miércoles, 26 de marzo de 2014

Colosio asesinado. Rumbo distinto para México

Dulce María Sauri Riancho
El pasado domingo 23 se cumplieron 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Nuestras vidas y actividades políticas estuvieron estrechamente vinculadas desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, y durante la campaña electoral 1988, cuando Colosio fue su coordinador. Fuimos compañeros en el Senado, integrantes de la LIV Legislatura. En diciembre de ese año, cuando asumió la presidencia del CEN del PRI, me invitó a encabezar la secretaría de Finanzas, cargo que desempeñé hasta después de la emblemática XIV Asamblea Nacional de octubre de 1990.



Colosio fue el primero que me deseó suerte cuando viajé a Mérida para asumir la gubernatura interina de Yucatán el 14 de febrero de 1991. En su despedida percibí el decisivo papel que pudo haber desempeñado como presidente del CEN en ese desenlace. Unos meses después, al iniciar 1992, se hizo cargo de la naciente Sedesol y desde allí apoyó con generosidad los programas sociales y de vivienda de mi gobierno. Destacaron en particular la construcción del fraccionamiento “Francisco de Montejo”, como un novedoso proyecto de interés social con características de infraestructura urbana de tipo residencial. Las autoridades estatales recibimos su apoyo para lograr que la presencia del Papa en Yucatán perdurase en la memoria colectiva, cuando canalizó recursos de la secretaría a su cargo para convertir el gigantesco terreno donde se había celebrado la Misa Papal en el fraccionamiento Juan Pablo II. Como gobernadora también recibí su apoyo para culminar la transferencia de las instalaciones militares que funcionaban en el Ateneo Peninsular, y convertirlo en el Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán, en una asociación público-privada que perdura hasta la fecha.

Las coincidencias -o la cuidadosa planeación política- propiciaron que el mismo día que se celebraban las elecciones para renovar la gubernatura, el Congreso y los 106 ayuntamientos yucatecos, el PRI “destapara” a Colosio como su candidato a la Presidencia de la República. Ese 28 de noviembre de 1993, decenas de priístas que realizaban tareas de observadores del proceso electoral tuvieron que salir apresuradamente del estado rumbo a la capital del país, para hacerse presentes con el aspirante presidencial. Por mi parte, en los siguientes tres días tuve que tomar decisiones sumamente difíciles frente a la exigencia de negociar los resultados electorales de mi tierra.

El PRI había triunfado ampliamente en el estado y también en Mérida, con un margen de 2,000 votos, cantidad que ahora se nos antoja suficiente pero que entonces, al encontrarse en el margen del 2%, estimuló la presión panista para conservar la alcaldía de la capital.

Renuncié al Ejecutivo de Yucatán la madrugada del 1 de diciembre de 1993. El Congreso del Estado no aceptó mi renuncia, pero el secretario general de Gobierno se quedó a cargo del despacho hasta la conclusión del periodo. Días después, Colosio me llamó y fui a visitarlo a su casa de la ciudad de México, donde hablamos largamente. Tenía la mirada de la ilusión a la que el desengaño comenzaba a nublar. Me afirmó que muchas cosas habrían de cambiar cuando llegara a la Presidencia; que las concertacesiones serían parte de esa etapa en que se impulsó la democracia con los fórceps de la negociación. Le creí.

Regresé a Mérida y días después salí del país en un viaje de dos meses al otro lado del mundo. ¿Evasión o intento de recuperar fuerzas? La cuestión es que volví fuera de tiempo para acompañar al candidato en el acto del Monumento a la Revolución del día 6; o al evento celebrado con miles de mujeres para conmemorar su Día. No sentía prisa por reencontrar a quien había comprometido una reforma del Poder.



La tarde del miércoles 23 de marzo nos habíamos reunido en casa un grupo de amigos y ex colaboradores de mi gobierno para platicar y compartir preocupaciones sobre la política, el partido y la campaña de nuestro amigo común. De pronto sonó el teléfono y la voz angustiada de Valerio Buenfil -un joven que había sido mi auxiliar y que decidió incorporarse a la campaña- me informó desde Tijuana que habían herido a Colosio en Lomas Taurinas.

La televisión, que prendimos de inmediato, estaba también sumida en el desconcierto, hasta que Liébano Sáenz salió ante los medios para anunciar su muerte. Hubo entre nosotros lágrimas y dolor, como en muchas personas de distintas partes de México. No podíamos determinar cómo ni cuánto, pero cundió la percepción de que el asesinato de Colosio había cambiado el rumbo del país y alterado el de nuestras vidas. Para mí, su muerte violenta rompió la sensación de invulnerabilidad física que me había acompañado en mi complicada gestión como gobernadora. Pero eso era lo de menos. La reflexión sobre la magnitud de los cambios que una sola -¿o fueron dos?- bala iba a provocar vendría después. Siempre gravita en mi pensamiento lo que pudo haber sido y no fue; el Camelot que imaginábamos y los dragones que habríamos de vencer. Como generación, fue una pérdida de la que nunca nos recuperamos.


Ahora Colosio es nombre de avenidas, fraccionamientos residenciales, auditorios y de la Fundación que el PRI tiene para el análisis crítico de los problemas nacionales. Veinte años después aún duele, y mucho…- Mérida, Yucatán.

jueves, 20 de marzo de 2014

La Filey y la cultura yucateca. Inventar una tradición

Dulce María Sauri.
El milagro sucedió por tercera vez. Durante ocho días y dos fines de semana se llevó a cabo la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) 2014. La Universidad Autónoma de Yucatán tuvo el acierto de elegir la organización de un evento de estas características para conmemorar el 90 aniversario de su fundación en 1922. Se contaba con el buen ejemplo de otras universidades, como la UNAM, con su Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que celebró recientemente su 35 edición; y la Universidad de Guadalajara, organizadora de la reputada Feria Internacional del Libro (FIL), desde 1987.

El Programa General de la Feria, consignado en 32 páginas, señala un total de 20 patrocinadores, entre instituciones públicas estatales y federales, así como varias empresas privadas relacionadas con medios de comunicación (radio, multimedios), papelería, guayaberas y ¡hasta un bar!, todos bajo la coordinación de la máxima casa de estudios yucateca. Los invitados de honor fueron: Ecuador, como país extranjero -recordemos que es una feria internacional- y la Universidad de Guadalajara.

En las presentaciones de libros hubo para todos los gustos e intereses. Desde autores de los llamados “best seller”, consagrados internacionalmente, hasta escritores noveles. Fue posible escucharlos, conocerlos e incluso obtener dedicatoria autografiada sobre el libro de su autoría. Hubo también un programa de eventos académicos, en que se presentaron y analizaron diversas investigaciones y publicaciones en materia de turismo, feminismo, historia del tequila, por ejemplo. Los espectáculos artísticos de teatro, música y danza estuvieron presentes, con artistas locales y de Jalisco, principalmente.

Vale destacar los Talleres de Fomento a la Lectura, dirigidos en buena medida al público infantil. Por ejemplo, la UNAM presentó “Juega-Libros”, a cargo del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS), cuyas instalaciones se encuentran en el restaurado hospital para ferrocarrileros “Rendón Peniche”, ubicado a un costado de La Plancha. La U de G nos trajo “Letras para Volar”, con “La Leyenda de la Guacamaya”. Cabe destacar la presencia de la lengua maya en las presentaciones de libros, en los talleres y espectáculos.

Simultáneamente, entre miércoles 12 y sábado 15 se desarrolló el Congreso Internacional de Literatura, Y si vivo cien años…, convocado por la UC-Mexicanistas, que es el programa de la Universidad de California de investigación intercampus. Por los salones del Centro de Convenciones Siglo XXI desfilaron escritores, investigadores, artistas y literatos de México y los Estados Unidos, en un alarde de creatividad y de talento, que mezcló diversos medios de expresión artístico-literarios, incluyendo fotografía y películas. Rafael Morcillo López es el protagonista de mil batallas y sinsabores que han permitido que el milagro de la Filey se realice. Sara Poot Herrera, directora de UC-Mexicanistas, que nuestra Feria se internacionalice y adquiera renombre en los círculos académicos. Cierto que hay mucho por hacer, por incorporar y por avanzar; algunos traspiés que corregir, como el asunto de los logotipos en las camisetas del “staff”, pero nada puede oscurecer el maravilloso logro de la Filey y sus miles de visitantes de todas las edades.

Desde luego que la comunidad universitaria yucateca pudo elegir otra forma de conmemorar su fundación por Felipe Carrillo Puerto. Pudo ser un monumento o una obra cuyo material inerte garantizara la pervivencia de la memoria a través del tiempo. Sin embargo, la Uady se definió por una gran celebración anual de la lectura, que no es otra cosa que la imaginación convocada por las palabras. A la manera de Eric Hobsbawm, podemos considerar que nos encontramos en el camino de “inventar una tradición”. Este destacado historiador británico define este proceso como la adopción de un conjunto de prácticas normalmente regidas por reglas, que tienen por objeto inculcar determinados valores y normas de conducta a través de su reiteración. Si esto es posible, entonces se logra la continuidad con el pasado histórico. La Filey puede llegar a representar la emblemática cultura maya-yucateca, que perdura en el presente y que para muchos de nosotros constituye un elemento fundamental de identidad y afirmación frente a lo ajeno. Quiero pensar que no es un simple accidente semántico que se haya denominado “de la Lectura” y no “del Libro”, como las otras ferias antes mencionadas. Tiene que ver con el acto de apropiarse de las palabras, de hacerlas nuestras y transmitirlas, como un proceso personal e íntimo, pero al mismo tiempo, social y de disfrute colectivo.


La Filey todavía tiene obstácu- los en su largo camino para convertirse en una tradición, en un símbolo de la cultura de Yucatán. El primero, y muy próximo, es el cambio de rector de la Uady. Me da cierta tranquilidad encontrar en el directorio de la Feria a los tres prospectos a suceder al Dr. Dájer en noviembre próximo. Quien llegue a la Rectoría tendrá que tomar difíciles decisiones en materia presupuestal, pues la situación de las finanzas universitarias parece requerir una reorientación. Pero no vaya a ser a costa de la Filey. No es un lujo, sino una forma de cumplir una parte fundamental de la acción universitaria en el seno de la sociedad yucateca. En 2021, cuando la Filey celebre su décima edición, podremos pensar que la “tradición inventada” llegó para quedarse. Como el Carnaval, aunque lo cambien de sede…- Mérida, Yucatán.

viernes, 14 de marzo de 2014

Pregunta y escucha. De acusaciones y participación social.

Dulce María Sauri Riancho
Un regidor del Ayuntamiento de Mérida inquiere sobre los gastos del viaje a Italia de la esposa del alcalde. La oposición del PRI exige cuentas claras de los recursos empleados en la organización del Carnaval en su nueva sede de Xmatkuil. El presidente estatal del PAN demanda al Ejecutivo federal la investigación y aprehensión de la ex gobernadora Ortega Pacheco y de la ex presidenta y actual senadora, Angélica Araujo, por presuntos desvíos de recursos públicos. “Acusa, que algo quedará”, parece ser el lema de los partidos políticos que dicen defender a la sociedad. Quizá los militantes de una u otra organización política se sientan alentados cuando observan la enjundia de sus dirigentes al denunciar a las autoridades del signo partidista adverso, pero la inmensa mayoría de los ciudadanos se queda con una inmensa confusión y con la percepción de que la esgrima contra la corrupción obedece fundamentalmente a la búsqueda de mejores posiciones para la competencia electoral que se aproxima.

De manera alguna pretendo disminuir la importancia que la denuncia partidista tiene como aliciente o amenaza sobre la autoridad para hacer las cosas mejor o resistir la tentación de desviar recursos para favorecer a parientes y amigos. Sin embargo, esta relativa satisfacción no representa una verdadera fiscalización social sobre las autoridades y mucho menos un sistema de rendición de cuentas. Otra vez la participación social, sus formas y estrategias se encuentran en el centro del debate. Bien se dice que la combinación de organizaciones sociales fuertes y activas con funcionarios públicos capaces de concebir y aplicar políticas de interés general puede impulsar un verdadero cambio.

Experiencias pasadas nos muestran que es absolutamente posible la participación social en la toma de decisiones sobre asuntos de interés colectivo, como la determinación, por ejemplo, de una obra o servicio requerido por la comunidad; en la selección de la empresa encargada de ejecutarlo; en la supervisión de sus avances y su calidad, y por último en la recepción una vez que ha sido concluida a satisfacción. Éste fue el proceso de “Solidaridad”, programa que en los inicios de la década de 1990 se significó por el involucramiento real y efectivo de los vecinos en la toma de decisiones. No era jauja, pero sí representó una oportunidad para que cientos de personas, principalmente mujeres, desarrollaran su capacidad de liderazgo comunitario y la pusieran al servicio del interés colectivo.

¡Cómo contrasta esta experiencia pasada con lo que sucede en la actualidad! Las numerosas comisiones de planeación surgidas al amparo de la ley del mismo nombre no son el sitio donde la autoridad pregunta y obtiene respuesta legítima de la sociedad. Y cuando se trata de decidir sobre asuntos trascendentes para la ciudad, como la construcción de más de mil departamentos donde funcionó la Siderúrgica, o decenas de miles de viviendas en Ciudad Caucel, en Ucú o San Marcos Nocó; o el desarrollo vertical de la ciudad, abandonando el modelo de lotes unifamiliares, entonces las determinaciones se toman en la secrecía de reuniones de Cabildo o en las oficinas de los funcionarios siempre dispuestos a reformar el reglamento de construcciones, si éste representa obstáculo a las multimillonarias inversiones que tocan su puerta.

Las autoridades no contemplan el largo plazo en su desempeño. Es la única forma de explicar el porqué cuando se diseñó Ciudad Caucel para ¡cincuenta mil casas! sólo se dispusiera de un acceso vial o se “olvidara” de dotarla de escuelas para los miles de niños que habitarían esas viviendas. Ahora, los actuales funcionarios tratan de poner “parches” para remendar las deficiencias. Con este antecedente, no es difícil imaginar lo que sucederá cuando miles de vecinos del “Infonavit de los ricos” -las torres departamentales del norte de la ciudad- incrementen el tráfico o demanden servicios básicos. Serán otros funcionarios los que tendrán que lidiar con las consecuencias de omisiones y malas determinaciones, tomadas sin apego a la ley y sin consultar a expertos y estudiosos, mucho menos a los vecinos.

La agenda de las grandes decisiones es abultada y de efectos profundos. Por ejemplo, ¿qué pasará con el Tren Transpeninsular? Ni siquiera la reciente visita del presidente Peña Nieto despejó la incógnita. ¿Y el crecimiento vertical de Mérida? Los anuncios publicitarios de torres y edificios nos revelan una nueva política expresada en hechos por parte de las autoridades responsables. De impacto más localizado será la modernización del Paseo de Montejo, donde existe un proyecto ganador, poco conocido, que está en espera de financiamiento para escarbar un gigantesco estacionamiento en el subsuelo de la principal avenida de la capital. ¡Sorpresa!, se exclamará cuando comiencen a ejecutar una obra que se hace sólo porque habrá dinero para gastar, como ocurrió con la calle 60.


En medio de esta cacofonía social, vale rescatar un compromiso que realizó el reelecto presidente de la Coparmex Mérida en días pasados. Nicolás Madáhuar comprometió la creación de un centro especializado de análisis, que con ayuda del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), se enfocará a la vigilancia y seguimiento en el uso y aplicación de los recursos públicos, así como para proponer iniciativas para eliminar barreras y potenciar sectores industriales estratégicos para Yucatán. Además, este centro producirá información para medir el “pulso económico” del Estado. ¡Enhorabuena! Una organización intermedia de la sociedad trasciende la simple crítica y se prepara para participar. Otras más lo hacen, con esfuerzo y decisión, sabedoras de que éste es el único camino para avanzar hacia el bienestar colectivo.- Mérida, Yucatán.

jueves, 6 de marzo de 2014

El PRI, mujeres y el Carnaval

Dulce María Sauri Riancho
El mes de marzo de este año alberga un Carnaval tardío. A esa presencia retrasada se suma la novedad del cambio de sede de sus desfiles y de la fiesta popular que los acompaña. Quizá por eso apenas se ha sentido la presencia del Rey Momo por la ciudad. Era parte de los riesgos de su confinamiento en Xmatkuil, a cambio de dejar tranquila de bullicio la zona del Paseo de Montejo, incluyendo sus plantas y camellones, sacrificados anualmente por miles de paseantes que se aglomeraban en las calles. Aunque se mantuvo el feriado escolar, los bancos encontraron en el cambio de sede razón suficiente para trabajar lunes y martes. Sólo la presencia del desfile de los niños y la “quema del mal humor” se llevaron a cabo en las calles del Centro, enviando el mensaje de que el Carnaval comenzaba. Considero que es todavía temprano para realizar el balance del traslado de la celebración al sur de Mérida; de suspenderse la apropiación temporal por parte de miles de meridanos, de todos los rumbos de la ciudad, de aquellos espacios públicos reservados por costumbre a los vecinos del Norte.

Ahora parece haber sido sólo una feria, con mayor o menor número de participantes, a la cual se le despojó su contenido simbólico. La evaluación es necesaria, de parte de las autoridades municipales, de las cámaras empresariales y de las organizaciones de la sociedad, si se quiere conservar una celebración con auténtico arraigo popular. Sería una lástima que se perdiera, aún con las limitaciones y excesos que motivaron su rechazo por parte de un sector de la población. No sucede así en otras partes del país, señaladamente en Veracruz, donde las fiestas de Carnaval son consideradas parte del patrimonio cultural porteño y motivo de atracción turística para la entidad.

Marzo también trae otras conmemoraciones. En esta misma primera semana del mes, se celebra el 85 aniversario de la fundación del PRI, el 4, y el sábado 8, el Día Internacional de la Mujer. Quizá quienes no son priistas ni simpatizan con este partido consideren un exceso de mi parte el señalar la importancia de esta fecha, pero es el partido en el gobierno, el que logró ganar la Presidencia de la República después de doce años; el que bajo la consigna de “Mover a México” impulsó un Pacto que hizo posible lograr las reformas constitucionales necesarias para impulsar su programa gubernamental.

Es cierto que hay razones para celebrar en el PRI, pero también grandes responsabilidades y preocupaciones. Entre las primeras se encuentran las leyes reglamentarias y secundarias que habrán de permitir -u obstaculizar- la aplicación de las reformas. Ya no contará el gobierno con una adhesión fácil por parte del PAN y del PRD, ambos enfrascados en los relevos de sus dirigencias nacionales. Claro que con una mayoría simple integrada por los diputados y senadores del PRI, el Partido Verde (PVEM) y hasta por Nueva Alianza, se pueden aprobar estas leyes fundamentales para el éxito o el fracaso de las reformas. Pero la legitimidad que representa la adhesión de otras fuerzas políticas es importante.

La parte de las preocupaciones priistas está representada por los procesos electorales. En 2014 sólo en dos estados -Coahuila y Nayarit- habrá elecciones: de diputados en el primero y, además, de presidentes municipales en el segundo. Pero este año es también de preparación para la elección de 500 diputados federales en 2015, además de varias gubernaturas, entre las cuales se encuentra la de nuestro vecino estado de Campeche, así como la renovación del Congreso de Yucatán y de sus 106 ayuntamientos. En el radar político aparece también la ciudad de México, sus dieciséis delegaciones, que también se renovarán, donde el PRD se apresta a dar una dura pelea por su supervivencia.

Se puede presumir acertadamente que varias acciones gubernamentales están destinadas a facilitarle al PRI el recorrido de la pronunciada cuesta electoral de 2015. Por ejemplo, el reciente “Acuerdo de Certidumbre Tributaria”, por el cual la administración del presidente Peña Nieto se compromete a mantener sin cambio alguno los impuestos vigentes hasta el final de su gestión en noviembre de 2018. Otro caso ilustrativo sería la sustitución de televisores analógicos por digitales, entregados gratuitamente por las autoridades federales con la finalidad de preparar el llamado “apagón analógico”, previsto para diciembre de 2015.


Todos los partidos políticos con registro tendrán un reto extraordinario en la elección de 2015. Por primera vez, sin excepción alguna, tendrán que postular mujeres en la mitad de sus candidaturas al Poder Legislativo; es decir, se aplicará la norma constitucional contenida en el artículo 41 para establecer la paridad. El “llanto y crujir de dientes” se escucha entre aquellos que consideran no contar con suficientes militantes femeninas con merecimientos para competir y alcanzar una posición en la Cámara de Diputados o en los congresos locales. Esta disposición recién adoptada será motivo de celebración en el Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, todavía falta un importante trecho para que la norma de la paridad en las candidaturas se aplique. Tiene que ver con la nueva ley electoral, donde hay que cuidar que en la llamada “letra chiquita” no vuelvan a aparecer disposiciones que tuerzan el compromiso de lograr más mujeres candidatas. Y si la ciudadanía las elige, muchas más diputadas en 2015.- Mérida, Yucatán.