miércoles, 29 de abril de 2015

Candidatos en campaña: Cómo y con qué

Dulce María Sauri Riancho
En medio de una discreción rayana con la secrecía se realizó el primer debate entre candidatos a la presidencia municipal de Mérida. Igual que la mayoría de quienes pudieron seguir por radio el encuentro entre candidatos, me quedé con la sensación de que mucho faltó para ser debate. Ya se han realizado en estas mismas páginas varios e interesantes análisis de este déficit, en parte provocado por el rígido formato adoptado por los organizadores. Las principales diferencias se dieron en la forma de lidiar con el pasado. Mauricio Vila se propone que “Mérida siga adelante”, como una manera de comprometer la continuidad de su administración, inspirado en lo que considera buenas prácticas de los alcaldes panistas anteriores. Nerio Torres plantea “Sensibilidad y Orden”, como los dos ejes de su futura acción pública que, al mismo tiempo, le permita deslindarse de la cuestionada administración priísta 2010-2012. En tanto, Ana Rosa Payán se ve a sí misma “Rompiendo esquemas, venciendo el desánimo, la apatía y el enojo”. Carlos Carvajal eligió la frase “Por Mérida sin mentiras”.

Considero que los candidatos, especialmente Nerio Torres, se esforzaron por presentar ideas con el vestido de propuestas: parques, transportes, mercados, y ¡hasta una universidad! Es difícil distinguir las diferencias entre los planteamientos vertidos ese mediodía: todos son muy parecidos, con algunos y leves matices. Demostraron gran capacidad para generar propuestas pero poca, muy poca para considerar los “cómo”. Si esta deficiencia sólo hubiera relucido en el debate, se lo atribuiría al tiempo breve y a la necesidad de comprimir los planteamientos a frases efectistas que pudieran quedarse en la mente de los electores oyentes. Pero no es así. Transcurridos 24 días de campaña, los candidatos siguen sin dar a conocer la forma como se proponen cumplir sus promesas. Y es que ninguno de los cuatro ha querido abordar el espinoso asunto de las finanzas municipales: cuánto dinero capta el ayuntamiento y cómo se propone distribuir el presupuesto para que la ciudad siga funcionando y, además, crezca. Parto de la consideración de que el presupuesto gubernamental, tanto del estado como de los ayuntamientos, tendrá un ajuste severo, consecuencia de los problemas con el precio del petróleo. Quiero enfatizar que transitar de la promesa al compromiso real pasa por resolver, al menos en el papel, la complicada y fundamental cuestión de los recursos disponibles para materializar la obra o para poner en marcha los servicios. Desde esta perspectiva y con el propósito de escudriñar en los “cómo”, hice una breve lista de las principales propuestas presentadas en el debate por parte de los cuatro.

1. Transporte. Mauricio Vila habló del “plan de transporte inteligente”, haciendo a un lado la cuestión de que las facultades en la materia las tiene el gobierno del Estado. Nerio Torres omitió alguna alusión del ambicioso programa de modernización de transporte para Mérida, que fue presentado con amplia difusión por el entonces secretario general de Gobierno. En esta materia, ya se ha anunciado la cancelación o postergación de la construcción del anillo periférico externo de la ciudad, como parte de los ajustes presupuestales del gobierno federal. Ninguno de los candidatos ha mostrado su posición sobre los distintos planes de vialidad para Mérida: si pasos deprimidos o elevados, carriles exclusivos para bicicletas, etcétera. Los candidatos reconocen que es un tema altamente sensible para la ciudadanía, sea por el costo del camión y por el tiempo necesario para los traslados, o bien por las complicaciones del tráfico vehicular en las otrora tranquilas calles de Mérida.

2. Disposición de basura. Dos de los candidatos —Nerio Torres y Carlos Carvajal— plantearon su recolección gratuita. Ana Rosa Payán señaló que nada es gratis, que acaban pagando los ciudadanos. En este tema, Vila nadó “de muertito”. Un poco de historia: cuando fue creada Servilimpia como paraestatal municipal en 1986 compartió territorio con la tradicional empresa Pamplona. En los dos casos se pagaba cuota de recolección, diferenciada de acuerdo con la zona de la ciudad. A la fecha, la recolección de basura a cargo de tres empresas es subsidiada por el municipio de Mérida, así como la operación del relleno sanitario donde se depositan los residuos. Ciertamente hay quejas y extensas zonas de la ciudad que desdicen el tradicional calificativo de Mérida Blanca del cual tanto nos enorgullecemos. Esta situación demuestra con claridad que se requiere mejorar la eficiencia del servicio; volver quizá al esfuerzo de separación y al enésimo intento de que funcione su planta.

3. Compromisos pendientes. ¿Qué pasó con el rescate del Paseo de Montejo para lo cual se contaba con recursos millonarios ya asignados? ¿Qué mensaje pretende enviar Mauricio Vila cuando plantea de nuevo su rehabilitación? ¿Y los proyectos para La Plancha? Se habla mucho de parques, nada de arborización, de agua y medio ambiente, pese al calor que nos agobia.

Considero necesario que los candidatos expliquen a la ciudadanía cómo pretenden materializar sus propuestas. Además de permitirnos apreciar el grado de conocimiento sobre los temas, también ayudará a reconocer la intensidad del compromiso con esas mismas ideas. No pretendo teñir de gris el horizonte presupuestal de la próxima administración municipal, pero es un escenario desafortunadamente probable. Aunque sea campaña electoral, un toque de realismo no vendría mal para convencernos.— Mérida, Yucatán.


lunes, 27 de abril de 2015

Campañas frías

Dulce María Sauri Riancho
(Publicado el 22 de abril en el Diario de Yucatán)
En franca contradicción con las alarmantes noticias de una canícula particularmente intensa en estos días de abril, las actividades de los partidos y sus candidatos transcurren en un ambiente que se acerca a la indiferencia y al aburrimiento. No es que las mujeres y los hombres que han sido postulados no le echen ganas. Las diarias noticias de la prensa hablan de recorridos bajo el ardiente rayo de sol, a pie o en bicicleta; en tricitaxi o participando en una carrera. Todo sea con tal de entrar en contacto con los electores y, particularmente, lograr un buen reportaje acompañado de una fotografía que ilustre el esfuerzo para convencer. Si sintonizamos una estación de radio o un canal de televisión, nos vienen encima innumerables spots de promoción política que, a fuerza de ser repetitivos, han dejado incluso de ser escuchados por los posibles votantes a los que van dirigidos.

Se dice que la ciudadanía demanda propuestas concretas por parte de los candidatos en campaña. En Mérida, algunos de ellos han lanzado algunas ideas, como reforestar la ciudad y hacer parques en los terrenos donados al ayuntamiento por los fraccionadores; resolver el problema de la basura y dejar de cobrar por su recolección, entre otros. “Ciudad incluyente y accesible”, “impulso a la movilidad urbana”, son algunos botones de muestra que ilustran la pretensión de los candidatos de hacer propuestas que, de llegar a ganar, prometen aplicar desde el Ayuntamiento o el Congreso del Estado. Pero el entusiasmo se encierra en pequeños grupos de leales, en tanto que la mayoría sigue viviendo el sopor de la indiferencia. Para sacudirlo, a los estrategas de los candidatos se les ocurrió aplicar un remedio que en otras ocasiones ha dado resultado: organizar un debate entre los candidatos a la alcaldía de Mérida.

Los debates presidenciales, como parte de las campañas políticas, son relativamente nuevos. Se inauguraron en la memorable confrontación entre Richard Nixon y John F. Kennedy, a fines de 1960. Dicen que la seguridad demostrada por el candidato demócrata ante las cámaras de televisión que por primera vez transmitían en vivo un encuentro de esta naturaleza fue decisiva para su triunfo. En México, apenas en 1994 se efectuó el primer debate entre candidatos a la presidencia de la república. Participaron en ese inédito encuentro Ernesto Zedillo, Cuauhtémoc Cárdenas y Diego Fernández de Ceballos quien, de acuerdo con los observadores, ganó el intercambio, pero después se fundió en un inexplicable silencio que le hizo perder lo avanzado esa noche. Del debate de 2006 se recuerda la silla vacía de López Obrador y de 2012, el vestidito de la edecán del IFE. Dicen los especialistas que los debates televisados proporcionan un marco para examinar la plataforma política de los candidatos y ayudan para que los votantes puedan formarse un juicio del carácter y la capacidad de quienes buscan su apoyo.

Si estamos de acuerdo en que la comparación es una forma de contribuir a decidir el voto, los debates permiten a los electores hacerla teniendo cara a cara a los contendientes. Bien organizados, los debates generan atención en la ciudadanía, sea incluso por morbo.

Aunque se preparan con mucho cuidado, la capacidad que demuestren para responder “a bote pronto” a las preguntas de los oponentes puede ofrecer a los electores una mejor oportunidad de comparar capacidades, y a los candidatos, de refutar los ataques y las acusaciones de sus adversarios. Los candidatos participantes tienen tres metas específicas: reforzar a quienes ya le han manifestado su apoyo (¡ese es mi gallo (o gallina)!); ganarse a los indecisos, que todavía no definen por quién votar y, por último, tratar de restarle simpatizantes a sus rivales, sumándolos a su causa.

Si los debates tienen todas estas cualidades para ayudar a “calentar” una desangelada campaña, ¿pueden tener este resultado en Mérida? Tendrían que superar varios obstáculos, entre ellos el desconocimiento que, transcurrida la tercera parte del tiempo, parece predominar sobre las distintas opciones políticas. También tendrían que remontar la escasa publicidad que se le ha dado al evento, a pesar de que el Iepac lo avala y la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión lo organiza.

Incluso, se adelantó que será transmitido solamente por radio, excluyendo a la televisión y a un horario de difícil acceso para las y los que trabajan fuera del hogar. Pesa asimismo el hecho de que cada vez más los monólogos han sustituido al intercambio de ideas y propuestas. Como los punteros no quieren arriesgar, se pretende que todos los aspectos queden regulados para evitar sorpresas y sobresaltos. Sea por evitar riesgos o por la disolución mercadológica de los candidatos, los debates terminaron por ser ejercicios de lectura, en los que cada candidato lee un discurso que le prepararon, sin salirse de un guión —previamente convenido— diseñado para evitar sorpresas.


Creo que el formato del debate debería ser replanteado, empezando por su organización. ¿Sería posible, como en Estados Unidos, un debate con preguntas formuladas por ciudadanos, interesados en los problemas de Mérida? Se trataría de crear un escenario que hiciera propicia la comparación, no sólo de personalidades sino de propuestas y que fuera verdaderamente útil a la reflexión que debe acompañar el ejercicio del derecho de voto. A menos que el problema no fuera la mecánica del evento, sino los candidatos, que no tengan ánimo de arriesgar ni recursos para participar en una auténtica confrontación de ideas.— Mérida, Yucatán.

viernes, 17 de abril de 2015

Admirada Elvia: (A 50 años de su muerte)

El próximo sábado se cumplen 50 años de que cesaste tu lucha. Vale recordarte como parte de la numerosa prole Carrillo Puerto. Que naciste en Motul y que tu destino parecía trazado hacia las funciones tradicionales de una mujer en la sociedad de tu tiempo. Matrimonio temprano, un hijo y un hogar del qué ocuparse no anularon tu afán de transformar el mundo que te rodeaba. El más inmediato y sentido era aquel donde se desenvolvían las mujeres. Te imagino preguntando por qué no podías hacer las mismas cosas que tus hermanos varones: continuar estudiando; hacer negocios y ganar tu propio dinero, y, sobre todo, participar en la política, que para tus años de joven inquieta ya implicaba participar en campañas electorales. Te quedaste en Yucatán, mientras Felipe recorría el país convulsionado por las luchas revolucionarias. Cuando llegó el general Salvador Alvarado alentaste la esperanza de romper las cadenas de la costumbre que te impedía participar como ciudadana plena en los asuntos de tu interés. Fuiste a los dos congresos feministas de 1916.

Nueva decepción cuando en enero una mayoría votó contra la demanda del voto para las mujeres, porque juzgaba que no estaban suficientemente preparadas. Con ánimo redoblado volviste a intentarlo en noviembre, cuando, ¡por fin!, se obtuvo la resolución de demandar el derecho político fundamental de poder votar y ser electas para representar a la ciudadanía. Llenaste tus alforjas de esperanza en las deliberaciones del Constituyente de Querétaro. Si ellos, los diputados, habían sido capaces de imaginar un nuevo orden social, que entregaba la tierra a quienes la trabajaban y garantizaba los derechos de los obreros, ¿por qué no habrían de hacerlo con las mujeres? Otra vez las fuerzas de la costumbre y la tradición se impusieron para relegar la justa demanda femenina de votar.

No dejaste de luchar a pesar de los sinsabores de Querétaro. Formaste la Liga de Resistencia “Rita Cetina Gutiérrez”, en memoria de una yucateca de vanguardia de finales del siglo XIX. Organizabas a las mujeres, de la ciudad y del campo para exigir su derecho fundamental a ser libres, sin estar sometidas a varón alguno. Tu hermano Felipe fue electo gobernador de Yucatán. ¿Qué habrás imaginado que traería para las mujeres quien se había comprometido siempre con los sojuzgados y oprimidos? Pero los valores que asignan papeles distintos a las mujeres y a los hombres estaban sólidamente arraigados, también, entre los socialistas yucatecos de vanguardia. El Partido y su Liga Central se opusieron a la iniciativa de reformas para garantizar el voto de las mujeres y su capacidad para ser electas como representantes populares. La primera resistencia fue vencida por Felipe cuando decidió pasar por arriba de ese Congreso tan dócil y colaborador para muchas cosas, menos para reconocer a las mujeres. Así, Rosa Torres G. fue electa regidora del Ayuntamiento de Mérida en 1922, en el primer año de gobierno de tu hermano. Y al siguiente, en noviembre de 1923, Raquel Dzib Cicero, Beatriz Peniche Barrera y tú fueron electas diputadas al Congreso del Estado. Debían haber tomado posesión el 1 de enero de 1924, justo cuando Felipe y otros dos de tus hermanos estaban siendo sometidos a una farsa de juicio que culminó con su ejecución el día 3. Después, al dolor de hermana se sumó la confusión política. Dos facciones se disputaron la gubernatura, cada una apoyada por una legislatura. Finalmente, la tuya recién electa prevaleció, pero ya para entonces, el ímpetu y el calor político que brindaba la figura del gobernador Carrillo Puerto se habían desvanecido.

Otra vez la esperanza de tu espíritu guerrero te llevó a recorrer el país. En San Luis Potosí fuiste candidata. Ganaste, pero tu triunfo no fue reconocido. Un personaje que habría de traicionar a Cárdenas lo impidió. Saturnino Cedillo señaló que bajo ninguna circunstancia aceptaba a mujeres legisladoras siendo él gobernador. Y así se hizo. La llama volvió a crecer cuando Lázaro Cárdenas, el presidente de la política de masas, de los campesinos y del movimiento obrero, decidió enviar una iniciativa para dejar establecida la plena ciudadanía de las mujeres. Seguiste muy de cerca el complejo proceso desde la ciudad de México, donde vivías. Se aprobó todo: congreso, legislaturas de los estados, pero algo ocurrió. De última hora, el aguerrido general Cárdenas no confió en las mujeres. Pudieron más los argumentos de los que proclamaban que su voto sería inducido por los maridos ¡y por los curas! Otra vez a esperar. Y finalmente, cuando vivías en la más estricta pobreza, con tu reducida pensión y tus clases de piano, vino la reforma de 1953, el voto y la primera diputada federal en 1954.

¿Qué dirías hoy, Elvia, sobre los millares de mujeres que en toda la geografía política son candidatas? Logramos la paridad, está en la Constitución. No es una cuota, es un derecho a participar en condiciones de igualdad con los hombres. En algunos estados, entre los cuales lamentablemente no se encuentra el nuestro, llevaron este principio hasta los municipios. No sólo las planillas son mitad y mitad, sino las mismas candidaturas a las presidencias municipales. Tú lo sembraste hace 100 años. Como tú, muchas vivimos decepciones y tropiezos; pero igual que tú, persistimos. Por eso el Senado de la República reconoce la lucha de las mujeres con una medalla que lleva tu nombre: Elvia Carrillo Puerto. A 50 años de tu partida, mira Elvia, eso has logrado para todas. Dulce María Sauri Riancho. Mérida, Yucatán.

martes, 14 de abril de 2015

Promesas y Compromisos

Dulce María Sauri Riancho
El domingo de Pascua dieron inicio las campañas electorales. Durante nueve semanas y media, cientos de mujeres y hombres cubrirán la geografía yucateca con su propaganda. Buscan el voto ciudadano para representarnos en el Congreso del Estado, en los ayuntamientos y en la Cámara de Diputados.

De ellos, sólo cinco ganarán un lugar en la Cámara Baja; 25 conformarán la nueva legislatura local, y 106 planillas triunfarán en la elección de los ayuntamientos.

No habrá manera de sustraernos al “ruido electoral” que provoca la insistente campaña en los medios de comunicación y de las visitas casa por casa que realizan los militantes más aguerridos de las distintas organizaciones políticas.

De acuerdo con las nuevas normas electorales, los candidatos tuvieron un periodo de “silencio”, una vez que concluyeron sus campañas al interior de sus partidos. Durante ese invaluable lapso, ellos y sus organizaciones planearon la forma de utilizar intensivamente el tiempo para entrar en contacto con sus posibles votantes. Son sólo 66 días para hacer proselitismo. Por esta razón, las campañas en medios masivos de comunicación se vuelven fundamentales.

En consecuencia, el diseño de la imagen y la producción del mensaje político ocupan un lugar destacado en las estrategias de todos los candidatos.

En la mercadotecnia electoral lo que importa es ganar. Los modernos estrategas han aportado nuevos elementos para lograr campañas políticas eficaces, es decir, que logren motivar al mayor número de personas a acudir a las urnas y votar por quien ellos promueven. Para ello se valen de distintas técnicas, algunas altamente sofisticadas. Es el caso de la conocida como “marca emocional del candidato”, que pretende encontrar las claves para una conexión “emocional” (María Pocovi). Su supuesto básico es que “la gente es emocional y no racional en su toma de decisiones”.

Llevada al extremo, los investigadores señalan que “el cerebro de los votantes es ahora el lugar donde se libran las contiendas políticas”. En consecuencia, esta técnica rechaza la utilización de encuestas de opinión e incluso de los propios “grupos de enfoque” porque sólo consignan opiniones racionales. En su lugar, proponen aplicar la tecnología neurocientífica, que permite detectar cambios mediante electrodos aplicados a las partes del cerebro donde se registran las emociones. Un poco menos pretencioso es el análisis del rostro de las personas, midiendo el movimiento de sus músculos faciales y su traducción en “expresiones faciales universales”, que son las que representan felicidad, tristeza, miedo, sorpresa y disgusto.

La neurociencia aplicada a la política busca entender el comportamiento individual como paso previo a la persuasión para lograr el voto del ciudadano a favor de determinado candidato.

¿Cuáles son los supuestos de este enfoque de mercadotecnia electoral que parece extraído de la ciencia-ficción? El primero es que en el cerebro se crean las conexiones emocionales con la realidad física. Que estas provienen en primera instancia de la conducta instintiva, que se basa en el impulso por la supervivencia: comer, beber, reproducirse, protegerse; es decir, la parte responsable de conservar la vida sobre cualquier otra consideración. A este impulso primitivo se le denomina “cerebro reptiliano”. Sí, amiga, amigo lector: se imaginó usted bien. Proviene de “reptil” (cocodrilos, serpientes y lagartijas, entre otros especímenes), cuyo cerebro está limitado a estas funciones básicas.

Como es flojo y no le gusta esforzarse en cosas distintas a la sobrevivencia, el cerebro reptiliano sólo recuerda el principio y el final de las cosas; le gustan los estímulos visuales y los objetos tangibles; busca contrastes que pueda detectar fácilmente y, sobre todo, responde a la emoción, no al razonamiento.

Desde el punto de vista del “neuromarketing”, “el cerebro reptiliano siempre gana”. En consecuencia, la propaganda electoral bajo este enfoque pretende encontrar la receta exacta para crear un “coctel” de emociones, que influya en la manera como memorizamos, actuamos y desde luego, por quién votamos.

Bajo estos supuestos, cerebro “flojo” y emotivo, los expertos en neuromarketing, construyen la “marca emocional” de sus clientes, los políticos. Su encargo consiste en armar “patrones de memoria”, en que los recuerdos se forman con expresiones sensoriales: no importa lo que digan, sino cómo lo digan; no es relevante si es verdad, sino que ellos lo crean y lo hagan creer a sus electores.

No cuestiono la importancia de la neurociencia. Me preocupan las consecuencias de estas técnicas de convencimiento para captar votos. Lo que menos interesa es la capacidad de gobernar o de representar a los intereses populares que tienen quienes resulten electos bajo esta fórmula mágica: endulzar los oídos de la gente con lo que se quiere escuchar; regalar objetos que se puedan palpar; prometer el sol, la luna y las estrellas, si al fin y al cabo, se van a olvidar.


Las promesas pertenecen a la esfera del cerebro reptiliano. Los compromisos corresponden a la parte racional de aquellos electores que reclamamos propuestas concretas para analizar y ponderar si quienes solicitan nuestro voto están en aptitud y actitud de cumplir. Sabiendo cómo se diseñan las campañas, es necesario poner a trabajar al máximo posible la parte del cerebro que se ocupa de razonar. Si no lo hacemos, los candidatos que triunfen considerándonos cocodrilos y lagartos, llegarán a representarnos de acuerdo a esa visión. Entonces, ¡agárrense! Porque el cerebro reptiliano de un representante popular electo con nuestro voto, regido por el solo instinto de supervivencia política, será proclive al incumplimiento de sus promesas y a todo tipo de transas. ¿Les suena conocido?- Mérida.

miércoles, 1 de abril de 2015

Menos dinero para 2016

Dulce María Sauri Riancho
Abril no sólo trae el estridente sonido de las campañas electorales que arrancarán conjuntamente con la Pascua de Resurrección y el cambio de horario del próximo domingo. Se inicia el 1 de abril con la presentación de los Criterios de Política Económica 2016, donde el gobierno federal deberá consignar sus principales objetivos para la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos. Luis Videgaray, secretario de Hacienda, enviará a la Cámara de Diputados este importante documento hoy por la mañana. La Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad (¡ojo con la palabra!) Hacendaria (LFPRH), en su artículo 42 lo obliga a consignar los escenarios económicos previstos para el siguiente año: crecimiento, inflación, tasa de interés de los Cetes, y muy especialmente, el precio estimado del petróleo. Además, tendrá que establecer con claridad si habrá superávit (más recaudación o menos gasto) o déficit en las finanzas públicas; y enumerar puntualmente los programas prioritarios y sus montos. Será la fecha de apertura de un complejo proceso que tendrá todavía dos estaciones más: el envío de la estructura programática que se empleará en el proyecto de Presupuesto de Egresos, programado para junio y, finalmente, la iniciativa completa, antes del 8 de septiembre. Los diputados tendrán dos meses para analizar, discutir y aprobar el Presupuesto 2016, que deberá estar listo el 15 de noviembre.

Este complicado trámite se ha repetido cada año desde 2006, fecha en que fue aprobada la LFPRH. Sin embargo, esta es la primera ocasión en que la formulación de la iniciativa se hará en medio de una gran incertidumbre financiera, causada principalmente por el descenso abrupto de los precios de petróleo crudo de exportación en el mundo entero. A las finanzas públicas de México les afecta muy duramente cualquier baja en los hidrocarburos, pues los ingresos producidos por su venta representan todavía alrededor del 40% del gasto gubernamental. Entonces, si la administración pública dispone de menos dinero, tiene que tomar uno de tres caminos: o aumenta los impuestos para recaudar más, o pide prestado más dinero de los bancos y se endeuda, o reduce su gasto para ajustarse a las nuevas condiciones. El camino de los impuestos está prácticamente cancelado, después de los estragos que causó la reforma fiscal de 2013, a tal grado que el propio presidente Peña Nieto se comprometió a no mover a la alza los gravámenes. La vía de pedir más dinero prestado tampoco está abierta, pues los niveles de endeudamiento interno están tocando límites peligrosos. Sólo queda entonces la difícil senda de la reducción presupuestal.

La LFPRH no lo deja a la imaginación de los funcionarios o de los legisladores sobre los programas y acciones a cancelar, sino que establece una prelación, de acuerdo con los distintos porcentajes de reducción. Pero se trata de presupuestos que ya han sido aprobados, no de aquéllos que apenas van a ser formulados. A la mayoría de los ciudadanos poco o nada le interesa estas complicadas historias de las finanzas públicas. Sin embargo, decisiones inadecuadas o poco previsoras, podrían hacer desandar lo avanzado duramente en los pasados 20 años en materia de control de la inflación, de disponibilidad de crédito y de crecimiento, así sea precario, de la economía. Entonces entra en escena un concepto que escucharemos repetidamente en las próximas semanas: el “presupuesto base cero” como el procedimiento que se aplicará para formular la iniciativa de Presupuesto de Egresos de la Federación 2016.

Esta forma de presupuestar proviene del sector privado norteamericano, que la aplicó exitosamente en algunas empresas con serios problemas financieros en la década de 1970. Consiste en una especie de “borrón y cuenta nueva”, en que todos los programas y las acciones que realiza el gobierno con cargo al presupuesto son sujetas a revisión, como si nunca se hubieran ejecutado. La pieza esencial es la evaluación de los proyectos, uno a uno, considerados todos ellos como nuevos. Usemos un ejemplo de la vida cotidiana: el costo de los servicios de celulares que paga la familia. Si hubiera una contingencia, como la pérdida del empleo de la mamá, en el presupuesto tradicional se trataría de reducir el consumo de minutos y, por lo tanto, el costo del servicio. En el presupuesto “base cero”, la familia evaluaría la necesidad de contar con teléfonos móviles. Si la respuesta es negativa, cancelarían todos los celulares y volverían a la línea telefónica fija.

Lo mismo tratará de hacer el gobierno. Pero ¿cuál es la capacidad de maniobra frente a las inercias y las costumbres que han sentado sus reales en las finanzas públicas? Una muestra permite ilustrar las dificultades que enfrentarán Videgaray y su equipo. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) realizó un “Inventario de Programas y Acciones de Desarrollo Social”, tanto del gobierno federal como de los estados y los municipios. En 2013, a través de 264 programas y acciones, se ejercieron más de 850 mil millones de pesos, que representan una cuarta parte del monto total del presupuesto federal de ese año. En esa bolsa programática está Procampo, Prospera (antes Oportunidades), Becas y Adultos Mayores, por citar sólo algunos de ellos. Más de 242 mil millones de pesos fueron destinados a apoyos monetarios. ¿Pasarán todos ellos la prueba de costo-beneficio? Y si no es así, ¿quiénes tomarán las decisiones para cancelarlos?


Si el anuncio del presupuesto “base cero” no es sólo un distractor, ¡menuda tarea espera a Hacienda! Gastar mejor siempre ha sido un objetivo incumplido. Los negros pronósticos de 2016 pueden ayudar a lograrlo. Y los diputados que elegiremos el 7 de junio serán los encargados de aprobar o rechazar el presupuesto “base cero”. No estaría mal preguntar a los candidatos sobre sus prioridades.- Mérida, Yucatán.