jueves, 13 de diciembre de 2012

Mérida se renta, se vende.


Paseo de Montejo y Centro Histórico
Dulce María Sauri Riancho

Después de varias sesiones de llevarles, amigos lectores, por los rumbos de la política nacional, regresemos a casa.

Uno, dos, tres, cuatro… al llegar a 12 la tristeza me ganó. Son decenas los locales que lucen letreros de “Se Renta”, “En Venta”, en ambas aceras del Paseo de Montejo. Y la cuenta puede continuar en todas y cada una de las arterias del Centro Histórico. Lo que antaño fuera zona residencial privilegiada, hace años dejó de serlo para dar paso a un bullicioso y variado mundo comercial y de negocios. Ahora también los comercios y las oficinas se han mudado o han optado por cerrar. Hay calles de nuestra ciudad que transmiten un mensaje de desesperanza por el deterioro en que se encuentran sus construcciones. Hay rumbos del Centro Histórico que, apenas oscurece, se vuelven lúgubres, al grado de despertar temor para transitar, sobre todo para las mujeres. Lo cierto es que la Mérida tradicional empieza a lucir abandonada y demanda a gritos una transfusión de vida y de creatividad.

Es cierto; el desarrollo de la propiedad inmobiliaria es actividad privada. Lo que se haga con las propiedades urbanas, el monto de las rentas, las operaciones de compraventa, todos estos aspectos cruciales de la economía y del propio desarrollo urbanístico se encuentran en el ámbito de “lo privado”. Pero cuando la dinámica del libre intercambio desaparece y las actividades inmobiliarias se colapsan al grado de poner en riesgo la sana convivencia, entonces se hace necesaria la intervención de los poderes públicos, la realización de diagnósticos certeros sobre la causa o posibles razones y, como consecuencia, la implementación de políticas públicas diseñadas de manera específica para revertir el deterioro. Aunque obvio, es necesario destacar que el diseño y la adecuada implementación de las políticas y de las acciones de gobierno -en cualquiera que sea el campo de interés- implica la participación directa y comprometida de todos los grupos sociales involucrados.

Desde hace varios años se ha venido promoviendo y aplicando una serie de programas dirigidos a reactivar al Centro Histórico meridano. La mayoría de estas propuestas provenía originalmente del sector privado, de organizaciones empresariales y fundaciones. Con el paso de los años, tanto las autoridades municipales como las estatales y las federales hicieron suyas algunas de estas propuestas, lo que permitió escalar objetivos y alcances. El esfuerzo más reciente y ambicioso consistió en aplicar un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo en la restauración de calles, parques y banquetas y en la intervención de cientos de fachadas de construcciones privadas localizadas en el Centro Histórico. Aunque los trabajos no se concluyeron y aún los terminados y entregados muestran deficiencias, no pueden negarse los beneficios que un programa tan amplio representa para nuestra ciudad.

Otra cosa han dejado en claro los trabajos de restauración de nuestro Centro Histórico: la rehabilitación de la Mérida tradicional supone y demanda mucho más, que el mejoramiento de la infraestructura entendida como darle una “manita de gato” a las fachadas de casas y construcciones que, en muchísimos casos, permanecen desocupadas y con sus interiores en estado ruinoso. No se considera ni se sugiere la suspensión de los programas en marcha. Tampoco se propone disminuir el ritmo o cambiar el destino de los presupuestos de obra pública. Pero es urgente diseñar y aplicar programas complementarios, conformar una estrategia integral, dirigida específicamente para reactivar la ocupación y lograr la dinamización del centro y de los barrios tradicionales de nuestra ciudad.

Reactivar la ocupación habitacional del llamado “primer cuadro” significa combinar tal vez la ocupación de casas por familias locales y extranjeras, con instalaciones dedicadas al turismo. Se debieran brindar facilidades para el desarrollo de pequeños hoteles pero, también, de casas para estudiantes y, ¿por qué no? de casas para el cuidado de adultos mayores. Las vetustas casonas del centro pueden recibir a las instalaciones de universidades, la reubicación de bancos y oficinas corporativas. Lo anterior supone la implementación de un sistema eficaz de transporte público (el uso intensivo de la bicicleta, tal vez) y un diseño audaz de la vialidad en la zona. La construcción de estacionamientos públicos es indispensable; la disponibilidad de banquetas más amplias y seguras (sin las trampas y los desniveles de las actuales); zonas peatonales y cruceros seguros para los viandantes. En síntesis, se requiere recuperar a plenitud los espacios públicos, devolver a las personas, a las familias, a los vecinos, la tranquilidad y las comodidades que fueron usurpadas por los vehículos y por el desorden en las actividades comerciales.

Para fortuna nuestra y de nuestra ciudad, no hay que “inventar el hilo negro”. Hay muchas y muy variadas experiencias exitosas aplicadas en ciudades de todo el mundo. De todas ellas podemos aprender; de algunas podemos replicar programas; de otras, adaptar iniciativas a las condiciones locales y a nuestra forma de ser. Lo que hagamos por nuestra ciudad será en beneficio de todos sus pobladores. Pero hay que actuar ahora, no dejar pasar más el tiempo. Por nuestra desidia y falta de compromiso pasados nos alcanzó el presente. Que no perdamos el futuro.- Mérida, Yucatán.

viernes, 7 de diciembre de 2012

El arranque de Peña Nieto


Trece decisiones, 95 compromisos
Dulce María Sauri Riancho

No hay plazo que no se cumpla. El sábado 1 de diciembre dio inicio la presidencia de Enrique Peña Nieto. Aún con el escepticismo cultivado a lo largo de varios cambios sexenales, en que las palabras emocionaron y después vino la decepción, he decidido recetarme unas cucharadas de jarabe de optimismo para abordar el análisis de los primeros pasos del nuevo gobierno.

En el discurso inaugural, el Presidente estableció los “cinco ejes” de su administración. Un México en paz es el primero, con las familias y las personas en el centro de las políticas de seguridad. México incluyente, combatiendo la pobreza y cerrando la enorme brecha de desigualdad; un país con educación de calidad para todos y crecimiento económico suficiente para lograr la prosperidad, son los otros tres ejes, al que se suma el quinto: México, como actor internacional con responsabilidad global.

Hasta aquí no hay nada distinto de otros mensajes inaugurales, pero Peña Nieto “aterrizó” en 13 “Decisiones Presidenciales”, donde detalla la sustancia de sus planteamientos, de los cuales se derivarán acciones concretas en los próximos días, semanas, meses. Las dos primeras tienen que ver con la seguridad; consiste en la creación de un Programa Nacional de Prevención del Delito y el desistimiento del Ejecutivo federal de la controversia que impide la publicación de la Ley de Víctimas aprobada por el Congreso. En el terreno legislativo Peña Nieto comprometió una iniciativa presidencial para que el país tenga un Código Penal único, en vez de los 33 actuales.

La cuarta decisión presidencial guarda semejanza con un programa instrumentado por el presidente Lula, de Brasil. Se trata de una Cruzada Nacional contra el Hambre, a comenzar dentro de los próximos 60 días. La quinta y la sexta tienen que ver con la atención a grupos vulnerables: para las jefas de familia, un seguro de vida; para los adultos mayores de 65 años, pensión universal. Lo más importante de esta determinación presidencial es que será el primer paso hacia la creación del Sistema de Seguridad Social Universal, que ampare a los mexicanos durante todo su ciclo de vida.

El número siete de la suerte se reservó para la Reforma Educativa. Mediante una iniciativa de reforma constitucional, se establecerán las bases para el Servicio Profesional de Carrera Docente, como una manera de garantizar que serán el trabajo y los méritos los únicos componentes en la evaluación y ascenso de los maestros. En voz del Presidente nos enteramos que nadie, ni siquiera la Secretaría de Educación, sabe cuántas escuelas, maestros y alumnos hay realmente en el país, por lo que ordenó la realización de un censo, indispensable para una buena planeación educativa.

Las decisiones ocho y nueve tienen que ver con la infraestructura: carretera, ferroviaria, portuaria, que será impulsada en forma decisiva, con atención especial hacia el Sur de México, la región más rezagada. Anunció también la construcción de trenes de pasajeros, entre los cuales estará el Transpeninsular Yucatán-Quintana Roo.

El número 10 corresponde a las telecomunicaciones, el derecho de acceso a los servicios de banda ancha e internet, que será elevado a rango constitucional y, en forma paralela, se licitarán dos cadenas de televisión abierta y se generará mayor competencia en telefonía, internet, radio y televisión. En la decisión 11, Peña Nieto se compromete a encontrar “una solución inmediata” al grave endeudamiento en que han incurrido estados y municipios, mediante una iniciativa de Ley que lo corrija e impida en el futuro.

A las finanzas públicas corresponden las dos últimas decisiones, la 12, que es el compromiso de “cero déficit presupuestal” para el Paquete Económico 2013 y la 13, que consiste en racionalizar el gasto corriente. Ahora tendrán los nuevos funcionarios de Hacienda la difícil tarea de hacer el “milagro de los panes y los peces”, pues sin cobrar nuevos impuestos tienen que suministrar recursos a los nuevos programas comprometidos por el Presidente.

Otro reto de estas 13 Decisiones tiene que ver con el Congreso de la Unión. El Presidente anunció, al menos, tres reformas constitucionales e igual número de nuevas leyes. Tendrá que haber una intensa negociación política entre el Ejecutivo y el poder Legislativo para que las 13 Decisiones no queden empantanadas en los procedimientos parlamentarios.

El 2 de diciembre se suscribió el Pacto por México por los tres partidos políticos más grandes -PRI, PAN, PRD- y el Presidente de la República. Contiene la friolera de ¡95! compromisos adoptados para impulsar cinco grandes acuerdos. En palabras del secretario de Gobernación, se trata de poner un coto a “… La creciente influencia de poderes fácticos (que) frecuentemente reta la vida institucional del País y se constituye en un obstáculo para el cumplimiento de las funciones del Estado mexicano…”. Todo hace suponer que se refiere a las grandes televisoras y empresas de telecomunicaciones -Televisa, Azteca, Telmex-, así como a los sindicatos magisteriales, SNTE de la maestra Elba Esther y la Coordinadora, de su disidencia. Hay un acuerdo por la Transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción, que a la vez se desglosa en compromisos concretos.

Como verán, amigos lectores, hay ingredientes para el jarabe de optimismo. Pero mi pócima tiene fecha de caducidad: terminará en 2013, cuando las 13 Decisiones presidenciales se hayan ejecutado o, de nuevo, las haya enterrado en mi panteón particular de las desilusiones.- Mérida, Yucatán.