miércoles, 27 de junio de 2012

El poder del voto


Dulce María Sauri Riancho
De candidatos a empleados
Interesada como muchos en la jornada electoral del próximo domingo, amanecí pensando en un viejo dicho popular: “… La burra no era arisca, los chicotazos la hicieron…”. Quizá esta frase refleja mi preocupación sobre lo que acontecerá al día siguiente, el lunes 2 de julio, una vez que hayamos depositado nuestro voto. No se trata de posibles protestas o movilizaciones para denunciar resultados desfavorables a algún candidato, sino del comportamiento de las autoridades de los tres niveles de gobierno, una vez que la ciudadanía haya manifestado su voluntad y elegido a alguno/a de los candidatos. Ha ocurrido en múltiples ocasiones que, apenas pasan el “trago” electoral, los funcionarios que van de salida se apuran a aplicar una serie de medidas que, de haberlas adoptado unas semanas antes, les hubiesen representado un elevado costo electoral para los candidatos de sus partidos.
Con base en esta experiencia, me puse a imaginar que en los próximos días plazas y centros comerciales localizados en Mérida iniciarán el cobro en sus estacionamientos o, que tal vez, se aprobarán nuevas tarifas para el transporte público para compensar la amplia colaboración del gremio del transporte en los traslados de simpatizantes a los eventos electorales. O que finalmente se dará a conocer el nombre de las empresas seleccionadas para construir tres hospitales en distintas poblaciones del estado, bajo el controvertido y oneroso esquema de los Proyectos para la Prestación de Servicios (PPS). El fantasma del endeudamiento del gobierno de Coahuila, cuidadosamente ocultado a la ciudadanía hasta después de las elecciones en ese estado, aparece ante mis ojos como un precedente de lo que no debiera ocurrir en Yucatán y que debería servirnos a los yucatecos para estar alertas de los movimientos, acuerdos o subterfugios que, en este tema, se puedan dar entre la administración que sale y el equipo que la relevará.
A nivel federal mi sueño se complica cuando pienso que podríamos ser testigos impotentes de la aprobación del I.V.A. generalizado -ampliado a alimentos y medicinas- por los diputados y senadores, como parte de un acuerdo entre el gobierno saliente y el entrante. O tal vez el Congreso decida de una vez por todas, la aprobación “fast track” de las atoradas reformas en materia laboral o de seguridad pública. Todo lo anterior con el propósito claro de facilitar el acceso del nuevo Presidente de la República brindándole márgenes para su desempeño sin el desgaste que entraña la construcción de acuerdos o la imposición de medidas políticamente costosas.
Sueños y pesadillas cobran sentido y oportunidad como reflexiones ante la proximidad de la jornada electoral, ocasión por excelencia para que la ciudadanía participe en la conducción de los asuntos públicos. Contra lo que todavía ocurre en nuestro país, el voto debiera ser instrumento para que cada persona exprese su respaldo a quien nos gobernará, pero también para transmitir su juicio, una evaluación del desempeño de los funcionarios en activo, una especie de “corte de caja” en la trayectoria pública de quienes se postulan como candidatos y, en consecuencia, de los partidos que ejercen el poder y persiguen el refrendo ciudadano.
No cabe duda de que hacen falta instancias para la rendición de cuentas de las autoridades, pero no es menos cierto que los mexicanos no hemos sabido utilizar el voto como tal. Es parte de las razones por las que en nuestro país aún impera la cultura de la impunidad para el funcionario público, electo o nombrado. Pero la impunidad es un asunto de “doble vía”, es decir, no la tiene el funcionario o el representante por sí mismo, sino que es conferida por la sociedad. Arranca con un voto que no tiene memoria y que tampoco conlleva sanción. Hemos logrado ya que el voto valga para elegir a un candidato pero no hemos sabido darle a ese mismo sufragio la dimensión de juicio, de evaluación, de rendición de cuentas y de sanción ciudadana.
No sorprende entonces que tengamos como candidatos a ciudadanas y ciudadanos socialmente rechazados, políticamente “impresentables” y, que, a pesar de ello, sigan ocupando un cargo legislativo utilizando las distintas fórmulas de la ley. Mientras no aprendamos a utilizar el voto como instrumento de rendición obligada de cuentas seguiremos teniendo telebancadas, partidos familiares, candidatos “chapulines”, muñecos de marketing y buscadores de fuero para seguir medrando del erario.
El próximo domingo todos los yucatecos en edad y con credencial para votar tendremos ocasión de acudir a las casillas para suscribir un contrato por tres o seis años con quien decidamos favorecer. Ellas y ellos serán nuestros mandatarios, es decir, que habrán ganado un contrato para realizar el trabajo de gobernarnos. Seremos sus jefes. No se nos olvide. Por eso hay que revisar con cuidado los perfiles y las trayectorias de los participantes; que ponderemos la conducta de sus partidos, el cumplimiento de sus correligionarios en el gobierno. En eso consiste el ejercicio responsable del voto. Empecemos a ser los que mandan en esta compleja estructura democrática que nos hemos dado.- Mérida, Yucatán.

sábado, 23 de junio de 2012

Sólo confrontación

Dulce María Sauri
Candidatos y gobiernos a debate
… Por sus frutos los conoceréis… -San Mateo 40, 7-15 : 40,7-20
¡Por fin se realizó el debate entre los candidatos al gobierno de Yucatán! Después de múltiples obstáculos de toda índole, los cuatro representantes de los partidos y coaliciones se reunieron para presentar y contrastar sus propuestas relativas a la economía, educación, desarrollo social y seguridad. Además de la transmisión por la televisión abierta, diversas estaciones de radio se enlazaron para llevar a todo el Estado los planteamientos de los aspirantes a gobernarnos por los próximos seis años.
La ortodoxia política “a la antigüita” indica que quien va adelante en la intención de voto en una contienda electoral debe evitar los riesgos que representa una confrontación abierta con sus adversarios menos populares. Desde luego que en un debate existe la posibilidad de cometer errores, tanto por lo que se dice como por lo que se omite mencionar o responder. Por otra parte, se ha vuelto un lugar común ponerle la etiqueta de “rijoso/a” a quien cuestiona propuestas o señala deficiencias de su contrincante. Se dice que la ciudadanía no quiere pleitos, sino propuestas. Sin embargo, sólo la confrontación permite distinguir la diferencia entre lo que aparentemente es lo mismo.
Las propuestas y promesas dominaron el ejercicio del pasado lunes. En este ámbito hubo, afortunadamente, muchas coincidencias: crear empleos, combatir la pobreza, rescatar al campo, atender a la juventud, reforzar la seguridad pública. En materia de educación destacó el compromiso de la jornada escolar de tiempo completo, la erradicación definitiva del analfabetismo en el Estado y el lugar privilegiado que los candidatos le conceden a internet, tanto como herramienta de comunicación, así como elemento básico para apuntalar la competitividad de la economía yucateca. Sólo el candidato de la izquierda, Eric Villanueva, hizo referencia al carácter pluricultural de la sociedad yucateca, al iniciar y concluir sus intervenciones en lengua maya.
Rolando Zapata y Joaquín “Huacho” Díaz son quienes registran la mayor intención de voto en las diversas encuestas que se han levantado en las últimas semanas. Rolando lleva la delantera, es el puntero a quien los demás y, significativamente, “Huacho”, pretenden rebasar. Ambos representan a partidos políticos -PRI y PAN- que han gobernado la entidad. Hace apenas cinco años, en 2007, concluyó la primera administración estatal panista, que entregó el timón al actual gobierno del PRI. “Huacho” y Rolando no pueden, en consecuencia, hablar desde el espacio de los deseos y las buenas intenciones de sus propuestas personales. Tienen el gran referente de la gestión de sus correligionarios que han ejercido el cargo que ahora ellos aspiran a desempeñar. Por eso no es de extrañar que “Huacho” haya elegido los números del gobierno de Patricio Patrón para comparar con la administración de Ivonne Ortega, y que haya contrastado sus propuestas con las de Rolando a partir de las deficiencias y vicios observados en el actual gobierno estatal.
Debe haber sido una carga difícil para las habilidades oratorias de Rolando proponer el rescate del campo yucateco, sin obligar al auditorio a pensar en la caída en picada que ha registrado la producción agropecuaria, por la desatención gubernamental y las desviaciones de recursos que deberían haber llegado a los campesinos. ¿Cómo defender la opacidad de la gestión pública, o las cifras del endeudamiento estatal -”moreirazo yucateco”, según “Huacho”-, o las facturas apócrifas de Comunicación Social y Fomento Agropecuario? Rolando Zapata planteó lo que hará en caso de ganar la elección, no lo que ha hecho el gobierno del PRI. Hubiera sido muy arriesgado ante sus adversarios sostener el discurso de la continuidad de las acciones de la actual administración estatal, que lo ha acompañado en sus mítines políticos.
“Huacho”, por el contrario, delineó una idílica imagen del gobierno del PAN. Contrastó el bajo nivel de endeudamiento público existente en 2007 con una cifra astronómica -habló de diez mil millones de pesos- en que ha incurrido el gobierno actual, cantidad débilmente cuestionada por Rolando. “Huacho” habló de buena administración panista de los 75 mil millones de pesos de presupuesto que ejerció en seis años, bien aplicados en obras y logros materiales. Los confrontó con los más de 150 mil millones en cinco años del gobierno de Ivonne Ortega y su cauda de “primeras piedras”. Como táctica, creo que fue adecuado que Rolando no entrara al terreno del cuestionamiento del gobierno de Patricio Patrón, pero con su silencio permitió que flotara en el ambiente la sensación de que el PAN fue mejor administrador, más austero, transparente y honrado que el actual gobierno, del que fue parte fundamental.
En conclusión, más que las propuestas de los candidatos del PRI y del PAN, el lunes pasado se confrontaron los resultados de dos gobiernos, el de Patricio Patrón y el de Ivonne Ortega. Quienes vimos y escuchamos el debate haremos nuestro juicio y tomaremos las decisiones teniendo en mente las aportaciones de los cuatro contendientes. Con todas sus deficiencias y sobresaltos, este debate es una importante contribución a la cultura democrática de los yucatecos, para dejar atrás definitivamente los silencios y las distancias de un poder autoritario.- Mérida, Yucatán.

lunes, 18 de junio de 2012

Entre confianza y miedo


Dulce María Sauri Riancho
Por qué votar, en quién confiar
Falta un poco más de dos semanas para el domingo de la elección. Al iniciar la campaña los últimos días de marzo lejos estaba el escenario electoral de tercios que en recientes declaraciones perfiló el presidente Calderón. Al arranque, la distancia del candidato priísta, de acuerdo con todas las encuestas, parecía irremontable para los demás en los 90 días destinados al proselitismo y la propaganda. Sin embargo, la brecha se ha reducido -más o menos, según la casa encuestadora-, lo que ha obligado a todos los partidos, sin excepción, a “echar su resto”, que no es otra cosa que convencer a los indecisos de votar por ellos. Por eso, desde el lunes pasado los partidos y sus candidatos han intensificado su estrategia de atracción de los votantes que aún no han definido su preferencia, en especial quienes son parte de esa gran clase media que habita en las ciudades del país. Hacia ellas y ellos van dirigidos los mensajes de la televisión y la radio. En algunos, los candidatos presentan compromisos y hacen promesas: mucho empleo, mayores ingresos para las familias, bajar el precio de las gasolinas y la luz, entre los más sobresalientes. En otros anuncios, los candidatos pretenden descalificar a sus adversarios en un curioso juego donde la candidata del PAN intenta poner en un mismo saco al PRI y al PRD, en tanto que el candidato de la Izquierda le llama “más de lo mismo” a los gobiernos del PAN y del PRI. La candidata del PAN se declara “diferente”; el candidato del PRI invita a votar por “el cambio”, mientras que el de las izquierdas convoca “al cambio verdadero”.
En el fondo de esta maraña de definiciones y descalificaciones está la vieja disyuntiva entre “continuidad” y “cambio”. Vázquez Mota se clasifica a sí misma como la candidata que asegura la “continuidad presente”, esto es, lo que a su juicio han sido los mayores logros de los gobiernos del PAN en los últimos 12 años, en cuanto a la estabilidad macroeconómica. Deja a sus adversarios políticos el señalamiento de la pobreza y la desigualdad social creciente como saldos de la ineficacia panista para gobernar y, lo más grave, omite el doloroso resultado del combate a las bandas criminales y su estela de inseguridad y zozobra, que se ha extendido sobre grandes regiones del país.
Peña Nieto rememora en un grupo importante de electores al PRI en el cenit de su gobierno; al partido que supo dar crecimiento económico, estabilidad y paz social a México cuando muchas partes del mundo se encontraban convulsionadas por guerras y dictaduras militares, como sucedió en buena parte de América Latina en las décadas de 1950 y 1960. Al gobierno fuerte con un presidente de la República capaz de imponer orden entre los gobernadores, corregir sus desviaciones y latrocinios, mediante leyes no escritas -las facultades meta-constitucionales que refirió Jorge Carpizo- que responsabilizaba a la figura presidencial del correcto funcionamiento del sistema político en su conjunto. Esta mezcla de añoranza de la tranquilidad perdida con los nuevos rostros de los abanderados del PRI llama a una “continuidad del pasado” que a muchos ciudadanos les resulta atractiva.
Tanto el PRI como el PAN han sido gobierno en la Presidencia de la República. El PRI y el PAN se pueden atacar mutuamente echando mano a las consecuencias y resultados de sus gobiernos. Como el PRD no ha tenido esa oportunidad y no lo ha hecho mal en el Distrito Federal, los obuses de los adversarios van dirigidos a infundir miedo entre los electores indecisos. Hace seis años, la frase “un peligro para México” fue “comprada” por ese sector de clase media urbana que se creyó que López Obrador iba a eliminar créditos de vivienda y a repartir sus propiedades. En esta campaña el PAN ha desempolvado el mismo argumento, intentando asustar a los electores para que voten por la “continuidad presente”, que son ellos.
Cada uno de nosotros tendrá sus propios miedos a la hora de tomar la decisión sobre por quién votar. Unos temerán que ganen los corruptos; otros más, a que sigan los ineptos. Quizá un grupo se deje embargar por la incertidumbre de lo desconocido y se resigne a votar por quien considere “el menos malo”. Pero no debieran ser los miedos de nadie los que pesaran a la hora de decidir su voto. Si el temor es emoción, sentimiento, percepción, el voto debiera estar fundado en razones.
La confianza y la credibilidad debieran guiar nuestra mano a la hora de cruzar el voto: confianza en el candidato o candidata, confianza en su honestidad y credibilidad por su trayectoria que avala sus palabras. Si queremos un gobierno luminoso, contribuyamos a darle luz al decidir, con razones bien fundadas, por qué darle a él o a ella nuestro voto.- Mérida, Yucatán.

lunes, 11 de junio de 2012

El debate y la democracia


Dulce María Sauri Riancho
-El segundo encuentro entre los candidatos a la Presidencia
El próximo domingo 10 de junio, en punto de las 8 de la noche, desde la Expo-Guadalajara, se realizará el segundo debate entre los cuatro candidatos a la Presidencia de la República.
Será un tanto diferente al encuentro que tuvo lugar el 6 de mayo, por la fecha en que se efectuará, por los temas, por la ubicación y, desde luego, por la tensión previa al gran momento, la jornada electoral, fijada para apenas 21 días después.
Hace apenas seis semanas, en vísperas del primer debate, el propietario de la segunda cadena nacional de televisión retó al IFE, al decidir la transmisión de un partido de la “liguilla” de fútbol a la misma hora que este evento político, seguro de que miles de aficionados verían el fútbol en vez del aparentemente aburrido encuentro entre candidatos a la presidencia de la República.
A su vez, Televisa, la empresa concesionaria más grande del país, se reservó el canal 2 para pasar el programa Pequeños Gigantes.
El resultado de las mediciones del rating fue la primera sorpresa de la serie de acontecimientos que vinieron a quitar la modorra que se había apoderado de las campañas: contra todos los pronósticos, más personas siguieron el debate que las que optaron por ver el partido Monarcas-Santos. Desde luego que la irrupción de la edecán responsable de repartir los papelitos para la rifa del turno de intervención hizo alzar las cejas a la audiencia femenina y abrir los ojos a los varones que habían preferido la política al futbol.
Hay una enorme carga simbólica en la fecha de este segundo debate, pues el 10 de junio de hace 41 años, en 1971, una marcha de jóvenes fue agredida por fuerzas paramilitares en la ciudad de México, cuyas calles quedaron teñidas de sangre. Este hecho abrió el oscuro periodo de la “guerra sucia” y la represión contra la guerrilla que marcó a toda una generación.
Esa misma juventud, ahora en 2012, con el movimiento #YoSoy132, logró traspasar la impenetrable coraza de los intereses de las dos grandes cadenas nacionales de televisión. Gracias a los miles de jóvenes que se han manifestado en todo México contra la cerrazón de los medios y la necesidad de garantizar el acceso a la información para decidir, el segundo debate presidencial será transmitido por los dos canales nacionales de mayor cobertura y audiencia: el 2, de Televisa y el 13, de TV Azteca.
También hubo ajustes en cuanto a la dinámica de participación, según la experiencia del primer encuentro. El papel del moderador, Javier Solórzano, será crucial para combinar la agilidad de la discusión con la equidad entre los participantes.
Los temas del segundo debate son quizá más complejos, no sólo por las materias a abordar: Política y Gobierno, México en el Mundo (relaciones exteriores) y Desarrollo Social, sino porque a diferencia del primero, no habrá subtemas ni preguntas que circunscriban sus intervenciones, sino que cada candidato enfocará y profundizará sus planteamientos en función de sus propias prioridades. Además, tendrán que considerar con las réplicas y contrarréplicas de sus adversarios.
Pero lo más complicado para la candidata y los candidatos a la Presidencia de la República es el momento político del segundo debate. Dos domingos después, más de 73 millones de mexicanos iremos a las urnas a depositar nuestro voto. Un error a estas alturas sería de un gran costo para quien lleva la delantera o para quienes aspiran a alcanzarlo en las preferencias electorales.
Cada candidato llegará al domingo con su propia carga. A Enrique Peña lo persiguen las acusaciones de corrupción que señalan a destacados priistas como cómplices del crimen organizado en México. Josefina Vázquez Mota no podrá desprenderse con la misma facilidad que la primera vez de su condición de candidata del partido en el gobierno, el mismo que se ha mostrado como incapaz de garantizar la vida y la seguridad de los mexicanos.
A Andrés Manuel López Obrador lo ronda el fantasma del 2006 y el movimiento post electoral que encabezó.
Por cierto, no deja de llamarme la atención que en la capital de la República, donde se resintieron directamente los efectos del plantón de la avenida Reforma, sea donde López Obrador lleva la delantera con el margen más amplio para un candidato de los cuatro en cualquier estado del país.
En tanto, los yucatecos seguimos esperando el debate prometido entre los candidatos al gobierno del estado y a la presidencia municipal de Mérida. Tal vez sería aburrido, quizá insustancial, pero es indispensable para patentizar el propósito de los partidos y sus abanderados para abonar al derecho que tenemos los ciudadanos de estar informados, de conocer y contrastar personalidades y compromisos; de detectar, desde ahora, los silencios y las evasivas, que después suelen transformarse en componendas, cuando se accede al gobierno. Nos toca.- Mérida, Yucatán.