miércoles, 26 de octubre de 2016

Haciendo negocios en Yucatán. Estacionados a la mitad

Dulce María Sauri Riancho
Como hongos después de la lluvia, han menudeado en las últimas semanas encuestas y escalas de medición sobre la calidad de vida de Yucatán y, particularmente, de Mérida. La mayoría de estos instrumentos estadísticos capturan percepciones y opiniones de la población. No es el caso de Doing Business 2016, publicación bianual del Banco Mundial, elaborada para conocer el clima de negocios en 189 países, uno de los cuales es México. El estudio mencionado tiene una dimensión subnacional, es decir, mide también la situación en las 32 entidades de la república. En este caso, no se trata de impresiones o sentimientos de la población, sino de la llamada “información dura”, que proviene del análisis de leyes y reglamentos, así como de información sobre prácticas desarrolladas por diferentes instituciones de gobierno en sus tres niveles: federal, estatal y municipal. Las fuentes informativas abarcan a representantes del sector privado, así como a funcionarios públicos. Para construir el índice nacional, los especialistas del Banco Mundial trabajan con cuatro indicadores, que a la vez están conformados por 15 componentes. En cada estado se analizan para una ciudad en especial. Mérida fue seleccionada para ilustrar la situación yucateca.

Hace dos años, en junio de 2014, en estas mismas páginas escribí sobre los resultados de Doing Business. En ese entonces, Yucatán, o sea Mérida, ocupó el lugar 18. La media tabla se debió principalmente a que en “Obtención de permisos de construcción”, “Registro de la Propiedad” y “Cumplimiento de contratos” apareció en los lugares 24, 23 y 20 respectivamente. Sólo destacó en el indicador “Apertura de una empresa”, con el cuarto sitio nacional. Veinticuatro meses después, Yucatán permanece en el mismo lugar 18. De los tres estados peninsulares, Campeche ocupa el sitio 15 y Quintana Roo, el 25. Aguascalientes, Estado de México, Colima y Puebla encabezan la lista en ese orden. Ciudad de México y Oaxaca son las entidades “coleras” (31 y 32 respectivamente).

Mérida se mantuvo en el cuarto sitio respecto a la apertura de una empresa, sólo superada por Monterrey, Puebla y Culiacán; mejoró en el indicador “Obtención de permisos de construcción”, al pasar del sitio 24 al 16, cuando Colima ocupó el primer sitio. Avanzó un lugar, del 20 al 19, respecto al de “Cumplimiento de contratos”, donde el Estado de México (Tlalnepantla) fue líder. Sin embargo, en “Registro de la propiedad”, en el que Aguascalientes ocupa el primer lugar, Yucatán retrocedió del 23 al lugar 24. Estos movimientos muestran que hubo acciones positivas para mejorar el clima de negocios en Yucatán, pero que en otras áreas, simple y llanamente los resultados han sido insuficientes, por decir lo menos. Concentrémonos en ejemplos de avance y rezagos.

Una vista más cercana al indicador que registró mejoras, “Obtención de permisos de construcción”, marca 13 trámites para lograr un hipotético permiso para edificar una bodega con valor de 6 millones 700 mil pesos. La solicitud y obtención de factibilidad urbana ambiental requiere de 26 días, cuando, por ejemplo, en Zacatecas, sólo demanda 8. La licencia de uso del suelo, indispensable para tramitar la licencia para construcción, requiere de nueve días; la obtención de licencia, siete días; quince, para solicitar y obtener la conexión al servicio de agua potable (Japay), quince más para obtener constancia de fosa séptica y ocho más para construcción de pozo profundo (trámite nueve). Los avances logrados en este indicador —de la 24 a la 16—, son prueba patente de que se pueden agilizar los procedimientos regulatorios, sin dejarse de cumplir las normas de desarrollo urbano.

El indicador “Registro de la propiedad” parece ser el más resistente a materializar cambios en favor del clima de negocios de la entidad.

La información que considera el índice cerró al 31 de diciembre de 2015; por lo tanto, no incluye incidentes tan serios como el que se presentó respecto a la venta del Instituto Patria.

De los 10 trámites que incluye este indicador, sólo uno, Inscripción de la escritura pública por parte del notario (trámite nueve), emplea un lapso de 15 días. Tal parece que el principal problema que enfrenta este indicador está en la calidad y la fortaleza de los registros, así como en la existencia de obstáculos para el acceso y disponibilidad de la información. Entre las seis reformas recomendadas por el Banco Mundial en este campo, destacan la modernización del marco jurídico, el empleo de tecnologías de la información, digitalizar el acervo del Registro Público y el cierre de libros físicos. Propone también replicar la normativa que rige la función registral y catastral en buena parte del país, así como adoptar los contratos de compraventa, estandarizados a nivel nacional.

Sin dejar de celebrar el “empleo 50 mil”, no caigamos en la fácil complacencia. Una revisión cuidadosa de las 251 páginas de “Haciendo negocios en México” (Doing Business) 2016 puede perfilar retos futuros para facilitar la instalación y el desarrollo de nuevos negocios en Yucatán. Aunque el índice está referido a Mérida, mejorar el funcionamiento de las instituciones públicas, reducir los trámites y el tiempo que se emplea en realizarlos, también puede ser una oportunidad para empresas y empresari@s de otras poblaciones yucatecas.


Espero que las autoridades estatales y municipales, así como las cámaras empresariales realicen esta lectura obligada para quienes desean que la dinámica económica se mantenga y amplíe.— Mérida, Yucatán.

jueves, 13 de octubre de 2016

Vivir con miedo... ¿sentirnos seguros?

Dulce María Sauri Riancho
Luces y sombras. Mérida aparece en la cima del índice “Las ciudades más habitables de México”, encuesta elaborada anualmente por el Gabinete de Comunicación Estratégica. Los resultados fueron celebrados por autoridades y representantes sociales, más cuando el 6 de enero próximo la capital del estado cumplirá 475 años de su fundación. Yucatán, como estado, no se rezaga: la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe), elaborada por el Inegi, lo ubica como uno de los estados donde la población se asume como más segura.

En visita realizada el pasado lunes, el comisionado de Seguridad Nacional, Renato Sales, se sumó a los elogios sobre la tranquilidad yucateca, reforzada por las primeras acciones del “Escudo”. Las sombras provienen del artero asesinato de Bárbara McClatchie, escritora y fotoperiodista canadiense que se estableció en Mérida, atraída precisamente por la atmósfera de bienestar que irradia la ciudad. Sombras también arroja el cuerpo de una infortunada mujer todavía sin identificar, que apareció en el plácido mar de Telchac. Y los vecinos de la colonia Benito Juárez, en Peto, que viven en zozobra tras la liberación de los pandilleros detenidos por lapidar sus casas en la madrugada del sábado.
Imagen: http://noticias.universia.net.mx/
¿Qué pensar de la súbita desaparición de cinco toneladas de pulpo, en tránsito hacia una congeladora en Yucalpetén?

Muchos se encargan de celebrar los logros. Lo hago sin escatimar reconocimiento. Sin embargo, justo en las sombras, en los episodios que aparentemente sólo son anomalías en un clima general de paz, es donde hay que fijar la mirada crítica, sobre todo para corregir a tiempo, antes de que la situación rebase a las autoridades y a la propia sociedad.

Vuelvo a la ENVIPE 2016. En el país, siete de cada diez personas mayores de 18 años se perciben inseguros. ¿Qué significa sentirse insegur@?

De acuerdo con la especialista Ana Laura Magaloni, esa sensación tiene tres componentes esenciales, que comentaré brevemente. El primero consiste en “Vivir con miedo”, sufrir la angustia permanente de poder ser víctima de algún delito, bien sea en su persona o en la de familiares. Hay ciudades o regiones de México en que esta situación forma parte de la vida cotidiana de las familias, en abierta contradicción al derecho fundamental a una vida libre de violencia. En el tranquilo Yucatán, la angustia puede tener otras fuentes y otras características. El familiar que sale con la moto, que se ha vuelto el vehículo mortal por excelencia; vivir con miedo al robo, a las pandillas que actúan en las poco iluminadas calles de la colonia; a tener que salir a altas horas de la noche a la farmacia y encontrarse con vecinos alcoholizados que les lanzan improperios.

El segundo componente de la percepción de inseguridad es la sensación de no tener control sobre su entorno y sobre la vida cotidiana. Está relacionado estrechamente con debilidades e insuficiencias del aparato administrativo local, como por ejemplo, desconocer cuándo va a pasar el camión de la basura; si habrá agua en la red o si tendrá cupo la niña en la escuela cercana a su domicilio.

Las largas colas que se forman frente a las escuelas en el mes de enero son parte de ese temor de no alcanzar algo indispensable para el buen funcionamiento de la vida familiar.

El tercer componente de la inseguridad es la percepción de sentirse desamparad@ frente a una eventual situación de violencia o al ser víctima de un delito. Es la sensación de que nadie ayudará en caso de ser asaltado en la calle o que nadie acudirá a los gritos de la mujer que intentan violar.

Esas redes de solidaridad social, que están en la base de la cohesión de cualquier grupo humano, existen todavía en Yucatán, tal como se demostró por parte de los vecinos de San José Tecoh al rescatar de las llamas al chofer de Uber.

La Envipe registra que la percepción de inseguridad de los yucatecos es mucho menos acentuada que a nivel nacional.

Cuatro de cada diez personas creen que es el principal problema del estado, en tanto que seis lo hacen en promedio en el país. Aquí preocupa mucho más el desempleo y el aumento de precios, que en el resto de México. También hay una diferencia significativa con respecto a la salud, pues la ENVIPE señala que casi el 36% de los yucatecos la consideran como fuente de inseguridad, en tanto que sólo el 30% lo hace a nivel nacional. Quizá el dengue, el zika y el chikungunya contribuyen a incrementar la sensación de amenaza al bienestar familiar. Destaca que la percepción de la corrupción como problema es levemente inferior en nuestro estado que en el promedio nacional (27.3% y 28.2% respectivamente); no así respecto a la consideración de la falta de castigo a los delincuentes, que es problema principal para el 25.6% de la población yucateca, en tanto que sólo lo es para el 20.3% en el resto del país.

Los yucatecos nos sentimos, ciertamente, más seguros que nuestros connacionales. Es una percepción que ha descansado hasta el momento, en hechos.


Pero como sentimiento, es frágil y puede cambiar bruscamente. Por ejemplo, ¿podremos tomar el transporte del ADO del aeropuerto de Cancún a Mérida en forma despreocupada como antes del artero asesinato de Bárbara McClatchie? Un hecho puede alterar las percepciones. Por eso, de ninguna manera podemos lanzar campanas al vuelo. Menos cerrar los ojos ante los problemas por los cuales muchos yucatecos ya no se sienten tan seguros como antes.— Mérida, Yucatán.