jueves, 25 de octubre de 2012

En la economía global: El Dragon Mart, ¿una oportunidad?


En la década de 1980 Japón y las empresas niponas se habían adueñado de la economía del mundo. Resurgida de las cenizas de la segunda guerra mundial, la sociedad japonesa dio ejemplo de trabajo y disciplina para superar las adversidades de la destrucción y el aislamiento. En tanto, en esa misma región asiática, otra nación, China, parecía mantenerse al margen de los grandes cambios que experimentaba la organización económica mundial. Encerrada entonces en su enorme territorio habitado por la quinta parte de la población del orbe, acicateada tal vez por la prosperidad de sus vecinos, los japoneses, el régimen socialista chino dio inicio a la transformación de su organización económica. Treinta años después, la economía japonesa no ha logrado recuperar la dinámica que la caracterizó en el siglo pasado. Su lugar en la región y en el mundo ha sido ocupado por China que, después de la apertura gradual de la década de 1990, ingresó a la Organización Mundial de Comercio en 2001, hasta ubicarse como la tercera economía mundial el pasado 2011.

En la imaginación colectiva mexicana pasa ahora con los productos chinos lo que sucedía con los japoneses en 1960. Se decía entonces que eran malas copias, que se descomponían pronto, aunque -eso sí- costaban poco. Recuerdo a mi abuelita que comparaba orgullosa a su máquina Singer alemana con las modestas y baratas marcas niponas. Lo mismo sucede ahora con China, sólo que sus productos abarrotan los anaqueles de cualquier tienda departamental, a diferencia de entonces que en muy contados lugares podía comprarse mercancía extranjera.

China es mucho más que sus 1,350 millones de habitantes, donde un porcentaje importante es pobre, aunque esta situación está mejorando aceleradamente. Podemos cerrar los ojos a esta realidad; engañarnos pensando que este país es un gran productor de baratijas, y olvidar que es una potencia que emerge con enorme fuerza en los nuevos territorios de la ciencia y la tecnología, desde la informática, computación, biotecnología, hasta la hazaña de poner a un ser humano en el espacio, sin dejar a un lado su desarrollo nuclear.

Las cifras de intercambio comercial entre México y China no son diferentes a las que presentan otros países del mundo, incluyendo Estados Unidos y la Unión Europea. Esta nación asiática vende casi nueve veces más que lo que nos compra. Un porcentaje importante son insumos que utilizan las plantas ensambladoras mexicanas para producir equipos varios; otros más vienen como teléfonos celulares (el renglón más importante de las importaciones, 14%) y computadoras (por cierto, una empresa china compró la división de PC de IBM). A cambio, México vende petróleo, mineral de cobre y ¡automóviles!, como los rubros más importantes. En estas grandes cifras, los textiles y las prendas de vestir no figuran significativamente, porque hasta hace unos cuantos meses, los impuestos a la importación (aranceles compensatorios) eran muy elevados.

A grandes líneas, éste es el panorama en el que se enmarca el anuncio del proyecto Dragon Mart, a instalarse en Cancún. Recientes reportajes del Diario de Yucatán han aclarado varios puntos, entre otros, su carácter privado, pues son empresarios chinos y mexicanos -uno de ellos yucateco- los que invertirán en el desarrollo de un gran centro comercial al mayoreo en los terrenos inicialmente destinados a una pista de carreras de Fórmula Uno. Será una gran concentración de vendedores mayoristas de artículos producidos en China, que podrán contar con un sitio de exhibición y oficinas para atender a sus posibles clientes de América Latina y el Caribe, incluyendo México. Han anunciado también que habrá venta al menudeo de algunos bienes de consumo final, como vestido, calzado, juguetes, entre otros.

Qué le dice a Yucatán un proyecto como el Dragon Mart. En primer lugar, creo que destaca una cuestión que, una y otra vez, hemos señalado como ventaja para la península, pero particularmente para esta entidad: nuestra ubicación geográfica. Por esta sola condición no hubiese sido concebido un proyecto de esta naturaleza, pero si lo combinamos con la existencia en Cancún de un nudo de comunicaciones aéreas entre América Latina y el Caribe, con Europa y los Estados Unidos, adquiere mucho sentido la localización de oficinas para concertar intercambios comerciales que posiblemente concluyan en empresas o tiendas de Argentina, Guatemala o República Dominicana, por ejemplo. El Dragon Mart aspira a convertirse en un gran centro de negocios transoceánico, en que las empresas chinas vendan y las latinoamericanas y caribeñas compren.

Un proyecto de esta naturaleza se corresponde con la estrategia de expansión de la economía de China en el mundo entero. Poseedores de las mayores reservas monetarias internacionales, de un crecimiento espectacular de su economía, serán muy pronto vecinos presentes en la península yucateca. El modelo de localización y de asociación aplicado por los exportadores chinos pudiera ser replicado por empresarios locales, para el intercambio de otros bienes y servicios, aprovechando las sinergias que generará la apertura de una nueva actividad económica en un centro de primera importancia en materia de comunicaciones, como es Cancún. De nosotros depende vencer el miedo y tomar la oportunidad para repensar a Yucatán como parte de la economía global.- Mérida, Yucatán.

Giro radical a la política social


Dulce María Sauri Riancho

Recibí por correo electrónico una comunicación de Guillermo Mendicuti, presidente de la recién creada Fundación del Empresariado Yucateco (Feyac), con una serie de interesantes precisiones sobre el trabajo que se propone realizar esta organización recién constituida. Convencida como estoy del desarrollo social como una tarea de envergadura colectiva que debe sumar las fuerzas de la sociedad y del gobierno, comparto con ustedes algunas reflexiones ante la afortunada coincidencia del inicio de los gobiernos municipales y estatal, del muy próximo de la administración federal y los loables propósitos de este grupo de empresarios yucatecos.

Sin duda se requiere dar un giro radical al conjunto de políticas públicas y programas que integran la política social de la administración estatal, tan maltrecha en los últimos cinco años. El gran reto consiste en alejarla del asistencialismo y acercarla a la sostenibilidad, es decir, que en un futuro determinado las personas beneficiadas puedan mantenerse por sí mismas, sin necesidad de la continua inyección de recursos presupuestales. Un postulado de esta naturaleza de ninguna manera implica que el gobierno se desatienda una responsabilidad fundamental para el bienestar de la mayoría, sino que aplique correctamente los recursos y consiga motivar a los grupos que atiende para propiciar su participación en las decisiones y en la aplicación y vigilancia de los programas.

En el mediano plazo, nada sustituye al “trabajo decente”, concepto que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) acuñó y aplica desde hace años para describir al empleo digno y bien remunerado que, además de ingreso adecuado y seguridad laboral, genera satisfacción personal y estima individual y familiar. Esto no sucede en Yucatán, donde una tercera parte de la población trabajadora se desempeña en la economía “informal” y tres de cada cinco desempleados son jóvenes mujeres y hombres a quienes poco les sirvió haber completado el ciclo obligatorio de 10 años en la escuela. Sí, Yucatán es el quinto estado con menor desempleo en el país pero, desgraciadamente, es también la cuarta entidad con los ingresos más bajos.

Por eso, la primera acción gubernamental tendrá que ser el fomento del empleo, la productividad y la competitividad de las empresas y negocios yucatecos. Los frutos de una estrategia de este tipo no se ven en lo inmediato, por lo que el gobierno tiene que continuar atendiendo las urgencias de las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad, que integran un importante grupo de la población de Yucatán. La enorme complejidad administrativa que implica la correcta utilización del presupuesto asignado a los programas sociales federales se puede detectar en los trabajos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), que enlista 273 programas y acciones por derechos sociales y bienestar económico. Desde luego que no todos operan en Yucatán, pero sí uno de los principales, “Oportunidades”, que atiende a tres de cada 10 familias yucatecas con becas, ayuda alimentaria y atención a la salud, por un monto en promedio de dos mil pesos mensuales para cada una.
Si el gobierno local se conforma con repartir cosas que sólo amortiguan por un corto tiempo una necesidad -despensa, cobijas, zapatos-, no estará conduciendo la política social sino practicando el asistencialismo, que tal vez le proporcione popularidad entre los beneficiados, pero no repercute en la solución definitiva de su pobreza. El gobierno tiene que ayudar a las familias pobres, particularmente a la población campesina, tan olvidada en los últimos años. Pero si la “política comunitaria” se queda en esas acciones, no habrá “desarrollo social” ni habrá dinero que alcance, a pesar de la austeridad y el ahorro.

Éste es el nicho de oportunidad para abrir la participación por parte del gobierno a las organizaciones de la sociedad. Ellas no han necesitado permiso para servir de múltiples formas a los más desamparados: albergues para ancianos y enfermos, comedores populares, centros de capacitación y atención a personas con discapacidad, entre múltiples acciones que reproducen cotidianamente el milagro de los panes y los peces. Pero una renovada actitud de apertura por parte del gobierno y la sociedad mucho ayudará. Por eso me gustó la expresión del presidente de la Feyac que, dice, ni agremia ni afilia organizaciones, sino que aspira a atender a todas en su camino hacia la institucionalización, lo que significará informar y capacitar para utilizar mejor las facilidades que otorga el actual régimen legal, que permite hacer deducibles fiscalmente las aportaciones que reciben, para utilizar íntegramente el régimen de donaciones que tiene la Ley del Impuesto sobre la Renta, para elaborar proyectos dirigidos a las agencias donantes de México o del extranjero, entre otras.

Si además la Feyac cuenta con la experiencia de Adolfo Patrón y el Patronato de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, y con la de Armando Palma y el Centro de Educación Chilero que lleva su nombre, habrán avanzado un buen trecho. Ahora, ¡a sacudir la modorra del asistencialismo!, y a integrar una verdadera política social.- Mérida, Yucatán.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Los primeros 10 días del nuevo gobierno: entre nubes de terciopelo


Dulce María Sauri Riancho

Periodo de “gracia” o “luna de miel”, lo cierto es que se percibe una distensión en el ambiente social yucateco. El mero cambio del titular del Ejecutivo del Estado significó un considerable alivio de los excesos de los últimos tiempos, a lo que se sumó el tradicional resurgimiento de la esperanza en que -ahora sí- tendremos un mejor gobierno que el anterior. Así, entre “nubes de terciopelo” han transcurrido los primeros 10 días y se comienzan a desgranar los compromisos del discurso inaugural de Rolando Zapata.

La secuencia de los eventos marca las prioridades del nuevo gobierno. Abrió con la presentación del Programa de Ajuste Financiero y Nueva Cultura de la Austeridad Pública, para poner remedio hacia adelante a los males de dispendio y frivolidad en el uso de los recursos provenientes de los impuestos, que se volvió una forma de gobernar en los últimos cinco años. El ahorro estimado para los tres últimos meses de 2012 -ciento cincuenta millones de pesos- parece poco frente a las enormes erogaciones en otros menesteres y las deudas por pagar, pero si se mantiene la disciplina y se vuelve parte integral del desempeño de las actividades del sector público, será mucho más que dinero lo que se logre, pues sería una nueva forma de concebir y realizar la función pública.

Luego siguió la instalación del Consejo Estatal de Salud. Por encima de sus laudables propósitos de mejorar la infraestructura y los servicios, se ubica una situación sanitaria de emergencia causada por el dengue cuyo portador, el Aedes Aegypti, parece haber sentado sus reales en Yucatán ante la negligencia y la dejadez de las instituciones responsables. Cómo estará la situación que el último día de gobierno se emitió el decreto de alerta sanitaria y, por si fuera poco, el representante presidencial al acto de toma de posesión de Rolando Zapata fue el mismísimo secretario de Salud del gobierno federal. La acción concreta e inmediata se tradujo en un fin de semana de recolección de cacharros y basura en las colonias de Mérida que, aún con deficiencias que los propios vecinos han estado denunciando, marcó una nueva forma de cooperación entre las autoridades estatales y municipales, indispensable para enfrentar esta grave amenaza.

La presentación de la Fundación del Empresariado Yucateco, A. C., con la presencia del gobernador, me hizo pensar que se comenzaban a desgranar las medidas para fomentar la economía y la productividad en el estado. Ya había habido un reconocimiento de la necesidad de reactivar la estrategia de promoción turística, ante el anuncio de la baja ocupación hotelera y el incierto panorama para fin de año, a pesar del interés por las profecías mayas del fin de la cuenta larga del tiempo. No fue así. La nueva Fundación estará enfocada al desarrollo social, económico y humano de la población de bajos ingresos del estado. No lo hará directamente, sino por medio de las más de 500 organizaciones civiles que calcula existen en la entidad.

La propuesta del gobernador sobre nuevo responsable de la Fiscalía del Estado recayó en una mujer de formación y experiencia, Celia Rivas. Ésta -a mi juicio- afortunada designación del Congreso comenzaría a cubrir el importante déficit femenino que padece el nuevo equipo de gobierno, con una persona que seguramente tendrá un desempeño a la altura de las circunstancias en ese complicado cargo.

Este primer recuento, ¿es para entusiasmarse? Sí, pero no tanto. La ansiada coordinación -que no subordinación- entre las autoridades estatales y del municipio de Mérida parece que no alcanzó al programa de bacheo emergente que ha emprendido el Ayuntamiento. El crédito de 14 millones daría mucho más si pudiese el Cabildo contar con la ayuda estatal que se suspendió días antes del cambio de gobierno. En cuanto a los empresarios, bienvenida su participación en los asuntos sociales y de combate a la pobreza, pero la pretensión de sostener las operaciones de la nueva Fundación con los recursos del impuesto estatal del 2.5% sobre nóminas, me parece que tendría que sopesarse cuidadosamente por dos situaciones: la primera, porque en su origen ese gravamen fue instituido para fomentar la construcción de infraestructura productiva y de apoyo a las actividades económicas de Yucatán; y la segunda, tiene que ver con la libertad de las mismas organizaciones, porque no creo que se trate de centralizar y mucho menos de controlar sus actividades, mucho menos de limitar su autogestión, que se vería restringida si la nueva Fundación se constituye en el único canal para que fluyan los recursos gubernamentales.

En espera permanece el anuncio formal del programa de emergencia para el campo. Además, es necesario enterar a la ciudadanía en forma amplia y clara sobre los cuestionados manejos de los anteriores funcionarios. De otra manera, sería muy difícil entender la “alerta roja” lanzada por el propio gobernador el 1 de octubre. Aún falta concluir con los relevos o ratificaciones de los secretarios y de los responsables de organismos descentralizados como la Japay, Cultur, entre otros. Y lo más importante, ante el desastroso resultado de imponer subsecretarios como “cuñas” para pagar favores políticos, saber si el nuevo gobernador dará la confianza a sus colaboradores para nombrar a su vez a sus equipos de trabajo. Mucho falta. Y estaremos pendientes.

Entre escepticismo y esperanza


Dulce María Sauri Riancho

Gobernador en el alambre

Si como decía don Jesús Reyes Heroles “la forma es fondo”, el lunes 1 de octubre asistimos los yucatecos al inicio de un cambio en la visión y el estilo de gobernar. Acorde con las recientes reformas a la Constitución de Yucatán, el nuevo gobernador no rindió protesta, sino “compromiso constitucional”, que es lo mismo, pero traducido al lenguaje jurídico en boga. A esto le sumamos que el evento comenzó casi a tiempo, cuando lo usual durante cinco años fue la impuntualidad en los distintos actos públicos.

El discurso inaugural conjugó tres elementos: lo que habrá de conservar de la administración que concluye, lo que tendrá que reconstruir y lo que se propone innovar. En cuanto a lo que habrá de preservar de su antecesora, destaca como único punto la seguridad, tan importante para la población de Yucatán. El secretario de Seguridad Pública fue ratificado en su cargo, como una garantía de que lo que bien se hizo, se reconocerá y fortalecerá en el futuro inmediato. Hasta allá.

Zapata Bello propuso un cambio de rumbo. No lo dijo con esas palabras, no era necesario. Pero reconocer el estado desastroso en que se encuentra el campo yucateco y el compromiso de una acción institucional urgente para rescatarlo dice mucho del abandono y desidia que caracterizaron a la administración saliente en este rubro. Al proponer una nueva orientación de la política social, dijo adiós -eso espero- a la estrategia del reparto de cosas -zapatos, cobertores, láminas de cartón, etcétera- que conformó durante cinco años la sustancia de las acciones gubernamentales para abatir el rezago y la marginación. En cambio, ofreció una estrategia basada en la salud, combate a la pobreza y empleos de calidad. En el renglón productivo, destacó al turismo, las exportaciones y el impulso a la plataforma logística para fomentar el crecimiento económico de la entidad.

Fue en la descripción del futuro ejercicio de gobierno donde se sintió más claramente el propósito de reconstrucción de una imagen deteriorada por la frivolidad y el dispendio. El nuevo titular del Ejecutivo yucateco comprometió un gobierno “austero y disciplinado”, en el que campee la “rigurosa honestidad” y se combata “ferozmente” a la corrupción. Estas palabras deben haber causado incomodidad y tal vez preocupación entre los funcionarios salientes, pues de llevarlas al terreno de los hechos se traducirían en investigaciones y procesos criminales contra más de uno. “Hay mucho qué hacer en la reducción del gasto no esencial”, dijo. Y haciendo gala del cumplimiento inmediato de este compromiso, convocó al día siguiente, martes 2, a la presentación del “Programa de Ajuste Financiero y Nueva Cultura de Austeridad en el Gasto Público”. No hay que olvidar que, a diferencia de su antecesora, de esto Zapata Bello sí conoce, pues fue secretario de la poderosa Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, con el hoy famoso Luis Videgaray como presidente de la misma. Pero las cuestiones de reconstrucción gubernamental no quedaron allá: anunció el gobernador una “… profunda reforma y reorganización de la administración pública estatal, que tenga como eje el adelgazamiento de las estructuras gubernamentales…”.

Como un equilibrista en el alambre de las palabras y con la gobernadora saliente a un lado, Rolando Zapata trazó el perfil propio de la administración que encabeza desde el 1 de octubre. Tendrá, dijo, como principio “ancla” el de un gobierno realista: “… que no sueñe una realidad inexistente o viva de un ideal inalcanzable…”. Atrás quedó la mercadotecnia vacía de “tejer”, “apadrinar” o volver a Yucatán “tierra de sueños”, muchos de los cuales se convirtieron en pesadillas de incumplimiento. Continuó el deslinde con el pasado inmediato al expresar que su gobierno no ofrecerá lo que no pueda hacer ni asumirá gastos y compromisos financieros que no pueda sostener. Aún hay más: comprometió un gobierno “… que termine todo lo que inicia…”, lo que significará el fin de las “primeras” -y únicas- piedras; que entienda “perfectamente” que el realismo es lo que le da (al gobierno) seriedad y credibilidad.

La innovación más trascendente anunciada en el discurso inaugural de Zapata Bello se refiere a la manera como se propone construir las relaciones entre su gobierno y la sociedad yucateca. Asumió el compromiso de construir “con todos”, no sólo para todos, en una actitud abierta y proactiva a favor de la participación ciudadana. Habló del diálogo como sinónimo de gobernar y afirmó que la calidad del debate público califica la calidad de un gobierno. En lo que denominó su “credo político”, consignó sus creencias en la democracia de resultados, la libertad, la tolerancia y la cultura del éxito.

Una vez más sale a relucir el argumento del “beneficio de la duda” frente a un gobierno que empieza. La memoria me lleva a recordar otros discursos de inauguración que anunciaban nuevos y mejores tiempos, que conmovieron y lograron sembrar expectativas entre la población de México y de Yucatán. Pasaron los días y los años, y las palabras quedaron atrapadas en una realidad que abiertamente las contradijo. La invocación de Rolando Zapata al “optimismo perenne” de los yucatecos, “… a pesar de tener nublada el alma…”, me plantea una disyuntiva: hacerle caso a la razón, que me llama al escepticismo como forma de autoprotegerme frente a una potencial desilusión, o darme el lujo de abrir mi corazón a la esperanza. ¿Ustedes qué piensan, amigos lectores?

Innovar con imaginación


Dulce María Sauri Riancho

Los retos de Rolando (3)

A Rolando Zapata le corresponderá un tramo de seis años en los corchetes del tiempo político de Yucatán. Podría tomar la opción de limitarse a restaurar los mayores daños a la administración pública y de recuperar niveles razonables de eficiencia para llevar de la mejor manera el día a día. Pero si quiere innovar, el nuevo gobernador deberá abordar una tarea de mayor envergadura, que consiste ni más ni menos, que en la definición del papel de la sociedad yucateca  en la globalización mundial, es decir, cómo y en qué forma habremos de insertarnos en un proceso que se antoja como imparable.

El primer gran desafío de Zapata Bello será sacudir la frivolidad y el conformismo que permeó la actuación de las autoridades en los últimos tiempos, lo que nos lleva a la necesidad de repensar la estrategia para que Yucatán ocupe un lugar en el mundo. Son tres pasos básicos: uno, Imaginarla; dos, volverla proyectos; tres, organizarse conjuntamente gobierno y sociedad para aplicarla.

En esa primera parte, la de la imaginación, planteo tres ideas para darle a Yucatán identidad y participación en los procesos de mundialización de la economía y de la sociedad. Tienen que ver con la “cara oculta” de la riqueza que dispone esta entidad, en ubicación geográfica, recursos naturales y culturales.

No es nueva la propuesta para hacer uso de la ubicación geográfica del estado de Yucatán como puerta de entrada al Golfo de México y al Caribe. Es el asiento del proyecto “Plataforma Logística” que comenzó en la administración de Patricio Patrón y que registró pocos avances en los años recientes, para establecer una sinergia entre los servicios portuarios, carreteros y aéreos para la movilización de carga y pasajeros. Innovar sería cambiar el eje de sustentación del mar- el puerto de Progreso- y tierra –sólo carreteras, excluyendo ferrocarril-, al aire –aeropuertos, en particular el de Kaua-, pero también del tipo de carga a movilizar, en cuanto a su origen y destino. Me explico. La mayoría de los esfuerzos han estado concentrados en facilitar importaciones –como los granos- requeridas en la península de Yucatán y lograr exportar productos de la región. El planteamiento innovador consistiría en volver al aeropuerto de Kaua una especie de hub de carga aérea, en que las mercancías destinadas a América del Norte –Estados Unidos y Canadá-, procedentes de otras partes de América puedan pasar la certificación aduanera y migratoria en el mismo recinto aeroportuario, a partir de la cual podrían salir como carga doméstica a cualquier aeropuerto norteamericano, pues ya habría cumplido con los requisitos de importación. Miami, el aeropuerto de Estados Unidos que cumple esta función para las mercaderías procedentes de América Latina y el Caribe, está saturado, lo que hace que los servicios sean lentos y caros. Kaua está construido, subutilizado y es propiedad del gobierno estatal, que bien podría concertar un acuerdo con el gobierno federal para echar a andar una propuesta de esta naturaleza, que implicaría aduaneros y agentes migratorios norteamericanos y canadienses en suelo mexicano, como sucede en otras partes del mundo, como en la República Popular China.

La riqueza del subsuelo yucateco, el denominado “oro azul”, es el inmenso acuífero de los ríos subterráneos, cenotes y aguadas donde se conserva agua dulce, que año tras año es recargada por las lluvias. En el mundo se prevé escasez general de agua para beber y para la agricultura. No muy lejos, en el norte de México, las sequías azotan extensas regiones de Chihuahua este año, por citar un solo ejemplo. Para conservar y manejar en forma sustentable este recurso se requiere innovar, desde la visión hasta los programas encaminados a evitar su contaminación y la silenciosa privatización de extensas superficies, adquiridas sólo para disponer en un futuro de esa riqueza.

El carácter pluriétnico de la sociedad yucateca es una enorme riqueza en riesgo de desaparición. La forma de concebir el mundo de los mayas; su pensamiento cíclico del tiempo como un continuo proceso de renovación, están ahora amenazados por la incomprensión y la indiferencia sobre importancia de este legado. Ocupar un lugar en la globalización mundial demanda afirmar identidades, de las cuales lo maya para los yucatecos es un componente esencial. Pero la mayoría de las mujeres y los hombres mayas de hoy, padecen marginación y pobreza. Se requiere una acción estratégica de gran calado que empodere a la población maya y que a la vez sea símbolo visible del compromiso del Estado con el pueblo originario de Yucatán. Innovar en este sentido sería declarar la lengua maya como lengua oficial del estado, al igual que el castellano o español. Implicaría de entrada, por ejemplo, que todos los trámites oficiales, los anuncios y avisos de las oficinas públicas y las carreteras, serían en los dos idiomas. Sería sólo un primer paso, pero marcaría un camino para reivindicar una cultura constitutiva de la identidad yucateca.

Rolando Zapata Bello gobernador, puede y debe Innovar. Tendrá que tomar decisiones, organizarse, conseguir recursos, remover obstáculos burocráticos y combatir prejuicios. Ojalá así sea.

Los retos de Rolando (1)


Dulce María Sauri Riancho

Armar su gobierno

En una serie de tres artículos abordé el arranque de Renán Barrera al frente del Ayuntamiento de Mérida con la perspectiva que nos ofrecen tres procesos, cualitativamente distintos pero complementarios: armar, reconstruir e innovar. Comienzo ahora un ejercicio similar para el inicio de la administración estatal que encabezará Rolando Zapata Bello.

Para fortuna nuestra, el esfuerzo por imaginar la forma como el nuevo gobernador realizará la formación de su gabinete no lo tendremos que hacer “en el aire”, pues el pasado lunes, Rolando Zapata presentó su Equipo de Transición, un nutrido grupo de hombres (24) y de mujeres (4) a los que el gobernador en ciernes encargó doble tarea: cumplir con el proceso administrativo de entrega-recepción y ser testigos del desempeño de la nueva administración y del cumplimiento de los 227 compromisos suscritos durante la campaña electoral.

De entrada, creo que debemos celebrar la decisión de convocar a hombres y mujeres -todos ellos con amplio reconocimiento en sus campos de actividad y bien ganado prestigio personal- para enriquecer el desempeño de un gobierno y de sus integrantes. Es bueno también que Rolando se esfuerce por entretejer a su gobierno con la sociedad desde un principio, que multiplique los puentes entre ambas instancias, que fortalezca las vías y los mecanismos para interactuar. Si mantiene esta tónica y lo refrenda en cada paso trascendente que dé su administración, habrá marcado una diferencia profunda con el gobierno que termina.

Sin embargo, no todo es “miel sobre hojuelas”. Dos cosas resultan preocupantes en esta primera decisión del nuevo gobierno: una, que la instrucción recibida para que el Equipo de Transición se aboque de inmediato a los asuntos de “largo aliento”, sin responsabilizarse en forma directa e inmediata del proceso de entrega-recepción de las distintas oficinas de la administración estatal. El nuevo gobernador, pero especialmente la sociedad, necesitan conocer, por lo menos, en dónde están parados y qué se puede hacer con lo existente y con las deudas. Además, Rolando Zapata tiene que sacudirse el sello de “continuismo” que su cercanía con la administración que concluye le puede imponer.

La segunda preocupación surge de la ambigüedad que acompañó a la presentación de este grupo de asesores y del anuncio, casi implícito o sobrentendido, de sus tareas y alcances. Bien se dice que el camello fue la propuesta a la que llegó un comité convocado para diseñar al caballo. En el caso que nos ocupa, están participando muchas personas, muy valiosas y experimentadas, dispuestas a hacer… ¿qué? ¿Con qué disponibilidad de tiempo? ¿Recibirán o no un pago por sus servicio? ¿De qué apoyos técnicos, económicos y humanos dispondrán?¿Cuáles son los plazos para entregar sus evaluaciones y cuáles sus alcances? Sus propuestas, ¿serán meros consejos, recomendaciones o adquirirán sentido vinculatorio, lo que significa que serán obligatoriamente atendidas por quien los invitó a participar?

El gobierno que concluye en estas semanas conformó un gran número de “consejos consultivos”. El tiempo y los acontecimientos nos permiten afirmar que ninguno de esos órganos colegiados se reunió con regularidad ni tuvo actuación digna de tomarse en cuenta. La inmensa mayoría de ellos sólo tuvo una sesión: la de su integración y “presentación en sociedad”. El riesgo de que esto se repita es alto y su costo sería sumamente elevado para un gobierno que inicia y para un gobernador que se comprometió a hacer las cosas de manera distinta.

La integración de este grupo de “notables” apunta algunas cuestiones que, de replicarse en el “armado” del equipo de gobierno, resultarían igualmente benéficas y prometedoras. Revisemos algunas. Se privilegió el carácter “ciudadano” y el talento profesional. No se notan distingos de edad ni exigencia partidista. Rolando Zapata está obligado a conformar su gabinete con personas capaces, no con amigos ni correligionarios. El gobierno que se inicia debe dar resultados inmediatos en cuestiones fundamentales para la sociedad yucateca, como la producción agropecuaria; la calidad educativa. La reducción de la plantilla burocrática, abultada exageradamente para cumplir compromisos políticos, y la calidad del gasto estatal; la normalización en los controles y en las tareas sanitarias y el mejoramiento sustancial de la calidad de los servicios de salud, son otros temas igualmente candentes.

Todo cambio supone buena dosis de esperanzas y conlleva una carga de expectativas. En el caso particular de Rolando Zapata, los contenidos que aportó a su campaña y el estilo mismo de proselitismo electoral que realizó, generaron grandes expectativas de que las cosas en Yucatán pueden mejorar. Es innegable que existe un sentimiento, se puede palpar, que habrá un cambio, para bien, con el relevo en la administración estatal. El tamaño y la extensión de estas esperanzas colectivas representan un doble reto para Rolando Zapata. Cuenta con una base social, con un grado de legitimación que le permitirá intentar grandes cosas pero que, de no responder a la intensidad y a la extensión de esas expectativas el “coletazo” de la sociedad sería muy duro y muy costoso, para él y para su gobierno. Por lo pronto y de aquí al lunes 1º de octubre, pensemos que un gobierno de “solamente las y los mejores” es posible para Yucatán y que Rolando Zapata está decidido a contratarlos.