jueves, 30 de enero de 2014

El Tren Rápido Transpeninsular

Dulce María Sauri Riancho

Una vez más, la Universidad Marista fue anfitriona de temas ciudadanos, aquellos que por indiferencia o dificultad política prefieren ser tratados en conciliábulos y reuniones discretas de los tomadores de decisiones. El turno fue del proyecto Tren Transpeninsular (TT), poco conocido y mucho menos debatido de cara a la sociedad yucateca. El panel convocado la tarde del lunes giraba en torno a tres cuestiones: Por qué el TT, para qué serviría y quién se beneficiaría. Fuimos tres los panelistas invitados: dos ex gobernadores y un destacado empresario yucateco del ramo turístico, con inversiones considerables en la zona de Cancún.

Las estimaciones sobre el costo del TT, calculado entre 15,000 y 20,000 millones de pesos, deberían haber levantado reflectores sobre una obra que estima gastar por sí sola 10 años del histórico presupuesto 2014 destinado a obras de infraestructura en Yucatán. ¡Qué modestas lucen las cifras asignadas para la primera etapa de la supercarretera Mérida-Chetumal, con sus 695 millones de pesos y la ampliación del viaducto alterno del puerto de Progreso, con 150 millones!

En la ágil discusión propiciada por el conductor se manifestaron coincidencias y discrepancias entre los participantes. Hubo pleno acuerdo en la falta de información oficial sobre el proyecto, pues aparte de conocer la ubicación de su destino, Punta Venado, poco se ha dicho para fundamentar la aseveración sobre el tráfico de personas y de mercancías que le otorgarían rentabilidad económica y social. Poco, por no decir nada, se ha argumentado a favor de la protección ambiental y de los derechos de la población maya milpera que se verán afectados por la realización de la obra.

No hubo acuerdo sobre la utilidad del TT para incrementar la llegada y la estadía de turistas a Mérida. Cierto que el aeropuerto de Cancún atiende 16 millones de personas cada año. Sin embargo, como expresó uno de los panelistas, “… pero ¿para subirse a un tren..?”. Es más, alertó sobre el impacto de sustituir los autobuses por el ferrocarril en los traslados de Cancún y la Riviera Maya hacia Chichén Itzá, pues ya no habría incentivos para visitar las pequeñas poblaciones de la ruta y quizá tampoco Valladolid, lo que actualmente sucede, pues el interés de la mayoría estaría enfocado sólo en conocer una de las Siete Maravillas del mundo moderno. Se señaló el peligro de que se registrase incluso un retroceso en el número de días de pernocta en Mérida, pues los visitantes provenientes de Quintana Roo podrían ir y venir fácilmente en una sola jornada, regresando a dormir a sus hoteles.

José Chapur tiene claros argumentos que abonan hacia Cancún como punto de destino del TT. Bien sea en la ciudad o en el aeropuerto internacional, la facilidad de acceso podría generarle al tren una mayor ocupación que la que tendría si su llegada fuese a Punta Venado. No obstante, el costo del boleto y la comodidad de los traslados de los trabajadores en las combis desde sus poblaciones y de los turistas, directo desde sus hoteles hasta Chichén, podrían afectar su competitividad.

Los tres panelistas, en particular quien esto escribe, enfatizamos la grave necesidad de mejorar la conectividad ferroviaria de Yucatán con el centro y norte del país. Hasta el momento, la nueva concesionaria del Ferrocarril Chiapas-Mayab, que es a la que pertenece la porción Valladolid-Mérida-Coatzacoalcos, no ha realizado inversión alguna para reconstruir las vías y acelerar la velocidad de un tren que cuando circula lo hace a velocidad promedio de 20 km/h. ¡Imagínense! Una semana para llegar a la ciudad de México.

Hubo plena coincidencia entre los participantes de aprovechar la disposición del gobierno federal para impulsar la inversión en infraestructura en la península de Yucatán, pero hubo parcial discrepancia si el TT es el proyecto prioritario para nuestro estado. De alguna manera, rondó en la mesa el temor de que un cuestionamiento crítico a una “decisión presidencial” anunciada por el Lic. Peña Nieto en su discurso de toma de posesión pudiese representar la cancelación definitiva de una inversión de gran magnitud en la región. Sin embargo, también se manifestaron propuestas concretas para materializar acciones de gran envergadura y efectos positivos para nuestro estado, como el “home-port” de cruceros en Progreso, que atraería a Mérida a quienes se embarcan en ellos, ocupando aviones y hoteles, al menos por una noche; o el hub de carga en el aeropuerto de Kaua, con recinto fiscalizado incluido; o el ferrocarril a la terminal remota de Progreso; o la extensión del gasoducto hasta el norte de Quintana Roo, entre otras.

En lo personal, considero que el proyecto del TT es marginal para la proyección económica del estado de Yucatán. Presenta serias limitaciones para facilitar e incentivar el tránsito de personas entre Mérida y el norte de Quintana Roo. No beneficia la conectividad ferroviaria de Yucatán; por el contrario, sólo reforzaría el carácter insular de la Península, en tanto no se transforme y modernice la conexión hacia Coatzacoalcos. El TT, planteo, está enfocado esencialmente al turismo de cruceros, para diversificar y despresurizar a la isla de Cozumel. A su parte continental, Punta Venado, podrían llegar en mayor número; disponer de las atracciones de parques y centros de diversión de la Riviera Maya; algunos, dirigirse hacia Chichén Itzá y en la tarde, de nuevo embarcarse para continuar su paseo. Y en la dársena de mayor calado del Caribe en su conjunto se podrá desarrollar una terminal de carga que ahora, por lo menos, tiene aseguradas 6 millones de toneladas de exportación de calizas de la empresa norteamericana Vulcan. ¿Y Progreso? Bien, gracias.


Confío en que este ejercicio democrático propiciado por la Universidad Marista abra camino para que las autoridades se asuman obligadas a informar puntualmente sobre el Tren Transpeninsular, y que la sociedad, es decir, todos nosotros, tomemos nuestro derecho a exigir que se despejen las dudas y se sustituyan por certezas de que esta inversión multimillonaria se realizará en beneficio de todos, no de los cuantos que construyan las vías y vendan las locomotoras.- Mérida, Yucatán.

miércoles, 22 de enero de 2014

Translúcido informe

Dulce María Sauri Riancho
Durante cinco años olvidamos el significado de la presentación de un informe de Gobierno. No era para menos, pues hasta la fecha se cambió por un aniversario que sustituyó al día señalado por la Constitución. Además, no iba dirigido a los diputados del Congreso del Estado, sino a un heterogéneo grupo de invitados, entre los que destacaban diversas personalidades de la farándula. El contenido, la sustancia era lo de menos, desplazado por el “perfomance”, en que el escenario y las formas sustituían a la obligación de detallar el avance de la administración de los recursos de los yucatecos por parte del Ejecutivo.

Sobria y austera, la primera parte de la ceremonia había acontecido donde la Constitución mandata, el Congreso del Estado, y ante quienes tienen la obligación de revisar con atención y cuidado la información entregada por el gobernador en propia mano. ¡Uf, qué alivio!, parecían expresar muchos rostros que el domingo pasado se congregaron para participar en la segunda porción del ritual del Informe. El local, su disposición y orden para el acceso auguraba un evento imbuido de la seriedad indispensable para quien pretende comunicar hechos y resultados.

Así, durante más de una hora, con una producción audiovisual que apoyó sus palabras, Rolando Zapata dio cuenta de sus primeros 15 meses al frente del Ejecutivo yucateco. Hasta aquí, la mera diferencia en las formas con su antecesora abonaba a favor del gobernador. Pero lo que verdaderamente fue distinto tiene que ver con la información que acompañó esta obligación constitucional de rendir cuentas.

Desde el inicio de su intervención, el gobernador hizo una especie de envite a la sociedad, entendido como un empujón para que ésta fiscalizara los datos que iba a proporcionar, al asegurar que se encontraban detallados en un sitio de internet, www.yucatan.gob.mx/informe, diseñado para ponerlos accesibles y sobre todo amigables para consulta y análisis. Como dice el refrán: “… La burra no era arisca…”, por lo que hasta que estuve frente a mi computadora y abrí la página empecé a vislumbrar una nueva posibilidad para disponer de información pública gubernamental que ayude a la sociedad a exigir con mayor eficacia la rendición de cuentas de sus autoridades.

Además del Resumen Ejecutivo de “sólo” 90 páginas, hay un interesante apartado de Compromisos del Gobernador, donde se desglosan aquellos cumplidos al 100%, los que tienen avances y los próximos por iniciar. Bajo la denominación de “Indicadores del Bienestar” se registran y comparan los resultados en los programas agrupados en los cinco ejes del Plan de Desarrollo. Sin palabras, la panorámica que brindan los indicadores agrupados bajo el rubro de Resultados, puede ilustrar con claridad la diferencia con el gobierno de su antecesora, como por ejemplo, el incremento en la producción de maíz (casi 13 por ciento), de producción de carne porcina (9.6 por ciento), a los que se suman los multicitados más de 15 mil empleos formales creados durante 2013.

Hasta allá podríamos considerar que es “más de lo mismo”, quizá mejor presentado, con la aspiración de vincular la actuación gubernamental al Plan Estatal de Desarrollo y a los indicadores de gestión y de resultados que compromete. Pero donde me atrevo a considerar que se encuentra la semilla de un verdadero mecanismo de fiscalización social es en el apartado clasificado como “Contenido del 1er. Informe” y muy especialmente, en cuatro de sus Anexos: Registro Estadístico de la Gestión, Inversiones en Obra Pública, Anexo Financiero y Respuestas a las preguntas del H. Congreso.

Se puede revisar, por ejemplo, cuántos créditos del Fondo de Microcrédito del estado (FOMICY) fueron otorgados a los productores por municipio; o cuántos beneficiarios hubo en la entrega de insumos, herramientas y equipo agrícola vía el programa Peso a Peso; o dónde se entregaron los apoyos emergentes por exceso de humedad. O saber que hubo 81 beneficiarios de gasolina ribereña en el municipio de Dzilam de Bravo, etc. El faltante que salta a la vista es el de los nombres y apellidos de los recipiendarios, pero asumo que los interesados podrán solicitarlos con base en la información publicada.

Una vez más, el gobernante en turno afirma que en obra pública la inversión es “histórica” por su magnitud. Desgraciadamente, nos habíamos acostumbrado a que esas rutinarias aseveraciones contundentes no eran respaldadas por los hechos. La diferencia estriba ahora en que bajo el rubro de “Inversiones en Obra Pública” se puede encontrar un listado detallado de todas las obras que se ejecutaron en el periodo que se informa; su ubicación, costo y grado de avance, si es que todavía se encuentran en proceso. Este esfuerzo gubernamental es producto del Sistema de Seguimiento de Obra Pública, mecanismo de control interno y de rendición de cuentas que ha ido construyendo el gobierno del estado.

Así, se puede conocer dónde se encuentran los cacareados caminos saca-cosechas; registrar con pelos y señales dónde se construyeron los nuevos centros de salud, lo que se destinó a los inconclusos hospitales de Valladolid y Tekax y cuánto cuesta poner en marcha la Unidad Oncológica del Hospital O’Horán. Se pueden ubicar las acciones de construcción, rehabilitación y equipamiento de escuelas, o saber los montos de las obras de repavimentación del Paseo de Montejo o del paso elevado de Anikabil, junto a Ciudad Caucel.

El Anexo Financiero contiene una detallada información sobre el presupuesto ejercido, por partida específica; por ejemplo, los 88 millones de pesos ($88.268,169) erogados en arrendamiento de vehículos para servidores públicos. Se puede encontrar el desglose de las aportaciones a los municipios en sus distintos conceptos. Pero para mí lo más interesante corresponde al apartado de Deuda Pública, donde podemos constatar que el gobierno estatal canceló los adeudos con la banca comercial y los trasladó a Banobras, así como las calificaciones de riesgo crediticio emitidas por dos empresas calificadoras (HR Rating y Fitch), que analizan pormenorizadamente la condición crediticia de la entidad.

Dejo para el final lo que considero el más suculento bocado para la transparencia. Me refiero a la parte de “Respuestas a las Preguntas del H. Congreso” que los diputados hicieron al gobernador dentro de los plazos establecidos en la Constitución. Desafortunadamente no se menciona el origen partidista de quien formula la pregunta, pero, por ejemplo, en la respuesta 122 se relacionan nombres, cargos, dependencia y motivo de la acusación hacia los servidores públicos por presuntos cargos de corrupción. Y en la respuesta 126, la última, el Ejecutivo puntualiza que no existe investigación alguna contra Alejandro Menéndez Bojórquez, “… en virtud de que no se ha interpuesto ninguna denuncia formal…”.

¿Verdades a medias o completas? Sólo un ejercicio de análisis crítico de esta información nos lo podrá indicar. Hay un punto de partida en este esfuerzo gubernamental para dar a conocer su versión sobre el funcionamiento de la administración pública yucateca y sus resultados. Translúcida todavía, porque falta, por citar algunas carencias, el acceso a los padrones de beneficiarios. Para que sea un avance sustantivo y real hacia la transparencia, se necesita que la ciudadanía se apropie de esta información, la diseccione, afirme o corrija.- Mérida, Yucatán.

viernes, 17 de enero de 2014

Modernización de la 60 Norte

Dulce María Sauri Riancho
Hay muchos y delicados temas para comentar al cierre de la primera quincena de 2015, como la violencia desbordada en Michoacán o la incertidumbre que acompaña la elaboración de las leyes reglamentarias de las numerosas reformas constitucionales del año pasado, entre las que destacan, además de la energética, la de transparencia y acceso a la información pública gubernamental. Cualquiera de estos tópicos merecería reflexión conjunta con ustedes, amigos lectores. Sin embargo, seleccioné para esta ocasión algo aparentemente de repercusiones estrictamente locales, como es una obra en proceso: la modernización de la calle 60 Norte.

Soy vecina de Chuburná. Desde hace varias semanas hemos experimentado las consecuencias de la dotación de concreto hidráulico para esta importante vialidad del norte de Mérida. En estos momentos es el proyecto más visible del actual Ayuntamiento, por lo que su planeación, su ritmo de ejecución y su realización mucho pueden mostrar sobre la calidad de la administración pública en general.

Despacito, a ritmo de “pasito tun tun”, avanza esta emblemática obra. Nadie esperaría que una rehabilitación de esta envergadura estuviera exenta de problemas de tráfico y vialidad en una zona que concentra toda clase de servicios. Sin embargo, las previsiones y, sobre todo, la coordinación entre los responsables de amortiguar los efectos sobre el tráfico de vehículos han dejado mucho que desear. La jurisdicción de la Policía de Tránsito Municipal concluye en Santa Ana; lo demás se encuentra a cargo de la SSP, que no parece haber cerrado filas con las autoridades municipales para facilitar el paso hacia Francisco de Montejo o para utilizar la Avenida Campestre en forma eficaz como vía alterna. Los semáforos siguen inmutables con sus tiempos habituales de cambio de luces, a pesar de la intensificación del tráfico vehicular en las hasta hace poco tranquilas calles del área. En las escuelas, a vuelta de vacaciones, las madres de familia han visto incrementadas las dificultades cotidianas para llevar y recoger a sus hijos, en tanto que los estudiantes de los centros de educación superior tienen que sufrir por las desviaciones y alteraciones de las rutas del transporte público. En cuanto a los comercios, uno de ellos logró que se postergara el cierre del tramo frente a su establecimiento hasta después de las fiestas navideñas, pero ahora se encuentra literalmente sitiado. Otros, más desafortunados por encontrarse cerca de donde se construye la nueva glorieta, seguirán perdiendo clientela si no logran convencerla de que acuda a sus sucursales de otros rumbos de la ciudad. En cuanto a los más pequeños, el cierre temporal puede volverse definitivo.

La 60 Norte es una avenida de dos cuerpos en esta parte. La obra actual sólo interviene el costado oriente y una pequeña porción del poniente. Eso significa que algún día, quizá cercano, las dificultades narradas volverán, sólo que su causa serán las obras del otro lado. Desconocemos cómo fue concebido el proyecto. Tampoco se ha informado con precisión del tiempo que tardará su construcción y si ya cuenta el Cabildo con los recursos necesarios para concluir esa obra, pero completa, esto es, considerando guarniciones, paraderos, reforestación y jardinería, carril para ciclistas y banquetas.

La ciudad de México ha experimentado en años recientes grandes obras de construcción, entre las que destacan las rutas del Metrobús, muchos kilómetros de ciclopistas y los segundos pisos. Allá se trabaja de noche exclusivamente. Es más costoso, sí, pero permite afectar lo menos posible a la ya de por sí problemática vida de los capitalinos. ¿Por qué no se plantea lo mismo en Mérida? Desde luego, requiere una mejor organización, quizá un poco más de presupuesto, pero a cambio se evitarían pérdidas económicas en los negocios y, lo más valioso, el tiempo de miles de personas que en vehículos de su propiedad o en el transporte público transitan a sus casas, trabajo o escuela.


Por otra parte, la modernización de la calle 60 Norte es una oportunidad. Para el Ayuntamiento, de demostrar cómo se realiza integralmente un proyecto de vialidad, que atiende las necesidades de los automotores pero también de otras alternativas de movilidad. Hasta ahora, el proyecto parece desarticulado, incompleto y, para colmo, “chop”, porque nada se ha dicho de su otro cuerpo. Para la SSP es un excelente momento para revisar la ingeniería de tránsito de toda la zona, incluyendo Chuburná y sus estrechas calles, pensando en facilitarle la vida a los conductores y a los transeúntes, y no en echar leña al fuego de las autoridades municipales. Y para los ciudadanos, el proyecto de la 60 es oportunidad de solicitar información sobre formas, plazos y tiempos de ejecución. Sería un buen ejercicio cívico que nos prepare como sociedad para la que parece emblemática e inevitable obra del sexenio 2012-2018: el Tren Transpeninsular. Por lo pronto, el próximo domingo escucharemos con atención lo que el gobernador Zapata Bello tenga que decirle a los yucatecos sobre la inminente aprobación de un proyecto que absorberá buena parte del presupuesto federal de muchos años para Yucatán, y que hoy todavía se encuentra sumido en las brumas de la opacidad gubernamental.- Mérida, Yucatán.

jueves, 9 de enero de 2014

Los regalos para Mérida

Competencia

Dulce María Sauri Riancho

En recuerdo de Manuel Berzunza Berzunza, presidente municipal de Mérida, fusilado junto a Felipe Carrillo Puerto hace 90 años.

Como todo aniversario de nacimiento, en el cumpleaños de Mérida se realizan fiestas y se le ofrecen regalos de parte de las autoridades, en representación de sus habitantes. La celebración de los 472 años de la fundación de la capital de Yucatán no fue una excepción: gobernador y Ayuntamiento entregaron obras, y por segunda ocasión el Cabildo meridano convocó al “Mérida Fest”, que se prolongará casi todo enero y donde se podrá gozar de diversos espectáculos artísticos y culturales.

En pleno siglo XXI Mérida permanece como la ciudad más importante del sureste de México, por población e influencia política y cultural, aunque resiente el meteórico crecimiento de Cancún, que emergió como centro económico peninsular en los últimos 20 años.

Las vialidades renovadas fueron el regalo más importante entregado por las autoridades estatales a Mérida. El Paseo de Montejo y la nonagenaria avenida Itzaes fueron repavimentadas con cargo al presupuesto estatal, en tanto que el Ayuntamiento sufre para concluir el primer cuerpo de la calle 60 Norte, que está siendo rehabilitada con un pavimento de concreto hidráulico, supuestamente a prueba de baches por largo tiempo. Los nuevos espacios recreativos tienen en el Parque Metropolitano de Mérida un destacado exponente de la infraestructura urbana entregada para el disfrute de los habitantes de toda la ciudad, aunque los más beneficiados serán los vecinos de los populosos fraccionamientos y colonias del poniente, comenzando por Juan Pablo II. En ocasión del aniversario, se inauguró la iluminación del Paseo Verde de esta gigantesca obra, que permitirá su utilización aun por las noches.

El Norte y el Sur de la ciudad continúan como espacios sociales y culturales con escasa interrelación. Sólo por razones de trabajo o para asistir a alguno de los centros de educación superior, los habitantes del Sur acuden a los espacios del norte de la ciudad. Las repavimentaciones poco les dicen a los sureños, si no van acompañadas de un mejoramiento real del transporte público, tema del que poco se habla después de haberse concretado el incremento de la tarifa urbana. El único momento de encuentro entre los dos espacios sociales de Mérida fue cancelado con la decisión de reubicar el Carnaval a las instalaciones de Xmatkuil a partir de este año. El Periférico “Manuel Berzunza” continúa como un cinturón que envuelve a Mérida, mas no la une, a pesar de la cuota cotidiana de sangre que recibe bajo el pretexto de ser la vía exclusiva de traslado rápido entre los dos extremos de esta extendida urbe.

Un mapa de los accidentes acontecidos en esta vía durante 2013 revelaría que en el cuadrante del norte menudean los accidentes entre vehículos y en el del sur y el poniente, los atropellamientos mortales. A pesar del incremento de los pasos peatonales, todavía es insuficiente su número, además de su ubicación. Es muy difícil de aceptar que edificios destinados a salvaguardar la seguridad pública, como el de la SPV y la Fiscalía General del Estado, no cuenten con acceso fácil y seguro para aquellos que vienen del sureste, que se ven obligados a arriesgar su vida para cruzar al otro lado y dirigirse a realizar sus trámites. El Periférico nos recuerda cómo un regalo a la ciudad no se da de una vez y para siempre. Fue una obra correctamente concebida y ejecutada a lo largo de varios gobiernos estatales, desde la década de 1970. A cada uno le ha correspondido la tarea de desarrollar y mejorar esta importante vía, en un proceso acumulativo al cual ahora le falta, sin duda alguna, la dimensión de la seguridad.

Pero Mérida también ha recibido regalos envenenados, como el tristemente célebre “paso deprimido”, ubicado en la glorieta ahora sin nombre oficial e inaugurado también en un aniversario, el 470, de la ciudad. Lo que mal comienza, mal acaba. La que fuera bautizada a contrapelo como “Glorieta de la Paz” fue producto de la improvisación e impuesto a pesar de las voluntades ciudadanas que se expresaron en contra y de las voces de los conocedores que alertaron de un deterioro urbano de la zona aledaña. Hubo también llamadas de alerta, desestimadas incluso con el argumento facilón de ser exageradas, como aquellas que anunciaron el peligro de la inundación por el crecimiento del nivel freático. El humor negro yucateco ha llevado incluso a proponer su menos costoso cambio de paso vehicular a alberca pública o a la inédita construcción de un lago artificial en el corazón de la más importante arteria citadina.

A mi juicio, el mejor regalo para Mérida en 2013 ha sido la sana competencia entre los gobiernos del Estado y del Municipio para realizar obras en beneficio de la ciudad. Que sea el gobernador o el alcalde quien inaugure poco importa a los ciudadanos, cuando de acciones positivas se trata. Ya veremos en el Informe del 19 de enero cómo este sano espíritu se ha expresado en otras partes de Yucatán.- Mérida, Yucatán.

miércoles, 8 de enero de 2014

A dónde nos lleva el consumo

Compras navideñas y economía nacional

Dulce María Sauri Riancho
“Frenesí comercial. El mejor fin de semana, según la Canaco”. Así titulaba el Diario de Yucatán su nota principal en la sección Local del pasado lunes. Los ríos de gente en el centro de la ciudad, en sus plazas comerciales y tiendas departamentales ya forman parte del paisaje prenavideño de Mérida. En mucha medida, el sentido religioso de estas fiestas queda sepultado en el alud de compras que acompaña la tradicional celebración de la llegada de Emmanuel (“Dios con nosotros”), nombre del Hijo de Dios hecho hombre.

Muchas y profundas reflexiones se realizan en torno a esta difícil y compleja relación entre las festividades colectivas, como son la Navidad y el Día de las Madres, por citar las dos más sobresalientes, y la adquisición de objetos y bienes para manifestar afecto y reconocimiento a los seres queridos.

¡Desde luego que los comerciantes celebran que sus negocios registren, así sea por breves días, un repunte en sus ventas! Sin embargo, en estas líneas navideñas pretendo solamente destacar el papel del consumo en la economía y cómo estos actos de comprar juguetes, comida, televisores y coches, además de celulares y tabletas electrónicas, juegan un papel en el crecimiento del Producto Interno Bruto, que es ni más ni menos que el termómetro con que se mide la salud de la economía del país.

Para que la gente pueda comprar necesita eso que se llama “capacidad de compra” o “poder adquisitivo”, que provienen del ingreso. Es lógico suponer que si las fábricas encuentran clientes para sus productos, crecen y aumentan sus ventas, de tal manera que pueden contratar a más trabajadores y empleados para satisfacer la demanda. A la vez, los asalariados con sus quincenas y el dueño del negocio con sus ganancias se vuelven consumidores de los productos de otras fábricas. Es el círculo virtuoso del capitalismo clásico, en que el supuesto es que si hay capacidad de compra, se expande el mercado y crece la economía.

Esa capacidad de adquirir bienes y servicios descansa en un requisito fundamental: poder pagar lo que se compra. Antes, todo se liquidaba en efectivo y de contado, la mayoría de las veces. Ahora, puede hacerse en muchos meses, porque en la economía moderna la palabra mágica es “Crédito”. Gracias a ella, en la actualidad predomina lo que se llama “dinero plástico”, que son las tarjetas de crédito o débito, que permiten llevarse el ansiado televisor o la computadora a casa, e irlos pagando poco a poco.

Menos visible, pero indispensable, es el crédito a la inversión productiva. Es el que se destina a construir una fábrica, instalar un negocio, comprar una maquinaria. Los bancos prefieren mucho más dar préstamos al consumo a través de las tarjetas, porque cobran altas tasas de interés que eleva considerablemente el precio final, pero eso sí, pagándolo poco a poco. En cambio, los créditos para la producción representan para las instituciones bancarias, en su mayoría extranjeras, un negocio menos rentable y de mayor riesgo.

En el alud de reformas legislativas de las últimas semanas se aprobó una importante reforma financiera, cuyo punto central consiste en el reforzamiento de los mecanismos legales para el cobro de las garantías bancarias. Dicen, espero que con razón, que si los bancos cuentan con mayores facilidades para cobrar sus créditos, éstos serán menos onerosos y habrá más disponibilidad para quienes los necesitan, en especial aquellos inversionistas en actividades productivas. Pero para la inmensa mayoría de los poseedores de tarjetas, esto significa que habrá nuevas facultades legales para exigir el pago íntegro de la cantidad comprometida.

Fiestas como la Navidad tienden a hacernos olvidar que lo que hoy compramos, tarde o temprano tendremos que liquidarlo. Las ofertas para diferir pagos o para realizarlos hasta en 24 meses nos llevan a que las siguientes dos navidades continuaremos “endrogados”. Comprar una casa a crédito es una inversión; hacerlo con un televisor o una computadora es un gasto.

Tímidamente, a contrapelo de la profusa publicidad que nos induce a comprar, aparecen algunos avisos exhortando al ahorro de parte de los aguinaldos o de los ingresos extra que puedan caer en estos días.

Es que el ahorro es indispensable como previsión familiar para el futuro y como solidez financiera para la sociedad y la economía del país.


En el imperfecto sistema capitalista en que vivimos, ahorro, inversión y consumo están indisolublemente unidos. Puede ser cuestión de sabiduría individual saber combinar el disfrute del consumo y del crédito navideño con la capacidad de pago en enero, sin sobresaltos ni amenazas de las firmas de cobranza que han proliferado en los últimos años. Por lo pronto, para descargar conciencias culpables de excesos decembrinos, creamos en que, aun con los bemoles de los productos importados, al comprar hemos ayudado al crecimiento de la economía de México. ¡Vaya consuelo!- Mérida, Yucatán.