miércoles, 27 de enero de 2016

Mujeres, ciencia e innovación. Hacia el segundo centenario

Dulce María Sauri Riancho
Hace un siglo a las niñas se les destinaba a ser futuras esposas y madres. En consecuencia, su educación debía limitarse a enseñarles la eficaz realización de estas funciones en el seno del hogar. Fue lo que se cuestionó en el I Congreso Feminista de 1916: si la sociedad de personas libres que la Revolución pretendía formar, podía darse el lujo de segregar a la mitad de la población del cambio. Nuestras abuelas discutieron el papel de la escuela primaria en la preparación de las mujeres para la vida. Nuestras madres presionaron para ir a la preparatoria. Nosotras salimos con un título universitario que se quedó guardado para muchas, cuando tuvieron que optar entre el cuidado de la familia o su profesión. Nuestras hijas salieron abogadas, ingenieras o doctoras, y se encontraron en un mundo laboral en el que sus compañeros hombres, aún menos preparados, ganan más y son contratados de inmediato. Y nuestras nietas se interesan poco en las ciencias básicas, lejos de imaginarse a sí mismas como físicas, matemáticas o ingenieras en computación.

“Es un error social educar a la mujer para una sociedad que ya no existe”. Esta frase parte de los considerandos del Congreso Feminista de 1916, se expresó vigorosamente en las deliberaciones del reciente encuentro internacional “Mujeres en la Economía del Conocimiento y la Innovación” (Meci). Cien años después, la afirmación continúa siendo suficientemente válida como para provocar un ejercicio de reflexión crítica sobre el actual modelo educativo, si responde a las necesidades y demandas de una sociedad en continuo proceso de cambio. Por primera vez no sólo los instrumentos y las máquinas se vuelven obsoletos, sino también el conocimiento, empujado por una acelerada transformación tecnológica. Mujeres y hombres de la segunda década del siglo XXI tienen que tomar la decisión entre una actitud permanentemente receptiva a la innovación y el continuo aprendizaje o quedarse al margen de la cuarta revolución industrial, la del “internet de las cosas”, los sistemas ciberfísicos y la cultura del “hágalo usted mismo”. El indispensable cambio de actitud demanda salir de la zona de conforte de lo previsible y de la rutina. Es una exigencia complicada de cumplir para los hombres, pero en el caso de las mujeres la complejidad es aún mayor. Nos movemos en un territorio considerado tradicionalmente poco favorable a las causas femeninas, como es el de la economía del conocimiento, el desarrollo científico y tecnológico. El empoderamiento económico de las mujeres, que significa generar y disponer de ingresos propios, pasa en la actualidad por el reto de hacerlo desde la electrónica, la compu- tación, la física, matemáticas y otras ciencias exactas de las cuales, por lo general, están ausentes. Por esta razón, las discusiones del encuentro Meci busca, entre otras cuestiones, cómo interesar a las niñas y a las jóvenes en el estudio de las disciplinas académicas relacionadas con las tecnologías de información y comunicación; y, desde luego, detectar los obstáculos que desde el mundo de la cultura y la tradición reclaman insistentemente que las mujeres retomen el papel socialmente asignado a su género, es decir, el cuidado del hogar y de la familia, así como su exclusión de los asuntos públicos. No obstante, el enorme reto del Meci está en conjugar las necesidades y expectativas de las mujeres hacia la economía del conocimiento, con los problemas de violencia, pobreza y marginación en que viven millones de mexicanas aquí y ahora. Pensar el futuro no puede desligarnos de la responsabilidad colectiva frente a esta condición que, en los hechos, nulifica los avances consagrados en las leyes.

Plataforma. El Meci no sólo trató una agenda apretada y repleta de presentaciones desde el extranjero a través de videoconferencias, o de mesas paneles con distinguidos participantes, sino la determinación expresada por la secretaria de Relaciones Exteriores de hacer a la igualdad un elemento central de la política internacional de México. Para que esto haya sucedido, dos cuestiones tuvieron que conjugarse. Una, que la Cancillería, segunda en importancia en la jerarquía del gabinete presidencial, estuviera encabezada por una mujer, Claudia Ruiz Massieu Salinas, quien, a diferencia de sus dos antecesoras en el cargo, cuenta con el apoyo decidido del presidente de la república para que la SRE sea la “punta de lanza” en la implantación de la agenda de género del Ejecutivo Federal, con la eficaz participación de Inmujeres y de ONU-mujeres. El Meci congregó a los secretarios del Trabajo y de Educación Pública, que junto con la secretaria de Relaciones Exteriores forman la tercia de precandidatos emergentes por parte del PRI a la presidencia de la república. Las ausencias también hablan. No llegó Nuvia Mayorga, titular de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, hidalguense muy cercana al secretario de Gobernación. Tampoco lo hizo Rosario Robles, responsable de la Sedatu. ¿Será que sus respectivos afectos políticos en la lucha por la candidatura presidencial de 2018 pesaron en sus ánimos? En cambio, colaboradoras cercanas del secretario de Hacienda estuvieron y sostuvieron muy interesantes participaciones. La capacidad de convocatoria de la canciller quedó sobradamente acreditada, tanto por la asistencia de invitad@s nacionales y extranjeros de gobiernos, organizaciones sociales y académicas, así como empresarias. Escuchando y aprendiendo durante estos dos días intensos, contrastaba la voz que hace menos de dos semanas reclamó al centenario del Congreso Feminista un pronunciamiento sobre una mujer —presumiblemente ella— para presidenta de la república. Por el contrario, las voces de mujeres y hombres del Meci abrieron su imaginación y pensamiento para conjugar un “nosotras”, con propuestas concretas para conquistar un futuro más justo para todas. Una mujer con proyecto, una mujer con ambición, ¿será?— Mérida, Yucatán.


miércoles, 20 de enero de 2016

Ciento sesenta preguntas al gobernador. Hay materia de sobra

Dulce María Sauri Riancho
Puntual, como marca la ley, el Ejecutivo del Estado entregó al Congreso el informe correspondiente al tercer año de ejercicio de su administración. El domingo pasado sucedieron dos eventos casi simultáneos: uno, en el nuevo recinto del Congreso, en el Periférico, cuando el secretario general de Gobierno hizo entrega del voluminoso documento a los diputados; y el segundo, en el Siglo XXI, cuando el gobernador Rolando Zapata dio lectura a su mensaje político ante un numeroso grupo de invitados de todos los sectores sociales de Yucatán. La parafernalia que rodea al acto gubernativo hace olvidar la razón misma del Informe, que es dar inicio al proceso anual de fiscalización de los actos del Ejecutivo por parte del Poder Legislativo.

A partir de esta semana, los diputados de los seis partidos integrantes del Congreso del Estado deberán inquirir sobre las afirmaciones y los contenidos del Informe, mediante el ejercicio conocido como “glosa”.

No trasciende, pero los legisladores comenzaron a trabajar desde hace varias semanas, cuando formularon un conjunto de preguntas al gobernador, cuyas respuestas forman parte del propio Informe. Fueron 160 en total, sobre los más variados temas: agricultura, promoción industrial, salud, educación, medio ambiente, etcétera.

Se suele dedicar poca atención a esta parte del Informe que, por su naturaleza, contiene información puntual, particularmente valiosa. Por ejemplo, en las respuestas 33 a 38 se reafirma el estatus de “rescindido” del contrato por el hospital de Ticul, un PPS por más de 5 mil millones de pesos, cantidad que contrasta con el costo total que tendría el nuevo hospital materno-infantil ubicado al sureste de Mérida, con 160 camas y ¡613 millones de pesos! O la respuesta a la pregunta 46, sobre los criterios del programa de repartición de tinacos, programa que “no estuvo vigente” en el periodo informado.

El dengue y el chikungunya estuvieron ausentes del mensaje político —son bastante impresentables—, pero en la respuesta 48 aparece un detallado recuento de las acciones de prevención realizadas, entre las cuales resalta la revisión de más de 1.3 millones de casas. Como el Conteo 2015 reporta que en Yucatán existen 565,015 viviendas particulares, significa que las campañas sanitarias visitaron al menos dos veces a la totalidad de hogares yucatecos. Los diputados inquirieron acerca de la situación del pueblo maya en las preguntas 58 a la 64: actuación de los jueces mayas; programas para la preservación de la lengua maya y la cobertura del servicio educativo que se brinda en este idioma, entre otros temas. Diversos aspectos de la educación media superior y superior son objeto de revisión detallada en las respuestas 68 a la 76: avances de la Universidad Abierta y a Distancia; situación del programa de Impulso a la Innovación Básica; alcances del Bachillerato Intercultural en el Estado; número de computadoras entregadas a los jóvenes del nivel medio superior y costo unitario —7,745 pesos más IVA— y empresas proveedoras.

También en el apartado educativo se informa del Museo de la Identidad Yucateca (pregunta 95), que está “en análisis y diseño”. La preocupación de los legisladores sobre la utilización de pesticidas y sus consecuencias en el campo yucateco se manifiesta en las preguntas 102 y 103, junto con las relativas a los transgénicos y su impacto en el ámbito rural. En una respuesta, la 111, nos enteramos de que se encuentra en etapa final de elaboración del Programa Regional de Desarrollo Sustentable de la Zona Metropolitana de Mérida; el grado de cumplimiento de las observaciones realizadas por la CNDH al sistema carcelario de Yucatán; los avances del nuevo sistema penal acusatorio; la capacitación de la Fiscalía General del Estado; las acciones de fortalecimiento institucional dirigidas a los funcionarios municipales que iniciaron su gestión en 2015.

Se incluyen también varias preguntas relativas al funcionamiento de la administración pública: ingresos propios, cuantía de la deuda pública, entre otros, con sus respectivas respuestas, más o menos detalladas, pero todas con material importante para ahondar en el análisis, si los diputados están dispuestos a ello. No todas las preguntas, sin embargo, registraron respuestas. Algunas, por considerar que la información corresponde a la Cuenta Pública, que en el caso de 2015 apenas se está integrando. En otros, fue un tajante “no es materia del Informe de Gobierno”, lo que se obtuvo al indagar sobre la postura del Ejecutivo acerca del matrimonio igualitario y del consumo lúdico de la mariguana (131).


La buena disposición para contestar a las pesquisas de los diputados se desdibuja en las preguntas relativas al combate a la corrupción: casos denunciados, actuación del Instituto Estatal correspondiente y sus resultados. En la parte relativa a los gastos en publicidad y el nombre de los proveedores de estos servicios, el Ejecutivo se limitó a remitir a los informes trimestrales y a la Cuenta Pública. ¡Lástima!, pues un anticipo hubiera abonado a cerrar una de las brechas más notables del III Informe, que tiene relación con la transparencia de los actos del gobierno en un renglón tan sensible para amplios sectores de la sociedad como es el relativo a la propaganda. Aun así, hay materia de sobra para que las y los diputados realicen un trabajo eficaz, que vaya más allá del halago fácil o de la diatriba descalificadora a ultranza. Es su trabajo. Y nuestro derecho exigirles que lo realicen con dedicación y profesionalismo.— Mérida, Yucatán.

miércoles, 13 de enero de 2016

Primer Congreso Feminista de Yucatán

Dulce María Sauri Riancho
El jueves 13 de enero de hace 100 años dio inicio el Primer Congreso Feminista de Yucatán. Había sido convocado por el general Salvador Alvarado, gobernador y comandante militar, con el propósito de discutir y resolver cuatro temas sobre la condición de las mujeres yucatecas relacionados con educación, economía y política. La convocatoria abarcaba todo el estado, aunque las potenciales delegadas debían cumplir dos requisitos: ser “honradas” y poseer “cuando menos” los conocimientos de la escuela primaria, es decir, saber leer y escribir, lo que en esos tiempos limitaba seriamente su número. El gobierno se comprometió a pagar todos los gastos de viaje y permanencia en Mérida de las 620 mujeres participantes, que dispondrían de ocho días como máximo para adoptar resoluciones, las cuales, una vez asumidas, tendrían la posibilidad de ser elevadas a la categoría de leyes.

Imagen del Primer Congreso Feminista de Yucatán

El movimiento revolucionario iniciado en 1910 había movido conciencias, además de armas, para gestar un profundo cambio social en el país, que recogió el Constituyente de Querétaro. En Yucatán, la condición femenina compartía con los peones acasillados de las haciendas henequeneras y con los obreros explotados en las factorías la situación de vulnerabilidad y discriminación. Alvarado había hecho realidad el decreto de liberación de los acasillados y promovió la formación de sindicatos para defensa de los trabajadores. En cuanto a las mujeres, giró órdenes perentorias a los jefes de armas de los distintos distritos del estado, de resolver a su favor las controversias presentadas en razón del abandono y falta de manutención de sus hijos, o de la violencia ejercida en su contra. Pero no era suficiente. Se requería la adopción de medidas que permitieran plasmar en las leyes sus derechos: a la educación, al trabajo, a su libertad como persona. Imaginar las condiciones de vida de nuestras abuelas es difícil en pleno siglo XXI, pero hace una centuria, ellas alcanzaban la mayoría de edad hasta los 30 años, en tanto que los hombres lo hacían a los 21. Quedaban “encomendadas” a través de la figura jurídica de las “curatelas” que les impedía tomar decisiones sobre sus bienes. Muchas de ellas contraían matrimonio a los 13 años, como Elvia Carrillo Puerto; morían de parto y tenían que soportar calladamente el abuso de su pareja con tal de no perder respetabilidad ante una sociedad que sólo admitía a una mujer sola si era viuda. Las mujeres nacían, se reproducían, hacían tortillas y morían. Nada más. La condición de discriminación femenina era semejante en todo el país.

¿Por qué germinó en Yucatán el “exótico” llamado al debate sobre la situación de las mujeres, para que fuera la voz de ellas mismas la que definiera cómo “manumitirlas” del yugo de las tradiciones? Aquí se combinó la visión de un gobernante revolucionario, Alvarado, con una corriente de cambio que venía desde el Instituto Literario de Niñas, de Rita Cetina Gutiérrez y “La Siempreviva”, que había formado maestras de educación primaria con una forma distinta de concebir la condición femenina. El gobernante no “inventó” el feminismo yucateco, como tampoco lo hizo con la Reguladora del Mercado del Henequén.

Se los encontró y logró potenciar a ambos. Sin las feministas yucatecas no habría habido llamado al Congreso; sin Alvarado, no habría gobierno que apoyara y promoviera la expresión de las mujeres.

Se ha pretendido ver en el primer Congreso una exclusiva intencionalidad electoral, para que las mujeres pudieran demandar el derecho de votar y ser electas, cuyos sufragios favorecerían el proyecto político de Alvarado. No descarto de manera alguna que hubiera existido esa visión, que en sí misma sería innovadora y revolucionaria; sin embargo, dominaba el propósito de “dar libertad a un(a) esclavo(a)”, que es la definición de “manumitir”, sobre todo cuando se trataba de contribuir a liberar a las mujeres del yugo de las tradiciones que las obligaban a permanecer recluidas en la esfera privada, en tanto que los asuntos públicos, incluyendo la política, eran exclusivos de los varones.

Esta semana Mérida es sede de varios encuentros de feministas, mujeres y hombres, que analizarán y discutirán sobre la condición actual de las mexicanas, sus avances y retos. Como yucateca, celebro la exuberancia de los eventos conmemorativos organizados en ocasión del centenario del Congreso Feminista. Las comisiones de Igualdad del Congreso de la Unión, el Congreso del Estado, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), el Instituto estatal, el gobierno de Yucatán; las organizaciones no gubernamentales, activistas sociales, mujeres íconos del feminismo nacional, investigadora(e)s y académicas, pondrán termómetro respecto a los obstáculos y retos de las mujeres mexicanas en la segunda década del siglo XXI. No puede de manera alguna ser ocasión de complacencia frente a los cambios que indudablemente han acontecido en los últimos cien años. Si la tentación surgiera, tendríamos la obligación de recordar las mujeres de hoy, que estamos aquí, que tenemos voz y poder de decisión gracias a ellas, a las de “La Siempreviva”, las del Congreso Feminista de enero de 1916, que resistieron las descalificaciones y las burlas por penetrar un territorio que era, hasta entonces, exclusivamente masculino.


Muchos historiadores le han regateado a Yucatán su papel de vanguardia en el movimiento revolucionario de 1910. Todos los cambios, sostienen, vinieron “de fuera”, gestados lejos de estas tierras. El feminismo yucateco, al igual que el antireeleccionismo, estaba aquí y actuaba antes de Salvador Alvarado. Del Congreso Feminista de 1916 al asesinato de Felipe Carrillo Puerto en 1924, se vivió un periodo de cambios jurídicos y sociales que mejoraron sustantivamente las condiciones de las mujeres yucatecas. Después vino el invierno, donde resurgieron los prejuicios de los gobernantes y se abandonaron las políticas de promoción activa a favor de los derechos femeninos. Pero las yucatecas no cejaron. Y Elvia Carrillo Puerto es el mejor ejemplo. Por eso su nombre brillará con letras de oro en el recinto del Congreso del Estado a cien años de la jornada histórica del feminismo mexicano.— Mérida, Yucatán.

lunes, 11 de enero de 2016

Balanza 2015. Esperanza y fe para 2016

Dulce María Sauri Riancho (Adaptación del texto publicado en el Diario de Yucatán el 30 de diciembre de 2015)

Quiero emplear la generosidad de este espacio para intentar hacer un somero balance entre las expectativas y las realidades vividas a lo largo del año que concluyó. Dos mil quince no comenzó con felicidad para millones de mexicanos, víctimas de la violencia y de la falta de oportunidades. Y así concluyó para muchos, en México y en el mundo. El plato de la balanza que acumula decepciones y fracasos se llena con facilidad cuando consideramos lo que sucede fuera de Yucatán y nos adentramos en otras regiones en que la delincuencia provoca muertes por la ilegal e incontenible “ordeña” de los poliductos de Pemex.

Robar gasolina se ha vuelto un explosivo negocio con consecuencias impredecibles para quienes se dedican a extraer y comercializar el producto sustraído a la paraestatal y para las familias que viven en comunidades cercanas.

La fuga del Chapo Guzmán dominó el escenario del combate al narcotráfico y su búsqueda para recapturarlo, la atención de los cuerpos de seguridad, en particular de la Marina, que se ha concentrado en el estado de Durango, muy lejos del mar y de los puertos, pero muy cerca del “triángulo de oro” mexicano, donde se produce mariguana y la poco publicitada amapola de la que se extrae la heroína. (Al finalizar este texto, no se había concretado la recaptura)

En el mundo, la migración de personas alcanzó cifras récord en este año, cuando millones huyeron de la guerra en Siria e Iraq y de las hambrunas y de la violencia política en los países del sur del Sahara.

En su esfuerzo por llegar al refugio de la Unión Europea, familias enteras cruzan desiertos, se amontonan en frágiles embarcaciones en su intento por cruzar el Mediterráneo. Muchos, más de 5,000, murieron buscando llegar a una tierra que imaginan promesa de paz.

La dolorosa contabilidad consigna una reducción en la brutal frontera norte de México, donde 302 personas perdieron la vida buscando el “sueño americano”. La mayoría de los muertos no tienen nombre ni rostro; simplemente desaparecen sin dejar huella más que en el corazón de sus familiares que los buscan vanamente. La ola migratoria sobre Europa occidental está contribuyendo a socavar los pilares de la Unión Europea, en forma tal vez más severa que la crisis financiera de varios de sus miembros, encabezados por Grecia. Las barreras al tránsito de personas se vuelven a levantar en las fronteras; los ciudadanos europeos se sienten amenazados por la irrupción masiva de quienes tienen otra religión, color de piel, costumbres y tradiciones.

Los atentados de París con su secuela de más de 130 muertos obligaron a enfrentar la impactante realidad de que no son los recién llegados quienes alimentan las fauces del terror, sino sus propios ciudadanos, nacidos y educados en Europa, pero que se perciben a sí mismos como excluidos de una sociedad que rechazan como suya.

En el otro plato de la balanza, donde se agrupa aquello que permite abrir paso al optimismo, se encuentra el acuerdo surgido de la COP21, para hacer frente al cambio climático. Parecía que iba a naufragar en el agitado mar de los intereses y las rivalidades económicas entre gobiernos y grandes empresas de los países desarrollados. No fue así: salió adelante, por lo que en el seno de las Naciones Unidas 195 países habrán de ratificarlo, adherirse a él y ejecutar las medidas que hagan posible limitar el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2 grados centígrados, hasta 1.5 grados. Este aparente modesto 0.5 implica un compromiso de las economías más industrializadas del planeta para reducir la emisión a la atmósfera de los gases de efecto invernadero. Esto cuesta mucho dinero, en adaptaciones y la adopción de tecnologías limpias, en especial para producir energía. Se constituirá el Fondo Verde para el Clima, para apoyar a los países menos adelantados y en desarrollo. Además, se necesita proteger a los países más afectados por las consecuencias del calentamiento global, como los pequeños estados insulares del Pacífico Sur, que se encuentran en riesgo real de desaparecer al invadir el mar su territorio. Si pudieron ponerse de acuerdo en este asunto, hay razones para esperar que logren hacerlo en cuestiones que ataquen de raíz las causas de la migración de millones de personas. La acción internacional por la paz podría restablecerla en la región más convulsionada del planeta. Entonces, sus ciudadanos ya no tendrían que abandonar sus hogares y arriesgar su vida para escapar de la violencia. En México tenemos nuestros propios desplazados internos, que también han huido de sus hogares en busca de la tranquilidad perdida. Algunos de ellos han echado raíces entre nosotros. Parecía que ignorando el fenómeno, desaparecería. Afortunadamente, el Conteo 2015 lo consideró, por lo que ahora sabemos con datos duros que Chihuahua y Tamaulipas son las entidades que más población han perdido como consecuencia de la violencia criminal que las azota.

La Real Academia Española define la “esperanza” como un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. Su prima hermana es la “fe”, que hace creíble incluso aquello que la razón se resiste a admitir. Mis deseos para 2016 tienen que ver con esa fe que nos sostiene y con la esperanza de lograr una sociedad en paz y con respeto a los derechos de cada uno de sus integrantes. “A Dios rogando, y con el mazo dando…”. ¡Felicidades!