicio o abastecedores de gas, otros, consumidores finales. El gobierno del Estado no ha logrado que Pemex asegure el gas que requiere Yucatán y la Península. Es cierto que para Pemex el mercado yucateco de gas natural es pequeño, poco atractivo y hasta oneroso; que prefiere asegurar a sus grandes consumidores del centro que a los pequeños y remotos intereses yucatecos. Tal vez eso explique por qué no ha comprado gas natural en el extranjero, transportándolo en barcos hasta Progreso. Tampoco los gobiernos de Yucatán y de Quintana Roo han logrado presionar lo suficiente para garantizar el abasto peninsular. Y los pronósticos hacen ver que las cosas no cambiarán en lo que resta del año. Viendo hacia el futuro, las fallas en el suministro de gas natural a Yucatán afecta indirectamente el dinamismo cobrado por las inversiones turísticas en las costas quintanarroenses, pero también actúa contra proyectos ganados con “sangre, sudor y lágrimas”, como el de la Cervecería Modelo y el polo industrial de Hunucmá.

No huele a gas porque huele a indiferencia. El desabasto de gas natural no es sólo problema para las empresas que lo requieren o para las autoridades involucradas. El gas natural es un insumo de importancia estratégica para Yucatán y para los yucatecos, porque entraña un modelo de desarrollo que llevó años construir. Su falta atenta contra un nivel y una forma de vida, porque cuestiona los acuerdos y las relaciones entre el “centro” y las regiones, entre el gobierno federal y sus agencias y los gobiernos de los estados peninsulares y sus representados. ¡Arreglémoslo!— Mérida, Yucatán.


miércoles, 17 de junio de 2015

Mujeres e independientes, hacia 2018.

Dulce María Sauri Riancho
Antes de iniciar el análisis de lo que puede traernos el futuro a la luz de los resultados del 7 de junio, permítanme, amigos lectores, festejar. Se trata de que por primera vez el Congreso del Estado, en la próxima legislatura local, habrá la máxima representación femenina de toda la historia. Doce mujeres: siete del PRI, cuatro del PAN y una de Morena ganaron un espacio gracias a los votos de los yucatecos y a la paridad en las candidaturas, establecida en la Constitución en 2014. La ola de mujeres alcanzó también a la Cámara de Diputados federal, donde 116 curules de mayoría tendrán ocupantes femeninas, frente a 91 de la actual legislatura. Sumadas a las 93 de la representación proporcional, dan un total de 209, casi el 42 por ciento del total. Quienes tengan presentes los registros paritarios de candidaturas se preguntarán por qué no habrá la mitad de diputadas, es decir, 250. La razón tiene que ver con los votos, pues si bien los partidos tuvieron la obligación de presentar el mismo número de mujeres que de hombres candidatos, en los 300 distritos los electores definieron a la o el ganador. Además, ninguno de los grandes partidos nacionales comenzó su lista de diputados de representación proporcional con mujeres. Sesgos aparte, no podemos menos que celebrar la llegada femenina al Poder Legislativo, en un número que se acerca cada vez más a la Igualdad en la participación de la toma de decisiones sobre asuntos de interés colectivo, como los que se tratan en los congresos. En Yucatán, es posible que PRI y PAN tengan diputadas coordinadoras de su grupo parlamentario. Veremos si el aumento de número se traduce en una nueva manera de tratar y resolver las cuestiones de interés general y muy particularmente las que se encuentran relacionadas con el ejercicio real de sus derechos por parte de las mujeres.

También se ha hablado mucho en estos días de la importancia del triunfo de los candidatos independientes a la gubernatura de Nuevo León, a una diputación federal en Sinaloa y a una local en Jalisco. Ciertamente que los ganadores tendrán los reflectores de una opinión pública exigente, con altas expectativas de que hagan las cosas de una manera distinta de los desacreditados partidos políticos. Quienes se arriesgaron a pasar el calvario de acreditar su registro, de participar en condiciones de desventaja en cuanto a apoyos materiales y de organización; quienes pudieron salir adelante sin los costosos spots de televisión y la machacona publicidad de la radio, estos triunfadores aceleraron los tiempos de la elección presidencial de 2018. ¡Claro que pende sobre el éxito de las candidaturas independientes la acción de los partidos políticos para limitar e incluso asfixiar las condiciones de competencia! Lo que menos quieren las grandes organizaciones nacionales es que uno de “fuera” perturbe la campaña hacia la presidencia de la república. Veremos sin duda, intentos reiterados y revestidos de distintas formas, en especial las del financiamiento, para reducir drásticamente la posibilidad de recorrer el camino que se abrió en esta elección.

Mientras, algunos destacados militantes de los partidos no se han quedado sentados contemplando a la lejanía el 2018. A la conocida aspiración de Andrés Manuel López Obrador se sumó esta semana Margarita Zavala, quien anunció su propósito de luchar por la candidatura presidencial del PAN, en vez de intentar ganar la contienda por la presidencia de su partido. Tal vez haya alguien que piense que fue “salir por peteneras”, aunque la pretensión de llegar a la titularidad del Poder Ejecutivo federal es tan importante que no permite tomarla como vía de escape ante la imposibilidad de competir exitosamente por la dirigencia de su partido. El PRD tendrá que vulcanizar sus cansadas llantas en el Distrito Federal. Su prospecto de candidato a la presidencia, el jefe de gobierno Miguel Mancera, quedó seriamente abollado cuando chocó con Morena, que se mostró como el nuevo centro político de la capital del país. El control de daños perredista tendrá que ser pronto, si no quieren pasar a la irrelevancia de un sexto lugar en 2018.

El PRI también la tiene difícil para los próximos años. La dirigencia nacional cambiará en breve. Quien encabece al partido lo guiará en la contienda interna por la candidatura presidencial, que se hará con nuevas reglas y en condiciones políticas inéditas para el partido en el poder. No es lo mismo ventilar aspiraciones presidenciales en el PAN o el PRD; o siendo gobernador por alguno de estos partidos, que en el PRI. Los acuerdos internos sobre los mecanismos y formas de mostrar y placear a los prospectos presidenciales priístas resultarán fundamentales para no caer en desventaja respecto a otras fuerzas políticas. La emergencia del candidato presidencial como si fuera el conejo de la chistera del mago ya no es posible, ni viable su éxito en los tiempos actuales.

Por si el futuro no fuera complicado para los partidos, en otros calderos deben estar ya cociéndose posibles candidatos independientes a algunas de las elecciones estatales del próximo año. Son 12 entidades donde se renovarán gobernadores, entre ellas nuestro vecino Quintana Roo. En más de una alguien tratará de emular al “Bronco” de Nuevo León. Habrá mucho por hablar e imaginar. Pero por hoy, ¡que vivan las mujeres!— Mérida, Yucatán.


miércoles, 10 de junio de 2015

Saldos del domingo 7, después de la elección.

Dulce María Sauri Riancho
El domingo pasado Yucatán se distinguió en el país por dos cuestiones. Una, muy positiva, se refiere a la participación ciudadana, que alcanzó un promedio estatal de casi 69%, cuando el porcentaje nacional alcanzó apenas 47%. La otra circunstancia, dolorosa, fue la violencia electoral, con saldo de dos fallecidos en Temax el mismo domingo, que se suman al deceso de un joven hace unos días en Peto. A una escala menor, sí, pero el pacífico estado peninsular compartió titulares con Oaxaca y Guerrero, azotados de nuevo por actos vandálicos que por fortuna no lograron obstaculizar el ejercicio de la voluntad popular.

En cuanto a los resultados preliminares provenientes del PREP, mi “bola de cristal” de la semana pasada funcionó bien en líneas generales. El PRI y sus aliados ganaron la mayoría de los distritos federales, la excepción parece ser el IV federal que se adjudicó el PAN, aunque las cifras definitivas se conocerán este miércoles, cuando se contabilicen todas las actas. A nivel estatal sólo dos distritos de Mérida, el IV y el V, que corresponden al rumbo de Chuburná y de la colonia Alemán respectivamente, el PAN logró la mayoría. Queda por ver qué otros partidos alcanzan boleto que los lleve al nuevo edificio del Poder Legislativo yucateco.

La “joya de la corona”, Mérida, se la quedó el PAN. Los casi 151 mil votos que obtuvo son equivalentes a los que recibió la coalición PRI-Verde para Mérida en los dos distritos federales, un poco más de 154 mil votos. Movimiento Ciudadano (MC), el partido que postuló a Ana Rosa Payán, capturó casi 22 mil votos para el Ayuntamiento de Mérida, y un poco más de 11 mil para las diputaciones federales en el mismo espacio político. ¿De quién tomó votos MC? No parece que el PAN haya resultado particularmente afectado. Más bien se antoja que los sufragios provinieron de simpatizantes del PRI, tal vez descontentos con la repetición de su candidato. Lo sostengo por los números de la elección federal, en la que el PRI y su aliado el Verde lograron 15 mil votos más que Nerio Torres. En buen castellano: si todos los que votaron por los candidatos a diputados federales del PRI lo hubieran hecho también por la fórmula para el Ayuntamiento, el PRI hubiera ganado la elección de alcalde. No fue así, pues posiblemente esos sufragios se transfirieron a Ana Rosa Payán.

La alternancia volvió a ser una constante en las elecciones municipales del interior del estado. En Valladolid, circunstancia novedosa, triunfó la planilla del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), lo que coloca a la próxima presidenta municipal como parte del grupo de triunfadores del partido de Andrés Manuel López Obrador, junto con los cinco jefes delegacionales del Distrito Federal. Sorpresa fue también el número de votos que ese partido alcanzó en Mérida, casi 10 mil, para ubicarse en cuarto lugar, sobre el PRD. Progreso por primera vez perfila un cabildo opositor al PRI. Allá también se presentó el fenómeno del “voto cruzado”, pues en tanto las dos candidatas a diputadas local y federal se impusieron fácilmente en el puerto, la aspirante priísta fue derrotada por el candidato de Nueva Alianza. En el sur, frente a los barruntos de tormenta de una semana atrás, el proceso transcurrió en calma. El PAN se impuso en Peto, en tanto que el PRI lo hizo en Tekax y Ticul. Destaca la aparente derrota del PRI en Maxcanú, que, de confirmarse, representaría un tropiezo para la familia May Catzin, pues su hijo Camilo no lograría ser electo, después de que sus padres han gobernado alternativamente el municipio por muchos años.

Además de los candidatos, otros ganaron o perdieron en la jornada del domingo. No me cabe duda que la principal triunfadora fue la ciudadanía yucateca, que salió a manifestar su voluntad masivamente. Ganó el gobernador Zapata Bello, que tendrá el apoyo de un congreso mayoritariamente del PRI para la segunda parte de su mandato. La derrota de su partido en Mérida debe dolerle, pero al mismo tiempo le otorga un margen de maniobra importante en el cabildeo de su propia sucesión. El equipo priísta recibe a nuevos jugadores, incluyendo precandidatos al gobierno estatal y a la alcaldía de Mérida para 2018. En cuanto al PAN, gana el alcalde Barrera Concha, que entrega buenas cuentas a su partido. A ver si se lo reconocen. La derrota panista en Tizimín y en el oriente del estado, San Felipe incluido, impacta las posibilidades futuras de Huacho Díaz y del senador Daniel Ávila. Si tiene algún tropiezo Víctor Lozano Poveda en el IV distrito, se reducirá aún más el número de competidores del alcalde saliente. Quienes ganaron la elección federal irán a participar en una legislatura particularmente compleja. Ya les espera su primera tarea: estudiar y aprobar el llamado “presupuesto cero”, que congelará el cumplimiento de muchas de las promesas de campaña por falta de recursos. Jorge Carlos Ramírez brillará en un medio que conoce, e Ivonne Ortega tratará de encontrar su lugar en una realidad política que quizá no corresponda a sus deseos. Mientras, todos los candidatos triunfadores al Congreso local y en los 106 ayuntamientos empezarán a soñar con la reelección en 2018. Otros más, los que aspiran a “la grande”, en el estado y en el país, comienzan a tener pesadillas con un “Bronco” independiente como protagonista.— Mérida, Yucatán.


miércoles, 3 de junio de 2015

“Bola de cristal” para el 7. Pronósticos electorales

Dulce María Sauri Riancho
Este miércoles concluyen las campañas electorales en todo el país. A partir de las 12 de la noche se inicia el “silencio electoral”, pausa brindada a los electores para realizar una reflexión final sobre el sentido del voto que habrán de emitir el próximo domingo 7. Aprovecho esta última oportunidad de escribir sobre cuestiones electorales, para exponer mi aportación a lo que pomposamente se denominan “pronósticos” —más bien “bola de cristal”— sobre los resultados que habrán de darse a conocer el domingo por la noche. Este será un ejercicio activo en las redes sociales, donde la legislación electoral no logra, afortunadamente, silenciar las voces.

Ambiente. A pesar de la violencia política que se dejó sentir en Peto, las elecciones yucatecas transcurrirán en paz. La mayoría de los ciudadanos acudirán a ejercer su derecho, acicateados principalmente por las elecciones de presidentes municipales y de camino votarán por los candidatos a diputados. Esa será una ventaja que por primera vez tendrá una elección intermedia federal en nuestro estado. Ayudarán también las campañas de promoción del voto de las autoridades electorales y de grupos organizados de la sociedad, como el Consejo Coordinador Empresarial. Yucatán, una vez más, se distinguirá nacionalmente por la elevada participación de su ciudadanía.

Resultados. En las elecciones para diputados federales, el PRI ganará alrededor de 230 curules, entre los distritos de mayoría y la representación proporcional. En la Cámara de Diputados sus representantes se podrán sumar a los que obtenga el Partido Verde y, eventualmente, Nueva Alianza o Panal. Es decir, la correlación de fuerzas políticas en la próxima legislatura será muy semejante a la actual. En las elecciones de gobernador en nueve estados del país, las cosas pueden ser diferentes. En seis entidades gobierna el PRI: Campeche, Colima, Michoacán, Nuevo León, Querétaro y San Luis Potosí. Dos estados tienen gobiernos del PAN: Baja California Sur y Sonora; el PRD gobierna Guerrero. Todos registran altos niveles de competencia electoral, es decir, no hay estado fácil para ninguno de los tres grandes partidos nacionales. Quizá en el vecino Campeche se registre la mayor ventaja para el PRI; pero en los demás, ganarán por diferencias porcentuales de un solo dígito. Dos características serán observadas muy de cerca la noche del 7: una, las entidades donde fueron postuladas por primera vez mujeres con posibilidades reales de ganar. Es el caso de Nuevo León y Sonora para el PRI; San Luis Potosí y Michoacán, para el PAN; y Guerrero, para el PRD. La otra fuente de atención será sobre las candidaturas independientes, en especial la de Nuevo León, en que Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco” tiene posibilidades de llevarse el triunfo. En Yucatán es muy probable que el PRI gane la mayoría en el Congreso del estado, puesto que cualquier posible derrota en los distritos, se compensará con las fórmulas del repechaje de la representación proporcional. El PAN quedará como segunda fuerza y es posible que Movimiento Ciudadano le arranque al PRD una de sus dos diputaciones actuales. Mérida, es comprensible, constituye el centro de atención. La llamada “joya de la corona” electoral tendrá una vez más, resultados muy apretados. Para el PAN es vital conservar al municipio capital de la entidad; es la única presencia política de peso significativo que tiene en la región sureste y su base de apoyo para cualquier proyecto de recuperación electoral. El PRI también ha puesto interés en ganar de nuevo, aunque la sombra de la gestión 2010-2012 sigue pesando considerablemente. La campaña priísta se ha concentrado en las colonias populares y las comisarías meridanas, bajo el supuesto que el norte y colonias de clase media son difíciles, por no decir imposibles, de convencer para la causa priísta. Esta arriesgada apuesta puede darle resultado, y los panistas se pueden amanecer con la desagradable sorpresa de la derrota. Hay otro factor en juego: la candidatura de Ana Rosa Payán. ¿Cuántos votos puede recibir? ¿A quién se los habría de quitar: al PAN o al mismo PRI? ¿Influirá en forma definitiva en los resultados finales? La respuesta ciudadana a estas preguntas habrá de influir en lo que se llama el “voto útil”. Otros municipios del estado registran también altos niveles de competencia, como Tizimín, Izamal, Valladolid —con un PRD revivido por una activa candidata—, Tekax, Ticul, etcétera. La alternancia política se ha vuelto costumbre en algunos municipios, por lo que no sería extraño que tanto el PRI como el PAN perdieran varios de los que gobiernan, a cambio de ganar otros.

Después del 7: quiénes ganan y quiénes se quedan en el camino. De estos últimos parecería que no hay que preocuparse. No sería el caso de Jaime Rodríguez, “El Bronco”. Si gana, habrá abierto la puerta de una candidatura independiente de los partidos políticos para la presidencia de la república en el año 2018. Y si pierde, también, porque habrá demostrado que sí es posible retar a las grandes organizaciones y crear condiciones de competencia electoral. Desde luego que los resultados habrán de influir en las dirigencias de los partidos políticos, en especial del PAN, que tiene a la vista el proceso de renovación de su dirigencia nacional. En el PRD, los saldos de la elección influirán determinantemente en sus posibilidades hacia el 2018 y en su precandidato más visible, el jefe de gobierno del Distrito Federal, que puede salir mal librado por la emergencia de Morena, que le arrebatará varias importantes delegaciones.

En el xtokoy-solar también los resultados del 7 de junio delinearán el futuro. En el PRI, si gana Nerio Torres, se sumará a Jorge Carlos Ramírez y Víctor Caballero en la contienda interna por la candidatura al gobierno del Estado en 2018. Si el PAN se impone en Mérida, tendrá en Mauricio Vila a un posible prospecto, junto con Renán Barrera, Raúl Paz y Huacho Díaz. ¡Hagan sus apuestas, señoras y señores! Y voten.— Mérida, Yucatán.