jueves, 22 de octubre de 2015

Mérida pierde con el cierre de LA68

Dulce María Sauri Riancho
Una muy mala noticia: la Casa de Cultura “Elena Poniatowska” cerrará definitivamente sus puertas. Enclavada en el barrio de Santiago, abrió sus puertas hace ocho años como parte de una serie de centros culturales y espacios que se abrieron en el Centro Histórico. Por eso considero que el próximo 20 de diciembre, si cierra LA68, Santiago vivirá una especie de infarto y Mérida, tres grandes pérdidas: uno, el proyecto de Centro Histórico de la ciudad; dos, la estrategia de diversidad cultural que han tratado de impulsar las autoridades municipales y estatales; y tres, la participación social en el desarrollo de las actividades artísticas y culturales. Vayamos por partes.
Pierde el proyecto del centro histórico. La revitalización del tradicional rumbo de Santiago, antiguo barrio de indios mayas durante la Colonia y zona de alto valor simbólico para la ciudad, sufrió el proceso de deterioro que también afecta a otras partes del centro tradicional de Mérida. Su orgulloso mercado, que retaba en calidad y precio de sus productos al mismo “Lucas de Gálvez” padeció del abandono de sus clientes/vecinos atraídos por los nuevos supermercados, y de las mismas autoridades que no supieron reconocer la importancia de los centros de abasto ubicados en los barrios y suburbios de la ciudad. Los jóvenes hijos de santiagueros fueron a fincar sus residencias lejos de la casa de sus padres; cuyos predios cambiaron de uso, para albergar oficinas e, incluso, el viejo Circo Teatro Yucateco de la 57 por 68 cayó víctima de la fiebre de modernización que azotó la ciudad a principios de la década de 1960. Así estaban las cosas cuando casi a finales del siglo pasado, comenzaron a llegar “los de fuera”. Los inmigrantes que vinieron de otras partes de México y del extranjero, empezaron a comprar las casas antiguas, a arreglarlas y transformarlas en cómodas residencias, galerías de arte, tiendas donde venden artículos diversos y exóticos para nuestro medio, como esencias de perfumes, helados artesanales que ellos elaboran, etc., etc. Toda una eclosión de una manera de vivir la ciudad a partir del arte y la cultura, en donde se entremezclan experiencias y conocimientos de varias latitudes de nuestro planeta.
Y en el barrio de Santiago se instaló LA68, como un espacio de encuentro de la comunidad con el arte y la cultura en sus distintas manifestaciones. Desde un principio, se empeñó Paula Haro en capturar el interés de niños y adultos con talleres de todo tipo y en hacer del lugar un sitio de encuentro que ofrece funciones de cine al aire libre, donde se proyectan películas y documentales que muchas veces sólo en la ciudad de México se pueden ver. Además, se dispone de una tienda de artesanías y de un pequeño restaurante con diversas especialidades para combinar con el disfrute del cine. Para Santiago, el cierre de LA68 será la pérdida de un lugar que había logrado establecerse como un referente cultural del barrio, que es la expresión territorial de los vientos de renovación en la cultura yucateca.
Pierden las instituciones gubernamentales dedicadas a la cultura y las artes. El programa de Cultura parte del Plan Estatal de Desarrollo 2012-2018, otorga gran importancia a la diversidad tanto de expresiones artísticas como de grupos y personas involucradas en la pintura, danza, teatro, cine, música. Hemos sido testigos de los esfuerzos descomunales que han realizado diversos grupos para sobrevivir, en pequeños locales, con recomendaciones “boca a boca” y, sobre todo, con una gran voluntad y entrega de sus participantes. ¿Qué sentirán estos grupos ante el cierre de LA68? No se necesita mucha imaginación para percatarse de que será como un balde de agua fría a sus menguados ánimos. Vale, sin lugar a dudas, impulsar un festival internacional como el de la Cultura Maya. Pero lo que no es admisible es que la energía gubernamental —y sobre todo el dinero público— se agoten en él, cuando muchas expresiones sociales con unas cuantas gotas de ese río podrían continuar sus actividades. La misma reflexión se puede ampliar a las autoridades municipales de Mérida. LA68 es un espacio de la ciudad y de los meridanos, al cual habría que prestarle atención y desde luego, apoyo.
Pierde la sociedad. Es cierto que hay dos proyectos exitosos de asociación público-privada para llevar adelante una iniciativa. Me refiero al Museo “Fernando García Ponce” Macay, dedicado al arte contemporáneo, que desde hace más de 20 años funciona en el edificio del Ateneo Peninsular. La Orquesta Sinfónica de Yucatán y su patronato son también una muestra de que el entendimiento entre autoridades y sociedad da también buenos frutos. Pero por el otro lado, hay iniciativas que se agotaron al no haber podido encontrar mecanismos para hacerlas sostenibles.
En entrevista al Diario de Yucatán, Paula Haro señaló tres causas del inminente cierre del Centro Cultural “Elena Poniatowska”: factores externos, como la mala situación económica del estado y del país; el crecimiento de la competencia, “y el nulo apoyo de los gobiernos”. Aclara: “no quería sobrevivir” a costa de los gobiernos, pero “nunca se realizaron trabajos en conjunto por la falta de interés de las autoridades”. Hay tiempo para rectificar. Para Paula, al encontrar un ambiente más propicio para mantener ese esfuerzo de ocho años. Para las autoridades, al ponderar que ese cierre actúa contra sus mismas pretensiones de proyectar la imagen de Mérida como la ciudad segura y de mejor calidad de vida del país. Y para el barrio de Santiago, al mantener latiendo a LA68, que ya es parte de su corazón.— Mérida, Yucatán.

martes, 13 de octubre de 2015

Sociedad del Conocimiento. Parque y nueva secretaría

Dulce María Sauri Riancho
En el transcurso de unos cuantos días nos enteramos de tres sucesos importantes para el futuro de Yucatán. Uno, el pasado lunes 5 de octubre el Secretario de Educación Aurelio Nuño, anunció la creación de una Universidad Politécnica, especializada en tecnologías de información y comunicación (TIC’s). Dos, ayer, debió aprobarse en el Congreso del Estado la creación de la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior (SIIESY); y  tres, la realización en Mérida de la sesión de la Junta de Gobierno de Centros Públicos de Investigación CONACYT. Debemos aclarar que estos tres eventos no suceden de manera espontánea, ni son hechos aislados que hayan coincidido por azar. Son pasos de un derrotero que lleva consigo mucho trabajo, esfuerzos coordinados de instituciones gubernamentales y académicas en torno a un plan bien estructurado. Constituyen un avance concreto de una política pública que tiene el propósito central de preparar a Yucatán para ser parte de una economía del Conocimiento. La magnitud del reto es enorme pues se trata de que la economía se sustente en la producción, distribución y uso del conocimiento y la información, pero no como algo ajeno al proceso, sino como parte integrante de éste. Las industrias y empresas basadas en este tipo de economía mejoran su productividad y se vuelven más competitivas en la medida que incrementan el conocimiento y la innovación de sus propios procesos productivos, en vez de estancarse en hacer las cosas “como siempre se han hecho”. Una economía de esta naturaleza requiere a su vez de una organización social que la haga posible; esto es, una sociedad basada en el Conocimiento. Se trata de favorecer la existencia de industrias que inviertan en la producción, uso y adaptación de nuevos conocimientos e investigaciones, al mismo tiempo que desarrollan infraestructura y herramientas como las telecomunicaciones, para distribuir información y poderla utilizar en provecho colectivo. Desde una perspectiva más amplia, la Sociedad del Conocimiento incorpora el uso efectivo de conocimientos técnicos, políticos y sociales para elevar la calidad de vida de todos.  Avanzar en esa dirección supone tres condiciones previas e indispensables: una excelente plataforma de telecomunicaciones (redes, comunicaciones satelitales, cable fibra óptica); dos, un ambiente propicio para las mentes “brillantes”, que son mujeres y hombres capaces de generar ideas innovadoras, contenidos y métodos educativos, programas para el buen gobierno o aplicaciones para diseñarlos; personas que pueden inventar tecnologías, aplicar la ciencia a los proyectos productivos. Y la tercera, emprendedores capaces de introducir y adoptar los cambios a sus propios procesos productivos, para innovar y potenciar, al mismo tiempo que amplían las fronteras del conocimiento.

Habrá quien levante la ceja del escepticismo al leer lo anterior. ¿Cómo –se preguntarán- se puede pensar en una sociedad del conocimiento cuando los yucatecos apenas tenemos 8 años de escolaridad (2º secundaria) y apenas 5 de cada cien personas tienen título universitario? La respuesta proviene justamente de estos esfuerzos de la comunidad científica, de las instituciones de educación superior y del gobierno, que son quienes hacen posible el conjunto de políticas públicas necesarias para lograr nuestro propósito. Resulta que en Yucatán trabajan más científicos y miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) que en la mayoría de los estados de la república. Aquí existe y opera el Parque Científico y Tecnológico de Yucatán, que alberga centros de investigación reconocidos internacionalmente, que comparten espacio con empresas privadas decididas a incursionar en la economía del conocimiento. Allí conviven instituciones de raigambre yucateca como la UADY y el CICY, con centros nacionales como el CINVESTAV, la UNAM y el CIESAS; allí son vecinos la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la docencia, de las empresas que introducen los inventos e innovaciones a sus procesos productivos.

Pero alcanzar a cosechar la semilla sembrada demanda una férrea disciplina por parte de los protagonistas del cambio, en especial del gobierno. Sólo la persistencia que permita trascender los cambios políticos puede dar frutos en esta materia. Les comento una experiencia negativa. Hace más de 20 años, se instaló la primera planta vinculada a la industria aeroespacial en Yucatán. Pero ese logro quedó aislado, no se le dio seguimiento como parte de una estrategia integral. Lo que no hicimos en Yucatán lo hicieron en Querétaro, que ahora es el centro aeroespacial de México y uno de los más importantes de América Latina, con universidad incluida.

Desde que se integró y entró en funciones el Consejo de Ciencia, Innovación y Tecnología de Yucatán (junio del 2003) se pusieron bases firmes para que Yucatán avance en el propósito de convertirse en sociedad del Conocimiento. La creación y entrada en funciones de una secretaría dedicada al desarrollo científico y a la innovación, resulta ser excelente ocasión para refrescar objetivos, revisar compromisos y renovar propósitos. No será una mera estructura burocrática más, sino una vía para potencializar lo existente y darle la consistencia institucional necesaria a las políticas públicas para que perduren y den resultados.


Los invito a que cualquier domingo de estos manejen hacia Progreso, se desvíen en Tamanché y tomen la nueva carretera Kikteil-Sierra Papacal. En unos cuantos kilómetros, irán del pasado de la dependencia del henequén hacia una promesa de renovación y cambio que devuelva a Yucatán vocación productiva y una forma diferente de participar en la economía global. Las otrora enormes alfombras verdes de los henequenales han dado paso a un gran complejo de edificios en los que se fragua la posibilidad de construir un nuevo futuro. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Cambios en el gabinete. Juego de las sillas - I

Dulce María Sauri Riancho
¡Cuántas veces en la infancia jugamos la ronda de las sillas! Sólo necesitábamos sacar al corredor algunos de los desvencijados asientos de la cocina y comenzar a dar vueltas a su alrededor hasta que, sorpresivamente, quien actuaba de árbitro interrumpía el movimiento. Entonces, cada quien trataba de apoderarse del lugar más cercano, aquel que estaba vacío, aunque tuviéramos que desplazar a nuestro mejor amigo. Vencedora, vencedor era el que se quedaba solo/a con aquella silla cuyo encanto consistía en que era única.

Algo así sucedió con los recientes cambios en el gabinete del gobierno del Estado. Desde principios de año, cuando comenzaron las campañas para los ayuntamientos y las cámaras legislativas, varios y distinguidos funcionarios abandonaron su asiento y se fueron a buscar el triunfo electoral, propio o de otros. Sus sillas quedaron vacías, en tanto que el árbitro —el gobernador— seguía moviendo la ronda. Giraban los encargados de despacho, como la Sedesol o Desarrollo Rural, que veían con ojos de posesión definitiva la silla de su oficina, pero seguía sonando la música y nadie podía sentarse. La ronda acabó bruscamente el martes 29. Las sillas vacías las ocuparon 35 demandantes de reacomodo después de las campañas. Dos no encontraron cabida: David Alpizar, en la Secretaría de Fomento Económico (Sefoe), y Enrique Magadán, en la Dirección de Cultur.

Conviene recordar que tanto la Constitución de la república como la estatal establecen que el desempeño —y las responsabilidades— del Poder Ejecutivo son unipersonales, esto es, descansan única y exclusivamente en la persona del Presidente, a nivel federal, del gobernador o del alcalde en el estado. Las personas, hombres o mujeres, que forman parte del llamado “gabinete” son auxiliares del titular del Ejecutivo, de él dependen y es a él a quien deben responder por su desempeño del cargo. Si bien las leyes dejan a los ciudadanos en calidad de espectadores de los aciertos o errores en las designaciones en la administración estatal, la política en cambio nos confiere una posición privilegiada por ser quienes calificamos los resultados que las instituciones y sus responsables obtengan, para bien o para mal. Así que la primera pregunta que nos vemos obligados a formular ante tantos y tan relevantes cambios es: ¿qué es lo que funcionaba mal o insuficientemente para hacerlos necesarios?

Si consideramos el total de movimientos, sólo en dos casos se decidió “prescindir de los servicios”, o sea, removerlos de sus posiciones, sin contar al ex titular de Educación, para quien parece haber una secretaría de nueva creación en su futuro. Hay argumentos para pensar que no fue el mal desempeño lo que motivó al gobernador a decidir los cambios de su gabinete. Esta explicación se refuerza al constatar que en el relevo en la Secretaría de Fomento Económico, por citar un caso concreto, el gobernador sacrificó a dos de sus mejores colaboradores, al desprenderse de David Alpizar, conocedor como pocos del campo de las inversiones productivas, y obligar a Ernesto Herrera a cobrar distancia de lo que es su fuerte: la operación jurídica del gobierno en su conjunto.

Tampoco el prurito de alcanzar mejores resultados parece haber sido el objetivo al que respondió el cambio en Desarrollo Rural. Para fines operativos, Carlos Carrillo Maldonado había logrado mantener el rumbo y la dinámica impuesta a la dependencia por Felipe Cervera. Si se le relevó, debió ser para enmendar el rumbo o para redoblar el paso, objetivos que aparecen lejanos al perfil de la persona escogida para ocupar el cargo: Juan José Canul. Parece que no hubo un salto cualitativo en las capacidades, en la especialización o la experiencia de los involucrados en los cambios de gabinete. Tal vez el factor que se buscó alimentar con estos nombramientos haya sido la mayor integración del equipo de gobierno, asegurar mejores resultados por la cohesión del grupo y por su afinidad al proyecto gubernamental.

Hubo dos vacíos muy importantes, graves si se consideran los criterios de inclusión y de respeto a los derechos humanos que imperan en las políticas públicas a nivel mundial. Uno tiene que ver con la igualdad de género. Me refiero al hecho lamentable de que ninguna mujer sea titular en las secretarías de la administración centralizada; que sea necesario escudriñar hasta las entidades o administración descentralizada, en el Indemaya y en el Instituto de Equidad y Género (Iegy) para encontrarlas. Omisión que se acrecienta al cumplirse 100 años del Congreso Feminista; por haber sido Yucatán la primera entidad donde hubo mujeres en cargos de elección popular y el único estado del país que ha tenido dos gobernadoras. La otra omisión se encuentra en el Indemaya: después de Abigail Uc, que fue su primera directora hace varias administraciones, bajo el gobierno de Rolando Zapata ha sido dirigido por dos mujeres, valiosas, sí, pero que no tienen origen maya ni dominan la lengua, cuando existen jóvenes profesionales mayas de uno u otro sexo con plena capacidad para desempeñar el cargo exitosamente.


Más allá de los elogios o las reprobaciones que haya levantado Rolando Zapata, lo cierto es que fue él quien decidió con toda libertad; que empleó la legitimidad que supo ganarse en los tres primeros años de gobierno para detener la música, sacar a unos y meter a otros en este juego de las sillas que en 2018 sólo tendrá una disponible, en el estado y en la federación.