miércoles, 23 de abril de 2014

¿Calidad o duración?

Dulce María Sauri Riancho
La semana pasada argumenté que la proverbial costumbre de la Temporada había sido impactada por los cambios en la dinámica de las familias que año tras año se trasladaban durante dos meses a pasar los calores en la costa de Yucatán. También revisamos que los puertos tienen un flujo turístico constante, que no se limita exclusivamente a julio y agosto. Sin embargo, el Consejo Coordinador Empresarial, en su comunicado sobre las vacaciones de verano, también hace alusión a la necesidad de incrementar la duración de la jornada escolar, a cambio de aumentar los días de receso lo que, según plantean, favorecería la prosperidad de los negocios porteños.

De acuerdo con el reciente Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (Cemabe) realizado por el Inegi, uno de cada cinco habitantes de Yucatán son estudiantes de preescolar, primaria o secundaria. En este ciclo 2013-2014, más de 435,000 niñas y niños asisten a las escuelas. Predomina con claridad la enseñanza pública, pues nueve de cada 10 niños están matriculados en lo que se conoce como “escuelas del gobierno”, en tanto que sólo uno lo está en colegios particulares. Éste es un primer dato digno de tomar en consideración. El calendario de este año marca 208 días de clase, es decir, un aumento de ocho en relación con el ciclo anterior, aunque se destinan a los consejos técnicos escolares, por lo que el último viernes de mes no hay clases. Hace más de 50 años, cuando asistí a la escuela, concurríamos mañana y tarde. Ahora, el horario establecido es de cuatro horas y media, tanto para el turno matutino como para el vespertino, lo cual significa que los niños yucatecos reciben clases durante 900 horas en promedio.

En el caso de algunos planteles particulares, la jornada escolar es más prolongada, de seis horas o más, lo que significa que a lo largo de los años se va abriendo una brecha entre el sistema público y el privado, a favor de este último. Las actividades escolares deberán concluir el 15 de julio, para volver de nuevo el 19 de agosto. ¿Son suficientes las horas de clase o sería necesario aumentar su duración?

Cualquier madre trabajadora sabe lo que representan los días de asueto escolar cuando ella tiene que acudir a la oficina o a la fábrica y no tiene con quién encomendar a sus hijos. El efecto de la propuesta del Consejo Coordinador sería de alto impacto sobre este numeroso grupo de mujeres.

Se aduce que en otras partes del mundo las vacaciones escolares son mucho más largas que en México. Es parcialmente cierto, si lo vemos en número de días. Pero si revisamos cuidadosamente la duración de la jornada escolar, encontraremos que en Estados Unidos, por ejemplo, es de alrededor de siete horas y media, por lo que si bien tienen menos días, disponen de más tiempo para las actividades escolares. ¿Qué hacen entonces en aquellos países que sobresalen a nivel mundial por la calidad de sus estudiantes? Revisemos los casos de los tres primeros lugares, de acuerdo con las pruebas internacionales: Shangai (China), Corea del Sur y Finlandia. Los dos primeros tienen un modelo educativo que estimula la competencia individual, que descansa sobre largas jornadas en las escuelas a las que suceden clases particulares en las tardes o noches (para tener una idea, las autoridades han prohibido que esos centros funcionen antes de las cinco de la mañana o después de las 11 de la noche). Diversos estudios internacionales cuestionan la felicidad de los niños en estos sitios, sometidos a una enorme presión para aprobar en los exámenes que determinarán su vida futura, en función de las universidades a las que tengan acceso de acuerdo con su promedio. Por el contrario, el sistema de Finlandia sostiene la motivación personal, diseñada y aplicada por maestros altamente especializados, bien pagados y socialmente reconocidos. Sin embargo, vale decir que este país nórdico tiene cinco millones y medio de habitantes, que equivale a la población de la ciudad de Guadalajara.


Ni en México ni en Yucatán ha acabado de definirse el modelo educativo más adecuado a nuestras condiciones y necesidades. No somos Shangai, pero tampoco somos Finlandia. Sin duda, es necesario incrementar la duración de la jornada escolar, pero sobre todo mejorar su calidad. La decisión sobre las vacaciones de verano está en función de esta búsqueda del mejor camino para tener una educación a la altura de las expectativas de los padres y la demanda de competir en una economía global. Pero sobre todo, que se proponga crear un ambiente de bienestar para los niños, en la escuela y fuera de ella. Abonaría mucho recuperar el sentido original del Baxal Paal, los campamentos de verano que organizaba el gobierno estatal, destinados a la recreación de aquellos que no pueden irse a la temporada, ni de dos meses ni de quince días. Quizá el CCE quiera colaborar. Atendería a los niños y también la productividad de los negocios de sus asociados, pues no habría padres con la zozobra de dejar a sus hijos en casa porque “están de vacaciones”.- Mérida, Yucatán.

lunes, 21 de abril de 2014

Polémica vacacional: La temporada y el calendario escolar

Dulce María Sauri Riancho

El Consejo Coordinador Empresarial de Yucatán publicó en días pasados un desplegado donde le solicita al gobernador Zapata Bello la fijación de un calendario acorde a lo que dicen es la tradición de Yucatán, e incluso, plantean la posibilidad de solicitar una revisión del calendario nacional de la SEP para que en todo el país se implante la modalidad de dos meses de vacaciones de verano.

Vale la pena detenerse en los argumentos que sostiene esta propuesta empresarial, pero antes creo necesario hacer una recapitulación sobre las vacaciones y la expresión yucateca más depurada de las mismas: la Temporada.

Es cierto que las vacaciones tienen una doble dimensión: una, la del descanso y recreación. El otro ángulo es de naturaleza económica, en torno al turismo y los viajes, como el transporte, restaurantes, centros de diversión, hoteles, etcétera. En medio del descanso y la economía se encuentran los períodos escolares y el tiempo de que disponen trabajadores y empleados para descansar, de acuerdo a lo estipulado en su contrato de trabajo.

Aunque no lo creamos, la costumbre de las vacaciones y de la recreación masiva es relativamente reciente, de mediados del siglo XIX en Inglaterra, cuando los trabajadores pudieron conseguir jornadas de ocho horas y días libres, aunque pagados, para su solaz y esparcimiento.

Comencemos a repasar sobre la Temporada yucateca: cuándo dio inicio la costumbre, quiénes la practican y, sobre todo, cómo se ha ido transformando a lo largo del tiempo.

Justo en el último cuarto del siglo XIX, Progreso surgió como el puerto de Yucatán para la exportación de henequén; se construía su ferrocarril y se trazaba un camino de terracería que sólo sería pavimentado hasta el siguiente siglo. Algunas familias de hacendados henequeneros edificaron casas a orillas del mar para pasar los cálidos meses del verano.

Las décadas de 1930 y 1940 extendieron las casas de los veraneantes meridanos hacia Chicxulub y Chelem, además que comenzó a presentarse el fenómeno de la “segunda fila”, lo que densificó la vivienda de los temporadistas. Miles de casas de todos precios y calidades se han edificado en los más de 100 años de costumbre de la Temporada, algunas de ellas mejores de las que disponen sus propietarios en Mérida.

Socialmente, Progreso marcaba la línea divisoria entre el “yo también” (hacia el oriente) y del “yo tampoco” (hacia el poniente). Por su parte, los ayuntamientos sufrían -y sufren- para cubrir la demanda de servicios que se concentra en sólo dos meses del año, que multiplica las necesidades de agua potable, electricidad y recoja de basura, entre otros. Desde luego que restaurantes, tiendas de abarrotes y otros establecimientos comerciales literalmente hacen su “agosto” con los veraneantes.

Sin embargo, ni entonces ni ahora “todo Yucatán” se va a la Temporada. Lo hacían familias propietarias de una casa, que la podían rentar o tenían la posibilidad de “caerle” a un pariente, es decir, clase media o con medios suficientes para sufragar el costo de las vacaciones. Los demás, entonces y ahora, se quedaban en su casa de Mérida, sofocando los calores con baños en manguera o acudiendo a las albercas populares.

Además, la dinámica de muchas familias se modificó cuando la madre también ingresó al mercado de trabajo, en el que los patronos desde luego que no pueden otorgar los mismos días de vacaciones que el calendario escolar. Si la mamá trabaja, ¿con quién se quedarían los niños en el puerto? Habrá quien piense que exagero, pero es el caso de numerosas familias meridanas.

Progreso se encuentra ahora a 20 minutos de Mérida con una carretera de seis carriles. Es posible trasladarse a “pasar el día” y regresar cómodamente por la tarde. Muchos paseantes han adquirido el buen hábito de disfrutar de las playas todos los fines de semana, no sólo los de julio y agosto. Los negocios del puerto se activan con los turistas de los cruceros que descienden de sus embarcaciones para disfrutar de sus playas y comprar.

Las casas, otrora desocupadas la mayor parte del año, son alquiladas por pensionados canadienses y norteamericanos que huyen del crudo invierno de su tierra. Por su parte, Sisal es sede de la Unidad de Biología Marina de la UNAM, a donde acuden muchos estudiantes e investigadores, además de sus actividades pesqueras.

Pretendo subrayar que los puertos yucatecos tienen vida y dinámica propia, más allá de las vacaciones de julio y agosto. Que miles de yucatecos de todas las clases sociales las invaden en esos meses, pero también lo hacen en otros meses del año y más lo harían si hubiese los incentivos correspondientes. “Tronchar” julio, como sucederá con el calendario escolar implantado, afectará a quienes pretendían rentar sus casas todo el mes, más si se trata de los estratosféricos precios que llegaron a alcanzar algunas.


Las discotecas y restaurantes meridanos que abren sucursales veraniegas tendrán muchos clientes que, al concluir, regresarán a los establecimientos en Mérida. Económicamente, los cambios del calendario escolar no parecen afectar directamente a los ingresos de los negocios turísticos de la costa yucateca. ¿Y a la educación: la beneficia, la perjudica? Eso lo abordaremos en la siguiente entrega.- Mérida, Yucatán.

miércoles, 9 de abril de 2014

Violencia contra la mujer

Dulce María Sauri Riancho
Por el PRI, espero que se diluciden plenamente las responsabilidades de los graves hechos acontecidos en su comité directivo del Distrito Federal. La información disponible hasta el momento, originalmente difundida en el noticiero de Carmen Aristegui, muestra una red de complicidades para hostigar e inducir a mujeres jóvenes a la aceptación de relaciones sexuales con Cuauhtémoc Gutiérrez, su presidente, como la única vía para obtener y conservar su trabajo.

Esta situación tiene un nombre llano: violencia sexual, ejercida en contra de aquellas mujeres que, estando necesitadas de un empleo, se ven obligadas a sacrificar la libertad de decidir sobre su cuerpo. La telaraña para atraer a las jóvenes empezaba con un anuncio ofreciendo un trabajo de edecanes, aderezado con el lugar, una oficina de gobierno, como para brindar respetabilidad y confianza ante la demanda de la edad -entre 18 y 30 años- y la figura.

El horario ofrecido de lunes a viernes, no después de las seis de la tarde, lucía atractivo, en particular para aquellas que querían combinarlo con estudios o atención a la familia. Pero una vez entusiasmadas, se revelaba la “letra chiquita” del contrato: tiempo completo, incluyendo fines de semana, a disposición total del presidente del PRI en el Distrito Federal, lo que implicaba la realización de funciones sexuales.

La figura política de Cuauhtémoc Gutiérrez emergió con fuerza después de la derrota del PRI en las elecciones de 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la primera jefatura de gobierno de la ciudad de México, postulado por el PRD. Sólo algunos grupos de comerciantes ambulantes y de trabajadores de los gigantescos basureros del Distrito Federal se mantuvieron en el PRI.

A la cabeza de éstos últimos quedó Gutiérrez, cuyo padre Rafael, apodado “El rey de la basura”, había sido asesinado. La confusión y los vacíos creados por los triunfos opositores al PRI generaron un clima propicio para que crecieran estos grupos.

Los métodos de apropiación de las estructuras de dirigencia partidista combinaron la capacidad de movilización con la fuerza y el amedrentamiento para lograr sus propósitos; Gutiérrez comenzó a ser percibido en la política partidista como un “mal necesario”.

Años después, Gutiérrez resistió un proceso de expulsión del Partido, por actos de violencia cometidos contra sus correligionarios. El Tribunal Electoral lo amparó y ordenó el restablecimiento pleno de sus derechos partidistas. Después de este frustrado intento, tal parece que cundió el conformismo entre la dirigencia nacional.

El comité directivo del Distrito Federal quedó bajo la responsabilidad de un delegado, en tanto que una y otra vez se descarrilaban las convocatorias para elegir presidente, en medio de acusaciones y denuncias entre las dos facciones: los “rudos” de Cuauhtémoc y los “técnicos” de María de los Ángeles Moreno.

Mientras, el PRI perdió prácticamente todas las elecciones de mayoría en la ciudad de México. Su presencia quedó reducida a una pequeña fracción en la Asamblea del Distrito Federal.

Acuerdo cuestionable

En 2012, como preparación de la elección presidencial, tal parece que con la intervención del Comité Nacional, entonces a cargo de Humberto Moreira, se logró un cuestionable acuerdo político que permitió la candidatura a la jefatura de gobierno de la ciudad de Beatriz Paredes, en tanto que se despejó el camino para Cuauhtémoc Gutiérrez hacia la presidencia del Comité del Distrito Federal. Los resultados electorales fueron nuevamente desalentadores para el Partido: no ganó posición alguna de mayoría por sí mismo (la delegación Cuajimalpa la obtuvo en alianza con el Partido Verde). Nada había cambiado, hasta la denuncia de días pasados, que motivó una rápida reacción de la dirigencia nacional para separar a Gutiérrez de su cargo.

Se dice con razón que son muchas las violaciones a las leyes y ordenamientos presuntamente realizadas por el líder defeño defenestrado. Desde luego, la Ley para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres; la legislación electoral, en cuanto a la disposición de recursos e instalaciones partidistas para la realización del comercio sexual. Además, se ha dado a conocer que ante la Seido, instancia de la PGR para perseguir a la delincuencia organizada, se presentó una denuncia contra Gutiérrez y otros funcionarios del comité directivo del PRI en el D.F. que entra en el tipo delictivo de trata de personas, la cual se persigue con el mismo rigor que las bandas de narcotráfico o de secuestradores.

Por omisión

Ciertamente el PRI tiene responsabilidad por omisión. Por comodidad política o por conveniencia, se dejaron pasar situaciones que hubieran ameritado, al menos, una investigación interna. Ahora, ni el PRI ni el gobierno priista pueden darse el lujo de permitir que el paso del tiempo sepulte las denuncias presentadas ante tan lamentables hechos. Deben llegar hasta sus últimas consecuencias. Sin embargo, en este delicado trance puede encontrar el PRI en el Distrito Federal una oportunidad para reconstruirse desde las raíces, con nuevos y más frescos liderazgos, que representen auténticamente a la ciudadanía de la capital del país.


Ojalá el sentido de urgencia invada a César Camacho y que las autoridades responsables de investigar los hechos, tanto federales como locales, del PRI y del PRD, actúen con prontitud y diligencia y que las mujeres víctimas reciban justicia. Cuauhtémoc Gutiérrez fue funcional al PRD y al PRI en la ciudad de México; por eso fue tolerado y quizá, apoyado. Ya no más.- Mérida, Yucatán.

viernes, 4 de abril de 2014

Los retos del cambio

Dulce María Sauri Riancho
Dicen que no es de buena educación comentar lo que pasa en la casa del vecino, más si algo parecido ocurre en la propia. Sin embargo, el tema es de notable interés para el conjunto de la sociedad como para dejarlo pasar escudándose en las buenas maneras políticas. Me refiero a la elección de presidente nacional del PAN, donde compiten Gustavo Madero que aspira a repetir, y el ex secretario de Hacienda del gabinete de Felipe Calderón, y actual senador, Ernesto Cordero. Como muchos mexicanos, no he sido ni seré panista, pero considero que esta fuerza política tiene un destacado papel en el proceso democrático de México; que lo que hagan o dejen de hacer en el interior de su partido tiene trascendencia hacia el conjunto de la sociedad. Por eso importa seguir de cerca su elección. Recurro a situaciones que me tocó vivir muy de cerca para comentar algunas experiencias del PRI de 2000 que parecen reproducirse en Acción Nacional.

Es lugar común señalar que el PRI nació para garantizar el relevo pacífico del poder entre los grupos triunfadores en la Revolución, y el PAN, para oponerse al Estado de la Revolución y a sus políticas. Desde la fundación del PNR en 1929, tuerto o derecho, fueron las urnas y los votos los que decidieron sobre la Presidencia de la República y no la fuerza de los fusiles y los cañones. Al paso de los años, lentamente el PAN fue creciendo, en tanto que el PRI en el gobierno sufría el desgaste de los fracasos en la economía y en el combate a la desigualdad y pobreza que padecían grandes grupos de la sociedad. Vino la última década del siglo XX, el final del segundo milenio. Vientos de cambio flotaban en el ambiente. Vicente Fox supo interpretarlos y apropiarse de ellos, al igual que de la candidatura a la Presidencia por el PAN.

Cuando mi partido perdió en julio de 2000, después de 70 años en la Presidencia, muchas voces le auguraron su fractura definitiva y su disolución. “No podrá -decían- sobrevivir sin la figura fuerte de quien arbitraba conflictos y resolvía en última instancia”. El año 2001 fue crucial para que los agoreros del desastre priísta se quedaran con un palmo de narices. Convocamos a una gigantesca asamblea en la que participaron miles de delegados y dio inicio un lento proceso de recomposición que pasaba por reconocer la fuerza política de los grupos parlamentarios de diputados y senadores, de las regiones y los gobernadores. Vivir fuera de la administración pública fue difícil para quienes fueron formados en la disciplina de las instituciones.

Se dice, y no sin algo de razón, que el PRI tiene un chip gobiernista, que lo hace reaccionar con institucionalidad, aunque sea desde la oposición. Quizá esa condición de genética política le valió para trascender el tercer lugar en la contienda electoral de 2006, tanto en la elección del presidente como en la de diputados. Sin embargo, costó 12 años superar la derrota y volverse opción de triunfo en 2012. Los militantes treintañeros del PRI no habían tenido cargos en el gobierno federal, pues apenas superaban la mayoría de edad en 2000. Así que no fue ese factor que pesara en la estrategia de recuperación. Quizá el mensaje más poderoso que deja la experiencia priísta es que la disciplina y la unidad interna son indispensables para el éxito, aunque se amalgamen casi exclusivamente en torno a la expectativa del poder.

Ahora el PAN vive su 2001. Es el año después de la derrota, cuando aún se buscan respuestas, se asignan culpas y se etiquetan culpables. No basta ser la segunda fuerza legislativa; la sensación de fracaso parece permear al viejo partido que sólo es 10 años más joven que su rival, el PRI. Los jóvenes panistas llegaron en la época de la euforia; no sabían de reveses y de luchas. Los viejos militantes han visto cómo la mística partidista ha sido sustituida por el pragmatismo. Ahora sus representantes son acusados de delitos que ni en su imaginación cometieron sus archirrivales los priístas. Es el caso de los famosos “moches”, dinero presuntamente obtenido por gestionar recursos para las obras municipales, que dicen han ido a parar a los bolsillos de destacados miembros del partido. Por ahora, la sombra de la sospecha se ha instalado.

Después de su asamblea, el PRI renovó su dirigencia nacional en un proceso turbulento del que emergió la dupla Madrazo-Elba Esther. Hubo de pasar seis años y una desastrosa elección presidencial para crear condiciones hacia el triunfo, que tuvo en la elección intermedia de 2009 su primera estación. Es probable que el PAN siga una ruta semejante. Los nubarrones de la contienda interna así lo hacen sospechar. Si 12 años estuvieron en el poder, tal vez requieran de una docena de años para volver a ser opción. Aunque haya sido coincidencia fortuita, el 18 de mayo, día de la jornada electoral panista, se celebra a San Anastasón, cuyo nombre significa “aquel que sobrevive”. Por el bien de la democracia mexicana, que lo logre el PAN.- Mérida, Yucatán.